divendres, 22 de juliol de 2011

EFECTO DE LAS EMOCIONES EN LOS APRENDIZAJES

Autora: Carmen Martínez García.
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica, Psicoanalista

Desde la Psicología se ha abordado el estudio de la emoción desde una diversidad de enfoques teóricos.
En general todos coinciden en que la emoción implica cambios fisiológicos, hormonales, en el SNA (Sistema Nervioso Autónomo) y la expresión facial, tendencias de acción que nos ayudan a hacer frente a las demandas y situaciones, así como una experiencia subjetiva que conlleva procesos de atención y cognición, es decir, lleva implícito el análisis y proceso de la información y una valoración cognitiva.
Las definiciones son numerosas según que aspectos se tengan más en cuenta.
Nos interesa estudiar la emoción desde el Psicoanálisis porque la considera sobre todo una experiencia afectiva que incluye aspectos subjetivos, la percepción de la activación fisiológica, la dimensión de placer-displacer en la situación y el proceso expresivo diverso desde el facial hasta el motor.
 
Sigmund Freud utiliza en sus primeros textos de modo indistinto los conceptos de emoción, sentimiento, afecto.
El afecto en tanto se trataría de un estado emotivo lo encontramos en dos de sus primeros textos: “Obsesiones y Fobias” (1894) y “Las neuropsicosis de defensa” (1894).
Las emociones que han quedado fijadas a hechos, de carácter traumático o no, permanecen en el sujeto, constituyendo los estados propios de la estructura del mismo, no son emociones esporádicas son afectos que sitúan al sujeto en una determinada estructura psíquica.
Las emociones y los afectos están relacionadas con las pulsiones ya que estas son estímulos que están intrincadas con lo orgánico, con el cuerpo, se caracterizan por la compulsión de repetición y hallan sus sustituciones psíquicas en representaciones investidas en los afectos, no podrían llegar a la conciencia sino fuera a través de dichas representaciones. S. Freud encuentra esta conexión entre las pulsiones y los afectos en su Proyecto de una Psicología para Neurólogos (1895).
Años más tarde en el texto sobre la Represión (1915) se refiere al concepto de afecto y habla de monto de afecto, es decir cantidad de afecto, que corresponde a la pulsión en la medida en que ésta se ha separado de la representación y ha encontrado una expresión proporcionada a su cantidad, en procesos que se registran para la sensación como afectos. Parece que para S. Freud el monto de afecto es una manifestación particular de la suma de excitación de la pulsión pero por efecto del mecanismo inconsciente de la represión solo hay conciencia de tal afecto y no de los significantes que lo representan.
Recordemos que la represión actúa sobre las representaciones de un hecho vivido, con una carga pulsional que es inasimilable para el sujeto, no actúa sobre los afectos que logran expresarse aunque de manera desplazada y a veces sintomática.

La naturaleza de los afectos está expresada con claridad en el texto “Lo Inconsciente” (1915), en el que afirma que, “los afectos y sentimientos corresponden a procesos de descarga cuyas exteriorizaciones últimas se perciben como sensaciones”.
 Entendemos en la emoción una expresión de sensaciones que pueden llegar a ser identificadas conscientemente o no.

Del mismo modo, en la Conferencia 25, de las “Conferencias de introducción al Psicoanálisis” (1916-17) se plantea el sentido dinámico del afecto en el que incluye, determinadas inervaciones motrices o descargas de energía más la posibilidad de dos clases de sensaciones, las sensaciones directas de placer y displacer que prestan al afecto su tono dominante.
La emoción implica un afecto placentero o displacentero además de  la inervación motriz o descarga de energía psíquica.


J. Lacan continuó la obra de S. Freud y retomó los conceptos fundamentales del psicoanálisis. A lo largo del Seminario sobre la Angustia a la que define como el afecto que no engaña, se refiere repetidas veces a la emoción que etimológicamente incluye el movimiento pero él le da el sentido de un acto que consiste en “arrojar fuera”, “ex –pulsar” fuera de la línea del movimiento del sujeto, “es un movimiento que se desagrega”, se separa, se trata de una “reacción catastrófica” que sin embargo, no hay que confundir con la angustia.
Extrae esta referencia de las teorías de un neuro psiquiatra alemán llamado Kurt Goldstein, que tuvo gran influencia en la génesis del pensamiento Fenomenológico de Merleau-Ponty, otro psiquiatra francés contemporáneo de J.Lacan que al igual que éste se interesó por las escuelas de psicología (conductismo, Piaget, Wallon, Gestalt), psiquiatría (Freud, Goldstein) y por otros ámbitos del saber, Lingüística, Estructuralismo.

Kurt Goldstein destacó por sus estudios sobre las afasias y como autor de su obra principal “La Estructura del Organismo”(1934). Recordemos que la afasia es la pérdida de la facultad de comprender o emitir un lenguaje por causa de una lesión cerebral.
Para Goldstein el organismo es un todo organizado, una estructura en la que cada parte se halla en interdependencia funcional con cada una de las partes. Es todo el organismo
el que está comprometido en todas y cada una de las acciones y de las reacciones particulares del sujeto.
Una emoción muy fuerte puede provocar un shock o un traumatismo con efectos en el organismo causando una lesión. Y a la inversa, pequeños avances en el tratamiento de las afasias y otros problemas neurológicos causan mejoría en el estado del ánimo del sujeto.
La consecuencia que se desprende es que para Goldstein no hay separación entre lo somático y lo psíquico, sino que forman una unidad con la situación vital en la que se encuentran, sujeto y mundo; organismo y mundo componen una misma unidad.    
La situación que Goldstein describe como catastrófica es la siguiente: para que un objeto pueda desencadenar un movimiento es preciso que esté comprendido en el campo motor del enfermo; y la perturbación consiste en un estrechamiento del campo motor que en adelante quedará limitado a los objetos efectivamente tangibles, con la exclusión   del horizonte del tacto posible que rodea a los objetos, en el sujeto que no está afectado por estas perturbaciones.
Este tipo de perturbaciones responden a una perturbación fundamental;  un cambio en la propia estructura perceptiva del comportamiento del sujeto”.
Lacan valorará este modo experiencial, que no es experimental, del trabajo de caso y concretamente de esta especificidad, nos ayuda a poder diferenciar esta reacción “catastrófica” que también podemos llamar “reacción de desorden” y en el interior del fenómeno tal vez percibir “la reacción de angustia”.
Observación que también nos resulta valida en sujetos con otras dificultades en los aprendizajes y en los que no hay ningún tipo de lesión orgánica que pudiera justificar dichas dificultades.
¿Qué es lo que nos permite establecer esta comparación? El hecho de que también se dan las dos condiciones que Lacan describe en el estudio de los casos anteriores.
Primero el surgimiento de la falta bajo una forma positiva, el sujeto percibe su laguna, en este caso, de saber, en un campo objetivo, lo que es fuente de angustia.
Segundo, que el sujeto se ve ante otro, psiquiatra, profesor, psicólogo, psicoanalista etc. ante quien realiza la tarea, es decir la falta se produce bajo el efecto de una demanda, lo que puede resultar para el sujeto que se ve confrontado con esta falta, doblemente angustiante.
No toda expresión de emociones es nociva para los aprendizajes, por el contrario están las emociones estéticas e intelectuales que motivan y permiten proseguir en el deseo de saber y aprender.
Es interesante observar y tener en cuenta que efectos producen, en los niños determinados métodos y técnicas de enseñanza, ¿qué pretendemos provocar para estimular el deseo de saber? ¿curiosidad, miedo, entusiasmo, angustia?
Sabemos que los mejores profesores son aquellos que aman lo que enseñan y estas enseñanzas generalmente están exentas de imperativos provocadores.
Anni Cordie en su libro “Los retrasados no existen”(1994) valorará positivamente este modelo educativo, los objetos del saber privilegiados y elegidos por los sujetos son con frecuencia aquellos que para los padres y profesores también lo fueron, pero estos tienen la característica de no haber sido impuestos sino amados y valorados, así el niño los escogerá y asimilará de manera natural.

Del mismo modo el niño acepta a los otros y sus enseñanzas cuando se siente aceptado y amado, esta es una condición necesaria y que funciona en la educación, se llama también establecer una confianza, desde el psicoanálisis le llamamos transferencia, queremos decir que cuando alguien nos pide ayuda, es porque nos supone un reconocimiento y es esto lo que nos permite poder empezar a trabajar. Determinados lugares llevan ya implícito este reconocimiento, si una persona es profesor o profesora es porque se les supone un saber que en algún momento ha tenido que demostrar. Igualmente ocurre con el terapeuta y el psicoanalista, pero además del rol de la profesión, es necesaria la elección particular a través de una demanda y el establecimiento de la relación de transferencia, y esto es particularmente necesario cuando trabajamos con niños porque generalmente primero eligen y deciden los padres que traen sus inquietudes, pero los niños también decidirán sobre las personas  con las que quieren aprender y con las que quieren ser ayudados.
  
Hemos diferenciado la emoción de la angustia, considerando la angustia un afecto en el sentido de un estado emotivo, en tanto que la emoción la colocamos del lado de una reacción que expresa una idea de movimiento, que puede llegar a convertirse en estado afectivo y que  también puede incluir la angustia aunque esta no es exactamente la emoción.

Por ejemplo, W. James(1884) psicólogo y filósofo norteamericano, se pregunta en su texto “¿Qué es una emoción?” y lo plantea así, nos sentimos tristes porque lloramos, enfadados porque golpeamos, alegres porque reímos, contentos porque saltamos, asustados porque temblamos, entendemos que la emoción incluye una manifestación corporal que no implica necesariamente un estado afectivo.   
Existen tantas emociones como afectos, la tristeza, el amor, la culpa, la vergüenza, el miedo. Además de sus contrarios.

La emoción tal como se ha planteado inicialmente desde K.Goldstein, es un concepto que también se ha trabajado desde la Psicología Adaptativa, recordemos aquí los trabajos experimentales de Pavlov, que tratarían de producir un ajuste de estas reacciones catastróficas vinculadas a lo orgánico con lo que debería ser la respuesta esperada. Experiencias que sabemos son aplicadas también en el campo de los aprendizajes, sus experimentos más conocidos parten de investigaciones en la Psicología del comportamiento animal.

Dejaremos esta vertiente de la emoción de lado, para centrarnos más en aquella que se manifiesta en las confrontaciones con la tarea, cuando el sujeto no sabe dónde responder, y este no saber se encuentra también con el nuestro, con el que tenemos que empezar a trabajar, escuchando y observando para preguntarnos que hay en los movimientos en los que el sujeto no puede impedirse, manifestación de emociones, inhibiciones, angustia, en definitiva en sus síntomas.

El efecto de las emociones en el aprendizaje del sujeto dependerá de cómo sean abordadas estas, desde el propio sujeto y desde aquellos que están con él en sus primeras experiencias de aprendizaje de la vida, padres, cuidadores, maestros, personas que ocupan lugares significativos en ella.    
Estas primeras emociones no podrán ser verbalizadas sino a través de los adultos que pondrán la significación a través de sus palabras y el niño aprenderá que tiene hambre, se ha ensuciado, está triste etc. porque llora, si es esta la significación que el adulto le otorga.
Pero ocurre que estos otros que aportan los cuidados y los significantes no responden siempre acorde con lo que el niño espera o necesita, aún en el caso de las mejores y mejor preparados madres, padres, cuidadores, maestros, profesores; esto ocurre por el hecho de que todos estamos afectados por la falta que no es otra cosa que una pérdida de goce por el hecho de que somos seres hablantes. Esta falta afectará a cada cual en su particular estructura y modalidad de amar, desear y gozar.

Gracias a esta falta, a esto que el Otro, que aquí entendemos en tanto Otro del Lenguaje, no puede cubrir ni completar siempre, el sujeto podrá devenir sujeto del deseo inconsciente con sus formas y modalidades particulares de respuesta ante las demandas y deseos de los otros.

Las 1ªs experiencias son las más significativas y también son las escolares donde el sujeto podrá encontrarse con otros ideales, modelos de identificación a través de otros, niños, adolescentes, profesores que podrá elegir aceptar, imitar, rechazar etc.
En algunos casos estos vendrán a confirmarle en un determinado lugar familiar que él lleva consigo pero en otros este lugar y por deseo propio del sujeto, podrá ser cuestionado.

Los afectos no están reprimidos, forman parte de lo más característico del estado de un  sujeto en el sentido de lo que él es desde su estructura, el afecto no está amarrado, lo encontramos desplazado, a veces en forma de síntomas, lo que está reprimido son los significantes, los representantes que lo amarran.

Intentaré aclarar estas cuestiones a partir del siguiente ejemplo clínico, se trata de un fragmento de la cura en el 1er tiempo de un análisis:

Es un sujeto adulto que llevé en tratamiento hace varios años, a medida
que avanzó el tratamiento el sujeto se encontró con el núcleo de la neurosis infantil, su conflicto con el padre y la sexualidad.
Se trataba de un niño con problemas de impulsividad y comportamiento en la escuela. Este caso muestra el efecto que tuvieron en el sujeto niño distintas intervenciones, la escolar además de la familiar.
Ejemplifica también las elecciones subjetivas en sus emociones y afectos, la repercusión en los aprendizajes en la infancia y más tarde en su edad adulta.

1. La Neurosis Infantil

El sujeto al que me referiré era un hombre, joven profesional que consultó inicialmente por problemas de relación en el trabajo y por su dificultad de establecer relaciones sociales, fundamentalmente con las mujeres. Como consecuencia, su estado de ánimo era de gran tristeza acompañado de ideas de suicidio.

 Partiré de dos recuerdos infantiles que trae en el 1er tiempo de su tratamiento y que adquieren especial relevancia ya que ilustran el sentimiento de falta en relación al lugar que el sujeto suponía que ocupaba  para el Otro. Además de mostrarnos las vías que estos afectos y emociones tuvieron para este sujeto y sus consecuencias.
- 1er. Recuerdo a los 8 años. Se trata de la siguiente escena:
 Un amigo, un poco mayor, siempre llevaba “chucherías”, como él también quería, robaba dinero del bolso de la madre para comprárselas. Un día escuchó al padre en una conversación entre adultos y refiriéndose a este tipo de hechos dijo: “mi hijo jamás haría una cosa así”.
El se sintió muy avergonzado y a partir de ese momento nunca más robó ni mintió pero sin embargo quedó con la culpa de haber engañado al padre.
Difícilmente cuando era niño podía contentar a su padre que deseaba que estuviera quieto y callado. Trataba de compensarlo así en su presencia para poder ir a jugar con sus amigos al bosque, pero eso no le evitaba a veces su desprecio y castigos diversos, incluidos los corporales. 
Sin embargo,  hay otro dicho del padre que se opone al anterior: “¡yo tenía que robar,  para comer!” y para este sujeto significaba todas las dificultades que el padre tuvo que superar en su infancia y también el valor de lo que fue capaz de hacer.
-2º Recuerdo a la edad de 12 años. La escena es la siguiente:
En clase, en la mesa del profesor, aparece un dibujo anónimo de contenido sexual. El profesor se pone en la tarea de averiguar uno por uno, como si de un juego se tratara, cual de sus posibles alumnos podría realizar un dibujo así. Se detiene ante él pensando unos segundos y concluye que si bien no ha sido esta vez,  sí es posible que lo haga otras veces.
Tal como el profesor decía, no había sido esa vez pero acostumbraba con otros compañeros a realizar manifestaciones y producciones de exhibición de contenido sexual para lograr la favorable impresión de los otros chicos.  Sin embargo en esta ocasión  se sintió  mal,  aún  sin haberlos realizado,  anticipándose así con la culpa.  Fue el momento en que percibió que lo que había servido para impresionar como niño no servía ante el profesor  para ser un hombre.
A partir de estos sucesos, el sujeto cambió, se volvió estudioso y callado  y comenzó a trabajar con el padre y por el padre  en lo que era la principal dedicación  y proyecto familiar.
 Solo a partir de entonces se sintió más valorado por él, cuando comprobó que podía realizar trabajos que requerían de gran esfuerzo y resistencia físicos, representantes de un Ideal paterno.

De ambos recuerdos podemos deducir el efecto en la posición particular del sujeto, ante una representación de un padre severo, represor de la espontaneidad y sexualidad infantiles. Esencialmente prohibidor que acentuó las condiciones de goce en detrimento del deseo.  
El sujeto creía engañar al padre al que veía ocupado en trabajar para poder dar más bienes a sus hijos, pero sin prestarle atención en tanto niño, sino era para castigarle o pegarle por sus problemas escolares y de comportamiento.  Por esta razón lo vivió como un enemigo. 
En ambos recuerdos el sujeto respondió con la culpa cuando percibió que sus actos o sus pensamientos, aún sin haberlos actuado, no se correspondían con lo que el Otro esperaba de él. De algún modo sintió que podían creer que él había hecho algo malo y por ello se sentía culpable.
En el primer recuerdo se da la paradoja de que el sujeto se sentía  malvado por robar, pero a la vez se quedaba con la idea de que no podría igualar al padre en valor y con la duda de si él  habría sido capaz de realizar lo que el padre hizo.
En el segundo recuerdo, el profesor presentifica al padre como prohibidor de la sexualidad, aunque también como el que enseña como tiene que ser un adulto.
Los cambios en su comportamiento que el sujeto situó a partir de estos dos recuerdos se deben por tanto  al intento de lograr el amor y reconocimiento del padre.

2. Elección Sexual y Síntoma

Sin embargo,  es en la adolescencia cuando aparece un síntoma que viene nombrado desde el saber médico y que se irá constituyendo en analítico gracias a la transferencia. Este se refiere a sus dificultades en el encuentro con las mujeres que su “enfermedad “, a la que había puesto siempre como causa de sus problemas, no alcanza a explicar.
La enfermedad consiste en una inflamación de las vértebras que  produce dolor y le dificultaba  e impedía la realización de movimientos y esfuerzos físicos. Se desconocía la causa de las mejorías y empeoramientos de su estado que trataba de paliar a base de diversas prácticas como el yoga y masajes porque sabía que aunque la evolución varía de unos a otros, algunos llegan a quedar inválidos.
Como más tarde sabremos, esta enfermedad se trataba de una identificación a un síntoma materno. Pero nos interesa subrayar el momento en que apareció.
Este lo situó en la adolescencia, cuando respondiendo a la demanda paterna decidió salir del domicilio familiar  para ir a una academia a realizar estudios de policía, con misiones de vigilancia y seguridad especialmente en las fronteras.
La confrontación con la estructura policial lo sumerge nuevamente en el conflicto con la figura  del padre.  Se encuentra  con un  entorno diferente al que había imaginado, tanto entre sus compañeros como con los profesores, descubriendo arbitrariedades e injusticias  que le hacen plantearse su permanencia.  Sin embargo, ante la insistencia paterna  para que termine los estudios, decide continuar soportando la situación, encerrándose y cortando casi toda la relación con los otros compañeros para poder responder así a la demanda paterna.
 Finalmente, ante las dificultades en la realización de unas pruebas físico-deportivas, recibió el diagnóstico de la enfermedad y se vio obligado a abandonar la academia, sintiendo que había fallado y por tanto nuevamente en deuda con el padre.
 Como consecuencia decide realizar estudios universitarios pero el padre murió poco después de haberlos iniciado y el sujeto quedó con la idea, entre otras,  de no haber podido demostrarle, ni convencerle de su acertada elección.  
El padre era un hombre “fuerte” en  relación al trabajo, pero además lo era por que no exteriorizaba determinado tipo de afectos y emociones, a diferencia de su madre. El podía trabajar bien pero no tanto como el padre, y no podía controlar siempre sus emociones y afectos. Al igual que la madre tenía el mismo problema físico, su enfermedad era su “debilidad”.
 Así encontramos a un sujeto que se debatía  en este juego de identificaciones edípicas.

3. Ideal y Significación Fálica

Si bien el sujeto  se sentía limitado a la hora de realizar determinados trabajos y proyectos en su futuro profesional,  no encontraba límites cuando se trataba de la práctica de su  deporte preferido: La escalada.
Decidido a contravenir la indicación médica en pos de alcanzar el Ideal paterno, la escalada se convirtió para él en lo más importante de su vida. La posibilidad de practicarla  lo decidió a quedarse a vivir en este país y regularmente no faltaba a su cita con la montaña.
La satisfacción, es decir, el goce de llegar a la cumbre era tanta como el hecho de la realización de vías largas y cada vez  con más dificultades a superar.
Siempre iba acompañado por algún amigo, ya que es lo aconsejado en este deporte y  adquiría especial relevancia  cuando él podía ser el guía. Ser el primero no era ser el que más sabía sino el que más aseguraba a los otros y esto requería estar en muy buenas condiciones físicas y anímicas.
Sus amistades, la mayoría masculinas, pertenecían a este entorno pero fuera de el tenía dificultades para establecer relaciones con otros.


Sin embargo, siendo esta una de sus principales preocupaciones,  rechazaba  cualquier alternativa  que implicara dejar de escalar. Negándose a perder la satisfacción de este goce aun a riesgo de la pérdida de la vida.
 Esta elección colocaba en un lugar secundario su problemática con las mujeres y las relaciones con los jefes en el trabajo ya que era en la escalada donde, inconscientemente, él jugaba  la medida de su valor en una demostración al padre.                                             
                                                            
Bibliografía :

Freud S.  Obsesiones y Fobias. Volumen 3. Amorrortu Editores
                Las Neuropsicosis de defensa. Volumen 3. Amorrortu Editores
                Proyecto de una Psicología para Neurólogos. Volumen 1.Amorrortu
                Editores.
                Conferencias de Introducción al Psicoanálisis. Volumen 15.
                Amorrortu Editores.

Lacan J. Seminario 10. La Angustia. Editorial Paidós
              Seminario 17. El Reverso del Psicoanálisis. Editorial Paidós

Pintos María-Luz. El Neuropsiquiatra K. Goldstein en la génesis del pensamien-
                              to fenomenológico de Merleau Ponty. (Encontrado en
                              Internet)
James W. Qué es una emoción. Extractos del libro encontrado en Internet.
Cordié Anny. Los retrasados no existen. Editorial Nueva Visión.


                                                                         




  

1 comentari:

  1. Excelente artículo para pensar la articulación con el aprendizaje y la educación. Espcialmente esclarecedor por lo que señalas hacia el final sobre la represión de los significantes y el ejemplo clínico. Muchas gracias!

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