dimarts, 23 de juny de 2009

Aportaciones a los avatares actuales del deseo de hijo en relación al deseo amoroso y sexual



Presentación de Matilde Pelegrí Moya y Montserrat Romeu Figuerola
en la VIII JORNADA DE LA AePCL:

“AVIDEZ, HAZAÑA Y SIMULACRO EN LA VIDA AMOROSA”

TARRAGONA, Domingo 25 de mayo de 2008

ABSTRACT
Nos proponemos hacer un recorrido de análisis sobre el deseo de hijo en la actualidad, en las diferentes modalidades que se presenta: pareja heterosexual, pareja homosexual, una mujer sola, y bajo las diferentes demandas de hijo: adopción, procreación asistida, banco de semen, etc. En la medida, que cómo psicoanalistas podamos escuchar acerca del deseo de hijo en algunos analizantes; entrevistas con personas con demanda de aborto, con problemas de adopción, de esterilidad, etc… podremos decir algo sobre el lugar que ocupa el hijo en cada caso particular.
Además nos interrogaremos sobre la posibilidad de elección de “un niño a la carta” y sobre la diferencia entre deseo de hijo, ganas de hijo, derecho de hijo y deseo de embarazo.
Palabras clave: inconsciente, demanda, deseo, ganas de hijo, Edipo, objeto a, castración

1.- Un preliminar
El psicoanalista Jacques Lacan en la "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma" pronunciada el 4 de octubre de 1975 nos dice lo siguiente:
"Sabemos muy bien en el análisis la importancia que tuvo para un sujeto, vale decir, aquello que en ese entonces no era absolutamente nada, la manera en que fue deseado. Hay gente que vive bajo el efecto, que durará largo tiempo en sus vidas, bajo el efecto del hecho de que uno de los dos padres - no preciso cual de ellos- no lo deseo. Este es verdaderamente el texto de nuestra experiencia cotidiana".
"Los padres modelan al sujeto en esa función que titulé como simbolismo. Lo que quiere decir, estrictamente, no que el niño sea el principio de un símbolo, sino que la manera en la que le ha sido instalado un modo de hablar, no puede sino llevar la marca del modo bajo el cual lo aceptaron los padres. Se muy bien que esto presenta toda suerte de variaciones y de aventuras. Incluso un niño no deseado, en nombre de un no sé qué que surge de sus primeros bullicios, puede ser mejor acogido más tarde. Esto no impide que algo conserve la marca del hecho de que el deseo no existía antes de cierta fecha".

2.- Introducción
En el año 2005, en España, cómo recordarán, se legalizaron los matrimonios homosexuales, y con ello se abrió en este país la posibilidad para dichas parejas, de tener hijos, mediante adopción o mediante técnicas de reproducción asistida. A partir de entonces dos personas del mismo sexo podrían formar una familia y ser padres y/o madres. Es decir, lo que nos parecía importante, dado el caso, es que los hijos, en este nuevo contexto, serían criados por unos padres que presentarían cuerpos iguales, no habría diferencia sexual, en lo que al real del cuerpo se refiere.
Estas nuevas formas familiares, a diferencia de las tradicionales, formadas por una pareja heterosexual, conllevarán una separación entre lo que supone su sexualidad y la posibilidad de tener hijos; bien es cierto que la separación entre sexualidad y reproducción ya estaba vigente en nuestra sociedad, pero lo nuevo aquí, es que se trata de parejas que por su naturaleza son infértiles; han renunciado a la fertilidad biológica debido a la elección de pareja homosexual. Pero la legalidad vigente les permite a pesar de ello, poder tener hijos. La pregunta que nos formulamos sería: ¿su deseo de tener hijos, en caso de haberlo, estaría vinculado con el deseo sexual, en relación a su pareja? o ¿se trataría de un deseo compartido en la pareja, pero no articulado a través de ésta? Son cuestiones que iremos trabajando.
Como psicoanalistas, ya entonces, pensamos que nos encontrábamos ante un cambio importantísimo en lo que se refiere a las nuevas configuraciones familiares, y nos preguntábamos que efectos podrían surgir o no, con niños criados con padres del mismo sexo. Iniciamos una vía de investigación en el 2005, sobre estas nuevas familias, con una serie de preguntas, a partir de la separación entre reproducción y encuentro sexual, revisando la cuestión edípica en este nuevo contexto, la función materna y paterna a partir del desarrollo de Lacan en RSI, del año 1975 y contrastando las distintas presentaciones y aportaciones, que se daban en el ambiente psicoanalítico y social del momento.
Dimos algunas aportaciones al respecto y entre otras cuestiones, planteamos que era necesario abordar las cuestión del deseo de hijo en dichos padres, lo que supone un estudio más amplio, sobre lo que nos referimos, cuando en el ámbito psicoanalítico se hace referencia a deseo de hijo y no sólo para los homosexuales, sino también, para todos los sujetos en general. Partiendo de la base que es distinto el deseo de hijo, que reclamar el derecho a tener un hijo o a tener ganas de un hijo o de un embarazo; cómo veremos más adelante deseo de hijo apunta al inconsciente del sujeto, que no siempre coincide, con lo que uno dice querer.
Pensamos que si queremos decir algo del lugar que ocupará un hijo, habrá que escuchar cómo se articula el deseo de éste en sus padres. Evidentemente en cada sujeto sea homosexual o no, el deseo de hijo formara parte de su particularidad y su intimidad, pero lo que nos preguntábamos ya hace unos años, es si hay alguna particularidad en el deseo de hijo, propio de los homosexuales, partiendo de la base como hemos dicho, que la elección de pareja homosexual, conlleva una renuncia a la fertilidad con la propia pareja. Es decir, para una pareja homosexual, la infertilidad forma parte de su ser, mientras que una pareja heterosexual que no pueda tener hijos, la infertilidad es un accidente.
Referente a lo que hemos visto hasta ahora en las parejas homosexuales; vemos oportuno señalar diferencias entre las parejas de homosexuales formadas por hombres, respecto a las parejas homosexuales de mujeres. Lo que responde a que el deseo de hijo no juega igual en los dos sexos, pues el cuerpo que inviste al sujeto, no es sin efectos para éste.
En los hombres homosexuales, el deseo de hijo es menos patente, son pocas las parejas de homosexuales masculinas que quieren tener un hijo y en caso de que así sea, se trata normalmente de la búsqueda de un hijo varón, vía adopción. Sería mas un” hijo a la carta”, duplicación del propio sexo, podríamos incluso atrevernos a decir duplicación del falo si nos ceñimos a una lectura edípica.
En el caso de la homosexualidad femenina, la cuestión es muy distinta, vemos que son más el número de parejas que buscan tener un hijo y en muchos casos se busca un embarazo a través del banco de semen y con inseminación artificial. El deseo de hijo aparece cómo una marca propia de la feminidad, relacionada con el cuerpo, por eso normalmente se busca el embarazo. El hijo en este caso no responde a un hijo a la carta, sino más bien a un hijo desafío, no sería un “don”, sino que edipicamente respondería más a un desafío al padre.
Pero ¿podemos hacer una lectura, más allá del Edipo? En todo caso, tendremos que escuchar la particularidad de la pareja, la posición sexual de cada sujeto y su modalidad particular de goce.
También señalamos en 2005, que aún no disponíamos del tiempo necesario para escuchar, cómo las nuevas realidades familiares eran encajadas en la sociedad que se iba configurando, aún no había transcurrido el tiempo necesario para escuchar la clínica de los hijos de padres homosexuales; hoy en 2008, pensamos que poco a poco van apareciendo en nuestras consultas niños y jóvenes, con padres que posteriormente a una pareja heterosexual han escogido una opción de pareja homosexual o a niños adoptados por familias homoparentales que en realidad tienen una pareja homosexual.
Lo que si podemos claramente subrayar en estos años transcurridos es lo siguiente:
Cada vez más el acceso a la maternidad o paternidad se va separando del encuentro sexual, a pesar de que éste, sigue siendo una opción más y ampliamente usada; pero hemos notado, algunos casos, en donde para ir más rápido; según se argumenta, a la hora de tener un hijo, se acude directamente a técnicas de reproducción asistida o incluso a la adopción; se trata de casos en donde la infertilidad puede ser insoportable; es decir, la posibilidad de tenerse que enfrentar al hecho de engendrar y /o gestar , se quiere evitar de antemano. Además toda la incertidumbre que conlleva el proceso natural de tener un hijo, desde que se busca el embarazo, el desarrollo de éste, el dar a luz, más la sorpresa que supone conocer al propio hijo, en donde el grado de salud de éste, tampoco es garantizado, ni su aspecto físico; supone un proceso, no siempre soportable por todos. Y cada vez más, encontramos la búsqueda de un hijo a la carta.
Un apunte que nos parece importante, es la dificultad y los efectos que supone para un sujeto el saberse infértil, el sentimiento de culpa en relación al otro miembro de la pareja, como ello afecta a su sexualidad, sobretodo en el caso del hombre, en donde normalmente se relaciona infertilidad con impotencia sexual. La infertilidad del sujeto, no es sin efectos para éste, ni para la pareja; por otra parte, no siempre el hijo que nazca va a responder al hijo de nuestros sueños; por eso, no todo el mundo puede ponerse en juego, en lo que supone un proceso natural de reproducción.
En la actualidad nos encontramos ante dos vías, que representan un tercero para la pareja y que ofrecen la posibilidad de tener hijos, una vía sería la adopción de niños procedentes de países como Rusia, niñas de China, u otros países, depende de los convenios suenan más unos lugares u otros. El proceso de adopción, requiere entre otras cuestiones, de un certificado de capacitación de los padres, emitido por unos psicólogos, que les dan la autorización para ser padres adoptivos, a veces llegan en nuestras consultas, personas que han recibido un NO de dicha capacitación para adoptar.
La otra vía, para tener hijos, sería a través de la medicina; mediante la fecundación asistida, con la posibilidad de usar óvulos de donación o poder recurrir al banco de semen y con técnicas que cada vez ofrecen más posibilidades. En este caso, no hay que pasar por ningún examen psicológico, lo que si es necesario a veces, es disponer de una buena capacidad económica, pues la seguridad social en España paga lo siguiente:

1-tres tratamientos, cómo máximo, de reproducción asistida, por mujer; se trate de inseminación, fecundación in Vitro o ICSI (Inyección intracitroplasmática), y en tanto la mujer no sobrepase los 39 años de edad.
2-Hay un convenio entre la seguridad social y los centros IVI, para las mujeres que en edad de fertilidad padezcan cáncer y reciban tratamiento oncológico, que suponga una esterilidad permanente; para que puedan, de forma gratuita, congelar sus propios óvulos, antes de la infertilidad.
3-En algunas comunidades autónomas, entre ellas Cataluña, se paga la medicación necesaria, para la estimulación ovárica, previa al tratamiento, en la mujer.
La donación de semen, los óvulos de donación y el diagnóstico genético preimplantacional (DGP), en ningún caso son subvencionados.
Actualmente en España, los centros médicos punteros que tratan la infertilidad, aseguran un 90% de éxito terapéutico, es decir, de llegar al embarazo, en el caso de una mujer con útero funcionante y que siga todas sus pautas.
En Europa, España, es un lugar puntero en el tratamiento médico de la infertilidad; hay menos límites legales, por ejemplo, en Italia sólo pueden realizar este tipo de tratamiento, los matrimonios; en Inglaterra la donación de óvulos y semen no puede ser anónima. Y por otra parte, el destino de los preembriones generados y no usados, parece mejor ordenado o pautado aquí, que en otros países.
En nuestro país, al ser posible, son considerables las parejas heterosexuales que con donación de esperma y/o ovulo de un tercero, pueden tener hijos, aunque a veces, se guarde dicha información, bajo secreto de la pareja; pero será particular de cada caso, cómo se juega la separación entre la herencia genética y el ser padre o madre, lo cual obedecerá en cómo ha jugado en la pareja, el deseo de hijo.
La inseminación artificial a través del banco de semen es la vía que permite a mujeres sin pareja o parejas de mujeres homosexuales poder tener hijos biológicos, mediante embarazo.
En estos años, también hemos visto cómo la posibilidad de acceder a la maternidad, en edad más allá de la menopausia, deja cada vez más de ser un caso aislado, para formar paso, poco a poco, a una opción más, la medicina lo hace posible.
La medicina, también ha hecho posible, que un transexual se haya quedado embarazado, planteándose en la prensa de si se puede incluso hablar, del primer hombre embarazado.
Por otro lado, en Estados Unidos, está la cuestión de las madres de alquiler, que incluso se anuncian por catálogos en internet.
Toda esta situación actual y seguramente la que está por venir, nos traslada el planteamiento de la siguiente manera, ya no se trata sólo de cuestionarnos sobre el deseo de hijo, lo cual es motivo de nuestro estudio, sino también preguntarnos ¿Cómo estas nuevas posibilidades de tener hijos, que van más allá de la propia naturaleza humana, permiten o no, reformular el deseo de hijo, en el sujeto?
Y nos seguimos preguntando, ¿El deseo de hijo tiene que ir unido al encuentro sexual y amoroso, o puede surgir por otras vías? Es decir ¿el deseo de hijo responde sólo a los avatares de cada sujeto en la resolución de su edipo o hay otras cuestiones importantes que también tienen lugar para que éste se formule? Podríamos escuchar sujetos, en dónde el deseo de hijo apuntará más por el lado de la transmisión.
En nuestra sociedad el límite a tener un hijo no está en el encuentro sexual, ni siquiera en el cuerpo, es decir, el límite que pone el cuerpo por su naturaleza, para procrear; mediante la ciencia se va reduciendo considerablemente y cada vez más.
Entonces en una sociedad capitalista en donde el hijo se ha convertido en un bien, que se puede adquirir, podemos incluso atrevernos a decir, en un objeto de consumo, con un mercado propio, ¿cómo va a jugar todo ello con la formulación del deseo de hijo? ¿Es que nuestra sociedad fomenta las ganas de tener hijos? ¿Estamos en una sociedad que no tolera la infertilidad y por ello toda persona que quiere tener un hijo, debe tenerlo?, es decir ¿tener un hijo se ha convertido en un derecho?
Acaso, esto tiene que ver con desear un hijo, no olvidemos que un hijo, a diferencia de un objeto de consumo más, es un ser con existencia propia, que está por venir, y que está por perder, sin estar todavía no perdido.

3.- Acerca del deseo de hijo
Según la definición del diccionario de psicoanálisis, “el deseo de hijo es como todo deseo un deseo inconsciente, pero que recae sobre un objeto con consistencia real. Se construye, se elabora y se dialectiza en el devenir sexuado de cada uno. Común a los dos sexos, el deseo de hijo parece sin embargo más presente en la mujer”.
El deseo de hijo conlleva una particularidad, no se trata de un deseo más o uno cualquiera, pues el objeto al que va dirigido no entra en serie con otros objetos. El deseo de hijo, va a suponer para un sujeto hombre o mujer, la búsqueda de un lugar, una demanda al Otro y pasar por la propia sexuación.
El deseo en la mujer, está dividido; en el de madre y en el de mujer, por lo que no todo el deseo se dirigirá al niño; orientando al niño a una futura separación. Hay que pensar en los estragos de la madre que es demasiada madre o demasiado mujer. El deseo de hijo, introduce a la mujer a través de lo real de su cuerpo, en la maternidad real, simbólica o imaginaria. Esta es la prueba de su sexuación en tanto mujer. La clinica psicoanalítica nos enseña, que a nivel del inconsciente, la mujer realiza y vive su feminidad especialmente a través de este deseo de una maternidad, sino real, al menos simbólica o imaginaria, y por otra parte, si existe un rechazo de este deseo, ¿podríamos decir que va a tener que ver con un rechazo a la feminidad?
Para el hombre, el deseo de hijo, no es el pasaje obligado para la realización de su masculinidad, ni siquiera de su paternidad. En la dialéctica y la lógica de este deseo, un hombre deseará ante todo procrear. Esta procreación concierne al mismo tiempo a la mujer y al hijo. Procrear, para un hombre, es gozar de la diferencia sexual y desear encarnar ese goce en la transmisión de un nombre. El hijo será el signo y el portador de dicho goce; encarnará la transmisión de la filiación. Podemos citar a Lacan en RSI: “Se podría decir que cualquier hombre que tenga el síntoma padre, que ilustra la padre versión, la versión padre, puede para los niños de los cuales no es el genitor sostener la función paterna.” Y añade “un padre no tiene derecho al respeto si no hace de una mujer la causa de su deseo, pero no todo hombre cumplirá la función, puesto que no todos los hombres harán de una mujer la causa de su deseo”. Además podemos añadir que un hombre no se convierte en padre sino a condición de consentir al no-todo que constituye la estructura del deseo femenino.
El deseo de hijo según Freud, tiene que ver con el fantasma edípico, el niño que la niña quisiera tener de su padre y que el niño quisiera darle a su madre. Deseo de pene puede satisfacerse, por responder a deseo de niño, compensación a la “castración materna”, el deseo de hijo, es una mezcla de deseo biológico, deseo de amor, de transmisión, de lucha contra su propia muerte. Para Freud, la mujer compensa su falta a través del niño.
Para Lacan, el niño es un posible objeto a para la mujer. En el seminario Encore, Pág. 47 va a decirnos que “Para este goce de ser no-toda, es decir, que la hace en alguna parte ausente de sí misma, ausente en tanto sujeto, la mujer encontrará el tapón de ese a que será su hijo”. Lacan en “la nota sobre el niño” señala la necesidad de un deseo que no sea anónimo y que las funciones de la madre y del padre se juegan a partir de esta necesidad: “de la madre en la medida en que sus cuidados llevan la marca de un interés particularizado, del padre en tanto que su nombre es el vector de una encarnación de la Ley en el deseo”.
Según Luis Izcovich, en unas declaraciones que realizó durante la “Jornada Europea de la Parentalidad en cuestión” dijo: “En el fondo la cuestión fundamental del deseo de hijo no es tanto el deseo de procrear sino el deseo de acogerlo”
Ganas de hijo y el deseo de hijo no van forzosamente de la mano, Colette Soler lo explica muy bien en el Seminario “Declinaciones de la angustia” pp.166-169; “ El deseo de hijo, no es ganas de hijo… el drama del discurso capitalista con los progresos de la ciencia es que obliga al deseo de hijo a pasar por las ganas de hijo…hay que calcular bien si es el momento, si se quieren, si no se quieren, si se deja de tomar la píldora, si hace falta un padre, si no hace falta, y cuando se ha calculado bien, puesto a punto el deseo de hijo, entonces se encuentran dificultades, las ganas de hijo están y luego nada...”
Podríamos decir lo mismo, del deseo de embarazo, que hemos podido ver en las personas con una demanda de aborto, sobre todo entre los embarazos en la adolescencia, que no llegan a término. ¿En cuantas jóvenes que quedan embarazadas, escuchamos este deseo de embarazo, como un salto de niña a madre, sin el pasaje a la feminidad, o en otras que la entrada en la feminidad es a través de un embarazo? En ambos casos vemos que el deseo era deseo de otra cosa; más bien se trataría de un pasaje al acto.
Estos embarazos no buscados conscientemente y en cualquier edad, aparecen en momentos conflictivos de la mujer o de la pareja, sin que tengan conciencia de que son la expresión sintomática de un conflicto psíquico, de un interrogante o de una problemática personal. Son cuestiones internas que se expresan con este acto, allí donde las palabras no han podido hacerlo.
De la misma forma, que cuando una mujer plantea razones muy lógicas, económicas, sociales, de edad, para justificar, que no es el momento de tener un hijo, esto no nos asegura forzosamente, que este embarazo no sea deseado; si tenemos en cuenta que querido no quiere decir lo mismo que deseado.
El deseo puede determinar que hagamos cosas “sin querer”, que se nos escapen, como los lapsus, los síntomas, los actos fallidos... Por lo tanto, es frecuente que aquel hijo que va contra la planificación consciente puede ser el que tiene más garantías de ser deseado, aunque puede llegar a ser no querido.
La demanda de hijo por parte de los padres, no siempre supone un deseo de hijo, pues, éste es inconsciente. La demanda de técnicas de reproducción asistida, puede responder a la búsqueda de un hijo a todo precio. Vemos a muchas parejas infértiles, que reivindican de forma muy insistente la llegada de un hijo biológico. Y así se puede escuchar en algunas personas, el sufrimiento por no acceder a la procreación y cómo esperan que la asistencia médica les de la oportunidad, de superar su herida narcisista, por eso, se ponen en manos de un tercero, esperando, que milagrosamente, les facilite, la entrada a la procreación. Pensemos, en la demanda de los futuros padres, en su proyecto. Un niño no es nunca un producto, ni la procreación asistida, una prótesis, para curar el síntoma de la esterilidad. ¿No nos diría esta algo del deseo de hijo de aquellos padres en concreto? Constatamos que la reproducción asistida no aporta todas las soluciones, a todos los problemas de esterilidad, no siempre la demanda de hijo encontrará respuesta.
Según Luis Izcovich citado anteriormente: “Que un niño sea concebido de forma natural, o concebido con la ayuda de la ciencia, los padres deben pasar por una subjetivación, se deben apropiar de la forma en que ellos quieren ser padres. Posicionarse como garantía de las generaciones futuras”.
En el libro “The baby busines” de Debora Spar, se habla de un verdadero mercado en la industria de la fertilidad y de la adopción. El hijo es un producto que tiene un precio y comporta una plus valúa inestimable y particular para sus padres. La oferta de mercado permite escoger gametas seleccionadas no solamente a partir de la raza, sino también, a partir de la inteligencia, la belleza, la silueta atlética, los dones musicales, etc. además escoger el sexo del embrión. Señalamos, el caso de una mujer, que atendimos, que había obtenido su hijo a través del banco de semen, de una persona con un coeficiente de inteligencia superior, así llamaba a su hijo: " ven mi pequeño einstein”. Se trataba del fantasma materno, el bebé einstein, se refería a un genio, que no tenía nada que ver con su marido estéril y escribiente en una empresa.
El deseo de hijo, siendo particular de cada sujeto, conlleva algo de enigmático, a veces de deja entrever; es en el análisis de cada sujeto, en donde se puede escuchar algo de ello. Y a través del quehacer, en la vida cotidiana este deseo tiene sus muestras, y entre ello nos encontramos con casos muy surrealistas, que aparentemente serían difíciles de explicar.

4.- Comentarios finales
La cuestion acerca de la pregunta, sobre el deseo de hijo, se le planteara a cada sujeto, en un momento u otro de su vida. Cómo va a resolver o que respuesta le dará, lo podremos ver en el caso por caso, e incluso en cada estructura sea neurosis, psicosis y perversión; de ahí toda una serie de visicitudes, que pueden ir, desde una demanda repetida de aborto, el hijo imposible de tener, a una demanda reivindicativa del niño a todo precio, pasando por el hombre que desencadena una crisis en el momento de nacer el hijo, o la mujer que hace una fuerte depresión al nacer su hijo.
La ambivalencia del deseo de hijo, se nos muestra en escena, con toda su fuerza, cuando una paciente, después de 2 años de tratamiento de fecundación in Vitro para concebir un hijo; cuando al fin queda embarazada, decide no tenerlo, para la sorpresa de todo el equipo médico, ¿cómo denominar a todo esto? O el caso de una chica joven que quedaba embarazada repetidamente y al preguntarle la ginecóloga el porqué, le responde tranquilamente: “para ser visible como mujer”.
Deseo de hijo y ganas de hijo, no van siempre de la mano, pero podemos plantear que uno puede llevar a otro, un hijo, en principio no buscado, sin ganas, nacido en un mal momento de la vida, al fin puede ser muy bien acogido y deseado y querido; al contrario, ganas de hijo, a veces pueden responden a querer taponar cuestiones y dificultades relacionadas con el encuentro sexual y la propia sexualidad, lo vemos en casos de mujeres sin pareja que en edad cercana a los cuarenta años, deciden adoptar como madres solteras o tener ellas solas un hijo biológico.
Por ejemplo: en el caso de una mujer de 38 años, que para concederle la capacitación como madre adoptiva, le pidieron realizar un año de tratamiento psicológico, antes de ser evaluada de nuevo, en el inicio ella, expresa: “quiero ser madre, tener una relación entre madre hija en sentido descendiente y no es justo que me digan que no”, esta mujer tenía una relación muy fuerte con sus padres y jamás había tenido ningún novio o pareja. Después de unos años de tratamiento, tiene la capacitación para ser madre adoptiva y se plantea ir a la China a buscar a la niña con un amigo del cual está enamorada y tiene cierta relación; en este caso vemos como las ganas de hijo, le han permitido entrar en una serie de cuestiones, entre ellas, hacer frente a su sexualidad, abriéndose la posibilidad de que emerja un deseo de hijo y no quedarse sólo, con la idea de: “su niña para cuidar”.
También vemos a mujeres con la necesidad de tener muchos hijos y en efecto tienen uno detrás de otro, incluso algunas dicen, soy rica porque tengo muchos hijos, ¿acaso supone que haya deseo de hijo?, garantizado no está.
En el caso de los hombres, para algunos tener hijos supone una muestra de su potencia varonil, es la idea de cuantos más hijos, más potente, es más hombre, incluso a veces, hijos con mujeres distintas. En el caso opuesto, vemos a hombres, que en general tienen una gran facilidad para relacionarse con mujeres, pero en cuanto ésta muestra algo de sus ganas de tener hijo, corriendo dejan la relación.
La esterilidad muestra una imposibilidad difícil de soportar para el sujeto y que puede desencadenar un sufrimiento, puede ser vivida como una prohibición de procrear. Para muchos sujetos la procreación asistida puede ser su salvación y el médico que la realiza el Salvador. Una paciente en análisis que esta pasando las pruebas para empezar el tratamiento produce una serie de sueños, relacionados unos con espermatozoides que se introducen dentro de óvulos enormes y que dan lugar a múltiples niños en serie, u otros relacionados con señales que llevan la palabra no, múltiples señales que le impiden el acceso a su casa o al trabajo.
A veces algunas mujeres al hacer la demanda de procreación asistida, tienen el sentimiento de forzar a la naturaleza y de trasgresión. Así hemos escuchado a algunas mujeres sentirse culpables por esta decisión y lo esconden a sus familiares, a su entorno, secreto que llevan hasta la última consecuencia, como es el caso de una paciente que al utilizar la donación de semen, me confía que será incapaz de decirle a su hijo su origen.
O sea el debate, acerca del derecho de los niños a conocer su origen biológico, queda abierto.
El deseo de hijo en tanto deseo inconsciente será particular de cada sujeto, pero la manera en cómo el momento social que vivimos, en relación a la procreación, incide en el sujeto; tendrá sus efectos. Hace unos años, un homosexual, cómo mucho, podía hacer el duelo que le suponía ser infértil con su pareja, en la actualidad, en España, a este hecho que por otra parte, no ha cambiado, puede añadirse el planteamiento, mediante la adopción o la medicina, de tener hijos con la propia pareja. Es un cambio, porque supone algo más después del duelo. Igual pasa con las parejas que en muchos casos no pueden tener hijos vía natural, por problemas de infertilidad, en dónde, a través de la intervención médica si pueden. Después del duelo, que supone una infertilidad de la pareja, se pueden plantear algo más.
El problema es que en muchos casos hacer el duelo por la infertilidad se salta, y se pasa directamente del "no puedo" a "es posible", y este salto tendrá sus efectos, en el sujeto, en la pareja y en los hijos.
Respecto al deseo de hijo en las parejas homosexuales nos falta todavía la suficiente experiencia clínica, para poder decir algo de la incidencia que el deseo de los padres y madres homosexuales tendrán en la constitución subjetiva de sus hijos. Las particularidades de la posición subjetiva de cada padre y cada madre respecto al sexo, introducirán también variantes. En el caso particular de un hombre homosexual que esta en estos momentos en análisis escuchamos su deseo de hijo y su miedo de adoptar a un hijo demasiado pequeño, prefiriendo adoptar niños que sobrepasen los 5 años.
Vemos que los cambios en nuestra cultura contemporánea plantean al analista nuevos retos, nuevos problemas, nuevas demandas. No creemos que debamos dar la espalda a la actualidad y como analistas debemos pensar como más allá de nuestros prejuicios personales intervenir y acompañar a los sujetos frente a los nuevos malestares en la civilización.
El deseo de hijo por inconsciente, enigmático y con incidentes en la vida del sujeto; no puede ser apropiado por un solo grupo sexual, ni ser propio de una cierta edad del sujeto…Sería mejor dejarlo en vías de investigación, más que ir acotando su existencia.

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