dijous, 19 de març de 2009

¿Cómo enferman los sujetos hoy?


Conferencia presentada en el Espacio Foro, FCCL-España F7,
en Valencia.

27 de febrero del 2009





Clotilde Pascual
20538cpm@comb.es

En primer lugar, ante este título me parece que se abren dos ejes, responder por una parte a la causalidad, es decir el porque del enfermar de los sujetos, y en segundo lugar cómo se presentan actualmente en las consultas y que demanda tienen en torno a sus síntomas.

Se podría también enunciar como la articulación de los síntomas con la cultura contemporánea y a su vez lo que esos mismos síntomas exponen de esa cultura.

1-Las Causas:

Freud descubre que detrás de la forma de enfermar está lo sexual. Por otra parte, escribió en 1930 El malestar en la cultura, en donde alrededor de la sexualidad y de la pulsión de muerte, añade lo que incide en el sujeto la relación con la cultura de la época. Ya en este texto surge la articulación entre el inconsciente, la sexualidad y la cultura y las cuestiones en torno a cómo la forma de enfermar muestran al mismo tiempo la cultura de la época. Piensa que la sociedad le pide al individuo que renuncie a las pulsiones, y que esta renuncia bajo los ideales produce los síntomas.

Si pasamos a Lacan, la frase sobre: “No hay relación sexual”, que quiere decir no hay simetría entre los sexos, no es posible simbolizar la relación sexual, es otra forma de denominar el conflicto del sujeto con lo sexual. Hay algo que no pasa por el lenguaje, que no se “civiliza”, que produce un real traumático que unido a los avatares de la sociedad en que se vive, se traduce por los síntomas. Ese algo, lo llama superyo, un imperativo de goce, que empuja a ir más allá del placer, en un intento de tapar la falta de goce, que constituye el deseo. Allí donde Freud hacía hincapié en la civilización, Lacan en 1970 en su Seminario sobre El Revés del psicoanálisis, trata de esta civilización como los distintos discursos (nos da cuatro) además de nombrar al Discurso Capitalista, que rigen los lazos sociales y enmarcan el goce del sujeto. En definitiva, los discursos vehiculan la cultura, constituyen una suplencia de esta falta de relación sexual.

Vayamos a la cultura de “hoy”, sabemos que es la del discurso capitalista, la del neo-liberalismo feroz, que Lacan dice que deshace los lazos sociales. Lo dice en relación a los demás discursos que da en el seminario citado antes, en que cada uno de ellos (el del Amo, el del Histérico, el Universitario y el Analítico) tienen bien delimitados el agente y el Otro. En el Discurso capitalista, versión moderna del Discurso del Amo, el Agente ya no es el Amo, sino que el sujeto como agente está atravesado por los objetos de consumo que son el producto de este mismo discurso. Los sujetos están obligados no sólo a producir sino a consumir los objetos que son un intento de sustituir la falta de goce. Pero al mismo tiempo, estos objetos no hacen que el sujeto elimine esta falta. Producen un imperativo de goce que lleva al paroxismo, desembocando en un No es eso…, con el corolario de la angustia y el vacío que producirá distintos síntomas.

En el Discurso Capitalista, la plus-valia robada al trabajador engrosa el capital según nos dijo Marx. Lacan en 1970, le da una vuelta más al decir que esta plus-valia, es el objeto plus de goce tanto del capitalista, como del trabajador que también lo quiere tener, dando como resultado la cadena de producción y de consumo. Algo que en nuestra situación de crisis actual, estamos oyendo continuamente. En esto, cada sujeto está con sus objetos, encerrado en su propio goce. Por otra parte, en la actualidad asistimos al derrumbe de esta forma de capitalismo feroz en la caída de esta cadena de producción porque algo de ese querer tapar la falta, no evidenciar los límites en la economía de mercado, ha llevado a su propio fracaso. ¿Que saldrá de ahí? Está por ver…

II Efectos posibles en los sujetos:

1- Empuje a lo mismo, la globalización, el sujeto quiere los mismos objetos en lugares muy lejanos geográficamente.

2- Una exaltación de estos objetos de consumo, en la publicidad, versión moderna del superyo: Goza¡ consumiendo.

3- El encierro de cada uno con su goce, en lo que C. Soler llama el sujeto “narcínico”.

4- Nuevas formas de vinculación social, la sociedad de los “single” los que viven solos, hace poco leía que aparecían en el mercado tiendas dirigidas a ellos.

5- Empuje a una imagen ideal, sin fisuras en una “modelación a la carta”.

6- La prisa, y la necesidad de triunfo social y económico, que genera la culpa del que no lo logra.

7- Una especie de perplejidad ante el horror sin poder rebelarse.

Todos estos puntos y sin duda otros que me habré dejado, configuran una sociedad que no tiene en cuenta el don simbólico, el dar lo que no se tiene, que según Lacan constituye el amor, y está lejos de facilitar la pregunta por el deseo. Esta sociedad da como resultado un cortocircuito a la satisfacción pulsional, intentando poner al objeto de consumo en el lugar del objeto fantasmático. Por otra parte, en este trueque, asistimos a la sociedad del espectáculo, los objetos son mostrados en imágenes. Es una cultura que al igual que otras totalitarias captura al ser humano, poniendo como Ideal a los objetos de consumo.


III- Lo que dice el síntoma acerca de esta cultura:

Si el Capitalismo intenta tapar a toda costa la falta de goce, las consecuencias acerca del enfermar de los sujetos, constituyen una clínica del lleno/vacío, en lugar de la clínica de la falta.

La clínica de la falta es la clínica del deseo inconsciente, y del retorno de lo reprimido en el síntoma articulado al fantasma. Su centro es la falta en ser, clínica clásica de las neurosis que por supuesto también encontramos hoy en día, a la que también llegamos en muchos pacientes después de quitarle la “coraza” al lleno/vacío.

En la actualidad, en lugar de un síntoma específico, lo que vemos con más frecuencia, es una clínica del vacío, con una falta de la representación de falta que produce la consiguiente angustia que bloquea o en caso contrario los pasajes al acto.

Los sujetos aparecen, quejándose de crisis de angustia, de sentimientos de vacío, de cansancio, de somatizaciones, de dificultades en relación a la comida, de adicciones, de sentimiento de fracaso, de una falta de deseo sexual, de un temor en la actualidad a la pérdida del puesto de trabajo, al cese de las empresas en que trabajan, a la pérdida en bolsa de sus ahorros… todo ello sin que lo puedan articular con una causa más inconsciente, al menos en un primer momento.

Es una clínica del fenómeno más inmediato, que no tiene en cuenta el dolor de existir propio de la falta en ser, sin poder relacionarlo con una biografía y sin que sin embargo sea signo de una psicosis. Vienen pidiendo soluciones rápidas, y sólo en un segundo momento podrán conectar sus síntomas con sus causas. En principio, sus síntomas carecen del eje de metáfora dirigido al Otro, con la pregunta ¿Qué soy? Se identifican con: Soy un depresivo, un toxicómano, una anoréxica, en ocasiones se describen a través de un síntoma somático. Todas estas formas indican una fijación de goce que identifica al sujeto.

En esta forma de presentación, el vacío no tiene nombre. Algo del objeto que no se puede colmar, emerge con fuerza, o bien es otro tipo de objeto que está de más, que estorba para poder desear, que el sujeto no sabe como quitárselo de encima. Está encerrado en un circuito de intentar acceder a la ficción de una satisfacción directa de goce. Nos dice Maximo Recalcati en un libro titulado: Clínica del vacío, que es una clínica de falsas identidades, que instituyen al sujeto no por su deseo sino por su goce, y los sujetos mismos se segregan de los demás por esa forma de denominación.

El sujeto intenta escapar de la alienación en relación al deseo del Otro. Estas formas de rechazo y de intento de separación sin alienación, pueden llevar a actos violentos. Es una clínica en que aparentemente no hay el juego histérico de la identificación al deseo del Otro.

Por otra parte, en El País, del 12 de Diciembre del 2008, en la sección de Vida y Artes, como exponente de los malestares actuales, leí un artículo en torno a como la crisis económica se plasmaba en miedo al despido, miedo al estrés y decía acertadamente como esos temores “son nuevas apariencias de temores más ancestrales”. Este artículo, comentaba algo curioso y es que miles de internautas compartían todos los días sueños desalentadores en torno a estos temas para buscar apoyo entre ellos, y tratar de sus malestares a través de los sueños. ¿Nuevas formas de expresión, tal vez de intentar preguntarse, aunque sea de forma un tanto precaria, por los males de la época y de pasar por el circuito del deseo del Otro?

Volviendo a los sujetos que presentan ese tipo de clínica, es sólo después de un tiempo de trabajo, que ese vacío puede adoptar la expresión de una falta en ser, algo falta que produce un dolor de existir que el sujeto poco a poco puede poner en palabras y hacerse responsable de ello, introduciéndose en una demanda ya no sólo de curación rápida sino de pregunta por lo que le ocurre.

IV-Formas Clínicas más comunes

No pretendo ser exhaustiva, sólo tratar de las formas más comunes con las que acuden, aparte de las crisis de angustia y de los pasajes al acto, manifestación como dije de intentar escapar a la alienación al deseo del Otro, sin elaborarlo.

En primer lugar, los sujetos que se presentan como depresivos, como fracasados de los ideales de éxito y de felicidad actuales. Es una pérdida del tener que sacude al ser del sujeto, que no tiene en cuenta como dije antes la cuestión del don del amor, en el dar lo que no se tiene. Ante esto, el sujeto se deja caer él mismo, oculta la falta del Otro y la suya y prefiere conservar aunque sea de forma petrificada el Ideal. Es un fenómeno relevante de la época actual, la protesta silenciosa y “cobarde” en el sentido de cobardía moral que Lacan dio a este estado de ánimo. Fenómeno propio del capitalismo, la otra cara de la moneda del Ideal de felicidad. Sólo elaborando su historia particular y sus identificaciones el sujeto podrá tratar este síntoma y salir de la inercia de la queja silenciosa. Evidentemente, no hablo de sujetos melancólicos que reenviarían a un trastorno más grave, dentro de las psicosis.

En segundo lugar, los sujetos anoréxicos, identificados a la nada o al vacío. Ponen el Ideal por encima de lo pulsional y se dedican a través de su rechazo al alimento o al saber a salvaguardar su deseo por encima de la demanda que perciben como invasora del Otro. Hay una afinidad con la histeria, pero no hay pregunta, hay una especie de saber solidificado que es una defensa de preguntarse por su deseo. También aquí hay que establecer un diagnóstico diferencial con la anorexia psicótica en donde el deseo está reducido a la nada, y de la que Lacan en un texto sobre La Familia dice que se trata de un suicidio diferido.

En tercer lugar, las adicciones, en donde falla lo simbólico de la metáfora, el sujeto se identifica con el objeto droga, se confunde con él. En lugar del deseo representado por un objeto causa, es un deseo inmediato de goce sin conexión con el deseo del Otro. Se puede decir también que el deseo es invadido por el goce. La Droga tapa el objeto perdido, inalcanzable en una ilusión de completud. En todas las patologías de la dependencia ya sea a la droga, a las maquinas, al juego, al trabajo, a los objetos de consumo, a la comida, en la bulimia, es la dependencia del objeto que intenta borrar la dependencia estructural del sujeto con respecto del Otro. El objeto del que se goza no es el de un intercambio simbólico sino el puesto a disposición para el consumo, que ofrece la ilusión de borrar la falta en ser. Es la forma moderna y más extrema de realizarse sin el Otro, de excluirlo.

En cuarto lugar, las somatizaciones en un sentido amplio, como fenómenos transclínicos pero que voy a comentar las que se dan en sujetos neuróticos. El deseo aparece congelado, y son sujetos que tratan de su malestar sin interpelar al Otro. El órgano enfermo es un órgano que condensa el goce mortífero del sujeto, que lleva la marca de lo no simbolizado. Los sujetos acuden muchas veces derivados por sus médicos y aunque son conscientes de que su trastorno es psíquico no se hacen responsables de él. Es un retorno en lo real del cuerpo de lo que no se simbolizó.

Todas estas formas de enfermar no tienen en cuenta el registro del amor, son una expresión de rechazo al Otro, que va a incidir en una violencia o sobre el propio sujeto, o sobre el Otro con pasajes al acto violentos. Se podría decir que es un odio al Otro en cuanto que tiene una falta, no está completo y que esto le reenvía a su propia falta.

Es en el don simbólico, que hay una lógica basada en el Otro donde el sujeto busca algo del objeto perdido. El amor, en la forma de reconocimiento simbólico, es la suplencia de la falta de relación sexual, permitiendo la relación entre el sujeto y el Otro. Como dice Lacan, el amor hace condescender del goce al deseo. En todas estas patologías hay una gran dificultad para dejar la ilusión en un goce completo y condescender al deseo. Será también en el trabajo de transferencia que esto podrá trabajarse.

Por último, y sin desarrollar más, tenemos todas las formas de histeria actuales entre las afectadas en el cuerpo pero como metáfora dirigida al Otro, hasta las histerias que aún con su particular forma actual, la prisa, la “devoción” al trabajo, manifiestan una pregunta dirigida al Otro, poniéndole en muchas ocasiones en un impasse. Son las ejecutivas modernas que sin embargo interpelan al Otro.

Y también tenemos los enfermos del pensamiento, los obsesivos que pasan por la vida del deseo como furtivos, para no enfrentarse al deseo del Otro. Sin embargo, tanto éstos como las formas de histeria descritas antes presentan más claramente la clínica de la falta y del dolor de existir.

Con todo lo dicho, hay un reto para el psicoanálisis, el estar a la altura de los tiempos que cambian, y proponer para esos pacientes que llegan con estos síntomas actuales, la subversión de que el sujeto se introduzca a otro tipo de lazo social que le suscite un deseo diferente del de tener.

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