dijous, 29 de juliol de 2010

DOS POSICIONES FRENTE AL SABER EN DOS NIÑOS ADOPTADOS


Mª Inés Rosales


Psicóloga Clínica y Psicoanalista. AME de la EPFCL-FPB docente de ACCEP


Conferencia presentada en la 2ª Jornada Taller de Clínica. La Clínica psicoanalítica: variantes de la cura en la actualidad. Jornada conjunta entre la Escuela de Psicoanálisis de los Foros del Campo Lacaniano - Fòrum Psicoanalític Barcelona (EPFCL-FPB) y l’Associació Catalana per la Clínica i l’Ensenyament de la Psicoanàlisis (ACCEP) del 12 de Junio de 2010



Que un niño que ha sido adoptado disponga de un conocimiento suficiente sobre su condición de hijo adoptivo es algo cuyo valor en sí mismo no nos ofrece dudas. Es de esperar que cierta información esté desde el primer momento disponible para el hijo adoptado. Comprenda o no el lenguaje, las palabras o frases que hagan referencia al tiempo que se lo esperaba, al momento que se lo fue a buscar o al país de origen, habrían de estar desde el principio; ya que se pretende que eso que serán para él significantes mayores: adopción, padres biológicos, etc., no sean algo de lo ignorado sino de lo más o menos sabido.

Pero hoy quiero referirme a lo que cada niño puede hacer con eso que los padres adoptivos le transmiten, cuando esta transmisión se da. Con esto quiero decir que aunque se disponga de la misma información, puede haber un niño que eso le sirva de estímulo para querer saber explícitamente aún más, y en cambio puede haber otro niño que no quiera saber eso mismo que está escuchando, y por tanto, que también está sabiendo (aunque de otra manera…)

Os voy a contar brevemente lo que escuché de dos pequeños, hermanos biológicos entre sí, y adoptados por los mismos padres. Aclaro que ninguno de los dos niños tenía síntomas ni malestares que se hicieran presentes en casa o en la escuela, pero sus padres quisieron que una psicóloga y psicoanalista hiciera algunas sesiones con ellos, a fin de ser informados sobre el perfil psicológico de sus hijos, y, si era posible, de cómo estaban subjetivando su proceso adoptivo.

Cuando veo a los padres, Juan tiene seis años y Luis cuatro años y medio.

En el momento de la adopción tenían dos años y medio el mayor y ocho meses el pequeño. Tienen rasgos de otra etnia. Me hablan del buen desarrollo, adaptación familiar y escolar de los pequeños y de las particularidades de sus caracteres: El mayor es más reflexivo y pensante; destaca en clase, quiere saber muchas cosas, ama los libros, pregunta constantemente. Tiene un coeficiente intelectual de 131 (Muy superior) por la escala de Weschler. Tiene afinidad intelectual con su madre.

El pequeño es más movido, interesado en la actividad física, en el fútbol y los coches. Son éstos los intereses del padre. Tiene un nivel intelectual superior, con un CI de 125 según la misma escala.



Pero sobre todo destacan una diferencia entre ambos hermanos: Juan, el mayor busca hablar de su adopción, dice recordar la fiesta de despedida que le hicieron a los hermanitos en el centro antes de ser llevados a su nuevo hogar, quiere saber cómo es eso de que él estaba en la barriga de otra señora, etc., etc. Esas conversaciones se han desarrollado desde el principio de forma natural entre los padres y Juan, en presencia de Luis. Pero el más pequeño no sólo no participa en la conversación, sino que es como si no lo oyera. Él continúa haciendo otra cosa, o simplemente cambia de tema o lugar. Los padres piensan que, aunque lo oiga, quizá no sabe de su adopción, y quizá vive ese no saber con la más absoluta inocencia. Ellos temen violentarlo si le exigen que se implique en el tema que se está hablando, y hasta ahora han preferido no hacerlo.

Me piden que en ese año yo sólo vea al mayor, y que al año siguiente haga lo propio con el menor, para que ambos tengan aproximadamente la misma edad en el tiempo de las sesiones.

Paso a informaros lo que pude escuchar en cada uno, lo que nos dará la idea de dos estrategias bien diferentes respecto del hecho de su adopción, de dos modos bien particulares de vincularse con el saber y con el querer o no este saber, tratando también que esto sirva de reflexión sobre ese saber del inconsciente con el que trabajamos. Quiero aclarar que antes de verlos decido no introducir explícitamente el tema de la adopción en ninguno de los dos casos, ni ningún otro tema íntimo que pueda implicar movilizar algo que luego no será tratado, ya que la demanda no era de terapia.



Juan entra preguntando por todo lo que ve en la consulta, por mí y por mi posible familia e hijos. Quiere saber cuántas lenguas hablo yo, ya que, según él, a mi consulta deben venir niños de otros lugares, “y claro, si viene un niño italiano, por ejemplo, tú debes saber italiano”. En cuanto a él, me cuenta que habla tres idiomas: castellano, catalán e inglés, y me dice algunas palabras en este último que acaba de aprender en el colegio. Le hago notar que él quiere saber muchas cosas, y le pregunto qué es lo que más le gustaría saber. Me responde: “Cómo se han formado las células, y de dónde crecemos nosotros”. Magnífica forma de decirme que lo que él quiere saber tiene que ver con un origen, posiblemente el propio.

Se muestra muy expansivo, tanto que a veces he de ponerle algún límite para hacer posible el trabajo. Se expresa con seguridad, sus dibujos son coloridos, imaginativos y con un dominio excelente de las formas.

Escuchemos cómo va elaborando su diferencia, que en este momento de su vida y por razón del discurso del otro, aparece siendo su condición de hijo adoptado y sus rasgos étnicos.

Luego de hacer algunos dibujos, inventa a mi demanda historias sobre ellos, que tienen estas características:

- Casi todos los personajes tienen una diferencia respecto de los demás: los describe como grandes, demasiado grandes... Ellos se sienten orgullosos por eso (“Esta chica era tan grande que todo lo ocupaba... le gustaba que la vieran y caminar poco a poco...”); pero otras veces dicho rasgo hace sentir incómodos a los demás (“A nadie le gustaba vivir con ella porque lo ocupaba todo... vivía sola, si no estarían todos aplastados!”). Sin embargo en ocasiones el gran tamaño hace conquistar amigos (Cuenta que un árbol era tan grande que todos los pájaros anidaban en él, y él estaba feliz con tantos amigos). Otros personajes son primeramente muy pequeños; pero luego devienen muy grandes (“Pepito era muy pequeñito pero se fue haciendo más y más grande hasta ser como un gigante”)

- Entendemos que Juan- al tiempo que posiblemente se esté jugando en él la cuestión fálica, en la que obviamente no se entró al tratarse de unas entrevistas- se está preguntando también de este modo sobre lo que se le presenta como perteneciente a su propia diferencia. Utiliza así un mecanismo que algunos analistas llaman de la sobrecompensación, y Freud reversión en su contrario, por el cual da a la diferencia el calificativo de “ser muy grande”, a la vez que muestra el temor y la otra cara de la pequeñez: sus dibujos de los niños “tan grandes” son en realidad pequeños dibujos.

Este ocuparlo todo de los seres grandes se vincula también a su estilo o rasgo de carácter, ese de ser un niño muy expansivo que habla, se mueve, protagoniza e inquiere al otro.

- Como en muchos niños, sus personajes recurren a la magia para vencer las adversidades (El árbol gigante también era “mágico” y le crecen brazos para quitar las escopetas de los cazadores que quieren cazar a sus pájaros, y también para desembarazarse de una molesta tela que una araña tejió en torno a él. “¡Y claro, si el árbol es mágico siempre gana!”)

- Vemos cómo el niño metaforiza (además de mostrar una sugerente selva fantasmática) una cierta y temprana lucha contra situaciones que se suponen poco reconfortantes para él (podríamos pensar anteriores a la adopción), y sobre todo lo que de ello perdura en la fantasía, desde el discurso del otro. Lo que el niño dice, también parece apuntar a su lucha e inquietudes actuales por situar su origen, su historia y su diferencia.

Importa destacar que sus personajes hallan siempre una salida positiva y sin el recurso a la violencia ni a la destrucción del otro- enemigo. Por el contrario, muestra en todo momento sentimientos nobles.

- La madre aparece en varias historias y en sus dibujos como imagen completa, idealizada; sin embargo sabe de alguna manera que ello no coincide con la realidad (Cuenta que una niña siempre dibujaba a su madre como una princesa, tal como lo hace él; pero un día la madre la castigó porque ella mentía en sus dibujos y le dijo: “yo no soy tan guapa como ella”). Es decir, hay un cierto desdoblamiento de la figura materna.

- Parece hacer coincidir lo masculino con el padre, ya que de cada hombre que aparece en sus historias o en el juego dice que es “un papá”. Podríamos decir que aún lo femenino y lo masculino se presentan, en este sujeto infantil, como padre y madre.

- Narra metafóricamente una versión de su propia historia identificado a una pequeña hada que lloraba por no tener familia, y a quien la mamá de Juan invitó a vivir con ellos. Expresa su propia deuda simbólica y el intento de pagarla, a través de la magia del hada, quien hace aparecer una casa de campo que regala a la familia acogedora. El clásico conflicto edípico parece manifestarse cuando agrega que “el rey se enfadó porque el hada vivía en casa de la mamá y él tenía envidia”.

- Expresa sus deseos a través de un niño que le pide a su ángel muchas cosas, en algunas de las cuales vuelve a hablarnos de su diferencia- veremos que casi todas son corporales-: que se le borren las pecas que le dibuja en la cara; que sus ojos sean más grandes (Juan los tiene rasgados) y que él sea el más grande de todos sus amigos (otra vez el gran tamaño como diferencia positivizada)

En resumen, Juan aprovecha la información que espontáneamente sus padres ponen a su disposición, quiere profundizarla, extiende este querer saber y esta curiosidad hacia otros ámbitos, y va metaforizando y elaborando su historia y sus diferencias (además de otras cuestiones de su subjetividad, que se insinúan)



Escuchemos ahora a su hermano Luis, a quien veo tiempo más tarde, también con seis años.

Se presenta como un niño vital, a la vez que íntimo y reservado, que va aceptando las reglas del rapport conmigo, pero muchas veces antepone un “no sé” o “no sé hacerlo” ante algunas demandas, que luego cede ante mis palabras de apoyo.

En las primeras sesiones consiente a hacer dibujos, pero muy pequeños y carentes de detalles. Hasta un momento en que se produce un viraje, por el cual sus dibujos comienzan a progresar en tamaño, detalles, ubicación central: Es el momento en que al contemplar uno de sus trabajos afirma que su hermano “sabe más”; y no sólo, dice, porque “es más grande”, sino porque “dibuja mejor”. Es decir, está depositando el saber en su hermano, que en ese momento se presenta como saber dibujar. Cuando se le dice que él seguramente sabe y puede atreverse con ello aún más, parece aceptarlo y tranquilizarse, al tiempo que su interés por la tarea gráfica comienza a hacerse presente.

Esta actitud defensiva respecto a lo que él puede/quiere (o no) saber, también aparece cuando se le solicitan relatos o historias sobre sus dibujos: realiza descripciones muy pulidas del personaje en cuestión y también de sus supuestas actividades (del estilo: “El niño que es moreno, usa tejanos, [etc…] va en coche con su padre”) Pero en cambio no acepta inventar una pequeña historia, porque eso, dice, no sabe (Unas sesiones después sí se atreverá a inventar historias en el juego con muñecos)

Sin embargo, he podido extraer varios datos significativos que se agregarían a aquel del saber de su hermano. Y es cuando dibuja la propia familia. Aquí va diciendo frases como: “Éste es Juan, que me saldrá un poco mal... seguro que éste me saldrá bien, que soy yo...” E invierte los dibujos que originariamente representaban a su padre y a su madre, de acuerdo a la calidad de los mismos, de modo que el que está mejor y no ha sido borroneado corresponda a su padre.

Con esto parece hablarnos de una cierta rivalidad fraternal, entre otras cosas porque es su hermano y no él quien posee el saber, y por tanto lo que él supone una mayor valoración por parte de los padres; valoración que Luis se permite arrebatarle en su dibujo (el que le “sale mal”, que es su hermano vs. el que le “sale bien”, que es él) También deja ver lo que señalábamos como mayor afinidad con su padre.

Pero las palabras que aportan más significaciones las pronuncia luego de dibujar otra familia que él compone de padre, madre y un solo hijo. Dice que el niño no es muy bueno “porque no sabe tanto”. Y aquí se produce el siguiente diálogo:

Pregunto: ¿qué es lo que no sabe?

Responde: Cómo se formó el mundo

P: ¿Y quería saberlo?

R: Sí

P: ¿Y por qué no lo preguntaba?

R: voy a hacer pipí...

Al volver repito la pregunta

R: (sorprendente) Sí que lo preguntaba... ¿Qué por qué no lo preguntaba?... Porque los padres tampoco lo sabían.

Aún hay otro dato llamativo: varias veces pluraliza al nombrar al padre y a la madre del personaje en cuestión, diciendo “sus padres y sus madres”

Al final de la última sesión dedicada al juego libre (durante el cual sí se atreve a inventar historias familiares), se le recuerda que en la primera sesión él decía “no sé”; y en cambio cuántas cosas había sabido; también se le evoca aquello que el niño de la familia imaginaria no sabía: la formación del mundo, etc. Interrogado acerca de él mismo (“¿Y tú lo sabes?”), responde que él tampoco lo sabe. Aprovecho para preguntarle si en cambio sabe cómo se forma un niño, a lo cual Luis contesta: “Si, de las barrigas”; sin más, utilizando de nuevo el plural.

Comparando los discursos de los dos hermanos podemos ver que:

En Juan el saber sobre un aspecto de su origen es bastante explícito. Quiere saber aún más, pregunta a sus padres e investiga. Esto se extiende al querer saber sobre casi todas las cosas que le rodean, haciendo de él un gran curioso y un pequeño investigador. Además gusta mostrar al otro lo que él sabe.

En Luis ese saber sobre el origen está, pero más oculto, no explícito. Sobre eso no escucha ni pregunta. En realidad no querría saberlo. Esto se extiende a su actitud ante el saber en general: en verdad él sabe muchas cosas para su edad, lo que queda demostrado en su buen rendimiento intelectual; sólo que intenta disimular ante el otro lo que él sabe...

Bien. Dado que Luis atribuye el no saber a sus padres (recordar su enigmática respuesta: “porque ellos tampoco lo sabían”) ¿Qué razones tendrá para hacerlo? Y Juan ¿Por qué se atreve a saber? Aparte de las razones más íntimas de cada sujeto que hace que cada uno sea radicalmente diferente de otro (razones a las cuales no se pudo tener acceso), en la sesión de devolución con los padres, la madre nos da al menos una pista; que entre otras cosas nos confirma que el deseo del sujeto-niño es el deseo del otro, en este caso de sus padres (y más específicamente de su madre):

Me dice que al adoptar a sus hijos, desde el principio pudo ver a Juan como una pequeña personita que caminaba y hablaba, bien diferenciado de ella misma, separado. Claramente ya venía hecho de otro lugar, también de otro cuerpo. En cambio Luis era un bebé que necesitaba todos los cuidados corporales. El cuerpo a cuerpo entre niño y madre hizo algo difícil a esta última situarlo como un hijo que venía de otro cuerpo distinto del propio, aunque obviamente ella lo sabía y racionalmente jamás lo hubiera negado.

Juan responde al otro sabiendo, porque es lo que se espera, ya que no hay problemas con ese saber. Luis en cambio responde al otro haciendo como que no sabe para mantener la ilusión propia y la del otro, de la mutua completud.

María Inés Rosales

1 comentari:

  1. Desde luego es imprescindible que los niños adoptados, y cada uno individualmente como casos individualizados, sepan de su procedencia, no se les puede tener en el enigma que por otra parte puede ser causa de desarreglos psicológicos.
    Buen análisis de las sesiones de los dos niños hermanos.

    Un saludo de Vicent.

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