dimarts, 31 de març de 2009

LAS CINCO FORMAS DEL OBJETO EN DICHOS Y DECIRES DE SUJETOS


María Inés Rosales
JORNADA DE LOS COLEGIOS CLÍNICOS. Valencia, mayo de 2007-03-20


El objeto a, causa también del Seminario de la Angustia que este año nos ha convocado en nuestros respectivos colegios, se manifiesta de cinco formas diferentes según el corte significante en lo real del cuerpo. A veces se presenta en su función de causar el deseo. Otras veces, bajo determinadas condiciones y en cualquiera de sus manifestaciones, fijará la angustia. Ésta a su vez, haciéndole de señal ante el sujeto, hará por tanto de traducción subjetiva (Lacan) de tal objeto.

Intentaré poner a prueba nuestra propia clínica en su capacidad para apuntar, mostrar o develar de alguna manera algo de esos objetos o formas de aparición del a. Para esto no traigo esta vez un caso construido, ni la dirección de la cura correspondiente, sino que lo encontrado o buscado son dichos y decires de diferentes sujetos en análisis, pequeños párrafos o viñetas clínicas que permiten ver u oír cómo se manifiestan esos objetos que a veces han causado el deseo del sujeto –fantasma mediante- y otras veces sólo se han hecho patentes cuando la angustia los ha señalado; es decir, como no-sin ese objeto. Lo que creo podrá apreciarse en estos ejemplos es además, ciertos caracteres del objeto a de Lacan según los desarrolla en el Seminario 10 y que resumo en dos:

Que ese objeto (que en verdad no es más que vacío y por tanto nombrado por esa primera letra) es a la vez un objeto que se separa, se aísla, se corta… ¿De donde? ¿Del Otro? Sí, por efectos del lenguaje; pero decir esto no es suficiente porque en este Seminario Lacan se mueve por donde se mueve la Angustia: entre lo imaginario y lo Real (La angustia se mueve mal en lo simbólico porque en el terreno del significante hay engaño, mientras que ella es un afecto anclado en la certeza, al menos de sí misma, que es lo contrario al engaño). Y, entre lo imaginario y lo real, el cuerpo es el protagonista. Por tanto mostrará con insistencia, sin preocuparse de parecer a veces hasta biologista o anatomista, que los objetos a se desprenden del cuerpo. Del cuerpo real. Claro que tomado desde el psicoanálisis, como un cuerpo que está también, y fundamentalmente, inscripto en el habla.

Que el lenguaje produce fundamentalmente cuatro cortes corporales, más uno que da sentido a los anteriores. Son las cuatro formas que toma el objeto al caer: oral, anal, escópico e invocante, presididos por – fi, que no hace par con ninguno, a diferencia de los otros, pero se vincula con todos al darles la forma castratoria del corte y la caída.

- El primero de estos objetos o representantes del objeto a, objeto freudiano que Lacan nombra la mama, muestra con ventajas su carácter amboceptor: pertenece a dos organismos (de la madre y del hijo) y de los dos se corta de forma y lugar diferente, se separa y se pierde. El punto de angustia, dice Lacan, se halla en el Otro, en la madre. Se entiende que su pecho, algo que era íntimo para ella y que tenía su función en su vida erótica, de pronto deviene no sólo diferente en forma, tamaño y función, sino y sobre todo, deviene exterior, pasando a ser parte de otro que no es ella: del niño. Correlativamente, la angustia del sujeto, del niño, no es la separación de la madre sino la propia angustia de ella, angustia del Otro y que en el niño se presenta como temor al agotamiento del pecho.

Una de mis primeras pacientes había vivido su maternidad con mucha angustia. Yo en esa época había tenido un hijo y lo estaba amamantando. Una vez ella repentinamente se giró en el diván, me miró el pecho, creyó ver una mancha y me dijo: "¿Ha dado el pecho? Pues, no se lo ha vaciado". Si se escucha como denegación, el decir o la enunciación de la sujeto sería "sí se lo ha vaciado", equivalente a "se lo ha agotado", forma como se le revela al sujeto el corte entre el Otro y el objeto, entre la madre y la mama: momento de angustia que remite a aquella primordial, estructural del tiempo mítico de la operación significante que arroja un resto…Pero, contraria y paradójicamente, si al "no se lo ha vaciado" se lo entiende a la letra, eso también angustia! Se suele decir que si el pecho no se vacía, no volverá a producir leche. De modo que aquí la amenaza sería la ausencia de vacío, que el vacío no haga su función estructurante, esto es, que falte la falta. Lo cual apuntaría a la angustia más certera, la que de verdad no engaña, que es la angustia de no castración. No olvidemos que es en –fi, agujero central de la castración (el llamado tercer piso) donde vienen a desembocar los cuatro objetos.

Allí desemboca también este mismo objeto oral para otra paciente, el cual se le presenta en su función de objeto causa de su deseo. Pero recordemos antes lo que Lacan nos enseña: que el punto de deseo en relación al piso oral está para el sujeto en la mama, en tanto es al niño a quien le pertenece y a él se le separa. Por eso el pecho cumple con la condición de ser objeto parcial y corporal producido o caído por un corte, que vendrá a causar el deseo y posiblemente a organizar el fantasma que jugará su parte en los encuentros con el otro sexuado; y no sólo para el sujeto masculino, según veremos. Esta segunda paciente envidiaba profundamente a su marido porque, decía: "él tiene mis pechos, y eso debe dar un placer indescriptible" Atribuía al pecho de una mujer el ser el objeto privilegiado del deseo de todo hombre, y el más apto para gozar y hacer gozar. Ella se lamentaba de esa pérdida de goce por ser mujer. Como es fácil de entender, para esta sujeto se jugaba mucho en el campo de lo oral, por ejemplo lo que ella consideraba su síntoma: siendo hija y nieta de aceituneros tenía lo que llamaba "fobia de contacto" y asco a las olivas, lo que le creaba no pocos obstáculos en sus relaciones familiares…

- Sobre el segundo objeto, también freudiano, objeto anal o escíbalo, sabemos que entra en la subjetividad por la vía de la Demanda del Otro (la madre que pide al niño su caca) y que el deseo en juego, que es para Lacan el deseo de retener, es una defensa de otro deseo, el que, dice, sería el natural, el deseo sexual. Por tanto aquí la angustia se produce en la cesión. Los obsesivos son los que mejor dan cuenta de estos movimientos, y de la máxima solidaridad entre el piso anal y el de la dimensión fálica, la de la falta por excelencia, -fi, la que en el nivel corporal se presenta como angustia ante la detumescencia del órgano en el momento del orgasmo masculino.

Un analizante que a los 37 años comenzaba por primera vez a vincularse sexualmente a una mujer y como resultado de un arduo trabajo en el análisis, habiendo derribado ya varias barreras, se encontraba ante una nueva dificultad que describía así: "Ahora puedo penetrarla, pero con frecuencia durante el coito pierdo y recupero varias veces la erección, como si en el momento de sentir mucho placer me retuviera. Es que ella es tan generosa y comprensiva que a veces es como si me sintiera obligado a darle todo el placer que necesite…" Queda bastante claro que como no puede darle todo, se retiene y no cede nada, es decir, le da una mierda.

- El objeto escópico, ojo o mirada, se aparea con el anterior porque en ambos domina el yo ideal. Forma el 4º piso del grafo de los objetos, y es el primero de los dos objetos lacanianos, es decir, que Lacan agrega a la lista de los tres anteriores recortados por Freud. En este nivel espacial de lo escópico y lo especular se vela la castración, y en el yo ideal no se ve reflejado el a como –fi. El fantasma, con fuerte componente de escena visual, contribuye a ello, y ello a su vez contribuye con el fantasma que hace posible el vínculo sexual aunque no haya proporción sexual. En lugar de advenir el a como lo que es: caída, falta, aparece como un punto 0 de la contemplación y de la buena forma. Sin embargo, ese tiempo que bien puede ser el del enamoramiento no dura siempre, y en otro momento, Lacan nos hace ver cómo el deseo se agarra de algo que es equivalente, dice, a la mancha o lunar o cualquier otra parcialidad que también es punto 0, aunque ahora se vuelva inquietante.

Otro paciente, cuyo recuerdo más antiguo es la mirada fija de su madre sobre la de él, niño, cuando viajaban en tren el día que ambos huyeron del lado del padre maltratador, dice siempre que los ojos son la parte del cuerpo que más ama en las mujeres y en él mismo. Y confía en conquistarlas a través de su mirada. Pero trae un día a sesión que no pudo culminar la seducción de la chica tan esperada, al no poder sostener el mirarle a los ojos "porque me quedé colgado de un lunar, y ya no pude quitar la vista de él". Lacan dice- y creo se puede ver en este ejemplo- que en el nivel escópico el punto de deseo coincide con el punto de angustia en ese punto 0.

- La última forma del objeto a, traído a la lista por Lacan, es el objeto invocante, voz o superyo. Es el que mejor revela la dimensión angustiante del deseo en el Otro, cuando se borran las fronteras con el goce del Otro. La voz, como el shofar de los hebreos, puede aparecer como un objeto separado del cuerpo de quien la emite. Cuando la cadena significante deviene sonido, emisión, esa voz cae de la cadena articulada, como si excediera al Otro que va a dar significado al mensaje; como un sonido puro que queda sin significado… Por eso la voz puede ser a veces causa de deseo, y otras veces se presentará como el no-sin objeto señalado por la angustia, cuando cobre forma de superyo atormentador. Y esto último no sólo en la clínica de la psicosis.

Hace tiempo presenté el caso de un joven analizante a quien le angustiaba su propia atracción a atravesar los límites. Él se ocupaba mucho de su propia voz, decía que era muy grave, la localizaba en un tono musical (la mayor), y con frecuencia le sonaba extraña. Tocaba y veneraba el dijeridú, instrumento de viento de una sola nota cuya emisión se completa con la voz del que lo toca. Pero fue la voz de su madre la que le sonó en la dimensión de superyo insensato el día que por primera vez iba a salir con una chica, recién entrado en la adolescencia. ¿Llevas preservativo?- le dijo "Me lo dijo en un tono agudo y me sonó terrible, como si ella me empujara a lo que me daba más miedo…" Sintió que la voz del Otro le empujaba a gozar de lo que después se vio en el desarrollo del análisis, era una amenaza para el sujeto: la novia maravillosa, pero mujer imperativa de su fantasma, que le haría atravesar todos los límites.

Solo concluir que si ha faltado aquí el punto específico para ejemplificar el llamado objeto fálico, tercer piso de la constitución del a, agujero central de la castración, es precisamente porque, en su condición de falta central, está presente en cada piso, en cada objeto y en cada ejemplo, porque es la causa sexual de las neurosis. En el cuadro está solo, sin par. Pasado un tiempo, Lacan no volverá a hablar del falo (-fi) como objeto sino como el significante de la falta, y aún, como función fálica.

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