divendres, 8 d’octubre de 2010

¿Qué deseo nos lleva a la práctica del psicodrama psicoanalítico?

José Monseny
Mestre-Venecia. Septiembre 2009

Esta reflexión que voy a exponerles, va precedida de mi agradecimiento por el apoyo que supone su invitación a esta jornada para nuestro incipiente grupo de formación y trabajo e investigación, que trata de recuperar la práctica del psicodrama psicoanlitico de orientación lacaniana, en Barcelona.

Es también una elaboración en continuidad con las anteriores ocasiones que me brindaron la oportunidad de hablar de nuestra experiencia. Hace años que me planteo la cuestión de ¿Cuándo y porqué recurrir a la ficción psicodramática en la práctica del psicoanálisis?. Mestre que nos acoge y Venecia que siempre inspiran, parece el ámbito de trabajo ideal para producir cada cierto tiempo un punto y seguido en estas reflexiones gracias a la cita que supone compartirlas con vds.

Hoy quería apuntar a la cuestión del deseo que puede llevar a un psicoanalista a psicodramatizar. Para algunos hacer eso es del orden de la trasgresión, la imposibilidad o el rebajamiento de los deberes del psicoanalista, para mi desde siempre ha sido todo lo contrario. Se trató desde el inicio de no ceder en el propio deseo de psicoanalista. Como ya comenté en su día, yo estuve comprometido antes con el psicoanálisis, que con la formación como psicodramatista o psiquiatra.

Para mi se trató desde el inicio del deseo del analista y de darle sus oportunidades allí donde el dispositivo ficcional tradicional del gabinete con el diván se hacía inviable, ya sea por el marco institucional o por la naturaleza del sujeto que presentaba una demanda.

Por eso el titulo que he puesto a mi ponencia es interrogativo solamente a titulo retórico, quiere inducir una pregunta y con ella una reflexión, pero honestamente debo decirles que personalmente hace tiempo que esta pregunta ya la respondí, para mí el deseo de dramatizar sólo es un caso particular de puesta en juego del deseo del analista, en el que se anudan la necesidad de ciertos casos de facilitar la histerización del discurso, pasando no solo por la relación al Otro, sino por la intermediación de las relaciones con otros y por otro lado ciertas predisposiciones infantiles del analista de las que la marca del juego de roles y la dramatización dejó su impronta.

Esta variante de la ficción ampliaba mis expectativas de poder atender sujetos bajo la modalidad de propiciar su entrada en el discurso analítico, entrada que no está asegurada porque uno se llame psicoanalista, o por más puro que se pretenda, sino porque como dice Lacan en su relación al paciente viene a hacer funcionar el saber en el lugar de la verdad o dicho de otra manera puede dar una oportunidad al acto psicoanalitico.

Asi pues, es de eso que dependerá que el psicodrama sea psicoanalítico: que la ficción psicodramática de una oportunidad de que el discurso que vincula al analista y al paciente vire hacia la histerización y posteriormente hacia el discurso analitico y no de los juicios de aquellos que le consideren a uno menos analista o menos puro.

Este tipo de opiniones suelen ser a menudo emitidas por analistas que ignoran lo que la práctica del psicodrama psicoanlitico lacaniano puede hacer, tanto en su vertiente estrictamente analítica como en su vertiente aplicada.

En ausencia de saber sobre la cuestión y lo que es peor sin experiencia alguna. se guian para emitir sus descalificaciones por la referencia a ciertas representaciones que se les han colado a la mente, en forma de prejuicios, y ya sabemos que como decía Lacan la representación en el pensamiento lleva al sujeto a cierta imbecilidad. Así pues la famosa imagen de Moreno sobre su castillo de sillas jugando a ser dios, convierte a todo psicodramatista en un amo. ¿Cómo si por llamarse psicoanalistas no hubiese muchos analistas que juegan a ser dioses?

Otros critican, el hecho de que toda práctica psicodramática es forzosamente una psicoterapia, y convocan todas aquellas descalificaciones que Lacan expresó acerca de la psicoterapia: “Terapiar lo psiquico no vale la pena” o bien “la psicoterapia nos lleva a lo peor”. Al realizar juicios de este tipo, se suele recurrir a un juicio fundado en analogías obviando las diferencias estructurales en juego.

Hay que tener presente dos órdenes de cosas, el primero ¿Cómo debe entenderse que el análisis renuncie de entrada a lo psicoterapéutico?, creemos que de dos formas: la primera que el propio análisis le demostró a Freud que la búsqueda directa de efectos terapéuticos es a menudo el camino directo de la reacción terapéutica negativa o la ocasión de una alienación redoblada, por la propia dialéctica del deseo y la demanda y segundo que terapéutico no podía querer decir que el sujeto se sometiese a los valores, esquemas u modelos del analista, es decir a la sugestión. Freud afirmó rotundamente el derecho de los analizantes a rebelarse a la sugestión. Pero eso no puede implicar un total desinterés de las relaciones del sujeto con su deseo y como efectuarlas en el mundo. Freud marcó claramente que en todo análisis era esperable que el sujeto mejorase sus efectuaciones en el orden del amor y del trabajo. Es por ello que aunque la política psicoanalítica no apunte directamente a lo terapéutico no impide que los efectos sobrevenidos en el trascurso del análisis resulten ser vividos por el analizante, como profundamente terapéuticos, y en un sentido que va más allá del alivio del síntoma y que tiene que ver con el sentimiento de estar vivos, del sentido de su vida y de la finalidad de la misma.

Por ello es importante tener presente otro orden de cosas, y es que el significante terapéutica apunta a cosas totalmente distintas tanto en lo que denota como en lo que connota cuando se usa en el psicoanálisis o en las psicoterapias. Tanto en los efectos producidos como en el papel que juegan en el proceso el analista como el analizante.

Y ahí se presenta lo genuinamente distinto del deseo que lleva a psicoanalizar con todos aquellos que de un modo u otro quieren psicoterapeutizar.

El análisis exige que el analista soporte en la transferencia la idealización por parte del sujeto como efecto de la transferencia, pero el deseo del analista exige que este no se acomode en ningún caso a este lugar, desde el cual operaria de una forma u otra como un dios o un padre, para operar desde otro lugar distinto el del objeto a, con el fin de apuntar a un fin que supone la emancipación del sujeto y su propia caída como deshecho, y esa ética es la que define la radical diferencia entre posición psicoterapéutica o psicoanalítica. Supone la renuncia radical de un dominio para hacer efectivo el poder del análisis para permitir la evolución del analizante hacia aquello que es su mayoría de edad, entendía en el sentido kantiano del término.

De lo que estamos seguros es que esta ética se puede sostener en dispositivos ficcionales distintos: gabinete con diván, psicodrama en la institución… y que a la inversa no es forzosamente cierta que la ficción asegura la política, por eso Lacan pudo decir que el psicoanálisis no es el ritual del diván.

En 1979 la editorial Argonauta editó un texto de Moustafá Safouan “Reflexiones sobre el psicodrama psicoanalítico” es un texto que tengo en gran estima. En el prólogo del mismo O.Masotta cuenta que el propio Safouan le comentó de forma lacónica: “a Lacan no le gustó” Esto puede dar alas a aquellos que quieren denostar la práctica del psicodrama psicoanalítico, pero al igual que Oscar Masotta creo que no le debió gustar a Lacan, no es tanto el uso del dispositivo psicodramático, sino que es un articulo en el que la finalidad terapéutica está puesta en el primer plano. Cito “¿Sirve para curar, o por lo menos para obtener resultados más o menos satisfactorios en el sentido de la curación? Yo respondo que: sí” Creo que Safouan al hablar de la curación hablaba en el sentido que no se opone a la finalidad psicoanalítica. Aquellos que hemos trabajado en instituciones de salud mental o en psicoanálisis con niños sabemos cuán agudas pueden ser las diferencias entre la idea de curación en el sentido habitual del término y en el sentido que lo dice un psicoanalista.

Un caso clínico

Manuel es niño que traté en el marco de un servicio de psiquiatría infantil, de un hospital pediátrico, el servicio estaba dirigido por un Psiquiatra y psicoanalista de la IPA, y el 99% de los miembros del equipo estaba en psicoanálisis personal. En su ámbito asistencial era posible desarrollar un cierto número de psicoanálisis individuales y además desarrollé ininterrumpidamente durante seis años dos grupos de psicodrama psicoanalítico, uno con niños de 8 o 9 años, podríamos llamar de niños en “fase de latencia” según la expresión de Freud y otro de 12 o 13 es decir considerados en esa época como pre-adolescentes.

Manuel fue traido a consulta por su madre y con la anuencia de la Escuela, por presentar fracaso escolar, encopresis episódica, y rasgos de conducta oposicionista, se presenta a las entrevistas con atuendo de estilo claramente anticonvencional, camiseta negra con calavera, y otros signos de estilo contracultural y de grupos musicales de rock alternativo, su actitud es de resistencia pasiva, no parece tanto tímido como dispuesto a no hacer lo que se espera de él, responde a pocas preguntas y casi siempre con monosílabos, sin declararse abiertamente en contra de venir es obvio que no está dispuesto a colaborar. Le señalamos que nosotros sólo le atenderemos en el caso de que el tenga una demanda o inquietud, y que no estamos allí para hacerle cumplir las expectativas de los otros. Su actitud no se modifica mucho, al cabo de algunas entrevistas valoramos que podía estar indicado que participase en el grupo de psicodrama, pues allí la demanda del Otro, se relativiza en la dinámica colectiva y le permite estar más “al lado”, por otro lado por el ejemplo de los otros, al sujeto se le facilita la expresión de su desacuerdo por vías menos conductuales e indirectas, puesto que experimenta que “la libertad de expresión” inherente a la asociación libre no hace aparecer ningún desastre. Manuel aceptó entrar en el grupo.

Poco a poco Manuel fue tomando una actitud más participativa y expresiva, llegando a tener un rol de cierta “autoridad moral” en el grupo. Hasta que un día a raíz de lo expresado por otro niño sobre su mamá, evocó un recuerdo infantil que le propusimos dramatizar y que resultó crucial para la evolución del caso.

Evocó el día de su primera comunión y cierta queja porque su madre se había empeñado en hacerle hacer una serie de 24 fotos. En la dramatización surgieron aspectos claves de la experiencia que le permitieron un vuelco subjetivo. Fueron al fotógrafo su madre su hermano más pequeño y él, pronto se evidenció que la ausencia del padre era altamente significativa para Manuel, pues se vió librado a la demanda sin límites de la madre. Tal como la escena fue revelando resultó que antes de entrar en el fotógrafo Manuel pidió a su madre comer un enorme helado como compensación por someterse a la tortura de la sesión fotográfica, este helado en un día muy caluroso le produjo un corte de digestión con diarrea muy fuerte, por lo que Manuel creyó que ya no podría realizarse la sesión. Pero la madre insistió no solo que se realizase, sino que incluyese la serie necesaria de fotos, hasta que el fotógrafo realizase 24 buenas tomas. En mitad de la sesión las piernas de Manuel flaquearon, la madre exigió que el hermano pequeño colocado a gatas, le sostuviese por detrás, permitiéndole apoyarse sobre sus espaldas, (es probable que esta fuese un deformación del recuerdo, pero acorde con la significación que la escena condensaba).

El debía sostenerse como falo de la madre, sostener un cierto ideal, e incluso debía sacrificarse al hermano para sostener esa realización, más allá de lo que sus fuerzas pudieran sostenerle. Después de revivida esta escena, Manuel pudo decir por primera vez que su fracaso escolar no era tal, se trataba simplemente de una opción, no tenía ningún interés en los estudios que su madre esperaba que el realizase, pues su pasión eran los motores de coches en los que a pesar de su juventud era un experto y que le vinculaban a la esfera de interés de su padre que era camionero. Manuel asumió su rechazo a los estudios, como elección propia coherente con su deseo de dedicar su vida a la mecánica de los motores por los que tenia pasión y de los que demostraba un conocimiento precoz y excepcional.

Así pues el psicodrama le llevó a este sujeto, al fracaso terapéutico si entendiéramos por ello lo esperado como normal por el Otro, en el caso la madre y la Escuela. Pero le permitió afirmarse en un deseo propio que no era ajeno a la regularización de su posición masculina, y a un llamado a la operatividad de la función del padre, cuyo padre desfallecía con la excusa de su profesión, pero demasiado pasivo en relación a las demandas de la madre. Cuestionamiento que Manuel desarrolló en sesiones posteriores.

Terapia fracasada, de acuerdo a los ideales maternos y sociales, éxito subjetivo de un sujeto que abandonó una posición de goce, que taponaba la falta en la madre sin satisfacer su demanda, y del cual se pudo separar. Para asumirse en su deseo.

5 comentaris:

  1. Yo creo que la demanda del otro nos trae a muchos de calle, en nuestro trabajo, en los estudios, en la vida misma, yo que he vivido el psicodrama psicoanalítico me he visto como un pequeño dios y que debía organizar y salvar a todos los asistentes, un poco el deseo de productividad que atribuímos al otro.
    Creo que la "productividad" del psicodrama psicoanalítico para la cura es evidente, es mi humilde opinión.

    Un saludo de Vicent.

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  2. Cuando se pregunta qué deseo lleva a un analista a hacer psicodrama, es evidente que sólo se puede responder por el deseo de tal o cual analista y su deseo personal. Hay que tener en claro que esto NO tiene nada que ver con el concepto de "deseo del analista" elaborado por J. Lacan. Mezclarlo es desconocer la teoría lacaniana sobre el tema. Saludos.

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  3. El Aula de Psicodrama, de orientacion lacaniana, esta editando la revista SPECULUM; muy interesante y desde el prima grupal psicoanalitico

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  4. interesante el articulo y el ejemplo que lo ilustra!

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  5. ME INTERESA Comunicarme con autor o grupo que trabaje con esta orientacion. Agradeceré su información. salinasali@yahoo.com.ar





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