dimecres, 9 de setembre de 2009

PSICOANALISIS Y NEUROCIENCIAS

Próximamente está prevista esta interesante actividad en Barcelona:



JORNADA DE LA SOCIEDAD DE ESTUDIOS PSICOSOMATICOS IBEROAMERICANA (S.E.P.I.A)



“EL FENOMENO PSICOSOMATICO EN EL NIÑO”


Profesor Dr. François Ansermet
Negrita

Sábado, 26 de septiembre del 2009

Lugar : Sala Fiatc, avda Diagonal 648, Barcelona

Programa:

9 h. 30’.- 10 h.: Inscripciones y recogida de material.

10 h.-11 h.: Conferencia.

11 h.- 11h. 30’: Discusión con la sala.

11 h. 30’- 12h.: Pausa café.

12 h.- 13h.: Presentación de material clínico a cargo de Sr. Juan José Tolosa.

13 h.-14 h.: Discusión con la sala

Precio para los no socios: 40 euros
--------------------------------------------------------------------------
Sobre el Dr. FRANÇOIS ANSERMET Nació en Suiza en 1952, es Profesor de psiquiatría del niño y del adolescente en la Facultad de Biología y Medicina de la Universidad de Lausana. Es psicoanalista, especializado en medicina perinatal, particularmente en situaciones de stress y traumatismos precoces. Estudioso de las relaciones entre psicoanálisis y neurociencias, se ha concentrado en los vínculos entre huella psíquica y huella sináptica.




Comentario y Fragmento del libro "A CADA CUAL SU CEREBRO. PLASTICIDAD NEURONAL E INCONSCIENTE" Editado por KATZ 2006, de François Ansermet y Pierre Magistretti:

Enemigos no declarados durante décadas, las neurociencias y el psicoanálisis parecen dispuestos a firmar las paces. O una tregua. Al fin y al cabo, en los últimos tiempos se conjugan alrededor de un tópico en común: la plasticidad neuronal o lo que es lo mismo, el hecho –cada vez más comprobado– de que la experiencia deja una huella en el cerebro. En un intento por disipar los interrogantes que despierta este fenómeno psíquico y cognitivo, el neurobiólogo Pierre Magistretti y el psicoanalista François Ansermet unieron sus fuerzas en el libro A cada cual su cerebro: Plasticidad neuronal e inconsciente (Katz Editores), del que Futuro anticipa un fragmento, donde abrazan una perspectiva dinámica del principal órgano humano y abren las puertas a un campo incipiente de cruces y encuentros: la biología del inconsciente.
Al final de su vida, Freud enuncia la siguiente afirmación: “De lo que llamamos nuestra psique (vida anímica), nos son consabidos dos términos: en primer lugar, el órgano corporal y escenario de ella, el encéfalo (sistema nervioso) y, por otra parte, nuestros actos de conciencia (...). No nos es consabido, en cambio, lo que haya en medio; no nos es dada una referencia directa entre ambos puntos terminales de nuestro saber”. He aquí planteados los dos términos de un debate que involucra, por un lado, la realidad neurobiológica y, por otro, las producciones de la vida psíquica. Hay que reconocer que estos dos campos presentan características totalmente diferentes. Un colega psicoanalista comparaba irónicamente nuestra tarea de relacionar la pareja neurociencia y psicoanálisis con el improbable apareamiento del oso polar y la ballena. En efecto, establecer entre ellos algún puente puede parecer una tentativa si no imposible, al menos arriesgada, fuente de confusiones y extravíos que tan sólo llevarían a ambos enfoques a la pérdida de sus lógicas específicas. El estudio del cerebro y el de los hechos psíquicos conducen a preguntas radicalmente diferentes, que implican campos de exploración y métodos sin parentesco alguno. Si se consideran, en particular, las neurociencias, por un lado, y el psicoanálisis, por otro, es posible constatar hasta qué punto son dos campos inconmensurables que, incluso, podrían llegar a perder sus propios fundamentos al confundirse en un sincretismo impreciso.

Un descubrimiento realizado en un campo puede no serlo en el otro. Se está aún lejos de conocer los vínculos de enlace y causalidad entre los procesos orgánicos y la vida psíquica, pero esto no impide que ambos formen parte de un mismo fenómeno.

Algún día habría que dar cuenta de este enigmático enlace, que precisa a su manera Sganarelle en el Don Juan de Molière: “Mi argumento, señor, es que hay en el hombre algo admirable que ningún sabio del mundo podrá explicar. ¿No es una maravilla que estando yo aquí pueda mi cabeza pensar cien cosas distintas en un momento y que mi cuerpo haga lo que la cabeza ordena?”.

Hasta hace no mucho tiempo, la misma escena se repetía sin cesar entre neurociencias y psicoanálisis: uno de los dos integrantes de esta pareja imposible terminaba negando la existencia del otro, excluyéndolo por algunas décadas. Y esto sucedía tanto de un lado como del otro. Salvo raras excepciones, con el tiempo, todo se redujo a sentencias a priori o a confusos debates especulativos. A modo de caricatura: por un lado, los neurocientíficos seguros de sí mismos, la mayor parte de las veces reduccionistas, se preguntaban por la etiología biológica de las enfermedades mentales y buscaban el camino hacia una molécula salvadora. Por otro lado, los psicoanalistas rechazaban frecuentemente las neurociencias para defender sus propias concepciones, al punto que caían ellos también en las trampas del reduccionismo; y a riesgo de volverse oscurantistas, terminaban conformándose con la división.

Esta dicotomía entre neurociencias y psicoanálisis parecía establecida con claridad: el péndulo privilegiaba uno u otro campo alternativamente a lo largo del tiempo. Al romper con tal representación, el fenómeno de la plasticidad neuronal –un hecho sorprendente que surge de datos recientes de la biología experimental– viene a trastocar por completo los términos de esta oposición, poniéndolos en juego de manera novedosa.

El fenómeno de la plasticidad demuestra que la experiencia deja una huella en la red neuronal, al tiempo que modifica la eficacia de la transferencia de información a nivel de los elementos más finos del sistema. Es decir que más allá de lo innato y de cualquier dato de partida, lo que es adquirido por medio de la experiencia deja una huella que transforma lo anterior. La experiencia modifica permanentemente las conexiones entre las neuronas; y los cambios son tanto de orden estructural como funcional. El cerebro es considerado, entonces, como un órgano extremadamente dinámico en permanente relación con el medio ambiente, por un lado, y con los hechos psíquicos o los actos del sujeto, por otro.

La plasticidad introduce una nueva visión del cerebro. Este ya no puede ser visto como un órgano dado, determinado y determinante de una vez y para siempre; ya no puede ser considerado como una organización definida y fija de redes de neuronas, cuyas conexiones se establecerían de forma definitiva al término del período de desarrollo precoz, y volverían más rígido el tratamiento de la información. La plasticidad demuestra que la red neuronal permanece abierta al cambio y a la contingencia, modulable por el acontecimiento y las potencialidades de la experiencia, que siempre pueden modificar el estado anterior.

Más adelante abordaremos lo que puede considerarse una experiencia. Por el momento, basta con retener que la plasticidad transforma considerablemente la opinión generalizada sobre la función cerebral y sus relaciones con el medio ambiente y la vida psíquica.

La plasticidad permite demostrar que, a través de una suma de experiencias vividas, cada individuo se revela único e imprevisible, más allá de las determinaciones que implica su bagaje genético. Así pues, las leyes universales definidas por la neurobiología conducen inevitablemente a la producción de lo único.

La cuestión del sujeto, como excepción a lo universal, se ha vuelto desde entonces tan central para las neurociencias como lo era ya para el psicoanálisis; de ahí que surja un punto de encuentro insospechado entre estos dos protagonistas, tan habituados a ser rivales.

El fenómeno de la plasticidad introduce una nueva dialéctica con respecto al organismo. A la inversa de lo que parece sugerir la idea convencional de determinismo genético, la plasticidad pone en juego la diversidad y la singularidad. Por lo tanto, el psicoanálisis y las neurociencias ya no podrán seguir ocultándose mutuamente. Nuestra pareja debe, pues, repensar su relación.

¿Acaso el sujeto del psicoanálisis y el de las neurociencias no es el mismo? En todo caso, el fenómeno de la plasticidad exige pensar al sujeto psicoanalítico en el propio campo de las neurociencias.

Si la red neuronal contiene, en su constitución, la posibilidad de su propia modificación; si el sujeto, al mismo tiempo que recibe una forma, participa en su formación y realización; en resumen, si se admite el concepto de plasticidad, es necesario entonces introducir en el campo de las neurociencias la cuestión de lo único y, en consecuencia, la de la diversidad.

El concepto de plasticidad discute con la antigua oposición entre una etiología orgánica y una etiología psíquica de los trastornos mentales; y altera los datos de la ecuación al punto de concebir una causalidad psíquica capaz de modelar lo orgánico.

Es posible constatar lo mismo con respecto a la actualidad del problema de la epigénesis, en el momento en que el proyecto del genoma humano está alcanzando un conocimiento riguroso del determinismo genético. En efecto, el nivel de expresión de un gen dado puede estar determinado por las particularidades de la experiencia; esto demuestra la importancia de los factores epigenéticos en la realización del programa genético. De hecho, en el funcionamiento de los genes existen mecanismos que intervienen en la realización del programa genético y cuya función es reservar un lugar a la experiencia; al fin de cuentas, es como si el individuo se revelara genéticamente determinado para no estar genéticamente determinado.

Plasticidad y epigénesis están además vinculadas en un mismo proyecto. Habitualmente se considera que entre el genotipo y su expresión fenotípica operan la incidencia de la experiencia y el impacto del ambiente, y que se trata de una interacción que modula la expresión del genotipo.

Sin embargo, las cosas pueden ser vistas de forma diferente a partir del concepto de plasticidad, que lleva más bien a imaginar una integración compleja entre una determinación genética y una determinación ambiental o psíquica. El genotipo, de un lado, y la experiencia o el acontecimiento, del otro, constituyen dos dimensiones heterogéneas de la plasticidad. El concepto de plasticidad debería así reemplazar al de interacción. En efecto, la plasticidad integra genoma y ambiente en un mismo nivel lógico.

El modelo de la plasticidad habilita una nueva mirada sobre la etiología y la patogénesis de las enfermedades psíquicas, más allá del reduccionismo que implica la oposición habitual entre lo orgánico y lo psíquico. Evidentemente, hoy ya no se puede considerar que la emergencia de enfermedades psiquiátricas responda a anomalías genéticas vinculadas con un único gen, según el modelo de las enfermedades monogenéticas. Las enfermedades monogenéticas representan, en efecto, tan sólo entre el 2 y el 3 por ciento de las afecciones observadas en la práctica médica, incluida la psiquiatría. Actualmente, se supone que diferentes genes están implicados en la aparición de una enfermedad psiquiátrica o, más exactamente, en la susceptibilidad para la enfermedad. Según este enfoque propio de la genética que estudia los rasgos complejos, la aparición de una enfermedad dependería, entonces, de una interacción entre genotipo y medio ambiente, a la que resta caracterizar en detalle. Si bien dicho enfoque representa una evolución respecto de un simple determinismo genético, sigue siendo insuficiente en relación con el concepto de plasticidad. Y aunque intenta ser explicativo, permanece dentro del modelo interaccionista: reemplaza un determinismo monogenético por una susceptibilidad de origen poligenético.

Más allá de la idea de interacción, el concepto de plasticidad permite abordar de manera crítica la modulación de la expresión del genotipo por factores del entorno o del medio ambiente. Dos determinismos paralelos, aunque diferentes, están presentes: un determinismo genético, o más bien poligenético, y un determinismo ambiental o psíquico; ambos forman parte del fenómeno de la plasticidad. La determinación genética no sería mayor que la determinación ambiental o psíquica; por el contrario, serían dos determinaciones cuya articulación debe ser pensada a través del fenómeno de la plasticidad.

De esta manera, la plasticidad permite sacar provecho del espectro de las posibles diferencias al dar lugar a lo imprevisible en la constitución de la individualidad, y al considerar al individuo como biológicamente determinado para ser libre, es decir, para volverse una excepción del universal que lo incluye.

La plasticidad da lugar, entonces, a un nuevo paradigma y permite efectuar una revolución científica, en el sentido propuesto por Kuhn. Según Kuhn, cuando un paradigma se ve acorralado en un punto extremo —por ejemplo, el de la determinación orgánica de lo psíquico, e incluso el de la determinación genética del comportamiento humano—, se agota hasta acabar en un fracaso y abre, así, el camino hacia una nueva concepción.

No hay que saltear esta etapa crucial. El psicoanálisis y las neurociencias deberían ayudarse mutuamente a partir de los puntos débiles encontrados en sus campos específicos, animándose a explorar aquello que se resiste a sus análisis. El psicoanálisis debería seguir la dirección abierta por Lacan cuando se preguntaba por la existencia de una ciencia que incluyera al psicoanálisis. Las neurociencias deberían encontrar en el psicoanálisis los puntos de apoyo necesarios para orientarse en la emergencia de lo único, ubicado en el seno de los mecanismos biológicos generales descubiertos.

Proponemos, entonces, que el psicoanálisis se vincule con las neurociencias por medio del concepto de plasticidad, que resulta operativo en el campo del psicoanálisis aunque sea una noción que proviene de la biología. Ahora bien, la inconmensurabilidad de estos dos campos sigue sin cuestionarse. Entre neurociencias y psicoanálisis, no existen sincretismo, ni reconciliación, ni síntesis posible. No podemos avanzar sin antes reconocer las diferencias esenciales que existen entre ellos, y que constituyen un factor dinámico del que se desprende la emergencia del sujeto, inclusive a partir de las leyes de la biología.

¿Cómo pensar, entonces, la relación entre neurociencias y psicoanálisis a partir del concepto de plasticidad? La plasticidad elimina de entrada tanto la idea de una heterogeneidad absoluta como la de una superposición indistinta.

Afirmar que neurociencias y psicoanálisis pertenecen a dos órdenes heterogéneos no quiere decir que no tengan ningún tipo de relación. El fenómeno de la plasticidad se opone de plano a tal perspectiva. Se podría formular como hipótesis paradójica que neurociencias y psicoanálisis pueden articularse justamente gracias a su inconmensurabilidad. Resta saber de qué manera estos dos órdenes heterogéneos pueden articularse. ¿Acaso se trata de una reunión que forma un conjunto, o más bien de una intersección entre dos órdenes heterogéneos donde cada uno afecta al otro?

Reunión e intersección se corresponden con la heterogeneidad de los términos. El modelo de la reunión implica una desnaturalización de las características propias de cada orden; esto llevaría a confundir neurociencias y psicoanálisis en un conjunto indiferenciado. Por el contrario, el modelo de la intersección admite que neurociencias y psicoanálisis puedan ponerse en relación por medio de la plasticidad, respetando al mismo tiempo la existencia de elementos diferentes. Sólo este último modelo da cuenta del fenómeno de la plasticidad, donde lo psíquico marca lo orgánico y afecta a la materia, pues deja huellas materiales, concretas, acordes con la experiencia. En efecto, la plasticidad demuestra que neurociencias y psicoanálisis, cuyas dimensiones son inconmensurables, pueden afectarse recíprocamente.
----------------------------------------------------------------------------
Crónica de la visita de F. Ansermet y P. Magistretti en Buenos Aires

14 de octubre de 2007 - 10:14

"Estamos programados para ser libres"

Pie de foto: François Ansermet (izda) y Pierre Magistretti en Buenos Aires. (swissinfo.ch)

François Ansermet y Pierre Magistretti presentaron en Buenos Aires 'A cada cual su cerebro', libro que carga con el desafío de 'reconciliar' a dos enemigos no declarados: las neurociencias y el psicoanálisis.
Para los científicos suizos, la "neuroplasticidad" es la prueba de que "estamos genéticamente programados para no estar genéticamente programados".

Entrevista.

Podría decirse que por primera vez las neurociencias y el psicoanálisis están a punto de firmar las paces. Al menos ese es el desafío que proponen el psicoanalista François Ansermet y el neurobiólogo Pierre Magistretti en su reciente obra 'A cada cual su cerebro', publicada en francés, alemán, japonés, inglés y español.

Como si el tema del libro fuera poco desafiante, los expertos suizos eligieron Buenos Aires para lanzarlo formalmente en Argentina, única ciudad del mundo donde te preguntan '¿Con quién te psicoanalizás?' con idéntica naturalidad con que te preguntan por tu peluquero.

Durante su paso por la metrópoli argentina, swissinfo se reunió con los especialistas en la sede de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), donde conversaron sobre neurociencias, psicoanálisis, Sigmund Freud, los profesionales argentinos y el papel de Suiza en la investigación neurocientífica.

swissinfo: ¿Cómo llegan a Argentina a dar esta conferencia?
Pierre Magistretti: Es la invitación conjunta de la Embajada de Suiza en Buenos Aires y la casa editorial KATZ que publicó nuestro libro y nos propuso dar este seminario en la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

swissinfo: ¿Representó un desafío presentarlo en Argentina, un país donde su población se inscribe entre las más psicoanalizadas del mundo?
(Risas de ambos)

P. M.: De alguna manera sí fue un desafío porque, aunque conocíamos de nombre la plataforma que nos esperaba aquí, queríamos verla personalmente, y ahora que estamos en Buenos Aires desde hace dos días y pudimos tener encuentros con psicólogos y profesionales nos ha parecido muy interesante.

François Ansermet: Estábamos muy contentos de que se tradujera el libro en Argentina. Para nosotros era muy importante ya que somos conscientes de que es un debate actual y muy presente dentro de la cultura argentina.

Encuentro, dentro de los profesionales que he conocido aquí, un abanico de pensamiento muy abierto, dado que nuestro libro se interroga sobre un nuevo paradigma, que es la plasticidad, y en las reuniones que hemos tenido estos días se pudo discutir abiertamente sobre los conceptos del libro.

swissinfo: Considerando que las corrientes psicoanalíticas de Argentina son muchas y variadas (freudianos, lacanianos, kleinianos, junguianos, entre otras), ¿desde qué corriente encuentran mayor aproximación a la neurociencia?
P. M.: ¿En Argentina o en el mundo?

swissinfo: A escala internacional...
P. M.: Creo que no es una cuestión de 'escuela' o 'corriente'. Pienso que se trata más bien de una cuestión de 'individuo'. Hay quienes son sensibles y se interesan sobre este tema, otros que están fascinados, otros que critican y otros que ni siquiera critican y descartan el tema.

F. A.: El psicoanálisis vive también a partir de la investigación. Debe estar abierto porque no es un dogma detenido ni estático, sino una obra abierta que tiene que seguir respondiendo constantemente a nuevas preguntas, a partir de nuevos elementos clínicos que van surgiendo o de avances que se producen en la lingüística, en la literatura y, principalmente, en la biología, donde hay grandes movimientos, por ejemplo con la cuestión del genoma humano y de la plasticidad que, digamos, tiene que cuestionar todo el tiempo a la psicología.

swissinfo: ¿Cuando hablamos de 'plasticidad', nos referimos a transformación, adaptación, un cambio necesario...?
P. M.: Esa es una pregunta muy interesante. Se trata fundamentalmente de la capacidad del cerebro de inscribir la experiencia dejando una 'huella'.

Se ha estudiado mucho esto en el aprendizaje cognitivo, en la memoria, pero nosotros creemos que también hay otros mecanismos que entran en juego y que también son centrales para la conformación del inconsciente.

F. A.: Ahora, ¿qué es una 'huella' y para qué sirve? Una huella es una necesidad. Por ejemplo, en un lactante la situación de desamparo es tal que no puede descargar solo la excitación que tiene adentro y necesita la acción de otro, algo que se demuestra en todo el destino trágico que tienen los chicos abandonados.

La acción de otro implica la descarga de la excitación y la inscripción de una 'huella'. Y en este caso la 'huella' tiene una función protectora con respecto a la ausencia, es una necesidad...

swissinfo: ¿Qué paralelismos podrían trazarse entre esta 'huella sináptica' y la 'huella psíquica' a la que hacía referencia Freud?
P. M.: Digamos que la experiencia deja una huella en la red neuronal que tiene la capacidad de asociarse a otras huellas y crear una realidad alternativa inconciente. Ahí entra en juego la 'plasticidad'.

El fenómeno de la 'plasticidad' demuestra que la experiencia deja una 'huella' en la red neuronal, al tiempo que modifica la eficacia de la transferencia de información a nivel de los elementos más finos del sistema. Es decir que más allá de lo innato y de cualquier dato de partida, lo que es adquirido por medio de la experiencia deja una 'huella' que transforma lo anterior.

F. A.: Es justamente por la 'plasticidad' que se crea esa discontinuidad que abre al sujeto a lo imprevisto, a la libertad.

La experiencia modifica permanentemente las conexiones entre las neuronas; y los cambios son tanto de orden estructural como funcional. El cerebro es considerado, entonces, como un órgano extremadamente dinámico en permanente relación con el medio ambiente, por un lado; y con los hechos psíquicos o los actos del sujeto, por otro.

swissinfo: ¿En qué sentido 'abre' al sujeto a la libertad?
F. A.: En el sentido de que estamos genéticamente programados para no estar genéticamente programados. O en otras palabras: estamos genéticamente programados para ser libres. Nada puede predeterminar cuál va a ser nuestra próxima acción.

swissinfo: ¿Tiene que ver esto, de algún modo, con una especie de instinto de supervivencia?
F. A.: Voy a hacer un razonamiento absurdo: si no hubiera 'huella' el sujeto sería destruido por su misma materia viva. El sujeto es una defensa contra el real pulsional. Hay una pendiente hacia la destrucción, por lo tanto hay fuerzas que resisten a dicha destrucción y la inscripción de la huella es una marca para la vida.

Hay una necesidad biológica de la huella, una necesidad a lo psíquico, porque la persona en potencia está inacabada, lo que permite el encuentro.

swissinfo: ¿Por qué se habla de enfrentamiento u oposición entre neurociencia y psicoanálisis?
P. M.: ¿Por qué?, nos preguntamos nosotros también (risas)

Para mí, a priori, no hay oposición. Toda disciplina puede tener posiciones cerradas, dogmáticas y reduccionistas que evitan el encuentro, pero para nosotros, claramente, no hay oposición.

F. A.: A menudo se ha opuesto causalidad psíquica y causalidad orgánica, que si se hubiera encontrado un gen o un elemento biológico de una enfermedad mental, en ese momento esa enfermedad hubiera abandonado el campo de la psiquiatría. Es como si la psiquiatría tuviera miedo de que las neurociencias le redujeran su campo de acción.

Pero, en realidad, es todo lo contrario, porque la 'plasticidad' muestra que la experiencia deja una huella, por lo tanto los factores epigenéticos desempeñan un gran papel... por eso se llama a las neurociencias.

P. M.: Hay ciertas corrientes de neurociencias que piensan que el psicoanálisis no es una ciencia, que es algo vago, que no puede ser demostrado, y por lo tanto no puede ser interesante.

swissinfo: Y para ustedes, ¿el psicoanálisis es una ciencia?
F. A.: Sí, porque la psicología procede del sujeto de la ciencia. Pero existen en la ciencia 'pseudociencias' que ponen en duda el sujeto, la singularidad del sujeto. La plasticidad y las neurociencias reintroducen el sujeto en el camino de la ciencia.

swissinfo: ¿Cómo trabajan el tema de las neurociencias en Suiza?
P. M.: Yo codirijo el 'Brain and Mind Institute' que depende de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) y es un centro de investigación con más de 180 personas, doce profesores, sesenta posdoctorandos, más de cien doctorandos, y depende del Fondo Nacional Suizo para la Investigación Científica y algunos fondos europeos. En este sentido, creo que Suiza se sitúa en la vanguardia dentro de Europa.

swissinfo: En Argentina, desde hace unos años, hay una especie de 'moda' de las neurociencias, y se discute en algunos campos si están más cerca de la filosofía o de la psicología. ¿Existe alguna distinción entre estas aproximaciones?
P. M.: El punto focal de esto es la investigación experimental. A partir de ahí se puede enriquecer explorando otras ciencias, como la filosofía, la neuroeconomía que acaba de aparecer... Pero lo fundamental es la investigación.

swissinfo: ¿Cuáles han sido los aportes de la neurociencia en los últimos años?
P. M.: Es una pregunta que requiere mucho tiempo para responderla. Pero a grandes rasgos, diría que hace 20 años había muchos avances en los mecanismos celulares y moleculares que explicaban el funcionamiento cerebral, por ejemplo a través de la plasticidad. y ahora se están reuniendo todos estos conocimientos y se está buscando una visión integrada del funcionamiento del cerebro.

Entrevista swissinfo: Norma Domínguez, Buenos Aires

FRANÇOIS ANSERMET
Nació en Suiza en 1952 y es psicoanalista, especializado en medicina perinatal, particularmente en situaciones de estrés y traumatismos precoces.

Estudioso de las relaciones entre psicoanálisis y neurociencias, se ha concentrado en los vínculos entre huella psíquica y huella sináptica.

Es profesor de Psiquiatría del niño y del adolescente en la Facultad de Biología y Medicina de la Universidad de Lausana.

Entre sus obras, se figuran:
-'Clinique de l'origine. L'enfant entre la médecine et la psychanalyse' (Lausana,1999) y
-'Parentalité stérile et procréation médicalement assistée. Le dégel du devenir' (Ramonville, 2006).

--------------------------------------------------------------------------------
PIERRE MAGISTRETTI
Nació en Suiza en 1952. Estudió en Ginebra y en la Universidad de California, en San Diego, donde obtuvo su doctorado en Biología.

Realizó significativas contribuciones sobre el metabolismo de la energía cerebral y descubrió varios mecanismos celulares y moleculares que explican la relación entre la actividad neuronal y el consumo de energía por el cerebro.

Esos trabajos tienen una importante derivación en la comprensión del origen de las señales detectadas con las técnicas actuales de proyección de imágenes cerebrales utilizadas en la investigación neurológica y psiquiátrica.

Es autor de más de cien artículos científicos y ha participado en numerosos congresos y reuniones internacionales celebradas en Europa y Estados Unidos.

En 2002 obtuvo la medalla Emil Kraepelin concedida por el Instituto Max Planck de Múnich.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada