dilluns, 14 de febrer de 2011

Aproximación teórica al concepto de pulsión

Fuensanta Morales Moya

Barcelona, Junio de 2010



Este trabajo ha sido realizado en el marco del Taller de lectura e investigación: Pulsiones y destinos de pulsión. ACCEP, 2009-10


1. INTRODUCCIÓN

El presente trabajo tiene como objetivo alcanzar una visión global sobre la forma en que se concibe el concepto de pulsión en la teoría psicoanalítica. Para ello nos centraremos en el análisis del texto freudiano Pulsiones y destinos de pulsión (1915) y la revisión e interpretación del mismo que realiza J. Lacan en el Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964).

El estudio del texto central de Freud sobre el concepto de pulsión nos muestra como se desarrolla el proceso de construcción del mismo. En ocasiones las aportaciones de Lacan completan el desarrollo freudiano, en otras se observan divergencias entre ambos autores. De ellas nos ocuparemos en la última parte del trabajo, basándonos en el análisis que C. Soler realiza en su texto Los ensamblajes del cuerpo (2006).

El texto Pulsiones y destinos de pulsión (1915) forma parte de una serie de trabajos que Freud proyectó publicar bajo el nombre de Trabajos preliminares para una Metapsicología, con la intención de proporcionar un fundamento teórico estable para el psicoanálisis a partir de los fenómenos recogidos y clasificados en la clínica, así como de dotar al mismo de un estatus científico, reflejando asimismo el esfuerzo de Freud por hacer científico su descubrimiento del inconsciente.

Para construir esta Metapsicología le es preciso localizar y definir los conceptos fundamentales del psicoanálisis, ya que considera que una ciencia debe construirse sobre conceptos básicos claros y definidos con precisión…Un concepto básico convencional de esa índole, por ahora bastante oscuro, pero del cual no podemos prescindir en psicología es el de pulsión. (Freud, 1915)

Finalmente varios de estos trabajos no se publicaron, otros no llegaron a escribirse y el proyecto quedó truncado por el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Uno de estos primeros artículos fue el dedicado al estudio de la pulsión, concepto totalmente novedoso aportado por Freud que da cuenta de la importancia que éste le concedía dentro de la doctrina psicoanalítica.

En Más allá del principio del placer (1920) Freud dirá: La teoría de las pulsiones es, por así decirlo, nuestra mitología. Las pulsiones son seres míticos, grandiosos en su indeterminación. (Freud, 1920)

Lacan coincidirá años después en su texto Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964) en que se trata de un concepto central de la teoría psicoanalítica y se referirá a él en términos de una ficción, lo que parece entrañar la referencia a un dato primigenio, a algo arcaico y primordial” (Lacan, 1964)

Ambos autores resaltan así el carácter inasible, difícil de aprehender, de la noción de pulsión, en tanto concepto límite que intenta dar cuenta de la forma en que se articula lo físico y lo psíquico en el ser humano, lo que implica contemplar la dimensión biológica de la vida anímica.

Esto es posible gracias al cambio en la concepción del cuerpo que Freud introduce a partir del estudio de las parálisis histéricas, un cuerpo que se expresa con la forma singular de lo que ha sido para cada uno su encuentro con la pulsión y que determina la particularidad de cada sujeto en cuanto a su forma de obtener satisfacción.

2. S. FREUD: “PULSIONES Y DESTINOS DE PULSIÓN”
Introducción.
Para dar contenido al concepto de pulsión Freud parte de la fisiología y del concepto de estímulo, estableciendo una diferencia entre los estímulos fisiológicos y los pulsionales.

Los primeros proceden del exterior, actúan como una fuerza de choque momentánea y el organismo puede evitarlos mediante una acción, mientras que los estímulos pulsionales provienen del interior del organismo, constituyen un estímulo para lo psíquico y actúan como una fuerza constante, que no concluye, y a la cual el organismo no puede sustraerse.

Freud en una primera definición concibe la pulsión como un concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma, como una medida de la exigencia de trabajo que es impuesta a lo anímico a consecuencia de su trabazón con lo corporal. (Freud, 1915)

Los cuatro términos de la pulsión.


1. Esfuerzo o empuje: constituye el estado de excitación interna que es vivido como una tensión displacentera y que fuerza a la realización de un trabajo. Se trata de un estímulo interno diferente de la presión de la necesidad y que por tanto va más allá de lo puramente orgánico.

La pulsión tiene un representante psíquico y esto es lo que la distingue del instinto de los animales, en tanto no tiene un objeto predeterminado ni esta sometida a ciclos como éstos.

2. Meta: el fin de toda pulsión es la satisfacción, que implica suprimir el estado de tensión. Esto se puede alcanzar de diferentes formas, y así puede haber una satisfacción inhibida en su fin, como es el caso de la sublimación, o bien darse la satisfacción paradójica, mostrando como la satisfacción se puede alcanzar por la vía del displacer.

3. Objeto: es el término pulsional que admite más variación y es el medio a través del cual la pulsión consigue alcanzar su meta. Puede tratarse de un objeto ajeno o bien de una parte del cuerpo propio. Un lazo particularmente íntimo de la pulsión con el objeto se acusa como fijación de aquella. Suele consumarse en periodos muy tempranos del desarrollo pulsional y pone término a la movilidad de la pulsión. (Freud, 1915)

4. Fuente: constituye la base orgánica de la pulsión y es el órgano o parte del cuerpo donde ésta se origina. Las diversas pulsiones provienen de lo corporal y operan sobre lo anímico. (Freud, 1915)


El binario pulsional.
La teoría de las pulsiones en Freud siempre es dualista, aunque la clasificación de las mismas irá variando a lo largo de su obra.

Freud alude por primera vez al término de pulsión en Tres ensayos para una teoría sexual (1905). En Introducción al narcisismo (1914) distinguirá entre libido objetal y libido del yo y posteriormente en Pulsiones y destinos de pulsión (1915) realiza una primera clasificación en pulsiones sexuales y pulsiones del yo. Finalmente en Más allá del principio del placer (1920) propone la que será su clasificación definitiva en pulsiones de vida y pulsiones de muerte.

En Pulsiones y destinos de pulsión (1915) realiza una primera clasificación en pulsiones yoicas o de autoconservación, ligadas a las funciones corporales para la conservación de la vida del individuo, y pulsiones sexuales, diferenciando así la sexualidad del resto de funciones en tanto trasciende al individuo por su finalidad de conservación de la especie.

Caracterización general de las pulsiones sexuales: son numerosas, brotan de múltiples fuentes orgánicas, al comienzo actúan con independencia unas de otras y solo después se reúnen en una síntesis más o menos acabada. La meta a que aspira cada una de ellas es el logro del placer del órgano; solo tras haber alcanzado una síntesis cumplida entran al servicio de la función de reproducción, en cuyo carácter se las conoce comúnmente como pulsiones sexuales. En su primera aparición se apuntalan en las pulsiones de conservación, de las que solo poco a poco se desasen. (Freud, 1915)

Destinos de pulsión. Sadismo y masoquismo. Voyeurismo y exhibicionismo.

Los destinos que la pulsión puede alcanzar a lo largo de su desarrollo son: la represión, la sublimación, la vuelta hacia la propia persona y la transformación en lo contrario. Freud analiza estos dos últimos destinos de pulsión, dejando la represión y la sublimación para estudios posteriores.

1. Transformación en lo contrario, tiene lugar en dos procesos:

a) Transformación de una pulsión de la actividad a la pasividad: analiza los ejemplos de los pares sadismo-masoquismo y voyeurismo-exhibicionismo.

b) Transformación en cuanto al contenido: del amor en odio.



2. Vuelta hacia la propia persona: El masoquismo es sin duda un sadismo vuelto hacia el yo propio, y la exhibición lleva incluido el mirarse el cuerpo propio. (Freud, 1915) .



En el análisis del par sadismo-masoquismo divide el proceso de la pulsión en tres etapas:

a) Acción violenta dirigida a otra persona como objeto (pegar-sadismo).

b) Este objeto es sustituido por la persona propia, con lo que se transforma la meta activa en pasiva (pegarme).

c) Se busca de nuevo como objeto a una persona ajena, que a consecuencia de la transformación de la meta toma el papel de sujeto (soy pegado-masoquismo).

En el análisis de las pulsiones que tienen como meta el ver y el mostrarse añade una etapa previa:

a) Tiempo 0: fase previa autoerótica.

b) Tiempo 1: meta activa (mirar un objeto externo).

c) Tiempo 2: mirar uno mismo un objeto del propio cuerpo, es decir, mirarse a sí mismo como objeto (mirarse).

d) Tiempo 3: meta pasiva. Inserción de un nuevo sujeto al que uno se muestra a fin de ser mirado por él (ser mirado).

Todas las etapas de desarrollo de la pulsión (tanto la etapa previa autoerótica cuanto las conformaciones finales activa y pasiva) subsisten unas junto a las otras. (Freud, 1915)

Las tres polaridades que gobiernan la vida psíquica.


Los destinos de las pulsiones están sometidos a las tres polaridades que rigen la vida psíquica:

a) Sujeto (yo, mundo interior)-objeto (mundo exterior): es la primera oposición a la que se enfrenta el individuo cuando siente que puede huir o protegerse de los estímulos externos mediante la acción muscular, mientras que se encuentra indefenso ante los estímulos pulsionales. Freud afirma que esta primera oposición es la que domina en la actividad intelectual.
b) Placer-displacer: la vida anímica está regida por el principio del placer, que intenta continuamente eliminar el nivel de excitación a que se haya sometido el organismo, vivido como sensación de displacer, para asegurar así cierta homeostasis de las tensiones internas.
c) Activo-pasivo: el sujeto registra lo que viene del mundo exterior de forma pasiva, su actividad proviene solo de sus propias pulsiones. Con esta polaridad Freud alude también a la diferencia sexual, asociando los pares activo-masculino y pasivo-femenino como un hecho biológico.

Yo real, yo placer y yo total.

Para Freud en un primer momento el recién nacido no manifiesta interés hacia el mundo exterior y las pulsiones se satisfacen de manera autoerótica. El hecho de que para su supervivencia dependa de los cuidados de otro favorece la instauración del principio del placer, según el cual el yo incorpora los objetos buenos que son fuente de placer, que pasan así a formar parte del yo (mecanismo de la introyección) y expulsa aquellos que le causan displacer (mecanismo de la proyección), los cuales pasan a ser objetos. De esta forma se produce el paso del yo real al yo placer.

La oposición amor-odio reproduciría la polaridad placer-displacer. En este momento el narcisismo es relevado por la etapa del objeto, y así cuando éste es fuente de placer se tiende a incorporarlo y se dice que se le ama, mientras que cuando provoca displacer se le aleja y se dice que se odia.

Complejidad de la relación amor-odio.

Freud analiza el caso del amor y el odio, intentando establecer el vínculo de ambos sentimientos con la vida sexual, aunque se muestra reacio a concebir el amar como si fuera una pulsión parcial de la sexualidad. (Freud, 1915)

Amor y odio tienen orígenes diferentes. El odio es, en lo que respecta a la relación con el objeto, más antiguo que el amor y surge de la repulsa primordial que el yo opone a los estímulos del mundo exterior.

El amor proviene de la capacidad del yo para satisfacer las pulsiones de manera autoerótica. Es originariamente narcisista y después pasa a los objetos que se incorporaron al yo, donde se enlaza con las pulsiones sexuales. Esto se produce en el momento en que según Freud tiene lugar una síntesis de las pulsiones parciales de la sexualidad bajo la primacía de lo genital y al servicio de la función de reproducción.

Estas pulsiones parciales son concebidas como etapas del desarrollo de las pulsiones sexuales. La primera de ellas, la etapa oral, está caracterizada por el incorporar o devorar, que implica una modalidad del amor compatible con la supresión de la existencia del objeto como algo separado, y que por tanto está caracterizada por la ambivalencia.

En la etapa que sigue, la de la organización pregenital sádico-anal, el intento de alcanzar el objeto se presenta bajo la forma del deseo de apoderamiento o dominación. Con el establecimiento de la organización genital el amor deviene el opuesto del odio, aparece el cuidado por el otro y con él el ideal del amor.

Los vínculos de amor y de odio no son aplicables a las relaciones de las pulsiones con sus objetos, sino que están reservados a la relación del yo-total con los suyos. (Freud, 1915)

3. CONCEPCIÓN DE LA PULSIÓN EN LA OBRA DE J. LACAN

Las aportaciones centrales de Lacan sobre el concepto de pulsión las encontramos en el Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (cap. XIII, XIV y XV). Lacan se apoya inicialmente en el texto freudiano para definir la estructura de la pulsión pero se va diferenciando progresivamente de Freud en lo que respecta a la concepción de la actividad pulsional propiamente dicha.

Para Lacan el texto Pulsiones y destinos de pulsión (1915) está dividido en dos vertientes, de un lado estaría lo que él denomina el desmontaje de la pulsión y de otro el análisis del acto del amor, remarcando lo que Freud ya apunta en su texto y es que las pulsiones parciales se han de contemplar en un plano diferente al del amor, el cual se situaría en el campo del narcisismo.

En el capítulo sobre el desmontaje de la pulsión examina los cuatro términos de la misma propuestos por Freud. En relación al objeto introduce la distinción entre el objeto de la necesidad y la exigencia de la pulsión y afirma que ningún objeto de ninguna necesidad puede satisfacer la pulsión (Lacan, 1964) . Analiza la función del pecho como objeto y el lugar que ocupa en la satisfacción de la pulsión oral, atribuyéndole la función de objeto a causa del deseo.

Para Lacan hay un corte entre el ser hablante y los no hablantes. El lenguaje, lo simbólico incorporado en el cuerpo, produce en el mismo un vaciamiento de goce y por tanto una pérdida. El objeto a sería un representante de aquello a lo que tuvo que renunciar el ser humano para acceder al lenguaje.

En la teoría lacaniana los objetos de la pulsión responden a cuatro estructuras básicas: la oralidad (el pecho), la analidad (las heces), lo escópico (la mirada) y lo invocante (la voz). Cada sujeto tiene una relación con sus objetos respectivos, con unas modalidades de goce pulsional preferentes y propias.

En lo que respecta a la fuente, entiende que sería el término más relacionado con la regulación vital en la función de la pulsión. Establece que las zonas erógenas se reconocen por su estructura de agujero en una especie de borde (los labios, el esfínter anal, la oreja y los párpados), orificios que a su vez se encuentran vinculados con el inconsciente.

En estas zonas del cuerpo marcadas por la pérdida de objetos es donde la pulsión parcial encuentra su fuente. Se trata de bordes donde la intervención del Otro con sus primeros cuidados produce una erogeneización, introduciendo así al sujeto en la dialéctica de la satisfacción, del goce sexual, más allá de la mera satisfacción de la necesidad.

Lacan entiende la pulsión como el montaje a través del cual la sexualidad participa en la vida psíquica y que puede satisfacerse sin alcanzar un fin reproductivo precisamente por su condición de parcialidad. Para Lacan la pulsión es única, sexual y parcial.

Esta articulación nos lleva a considerar la manifestación de la pulsión al modo de un sujeto acéfalo, pues todo en ella se articula en términos de tensión, y su relación con el sujeto es tan solo de comunidad topológica. (Lacan, 1964)

En lo que respecta a la actividad de la pulsión, Lacan la concibe a modo de un circuito al que denomina tour pulsional y que define como el movimiento circular del empuje que emana del borde erógeno para retornar a él después de haber girado en torno a algo que yo llamo el objeto a. Yo asevero que así es como el sujeto llega a alcanzar la dimensión, propiamente dicha, del Otro con mayúscula. (Lacan, 1964)

Hay que hacer la distinción entre el regreso en circuito de la pulsión y lo que aparece en un tercer tiempo. Para Lacan no hay simetría ni reciprocidad en el retorno, sino que hay una modificación y entonces se produce la aparición de un sujeto. Este sujeto, que es propiamente el Otro, aparece si la pulsión llega a cerrar su trayecto circular.

3.1 Análisis de C. Soler sobre el concepto de pulsión en la obra de J. Lacan.

C. Soler analiza en su texto Los ensamblajes del cuerpo (2006) la relación entre cuerpo y lenguaje en la obra de Lacan, donde se concibe el lenguaje como un operador que ejerce un doble efecto sobre el sujeto, a nivel de significación y de transformación del cuerpo. Esta aprehensión del lenguaje sobre el cuerpo, cuyo eco serían las pulsiones, se produce con la entrada del bebé en la demanda articulada.

Es preciso que a la necesidad que sostiene esta diferenciación primaria se añada la demanda, para que el sujeto (antes de toda estructura cognoscitiva) haga su entrada en lo Real, mientras que la necesidad se hace pulsión. (Lacan, 1961, citado por C. Soler, 2006)

Así la pulsión manifiesta un corte sobre el cuerpo que opera primero entre el objeto en juego en la pulsión y la función orgánica y que inscribe una fragmentación erógena, localizando la función erótica solo en algunas zonas del cuerpo.

Se trata de un cuerpo que ha perdido una parte de goce y que va a buscar, por medio de las pulsiones, su complemento del lado del Otro cuerpo, esperando encontrar así un goce que supla la pérdida que ha sufrido. Pero se trata de un objeto del que no se puede apropiar, tan solo lo bordea, hace el giro y al mismo tiempo restaura su pérdida, lo que ocasiona la repetición y la insistencia pulsional.

Y así en Posición del inconsciente Lacan define la pulsión como esa actividad en la cual el sujeto intenta recuperar la parte de vida perdida y en sí misma restaura la pérdida. (Lacan, 1964, citado por C. Soler, 2006)

Para C. Soler, Lacan siempre ha dado una función subjetiva a la pulsión. A través de la misma no solo se obtiene un beneficio erótico, sino también de identidad, en tanto la fórmula de la actividad pulsional consistente en hacerse hacer, donde para Lacan reside la actividad propiamente dicha de la pulsión, señala el retorno sobre el sujeto, ejerciendo así una función separadora respecto al Otro. También alude a la función identitaria del narcisismo.

La pulsión tendría, según esta visión, una función social y otra sexual y contemplaría la utilización del cuerpo en un sentido erótico, por la vía del objeto de la pulsión (oral, anal, escópico e invoante) y también con un efecto de identidad.

C. Soler analiza asimismo el papel socializante de la pulsión en la medida en que toda actividad social y toda producción se sostienen sobre la actividad pulsional ligada a la identidad de sus agentes. Por otra parte el término identidad supone siempre a Otro que acepta, que nombra, la identidad nunca es autista (Soler, 2006) , a diferencia del goce que en sí mismo es siempre solitario.

La pulsión es la única configuración libidinal que permite un acceso al Otro, en el sentido del otro sexo o del otro cuerpo. (Lacan, 1973, citado por C. Soler, 2006)

Finalmente señala como esta función de la pulsión, la que consiste en ir a buscar algo del lado del Otro, lo que obtiene no es el acceso al Otro propiamente dicho, sino al objeto parcial con el retorno sobre el sujeto mismo, y en este sentido la pulsión permite hacer lazo pero no unión.

4. LA PULSIÓN: CONCEPTO LÍMITE ENTRE LO ORGÁNICO Y LO PSÍQUICO




5. DIVERGENCIAS ENTRE FREUD Y LACAN

5.1 Clasificación de las pulsiones.

Lacan no concibe el binario pulsional al que hace referencia Freud a lo largo de sus diferentes clasificaciones de la pulsión. En la visión teórica de Lacan la pulsión es única y sexual, admitiendo que puede tener una cara de vida, que hace presente la sexualidad en el inconsciente y otra que, en su esencia, representa a la muerte.

Tampoco se refiere en ningún momento a las pulsiones de autoconservación, como sí lo hace Freud en su primera clasificación, ya que el intento de sobrevivir del organismo viviente Lacan no lo concibe como pulsión. Tampoco reconoce la existencia de pulsiones yoicas en tanto considera que el yo está del lado del narcisismo. Por último cuestiona el hecho de que Freud formule el binario pulsional en términos puramente biológicos.
5.2 Parcialidad.

Freud postula la existencia de diferentes etapas del desarrollo de las pulsiones sexuales que culminan con la unificación en la genitalidad. Lacan no contempla estas etapas evolutivas y entiende que las pulsiones persisten siempre de una forma parcial. El modelo de la sexualidad humana es un modelo parcial y el cuerpo pulsional solo conoce el goce parcial ligado a la pulsión, aunque cada sujeto de prioridad a una parcialidad u otra.

Para Lacan sí que se produce una articulación de las pulsiones en lo genital con el paso por el complejo de Edipo y con el lenguaje. Puede admitir la existencia de la pulsión genital a condición de tener en cuenta que no está articulada como las demás pulsiones sino que tiene que ir a que la conformen en el campo del Otro.

5.3 Satisfacción pulsional versus autoerotismo.

Lacan establece una diferencia entre la pulsión y el amor, al cual sitúa del lado del narcisismo, y también entre pulsión y autoerotismo. Afirma que no todo goce obtenido del cuerpo propio es un goce pulsional. Si bien la pulsión se satisface por el goce, no todo goce es pulsional.

La pulsión va a buscar un objeto que está fuera del sujeto, en el campo del Otro, lo cual implica un cierto grado de socialización, mientras que el autoerotismo supone gozar del cuerpo propio, mediante la estimulación de la zona erógena sin pasar por un objeto. En este sentido C. Soler afirma que la pulsión es una salida del autismo del autoerotismo. (Soler, 2006)

5.4 Estructura versus desarrollo.

Lacan integra los tiempos de desarrollo de la pulsión de Freud en lo que denomina circuito pulsional. Lacan no diferencia entre fase activa y pasiva, sino que considera que la pulsión es una y siempre da la vuelta. El circuito pulsional de Lacan tiene que ver más con la estructura que con el desarrollo de Freud.

Así mientras Freud establece las etapas evolutivas que marcarían las diferentes organizaciones pulsionales, para Lacan no hay ninguna relación de engendramiento entre una pulsión parcial y la siguiente. El paso de la pulsión oral a la pulsión anal no es el producto de un proceso de maduración, es el producto de la intervención de algo que no pertenece al campo de la pulsión –la intervención, la inversión de la demanda del Otro. (Lacan, 1964)


BIBLIOGRAFÍA
FREUD, S (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. Obras completas. Vol. XIV. Amorrortu Editores. Buenos Aires, 1979.
FREUD, S (1920). Más allá del principio del placer. Obras completas. Vol. XVIII. Amorrortu Editores. Buenos Aires, 1979.
STRAKEY, J. Trabajos sobre metapsicología (1915). En obras completas S. Freud. Vol. XIV. Amorrortu Editores. Buenos aires, 1979.
LACAN, J. (1964) Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Editorial Paidós. Buenos Aires, 2006.
SOLER,C. (2006) Los ensamblajes del cuerpo. Asociación foro del campo lacaniano de Medellín. Medellín, 2006.
ASSOCIACIÓ CATALANA PER A LA CLÍNICA I L’ENSENYAMENT DE LA PSICOANÀLISI (ACCEP). Taller de lectura e investigación: Pulsiones y destinos de pulsión. Barcelona, curso 2009-10.
FERRARI, M. Seminario “La dirección de la cura en el análisis con niños. La pulsión y el objeto” (3ª clase). Visualizado en www.Psicomundo.org.
LAPLANCHE, J.-PONTALIS, J. Diccionario de psicoanálisis. Editorial Paidós. Barcelona, 1996.

Notas:
Freud, S. (1915) Pulsiones y destinos de pulsión. Amorrortu Editores. Vol. XIV, p. 113


Freud, S. (1920) Más allá del principio del placer. Amorrortu Editores. Vol. XVIII.

Lacan, J. (1964) Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós, p.169

Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. Amorrortu Editores. Vol. XIV, p. 117

Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. Amorrortu Editores. Vol. XIV, p. 118

Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. Amorrortu Editores. Vol. XIV, p. 119

Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. Amorrortu Editores. Vol. XIV, p. 121

Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. Amorrortu Editores. Vol. XIV, p. 122

Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. Amorrortu Editores. Vol. XIV, p. 125

Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. Amorrortu Editores. Vol. XIV, p. 128

Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. Amorrortu Editores. Vol. XIV, p. 132

Lacan, J.(1964) Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós, p.175

Lacan, J.(1964) Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós, p.188



Lacan, J.(1964) Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós, p.201

Soler, C. (2006). Los ensamblajes del cuerpo. Asociación foro del campo lacaniano de Medellín, p. 17

Soler, C. (2006). Los ensamblajes del cuerpo. Asociación foro del campo lacaniano de Medellín, p. 32

Soler, C. (2006). Los ensamblajes del cuerpo. Asociación foro del campo lacaniano de Medellín.

Soler, C. (2006). Los ensamblajes del cuerpo. Asociación foro del campo lacaniano de Medellín.

Soler, C. (2006). Los ensamblajes del cuerpo. Asociación foro del campo lacaniano de Medellín, p.

Lacan, J.(1964) Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós, p.187

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