dimecres, 9 de març de 2011

ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE LA TRANSFERENCIA EN LA PSICOSIS

Autora: Dolors Arasanz

Si hacemos un recorrido por los textos de Freud en los que muestra su contribución al tratamiento de los estados psicóticos, damos cuenta fundamentalmente de su desconfianza. Ésta se hace patente a partir de dos cuestiones fundamentales, la primera el concepto de transferencia y de su función en la cura, la segunda la hipótesis que consiste en definir las psicosis como estados narcisistas en los cuales la libido de objeto se retira al yo. Si el analista no puede ser investido libidinalmente, o lo que es lo mismo si el paciente carece de la facultad de transferencia, las interpretaciones de aquél no van ser escuchadas. “los argumentos que no tienen por corolario el hecho de emanar de personas amadas, no ejercen ni han ejercido jamás la menor influencia” “el hombre no es en general accesible por su lado intelectual, sino en proporción a su capacidad de revestimiento libidinoso de objetos.”

El hallazgo de las manifestaciones de transferencia fue un fenómeno calificado por Freud de totalmente inesperado. Muy a menudo encontramos referencias en las cuales no deja de mostrar su sorpresa. Dar cuenta de la forma singular con la que los enfermos se comportaban con su analista causó la necesidad de revisar los factores que había que tener en cuenta en el curso del tratamiento. Seguir la historia del concepto en Freud, supone la necesidad de separar sus concepciones explícitas, de la experiencia efectiva; la importancia de la transferencia fue advertida con claridad en el caso Dora, donde Freud añade, en el comentario clínico final, que la interrupción de la cura fue debida a un error en la interpretación de la transferencia.

Freud supone que lo que ocurre durante el análisis es una transferencia de sentimientos sobre el analista y deduce que los mismos no son producto de la situación actual ni se refieren a aquél, sino que el paciente revive “in situ” su relación fundamentalmente con las figuras parentales. Establece la noción del falso enlace y se plantea remontar desde esta repetición al recuerdo del conflicto originario. Esta extensión del concepto, que hace del mismo un proceso que estructura todo el tratamiento, le lleva a la noción de neurosis de transferencia, en la cual los síntomas adquieren una significación transferencial que de algún modo reemplaza la anterior neurosis.

El valor que le da a este nuevo fenómeno y su función en la cura es lo que va a permitirle explicar por qué fracasan todos los esfuerzos terapéuticos en las neurosis narcisistas. Freud expresará, en términos claros, la carencia de la facultad de transferencia, el rechazo a la intervención, la falta de accesibilidad a su influjo.”Estos enfermos rechazan la intervención del médico; pero no con hostilidad sino con indiferencia, razón por la cual no son accesibles a su influjo. Lo que él les dice los deja fríos, no les causa mayor impresión. Resulta, de este modo, que el proceso por el que conseguimos la curación, y que consiste en reactivar el conflicto patógeno y vencer la resistencia opuesta por la represión, no puede tener efecto en estos pacientes.”



La primera cura, iniciada por Freud, de una paciente psicótica fue publicada en el texto “Nuevas Observaciones sobre las Neuropsicosis de Defensa” y data del año 1896. Se trata de un caso de paranoia en una mujer de 30 años casada y madre de un hijo. Los signos de la enfermedad aparecieron 6 meses después del nacimiento de éste. Padecía alucinaciones visuales y auditivas, decía sentirse espiada, mostraba señales de desconfianza en el trato con aquellos que la rodeaban, e interpretaba su conducta en el sentido de una persecución. Se mostraba ajena, y se quejaba de lo enigmáticos que le resultaban sus pesares. Freud establece en esa época, la hipótesis de que la paranoia es una neurosis de defensa, surgiendo, al igual que la histeria y las representaciones obsesivas, de la represión de recuerdos traumáticos, y, por lo tanto, los síntomas estarán determinados por el contenido de lo reprimido. Las alucinaciones no serían sino fragmentos del contenido de los sucesos reprimidos, síntomas de su retorno.

Planteó el tratamiento suponiendo pues, que en la paranoia existían pensamientos inconscientes que debían devenir conscientes venciendo las resistencias. Así trabajó con esta paciente igual que lo había hecho con sus pacientes histéricas, induciéndola a la asociación, interpretando el material y extrayendo los elementos para una construcción de lo reprimido. Consiguió llegar al núcleo de un acontecimiento (la experiencia incestuosa con el hermano) que señalaría el nódulo del conflicto. Inicialmente Freud expresa haber alcanzado un buen éxito terapéutico, pues los síntomas remiten, pero esta mejoría dura poco tiempo. Freud señala en una nota en el mismo texto que posteriormente hubo una exacerbación de los síntomas, que suprimía los éxitos previamente alcanzados.

La paranoia quedaba así situada en un continuo respecto de las demás psiconeurosis de defensa, como también lo planteó en el texto que le precede “Las Psiconeurosis de Defensa” del año 1894.

Del año 1907 data el texto “El Delirio y los sueños en “La Gradiva” de W. Jensen”, en el cual Freud da muestra de cierto optimismo en cuanto a las virtudes terapéuticas del análisis del conflicto psicótico. Igual que en el caso anterior, propone un modelo de tratamiento partiendo de la misma hipótesis que la del trabajo con la neurosis: concibe el delirio del psicótico como una formación de compromiso, evidencia del conflicto entre las pulsiones sexuales y el yo que opera la represión.

Poco tiempo después, en 1908 K., Abraham redacta el texto “Las diferencias psicológicas entre la histeria y la demencia precoz”, donde formula que el carácter especial de la demencia precoz consiste en la ausencia de revestimiento libidinoso de los objetos y añade que el destino de la libido desligada de éstos se retrae al yo, siendo la megalomanía el reflejo de esta vuelta. Freud hizo suyos los planteamientos de Abraham, afirmando que su concepción va a constituir la base de una nueva forma de pensar la psicosis. Va a desarrollar la segunda teoría de las pulsiones, distinguiendo libido del yo y libido de objeto discusión que aparece ampliamente formulada en su texto “La Introducción al Narcisismo”. Esta nueva distinción supone una subdivisión de las pulsiones sexuales según el objeto al que apuntan. Es el estudio de las psicosis lo que le va a permitir a Freud reconocer que el sujeto se puede tomar a sí mismo como objeto de amor, y posteriormente considerar que este suceso va a ser el estado general y primitivo de todo individuo.

Este giro en la comprensión de los mecanismos de la psicosis es el que va explicar la incapacidad de estos enfermos para instaurar la transferencia, operación sin la cual el éxito del tratamiento no será posible.

En el año 1911 Freud publica “Observaciones Psicoanalíticas sobre un caso de paranoia”. El análisis de las memorias del Dr. en derecho Daniel Paul Schreber le va a servir para extraer las ideas fundamentales sobre el mecanismo de la paranoia, a la luz de los nuevos descubrimientos, aportando algunos elementos nuevos para la reflexión. Tres ejes fundamentales a tener en cuenta. Uno, el que en el origen de la génesis de la paranoia se descubre una defensa contra una fantasía homosexual. En segundo lugar, que la construcción delirante sea una tentativa secundaria de restauración de la libido a los objetos, un intento de restitución de la enfermedad. Por último, que la libido primariamente retraída de los objetos vuelve al yo. En la paranoia habría pues una fijación al estadio del narcisismo, distinguiéndose de la demencia precoz, que supondría el abandono total de la relación de objeto y el retorno al autoerotismo infantil.

El modelo que utiliza para comprender la retracción de la libido sigue siendo el del conflicto defensivo entre las pulsiones sexuales y el yo, es decir, la represión de aquellas tendencias psíquicas contra las cuales surge una oposición. El cuadro sintomático va a comprender entonces, los síntomas derivados del desligamiento de la libido y su acumulación al yo, y también por esos otros fenómenos relativos a los esfuerzos de la libido para retornar a los objetos, en los cuales se observa el producto de la enfermedad, que Freud establecerá como el intento de curación, la restitución con el delirio. “Los delirios de los pacientes se nos aparecen como los equivalentes de las construcciones que edificamos en el curso de un tratamiento, intentos de explicación y de curación aunque es verdad que en la condiciones de una psicosis no puedan hacer más que sustituir el fragmento de realidad que está siendo negado en el presente por otro fragmento que ya fue rechazado en remoto pasado.”

Este planteamiento va a permitirle afirmar en el año 1937 que el delirio contiene un fragmento de verdad histórica y que “debería abandonarse el vano esfuerzo de convencer al paciente del error de su delirio y de su contradicción con la realidad, y, por el contrario, el reconocimiento de su verdad proporcionaría una base común sobre la cual podría desarrollarse el trabajo terapéutico”3 Lo cual da cuenta en último término de su actitud final de prudencia en las intervenciones.



Freud, S. “Las Neuropsicosis de defensa” 1894

“Nuevas Observaciones sobre las Neuropsicosis de defensa” 1896

“Construcciones en Psicoanálisis” 1937

Maleval, J.C. “La forclusión del Nombre del Padre” 2000


[1] S. Freud “Lecciones introductorias al Psicoanálisis” Lección 27
[2]  Ibid

[3]


“Construcciones en psicoanálisis” S. Freud. 1937

2 comentaris:

  1. Ciertamente se convence antes a una persona con un plato de lentejas si este está hambriento que con los más elaborados discursos y también es cierto que no hay un discurso verdadero, sino que es la intención lo importante, es decir, el efecto que éste haga en el individuo, la realidad por tanto es tan finita como infinita.
    Para ilustrarlo se podría poner la paradoja de Zenón, una realidad infinita en lo micro y finita en lo macro.

    Bueno, me ha gustado lo de la transferencia en la demencia precoz y en los transtornos neuróticos narcisistas, todo esto es de suma importancia para la comprensión del tratamiento psicoanalítico. Gracias.

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  2. Estimada Dolors
    Hace Usted una muy interesante exposición del recorrido de Freud sobre el importante tema de la tratabilidad de la psicosis.
    Es un tema que siempre me ha interesado en la clínica.
    El decir de Lacan: "No hay que retroceder ante la psicosis" me ha acompañado a través de esta interrogación y quizás podría expresar dos correlatos clínicos de mi propia experiencia: 1. El tratamiento prolongado a través de muchos años. 2. La participación del paciente además de la terapia individual, en grupos de terapia analítica.
    Gracias por su aportación

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