dimecres, 4 de març de 2009

El inconsciente, hoy.



Ana Martínez Westerhausen
awesterhausen@arrakis.es

Conferencia en Gijón, Asturias
Viernes, 25 abril 2003


¿Porqué hablar del inconsciente hoy?
¿Acaso está de moda o más bien todo lo contrario? ¿Corren vientos favorables al inconsciente o por el contrario desfavorables?

Una primera respuesta rápida nos sirve para introducir el tema: en nuestros días se detectan claros signos contrarios al reconocimiento del inconsciente, lo que sin embargo no impide que haya también manifestaciones a su favor.

Pero no es ésta la única razón para hablar hoy aquí del inconsciente, la mayor razón para hacerlo es que apostar por él equivale a apostar por la supervivencia de la dimensión más auténticamente humana, a saber la subjetividad, la cual, en opinión de algunos, se encuentra seriamente amenazada en nuestros días.

La dimensión de la subjetividad resulta de la inmersión del viviente humano en el lenguaje, inmersión de la cual resurge provisto de la palabra. El humano es por tanto un “hablanteser”, que ejerce su naturaleza verbal en la relación con el semejante. Es pues imprescindible para él ejercer la comunicación verbal para realizarse como tal humano, comunicación que puede ser de cualquier tipo: diálogo, conversación, etc. incluida la lectura y la escritura.
Eso sí, pronto se descubre que la comunicación humana no es como la de los otros seres vivientes. Si para éstos rige el mensaje unívoco, que tiene siempre un solo sentido (pensemos por ejemplo en el lenguaje de las abejas cuando se transmiten unas a otras el lugar donde encontrar la miel; en este caso se trata de un mensaje concreto y preciso, infalible, que no admite equivocaciones), lo propio del mensaje humano es que es equívoco, que produce malentendidos debido a que admite múltiples interpretaciones. Esta es la razón, por otra parte, de que sólo los humanos puedan hacer poesía.

Pero volvamos a nuestra actualidad. Como ya he dicho, hay múltiples voces que advierten, desde diversas disciplinas, del peligro de deshumanización, inclusive de desaparición, que acecha a los sujetos humanos.
Paso a darles algunos ejemplos de reconocidos intelectuales y pensadores que se esfuerzan en despertar las conciencias para provocar movimientos contrarios a la señalada tendencia devastadora.
Es el caso de Fernando Savater que en el reciente homenaje a Terenci Moix con ocasión de su fallecimiento (reseña de la conferencia en El Periódico, 9-4- 2003) reivindicaba la naturaleza humana como la medida de todas las cosas. El filósofo se preguntaba acerca de cuántas cosas se pueden quitar a un ser humano sin que éste deje de ser humano. Ante la glorificación de los logros de la ciencia (entre los que aludía a la reproducción asistida) el pensador reclamaba no olvidar que los hombres nacemos a partir de un apasionamiento físico. Las manifestaciones de Savater por tanto están en total consonancia con el discurso analítico, o éste con Savater, en la medida en que ambos destacan la necesidad de la intervención del deseo sexual para la supervivencia de la raza humana.

Por su parte el célebre crítico de arte y catedrático de estética italiano Gillo Dorflles, hoy nonagenario, padre de toda una serie de humanistas que han reflexionado sobre la cultura de masas como es el caso de Humberto Eco, decía en una reciente entrevista publicada el 13-3-03 en La Vanguardia, que la sociedad mecanizada y electrónica en la que vivimos (por supuesto que se refiere a la sociedad de Occidente) nos está convirtiendo en seres ficticios. Y añade: “Nos hemos acostumbrado a vivir rodeados de inventos que falsifican la realidad, simuladores, videojuegos, grabaciones de conciertos donde no oyes ni un suspiro, la TV como máquina de crear pseudos-acontecimientos...!todo es falso! La TV quiere vender y para ello transforma los acontecimientos, sentimientos y las realidades para que gusten al público y al poder de turno. Lo importante es lo verosímil, no lo verdadero”.
En términos psicoanalíticos diríamos que lo que Dorflles denuncia es el imperio del discurso científico y del discurso capitalista.



Por otra parte Dorfles señala el lado aniquilante de esta forma de vida cuando denuncia que no hay una realidad que sustente los hechos, hablamos de lo que nos han contado y no de lo vivido. Así por ejemplo en Italia todos los niños tienen su móvil y hablan gracias a el todos los días con su madre, pero luego, cuando llegan a casa, no hay nadie que les espere y les abrace. El contacto vía móvil es ficticio y eso es muy peligroso, nos dice Dorfles.
Falta por tanto, añadimos nosotros, la dimensión de presencia del otro humano, del semejante, imprescindible para que se efectúe una verdadera relación de carácter humano
¿Cómo podemos cambiar esto? le pregunta el entrevistador, a lo que Dorflles responde que el cambio sólo puede producirse a partir de un contacto más directo con la naturaleza y con el prójimo...La gente no sabe comunicarse, ni siquiera entiende muy bien cual es su deseo, porque es irreal.



Para cerrar esta breve selección de autores destacados me referiré a un comentario de Harold Bloom, el célebre crítico literario norteamericano de origen judío, que dictó no hace mucho una conferencia en Barcelona (mayo del 2002) con ocasión de recoger el Premio Internacional Catalunya que se le otorgaba.
Entre lo que dijo destacamos que: “la supervivencia de la lectura y de la literatura misma se veían amenazadas por el mundo de indistinciones que simboliza internet con sus sobredosis de información no transformada en sabiduría.”
Bloom temía estar representando a una especie en extinción, a la vez que denunciaba la transformación de las universidades y academias en centros propagandísticos de grupos convertidos en lobys que han abandonado todos los estándares estéticos e intelectuales.

Si es cierto que la dimensión de lo humano corre peligro, que su futuro no está asegurado, es imprescindible preguntarse por las causas de ello, por cómo se ha llegado a este punto.

Sin duda que las hipótesis acerca de las causas son variadas y se plantean desde diversos ámbitos.

En tanto psicoanalista de orientación lacaniana puedo transmitirles lo que la enseñanza de Lacan nos dice acerca de este asunto.

Si sintetizamos mucho las enseñanzas de Lacan sobre este tema, podemos llegar a cernir dos causas principales de tal evolución:

1. El progreso de la ciencia, que conduce a la entronización del discurso científico y de los progresos técnicos que de ella derivan, en detrimento de la dimensión de lo humano, siempre particular y no mensurable, no matematizable. En nuestros días el valor de verdad de la ciencia es el más incuestionable, un valor de verdad que es el reverso de la verdad que importa en el registro de lo humano. Esta última se caracteriza por ser particular y no avenirse a razones ni formulaciones. Su campo es el campo del deseo, que se rige por el capricho y la arbitrariedad, lo que no impide que el psicoanálisis haya descubierto y establecido las leyes estructurales que rigen y regulan la dialéctica del deseo en los sujetos humanos. Por el contrario, la verdad científica se apoya en su carácter universal, mensurable y objetivo, apuntando a eliminar de su horizonte todo rastro de subjetividad.

2.El discurso capitalista, que empuja a la producción y al consumo , promoviendo ideales de felicidad inhumanos en la medida en que priorizan la relación con los objetos de consumo sobre las relaciones interpersonales

Un ejemplo muy claro de ello encontramos en una anécdota que transmite Gillo Dorflles en la entrevista antes mencionada. Contaba él allí la historia de una madre que va con su bebé en el cochecito y se encuentra con una amiga que le dice: “¡qué niño tan guapo tienes!” A lo que la madre contesta: “¡Deberías ver sus fotografías, sale mucho más guapo!” Esta anécdota ilustra bien el límite al que estamos llegando, dado que hasta una madre antepone la fotografía de su hijo al hijo real.

Hace unos días me fijé en el anuncio de un libro recién publicado, titulado El declive del capital social, cuyo autor, Robert D.Putnam, era presentado como uno de los más destacados sociólogos estadounidenses actuales. El autor practica en su obra un chequeo a la salud de la sociedad actual y diagnostica que nos estamos quedando sin capital social. Constata que la red que une a los ciudadanos unos con otros – clubes, sociedades culturales, asociaciones – se debilita de forma alarmante. Cada vez estamos más solos. Al mismo tiempo afirma que el capital social se está revelando más decisivo que el capital económico a la hora de determinar la felicidad del individuo.

La psicoanalista francesa Colette Soler, en su conferencia sobre El discurso capitalista publicada en Notas freudianas nº 5 resume muy bien los efectos nocivos del discurso capitalista que se alía con el discurso de la ciencia. Dice así: “ El discurso capitalista no vehicula ningún lazo entre seres hablantes, sino solamente la relación de cada sujeto con el objeto plusvalía”.
Recordaba ella que Lacan ya anunciaba en los años 70 que el discurso capitalista deshace el lazo social, dejando el campo abierto a un individualismo furioso. Individualismo que Colette Soler identifica como narcinismo, en la medida que está regido por el narcisismo (amor a sí mismo o a lo igual a uno mismo, es decir rechazo de la diferencia) y un cinismo actualizado, que es más nocivo que el cinismo antiguo, en la medida que el cultivo del goce propio carece de la dimensión subversiva contra el amo que tenía entonces.

Lo dicho hasta aquí nos da un cierto panorama de la desgracias a las que parece abocada la subjetividad en nuestra sociedad occidental actual.

Es por tanto en esta coyuntura que adquiere todo su sentido preguntarnos por la incidencia y consideración del inconsciente en nuestra actualidad. Pues el aporte fundamental del psicoanálisis a la historia de la humanidad consiste en descubrirnos que el inconsciente es la clave de la verdad del sujeto humano, una verdad que se refiere al deseo- al deseo particular de cada uno- y que se constituye en la dimensión de la palabra y del lenguaje, la cual sólo existe en la relación con el Otro.
Así pues lo que el psicoanálisis descubre es que el hombre no es humano sino a condición de ejercer en esa trama de interrelación con los otros parlantes, trama por la que circulan los deseo de unos y otros.

El inconsciente en su acepción psicoanalítica

Hablar del inconsciente es hablar del corazón mismo del psicoanálisis, de su razón de ser, pues el psicoanálisis es la rama del saber inventada por Freud a finales del XIX (la 1ª vez que usa el vocablo en su sentido freudiano es en 1896) que se ocupa de estudiar y tratar el inconsciente, así como sus producciones y efectos.

La palabra inconsciente como vocablo de la lengua común tiene dos grandes acepciones:
- acepción común: su uso de adjetivo, que alude a la cualidad de “no consciente”
- acepción psicoanalítica: el inconsciente como concepto, se refiere en psicoanálisis a una instancia o sistema que forma parte del aparato psíquico. Este es concebido a su vez como una estructura integrada por varios sistemas o instancias. El inconsciente es la instancia , sistema o lugar psíquico que contiene los pensamientos reprimidos, y por tanto desconocidos para el individuo consciente

El concepto freudiano de inconsciente no surge de la nada, hay antecedentes del uso del término en el siglo XVIII y sobre todo XIX.

Dentro de la etapa prepsicoanalítica encontramos por una parte una tradición, en la psiquiatría dinámica, que estudiaba las fuerzas vitales incognoscibles, vía que aboca en el mesmerismo y la teorías de la hipnosis.
Por otra parte está la filosofía alemana del romanticismo ( Schelling, Nietzsche, Schopenhauer...) que en su orientación de oposición al racionalismo recurre al inconsciente para destacar el lado tenebroso de la psique, el lugar donde se alojan las profundidades del ser.
Sobre esta base se desplegarán los trabajos de la psicología experimental de la primera etapa de la psicología científica, dentro de la que destacan autores como Helmholtz, Fechner, Wundt, etc, sobre los que se apoyó Freud.

Combinando ambas tradiciones (científica y filosófica) y fecundándolas con su genio, Freud elaborará una concepción inédita del inconsciente.

Freud descubre el inconsciente del psicoanálisis a finales del siglo XIX en el campo de la clínica, concretamente en el campo de las neurosis histéricas. Es ahí donde, guiado por la histérica, es capaz de reconocer sin asustarse ni salir huyendo, la naturaleza sexual del inconsciente, así como su poder y sus efectos.
La curación del síntoma histérico por el levantamiento de la represión de pensamientos censurados revela a Freud que en el funcionamiento psíquico del sujeto humano opera una instancia muy poderosa, más poderosa que el yo consciente, a saber: el inconsciente.

Freud, que en esa etapa germinal del psicoanálisis se carteaba con Fliess, colega médico interesado en las investigaciones freudianas, le escribe a éste lo siguiente: “ Me resultó muy difícil entregarte estas hojas ( parece que se refiere a la entrega de un capítulo de su obra magna La interpretación de los sueños). Nuestra intimidad personal no habría bastado para decidirme, pero nuestra mutua sinceridad intelectual me lo exigía. Todo esto fue anotado tal como el inconsciente me lo dictó (escribió desde el inconsciente) ajustándome a la famosa regla de Itzig (especie de Jaimito), el jinete dominguero: Itzig ¿hacia donde cabalgas?(respuesta) ¡Qué se yo, pregúntaselo al caballo!” (carta del 7-7-1898)

De una forma más seria Freud califica al descubrimiento del inconsciente
de “tercera herida narcisista inflingida a la humanidad”, poniéndola en serie con el descubrimiento copérnicano : la tierra no es el centro del universo, que sería la primera herida narcisista, y también con la hipótesis darviniana: el hombre desciende del mono, es decir que el hombre no es la cumbre de la creación, sino el resultado de una evolución biológica, concepción que constituiría la segunda herida narcisista. En la misma línea. el inconsciente, ese desconocido, desaloja al supuesto “yo soberano” de su trono, inflingiendo con ello la tercera herida narcisista a la humanidad. Pues la hipótesis freudiana del inconsciente sostiene que nuestras verdades y razones últimas de ser y de actuar se encuentran en esa instancia, ese lugar donde se deposita “un saber acerca de sí mismo no sabido por el propio sujeto”.

La primera concepción o teoría freudiana del inconsciente la encontramos en La interpretación de los sueños y otros textos de inicios del 1900. Esta concepción implica un modelo de aparato psíquico, al que Freud denominará Primera Tópica, según el cual el psiquismo se compone de tres instancias o sistemas: Consciente, Preconsciente e Inconsciente.
El sistema inconsciente es aquel que recoge los pensamientos censurados y en consecuencia reprimidos. El afecto vinculado a estos pensamiento reprimidos queda separado de ellos y en tanto afecto libre (no ligado) puede sufrir un doble destino: o bien deviene angustia, en el caso en que permanezca libre, o bien es ligado a otra representación, constituyendo así una formación sintomática.

Esta primera etapa de la construcción teórica freudiana se completa con el despliegue del estudio y transmisión de la producción del inconsciente, es decir de lo que se denomina formaciones del inconsciente: los sueños, el chiste, la psicopatología de la vida cotidiana y los síntomas, formaciones en las que se encuentra necesariamente la estructura de lenguaje que las constituye.

Pero las concepciones freudianas no permanecen inmóviles, sino que evolucionan al paso de los nuevos descubrimientos obtenidos a partir de la clínica y del progreso de las curas. Pues Freud siempre antepuso lo real de la clínica a sus construcciones teóricas, de tal modo que cuando la clínica contradecía sus formulaciones, se veía en la obligación de modificar éstas, nunca al revés.

Esto es por ejemplo el caso cuando Freud, a consecuencia de su relación con Jung, se introduce en el estudio de la psicosis. El abordaje de esta clínica, nueva para él, le conduce al estudio del narcisismo y del Yo, de tal forma que la Primera Tópica se le hace insuficiente para dar cuenta de los fenómenos psicóticos y por tanto se ve obligado a reformular su concepción del aparato psíquico. Es así como dará a luz en 1923 una segunda concepción del aparato psíquico, conocida como la Segunda Tópica (Yo, Ello- Superyo).
En esta segunda versión del aparato psíquico desaparece aparentemente el inconsciente, puesto que no figura explícitamente entre sus elementos constituyentes. La razón de esta desaparición es que Freud ha descubierto que lo inconsciente no se limita a lo reprimido, los Gedanken reprimidos, sino que incluye ciertos aspectos del Yo y del SuperYo, que también están reprimidos, por lo que el inconsciente se reparte entre el Yo, el Ello y el S-Yo.

Después de Freud y hasta nuestros días, el psicoanálisis ha sufrido variaciones, incluso desviaciones, pero la fidelidad a la hipótesis del inconsciente freudiano persevera como denominador común a cualquier corriente que se denomine psicoanalítica.

Incidencia del descubrimiento freudiano del INC en la historia de la humanidad

El descubrimiento freudiano del inconsciente tiene consecuencias decisivas en la historia de la humanidad, no sólo por su dimensión de teoría explicativa y terapeútica de las diferentes estructuras psicopatológicas, sino también porque a partir del estudio de lo patológico llega a deducir los principios de una psicología de la normalidad. Y todavía un paso más allá, Freud extiende su descubrimiento a la comprensión de los funcionamiento colectivos, poniendo las bases de una psicología social de gran alcance.

Por todo ello, cien años después, nadie pone en duda que el mundo no es el mismo antes y después del psicoanálisis, y que la mayoría de los ámbitos del saber y de la creación han sido atravesados por la hipótesis del inconsciente, posicionándose unos a favor y otros en contra, pero en ningún caso indiferentes a ella.

Recuerdo un ciclo de exposiciones mensuales en el CCCB, Centre de cultura Contemporánea de Barcelona, durante los años 1999 y 2000, que bajo la rúbrica FARS DEL SEGLE XX (Einstein, Le Courbussier, V.Wolf, Orson Weslles, Marcel Duchamp,....) dedicó una exposición a la figura de S.Freud, organizada por Xavier Rubert de Ventós y Gino Rubert. En el tarjetón de su presentación constaba lo siguiente:
“Esto no es una exposición sobre la vida e influencia de Freud: es más bien un ejemplo o muestra de tal influencia. Con Freud y su universo de metáforas se ha podido hacer de todo....El psicoanálisis supone el descubrimiento de un hecho tan ineluctable como inquietante: la tendencia que tenemos a actuar de acuerdo a nuestros recuerdos sin recordarlos....”

La potencia de este descubrimiento se revela también al constatar la rápida y amplia difusión y asentamiento del psicoanálisis en múltiples países. Así sabemos, gracias a la Guía del psicoanálisis internacional de Peter Kutter, que el mapa del psicoanálisis establecido en el año 1992 comprende su implantación en 4 de los 5 continentes , y dentro de ellos en 41 países.

Y sin embargo se constata en estos últimos años una tendencia recesiva, como muy bien detecta la historiadora y psicoanalista Elisabeth Roudinesco en su libro ¿Porqué el psicoanálisis? (Paidos 2000)
Al parecer los sujetos se inclinan más que antes por alternativas conductistas o psicofarmacológicas, o bien por tratamientos psicotera-péuticos varios que prometen curas más breves o menos costosas.

En esta línea de rechazo al psicoanálisis recuerdo el revuelo que se organizó en el año 97 en Barcelona a raíz de la publicación de un artículo en el suplemento de La Vanguardia llamado Ciencia y Salud, nº 49, del psicólogo Ramon Ferrer, profesor de la Universidad de BCN, titulado La insoportable levedad del psicoanálisis, donde arremetía contra el psicoanálisis y la obra de Freud acusándolo de pseudo-cientifismo, posición crítica representativa de toda una franja de psicólogos y psiquiatras contrarios al psicoanálisis. En el susodicho artículo se afirmaba también que el psicoanálisis quedaba ya obsoleto y trasnochado. El artículo provocó una rápida y contundente respuesta por parte de los psicoanalistas, dando inclusive lugar a la publicación de una pequeña pero muy interesante obra titulada El psicoanálisis explicado a los medios de comunicación, de Miquel Bassols (junio 1997, Eolia)

Pero en sentido contrario se alzan también testimonios y voces en defensa del psicoanálisis, como el artículo aparecido en febrero de este año en el The New York Times (selección hecha por Le Monde) titulado En la época del Prozac, algunos prefieren el diván del analista. Se recoge allí el testimonio de dos sujetos que eligen y defienden el psicoanálisis a pesar del empuje actual hacia los psicofármacos o las terapias breves. Una mujer de 33 años, afirma que gracias al análisis ha podido contravenir sus tendencias autodestructivas y progresar en su capacidad de asumir responsabilidades, lo que le ha procurado un notable beneficio en el ejercicio de su profesión. Un varón de 40 años, tras 10 años de análisis, manifiesta que ha mejorado notablemente de su depresión y de los ataques de pánico que padecía. Aseguraba también haber alcanzado un grado de madurez emocional y de capacidad de control de sus emociones del que carecía antes. Asimismo afirmaba que a lo largo de una cura analítica se atraviesan fases de aparente estancamiento, por el contrario hay otras en la que se constatan grandes avances y beneficios.


Para concluir: Nos podemos preguntar si el inconsciente freudiano continúa hoy vigente o pierde terreno

Plantear esta cuestión requiere distinguir dos aspectos:

1. una cosa es plantear la supervivencia del inconsciente en si mismo, planteamiento verdaderamente osado, casi desmesurado, pues equivale a preguntarse acerca de si el sujeto humano va a seguir siendo humano o va a mutar su naturaleza por ejemplo en hombre informático, o robótico.

2. la supervivencia del psicoanálisis como vía para tratar y cultivar ese inconsciente, tema que no abordaremos hoy para no extendernos más de la cuenta.

Respecto a la primera cuestión, no cabe la menor duda de que en la actualidad el inconsciente sigue “vivito y coleando”, tanto a nivel de la clínica como a nivel de la vida cotidiana.
A nivel de la clínica nos encontramos los síntomas de siempre, eso sí, en menor abundancia, pues es sabido, al menos en psicoanálisis, que los síntomas evolucionan con los tiempos. Por el contrario, encontramos muchos síntomas nuevos que acostumbran a ser en su gran mayoría estructuras histéricas con presentaciones modernas, inéditas, por lo cual a veces se hacen irreconocibles (anorexias, trastornos conductuales, nuevas somatizaciones: fibromialgias, fatiga crónica etc)
También se constata un aumento de las personalidades psicóticas, aspecto que nos obliga a reflexionar profundamente acerca de la posibilidad de algún cambio fundamental a nivel del inconsciente.

En cuanto a la vida cotidiana, cualquiera puede constatar en sí mismo y en su entorno la presencia de lapsus, olvidos sintomáticos, actos fallidos, sueños, etc que testimonian de la realidad operativa del inconsciente.

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