dimarts, 28 d’abril de 2009

La causa, el sujeto y el inconsciente




Juan del Pozo


Existe un deber ético para el psicoanálisis que concierne a los analistas: ser responsables de la presencia del inconsciente.[1] Este deber ético se articula con otro que tiene que ver con el descubrimiento de Freud: a partir de la hipótesis del inconsciente el sujeto ya no puede considerarse al margen de los efectos de palabra que lo causan, se ha de responsabilizar de sus síntomas aunque estos le vengan determinados desde su inconsciente. Los efectos de la palabra preexisten al sujeto pero inciden en sus síntomas. Lacan lo denomina deuda simbólica, escribe: “deuda simbólica de la que el sujeto es responsable como sujeto de la palabra”[2]

Hacer y sostener la presencia del inconsciente es una responsabilidad del analista cuya función no queda reducida únicamente a un ejercicio profesional. Se inaugura así, a partir de Freud, un deseo nuevo en la época de la ciencia (porque en la historia de alguna manera ya lo anticipó Sócrates), el deseo del analista que consiste cuando menos en no consentir en su práctica en suturar la brecha o hiancia inaugural de la constitución del sujeto, división inaugural y fundante del sujeto.

Este sujeto dividido del que Freud dio testimonio en sus diversas tópicas y hasta el final de su vida (La escisión del yo en el proceso de defensa por citar un ejemplo de sus últimos años) es el sujeto causado por su alienación al lenguaje, donde se representa pero sólo como significante para otro significante, y donde queda por elucidar algo de su ser de vivo, algo del goce que entra en juego en la operación. (Goce a partir de una pérdida original por la acción de lo simbólico pero que se pretende recuperar vía síntomas, vía plus de goce, vía pulsión).

El psicoanálisis al destacar esta articulación significante del síntoma permite el despliegue y caída de los significantes amos en los que el sujeto quedó atrapado. Tal operación no puede darse sin la responsabilidad subjetiva a la que el sujeto se ve entonces confrontado, al advertir que su culpa no es sino la pasta con la que se reconforta construyendo un Otro a su medida.

Responsabilidad subjetiva -pues detrás de ese Otro no hay ningún otro Otro para responder. Sólo queda el sujeto y su responsabilidad.
La apertura a esta responsabilidad subjetiva del sujeto moderno es la solución aportada por el psicoanálisis frente a la otra lógica la del sometimiento pasivo a los ideales, o el sometimiento sacrificial a los dioses oscuros (homogéneo a la fascinación por el objeto como voluntad de goce, tan propio de nuestro tiempo que idolatra al objeto de consumo y en donde se extiende sordamente un nuevo y tiránico superyo)

Ese sujeto que surge con el nacimiento de la ciencia y que cuyo origen situamos en cogito cartesiano, tuvo como efecto una respuesta nueva que es el psicoanálisis. Psicoanálisis que lo tomará como objeto, será su sujeto, pero en tanto que le dará un campo para tratar y no para colmar esa división inicial que lo constituye.

Lacan en la Ciencia y la Verdad dice que tras la aparición del cógito y la emergencia del sujeto de la ciencia ya no existe la ciencia del hombre, sino que se inaugura una nueva relación del sujeto al saber, que califica de “puntual y evanescente”. Surge así el problema para este nuevo sujeto de dónde apoyar su ser (Puesto que las creencias anteriores, los saberes antiguos quedan eliminados). El sujeto de un nuevo saber matematizado, formalizado, de Descartes buscará apoyo en última instancia en un Dios del que espera que no engañe y responda del ejercicio de la razón. Se vislumbra en el origen de este sujeto la construcción de un Otro divino y garante, al que el sujeto se somete sin saberlo por el sólo ejercicio del saber científico. A esta cuestión de quién o qué garantiza el ser del nuevo sujeto el psicoanálisis le da la vuelta, no instaurando un garante nuevo, no hay Otro del Otro, devolviendo la cuestión al sujeto, en la medida en que lo hace responsable de su ser pulsional, lo orienta hacia la posibilidad de tratar sus goces... por el intermedio del Otro.

Primera aportación del psicoanálisis al sujeto surgido de la ciencia: un tratamiento de la alienación al lenguaje que no pase por una mera reduplicación a una alienación nueva (siempre que se descubre un saber nuevo se construye la creencia de un sujeto que ya lo conocía). Este doble del Dios de Descartes hoy en el trono de todas las psicologías, y promovido desde luego por el capitalismo, es el Yo. El Yo que se abordó desde la consciencia, y del que se pretende todo saber, sin conflictos, autocontrolado, amo. En Descartes, dice Lacan en La Ciencia y la Verdad, se produce una caída de la cuestión de la causa (“curiosa caída del ergo”) al precaverse de que sea un Dios engañoso el que pueda responder, “en lo cual es a su compañero al que preserva hasta el punto de arrastrarlo al privilegio exorbitante de no garantizar las verdades eternas sino siendo su creador” [3] Este nuevo sujeto así pretendido, como su propio creador, compartiría con Dios lo que los filósofos sólo le atribuían a él, el ser causa sui. O dicho en otras palabras que la cuestión de la causa no le afecta.

Lacan va retomar de un modo muy diferente la cuestión de la causa. Podemos seguir el desarrollo de esta cuestión. Básicamente y en su vuelta a Freud, Lacan otorga preeminencia al significante sobre la pretendida autonomía del yo. El sujeto es un efecto de su alienación al significante desde el momento en que consiente ser representado por un significante para otro significante. Su ser se desdobla entre el campo de lo viviente y el campo del Otro. En su juntura, en su articulación, que no es sin pérdida, Freud sitúa su descubrimiento el cual le va a permitir operar con esa división: el inconsciente.

La primera verdad del psicoanálisis que Lacan destaca en su retorno a Freud es la del “eso habla”. Esto conlleva que el nuevo sujeto a venir tras la experiencia analítica deba atravesar los efectos de lenguaje que lo causaron y que dejaron su huella en el inconsciente. La “revisión del proceso de causalidad”[4] propugnada por Lacan es tener en cuenta el inconsciente en la constitución del sujeto y no sólo el saber filosófico consciente. (Hoy día asistimos a una degeneración del concepto de la causalidad del sujeto, a partir de teorías reduccionistas ceñidas a los parámetros cognitivos y neurobiológicos). La verdad habla y es en esa verdad de su alienación al lenguaje donde deben buscarse la causa de lo que el sujeto experimenta como síntomas, como malestares. La singularidad del psicoanálisis es aproximarse al sujeto como hablante.

La causa del sujeto que sostiene el psicoanálisis mantiene abierta su hiancia de deseante, pero le permite orientarse respecto a su deseo. No colma la falta “el sujeto no puede dejar de estar en falta si se hila en el margen que Freud reserva a la verdad”[5] y aloja en su vacío central un objeto peculiar.

A esa verdad pues, efecto del lenguaje que le atrapa, que se anticipa al sujeto, imposible de ser dominada, Lacan la denomina “extraña a la realidad, insumisa a la elección de sexo, pariente de la muerte y, a fin de cuentas, más bien inhumana”[6]. Es a fin de cuentas con lo que se tiene que confrontar cualquier sujeto.

Sostener la causa del inconsciente, de ese inconsciente “que dice lo verdadero sobre lo verdadero” es aceptar la dimensión constituyente de la falta y la imposibilidad de que cualquier verdad sea toda: “esta falta de lo verdadero sobre lo verdadero … es propiamente el lugar del Urverdragung de la represión primaria”[7]

En Posición del inconsciente texto reescrito en 1964 a partir de una elaboración de 1960 Lacan retoma estos principios. El lenguaje como causa del sujeto. El inconsciente como lo que nos permite seguir “el rastro de lo que opera para constituir el sujeto”[8] Hendidura original del sujeto que Lacan metaforiza con la figura del gusano y la manzana. El gusano, el gusano del lenguaje, es la causa del sujeto. Y esa hendidura original, ese advenimiento traumático del sujeto, supone la verdad del sujeto frente a las diversas ideologías filosóficas o psicológicas.
¿Cómo operaría el inconsciente en esta dialéctica del sujeto cartesiano en su relación a la verdad? Lacan dice que el inconsciente es (su) “corte en acto” El inconsciente realiza a ese sujeto imposible de fundirse en una unidad con el Otro, pero no solo en sus formaciones sino también y radicalmente en sus modos de goce alternativos a esa fusión imposible, al no hay relación sexual. La experiencia del inconsciente en un análisis es un nuevo campo abierto al sujeto de la ciencia donde puede encontrar un lugar para elaborar sus malestares.

En el texto citado Lacan repasa las dos operaciones de causación el sujeto, la alienación al lenguaje, con su dimensión de pérdida inaugural que Freud retoma en la represión original, y la operación de la separación, que caracteriza como una realización de la pérdida original apuntando a la carencia del Otro en el recorrido de la pulsión. Por esta vía, que se anuda en la transferencia, el sujeto intentando recobrar algo de esa pérdida original “se engendra a sí mismo” por retomar la frase de Lacan pero del lado de su ser de vivo, de su ser pulsional.

Tenemos entonces los dos efectos de la verdad de la causa: División original entre lo que el sujeto cree de sí mismo por representarse en el lenguaje y la verdad oculta para él del lugar desde donde desea, y de sus goces inconscientes, de su ser pulsional.

S1 S2
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$ a

Podemos decir por ejemplo desde la lectura del Seminario Aún de 1972/73 que el sujeto en su pretendida relación al Otro no lo alcanza nunca, y sólo accede al goce del objeto a donde realiza el goce perverso del fantasma. Es por lo que nos dirá en ese seminario que los estragos que puede producir considerar el amor (afecto de la relación con el Otro) como algo necesario, con todo el despliegue sintomático que esto produce, se atemperan cuando se considera el amor como una contingencia, y la relación sexual como imposible.
Pero esto ya se ve anticipado en Posición del inconsciente cuando dice “no hay acceso al Otro del sexo opuesto sino por la vía de las pulsiones llamadas parciales donde el sujeto busca un objeto que le sustituya esa pérdida de vida que es la suya por ser sexuado”[9]

Estos objetos en un principio parecen ser considerados como recuperadores de un goce perdido, definiendo la pulsión por su dimensión de plus de goce en torno a los objetos perdidos.

En La ciencia y la verdad observamos la distinta relación a la causa en la magia, la ciencia, la religión y el psicoanálisis. Y en lo que nos interesa subraya que la ciencia no quiere saber nada de la verdad como causa, un no saber nada del orden de la forclusión, reduciendo el concepto de causa a causa formal, causa matematizable de un saber que deja al sujeto desconectado de su verdad pulsional de viviente. (Deja fuera la sustancia gozante no considerada por Descartes)

Otra manera de ver esto es a partir del discurso de la histérica. Las histéricas enseñaron a Freud a que las producciones del inconsciente se referían a un goce desconocido para los sujetos pero del cual aportaban un saber. Si Lacan a partir de Sócrates nos introduce la función de la histeria como interrogadora y poniendo en cuestión el saber del amo, lo que la histeria muestra a Freud es que cualquier saber que se produzca será impotente para darle una respuesta que le valga a la histérica en tanto mujer. Esto marca claramente un límite del saber para con lo femenino, y sitúa en la mujer la encarnación del no todo de la verdad del sexo.



La ciencia $ S1
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(forclusión de la causa) S2



El D.H $ S1
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a (impotencia) S2



Es interesante la observación que hace Lacan del saber de la ciencia como un saber que se comunica, para nosotros también el saber que vamos depositando se comunica, se argumenta, se discute, pero hay una diferencia pues “la forma lógica dada a ese saber incluye el modo de la comunicación como suturando al sujeto que implica”[10] mientras que para el psicoanálisis la división del sujeto lo es por estructura.

La causa no sería una elaboración formal del pensamiento, un producto del pensar científico, sino que es previa, causa el propio pensar en tanto este no es sino un efecto del lenguaje y en lo concreto de la incidencia del significante en el viviente causándolo materialmente (en su carne) como dividido, como deseante.

La paradoja de un análisis es que cada sujeto debe elaborar finalmente esa causa previa que lo hizo ser.



Lo que le lleva a ir introduciendo la teoría del objeto a en su interrogación sobre la causa, con el despliegue de ese objeto que no forma parte de los objetos del mundo, de la realidad, sino que finalmente será el objeto que divide al sujeto, el que no puede ser reencontrado en el mundo. El seminario de la angustia culmina esta noción del objeto, del objeto a, como causa del deseo. Es el objeto como lo imposible de colmar la falta y que es de alguna manera el objeto a construir en la cura de cada cual, el modo en cada cual falla su relación al Otro, el modo en cada cual trata su no hay relación sexual del sujeto con el Otro. Ya lo anticipaba Lacan en La ciencia y la verdad al decir que “esa teoría del objeto a es necesaria … para una integración correcta de la función, para con el saber y el sujeto de la verdad como causa”[11] .
Es el modo lógico de construir ese imposible del sujeto suturado, construyendo la lógica con la que ido fijando los goces con los que se resistía a dejar de dar consistencia al Otro de lo que se trata en un análisis.

Yo creo que se puede seguir un trayecto por el que Lacan va intentando construir una elaboración que se desprenda de las inercias simbólico imaginarias que tiñen todo lo que se refiere al lenguaje. Quizás esto lo vemos de manera muy expresiva en el Seminario Aún cuando destaca que el significante es causa de goce, y que la lingüística es una elucubración sobre lalangue. Sustrayendo el inconsciente del campo de la lingüística, (y situándolo más bien del lado de la lingüistería) va a subrayar esta otra dimensión del goce. Si el significante es necio para atar sin fisuras la relación al Otro es porque está plagado de equívoco, de sentidos que se fugan, y no es el elemento neutro de la comunicación que la lingüística hubiera pretendido. El significante causa de goce es solidario con esa otra sustancia que Lacan añade en este seminario a las dos propuestas por Descartes: la sustancia gozante relativa al ser hablante que goza de su relación al lenguaje. (Descartes había considerado la sustancia pensante y la sustancia extensa, el cuerpo y la mente desarticulados)

Voy señalar para finalizar, sin desarrollar, lo que es finalmente la consideración de la verdad para Lacan en 1976, una verdad en absoluto idealizada y consistente sino ligada a una praxis articulada al ser sintomático de cada cual. Lacan dice en la lección del 20 de enero de 1976: “¿Qué es la verdad (…)? Es hacer lo que efectivamente hice, y nada más –rastrear lo real (…)”[12] . Pero la verdad hija del orden simbólico padece c de la posibilidad de ser engañosa, puesto que verdad y mentira se necesitan mutuamente, viejo temor de Descartes el de un dios que fuera engañoso. Es por eso que Lacan se plantea finalmente cómo cernir un real que sea verdadero y lo hace ciñéndolo con el sinthome y su teoría de los nudos, y apunta a un final de análisis que vaya más allá del sueño del inconsciente de una verdad, pues toda verdad en tanto significante tiene también su dimensión engañosa. Ese sueño del inconsciente de una verdad que no engañe “no tiene más término que la satisfacción que marca el fin del análisis”[13] (Lacan, 17 de mayo1976)

Donostia, 3 de octubre de 2008
Texto leído en la Jornada Intercarteles Burdeos –Donostia, celebrada en Donostia, San Sebastián en Octubre de 2008.



[1] Lacan, J. Posición del inconsciente. 1964. Escritos. Página 812.
[2] Lacan, J. La cosa freudiana. 1956 Escritos. Página 417.
[3] Lacan, J. La ciencia y la verdad. 1966. Escritos. Página 844
[4] Lacan, J. La cosa freudiana. 1956. Escritos. Página 398.
[5] Idem. Página 418.
[6] Idem. Página 418
[7] Lacan, J. La ciencia y la verdad. Escritos. Página 846
[8] Lacan, J. Posición del inconsciente. Escritos. Página 809
[9] Lacan,J. Idem. Página 828
[10] Lacan, J. La ciencia y la verdad. Escritos. Página 855
[11] Idem. Página 854
[12] Lacan, J. El seminario. 23. El sinthome. Ed Paidos. Página 64.

[13] Lacan, J. Prefacio a la edición inglesa de los escritos. Autres ecrits. Ed Senil. P. 572

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