dissabte, 15 d’octubre de 2011

El “sin tiempo” de la histeria hipermoderna

Carmen Gallano. Psicoanalista en Madrid

Nuestra época experimenta una paradójica  rarefacción del tiempo y una reducción del tiempo historizado en su propulsión a un presente continuo. Es una consecuencia de la incidencia de las tecnologías de la información y la comunicación en los mercados y en nuestras vidas. Un economista y sociólogo, M. Castells analiza cómo si la Revolución Industrial construyó el tiempo cronológico , la Revolución Informática ha producido el “sin tiempo” de un tiempo atemporal por eliminación de la secuencia, y ello por la gestión electrónica de los mercados financieros. La plusvalía crece hoy, entre ganancias y pérdidas,  en las fracciones de segundo en la que circula el capital financiero en nuestro mundo. De donde, afirma Castells,  las impredecibles crisis económicas devastadoras del siglo XXI,  por esa velocidad de decisiones instantáneas apoyadas en los modelos matemáticos de los ordenadores, de las que caen restos incalculables. La sociedad en red, comprime el tiempo en la aceleración de los procesos y  hace  la secuencia temporal impredecible y aleatoria. Así,  más aprisa se va, menos tiempo se tiene, y eliminando los intervalos como “tiempos muertos”, se “mata el tiempo”. Lacan, en 1972, en Milán, ya había diagnosticado que lo astucioso del discurso capitalista es lo que lo hace insostenible: “va como sobre ruedas, no puede ir mejor, pero justamente va demasiado  deprisa,  se consume, se consume tanto que se consuma”. Ya a partir del 68, Lacan había tomado muy en cuenta la concepción marxista de la plusvalía, que explica el Time is Money. Marx descubrió como se generaba la plusvalía que se añade al capital,  entre el menos-de-tiempo conveniente a la producción, y el más-de-tiempo extraído al trabajo del proletario. Solo citaré lo que escribió  en los Gründisse , en 1858: “ el capital se basa en la producción de sobre-trabajo como tiempo superfluo desde el punto de vista del valor de uso , de la simple subsistencia y el trabajo vivo jamás obtiene el equivalente de su precio , por ello es un trabajo alienado “ Esa es la contradicción temporal inherente al capitalismo, cada día más agudizada. La angustia crece  hoy, tomando  la forma del apremio de la prisa capitalista. No es el apremio de la vida – el Not ds lebens freudiano-  que pasa al campo del inconsciente y mantiene el tiempo del sujeto en el encadenamiento significante. La compresión espacio-temporal del tardocapitalismo no es propicia al tiempo del sujeto, pues el sujeto no puede transcurrir sino en un lapso temporal, en la  pulsación temporal intersignificante. En el  presente continuo de la vida de hoy  el sujeto está dividido entre el menos de tiempo que le queda como sujeto, y el más de goce que asedia al cuerpo. Ese impasse del  plus-de–goce como pérdida y recuperación que no alcanza al sujeto, hace síntoma. Lacan en el seminario XVI, dice  que “de lo que se trata en el síntoma es de lo más o menos desahogado de los andares del sujeto en torno del plus-de-goce que él es incapaz de nombrar”. En cuanto al  síntoma histérico, se prende, hoy como ayer, a las marcas imperdibles del S1, es decir a las marcas del surgimiento del goce que perturbó el cuerpo. Algunas mujeres histéricas, muy solidarias en su identificación fálica con el poder del  Uno capitalista, desenmascaran en sus síntomas su división subjetiva, bajo la forma de una disociación temporal  entre  sumisión y resistencia al “sin tiempo” capitalista. 

Citaré aquí  dos casos, ambos de mujeres treintañeras que tienen en común haberse volcado en la ambición de ser conquistadoras de mercados y sufrir por sentirse excluidas de las cosas del amor. La primera  se define  en su posición, al inicio con orgullo y luego con desolación,  como “el bulldozer”;  la segunda se define como “ la que entra a saco” , cosa que no cuestionará sino por lo que le dicen sus amigos del alma es lo que la hace intolerable para los hombres y estropea su ser de mujer. La primera, llegó a mi consulta tras haber recorrido muchos médicos que no encontraban causa clara a unas infecciones urinarias mantenidas con   permanente dolor a la micción. Le  dijeron que sería “por stress” y le recomendaron una psicoterapia. Al  tiempo que venía disciplinadamente a sus dos sesiones por semana para hablar de los sinsabores de su historia, aceptó someterse a  una peculiar técnica de fisioterapia que consistía en tratar el dolor de los “puntos gatillo” (tender points) localizados por la fisioterapeuta, con la introducción de un artilugio  por vía vaginal. Pero no fue esta extravagante técnica del cuerpo lo que hizo desaparecer su síntoma de conversión, sino el recuerdo de que el síntoma vino después de una penetración con otro cariz  que la que le practica la fisioterapeuta. Ella se prestaba, a menudo,  en noches de alcohol y droga, a irse a la cama  con hombres por los que luego se sentía desechada. Una de esas veces fue peor que otras: el hombre al que ella había querido conquistar, la penetró sin preliminares, en una prisa, me dice: “en la que ni tiempo tuve de saber si lo deseaba ni de excitarme”. Se dejó hacer, pero se sintió agarrotada en un intenso dolor. A partir de la  desaparición del síntoma de conversión, abordó en su análisis lo problemático de su “ser bulldozer”: es que su vida está tan volcada en lo “pro”, que se queda sin tiempo para lo “perso”. Aclaro con  “lo pro” y “lo perso” se refiere a  “lo profesional” y “lo personal”, pues este sujeto moderno habla con significantes- abreviatura, como en el argot de los SMS. Su infortunio es que  la potencia hiperproductiva que surca el campo del Otro, se salda repetitivamente, de una empresa a otra,  en el fracaso de su aspiración de obtener un reconocimiento del “Big Boss”, como ella llama a sus Jefes. Una y otra vez, en todas la empresas en las que ha trabajado, se ha visto  expoliada de su tiempo de trabajo para solo beneficio del Jefe que se traducirá  en un menos para ella. No recibe del Uno, al que asigna el lugar del Otro,  la equivalencia de su trabajo vivo como valor dado a  su persona, que sentirá tratada  como desecho, objeto caído del discurso. La cosa se agrava a partir del momento en que se  precipita a aceptar la propuesta del Big Boss de substituir al jefe inmediatamente superior a ella,  que se acababa de suicidar. Pues no  solo no obtiene, tras un año y medio, lo que esperaba a cambio – ser admitida como asociada, para al fin igualarse a  los Unos que tenían ese status -  sino que ni le suben el sueldo y encima se ha ganado la hostilidad de aquellos que antes habían sido sus iguales en el equipo. Pues eso sí, no todo en ella es sumisión, y como era jefe, desaparecía de vez en cuando del trabajo, tomándose cortas vacaciones, para practicar sus actividades  favoritas:  el ski y los deportes náuticos. Por una reorganización de la empresa la sacan de ese puesto de jefe- suplente y la mutan a una función en la que la potencia de su identificación fálica se quiebra, pues le falta el saber para realizarla, poniéndose en evidencia su incapacidad para satisfacer a los clientes como ella siempre había  hecho. Nadie la ayuda en esa tesitura, pues los colegas expertos en el tema no están dispuestos a dedicar un poco de tiempo a responder a sus preguntas. Y por mucho que corra estudiando esos temas,  no llega a tiempo y se angustia con cada nuevo dossier. Me recuerda al Conejo Blanco de Alicia en el País de las Maravillas, que mira su reloj de gentleman solo para lamentarse en su carrera, de que va perdiendo sus emblemas por el camino, de que se le hace tarde , y ¡ay! de él, le degollarán. A la vista del  fracaso en ese puesto, el Big Boss le ofrece dedicarse a tareas de marketing, cosa que a ella la hunde durante un tiempo, pues eso sentencia definitivamente que la excluyen del status que corresponde a la carrera que ha estudiado, considerada en el mundo profesional de nivel superior a la de marketing . Tendrá que rendirse: nunca será lo que aspiraba ser. Y paralelamente, cuando se ocupa un poco de lo “perso”, los hombres a los que trata de conquistar con su activismo  deseante, siempre la desechan para preferir a otra. Es el saldo de su atadura  histérica al Uno de su fantasma. Por efecto de su análisis, irá aceptando que  el puesto de marketing que le dejarán desarrollar a su manera le va muy bien y se dice curada del stress en el que antes vivía “sin tiempo”, pues ya no se precipita de cabeza según dicten los significantes del Otro. Pero si se dice curada del stress, y ya no avanza como un bulldozer, no por ello ha abandonado lo que ella llama su speed, con el que goza como algo propio de  su persona. Lo celebra como éxito terapeútico : “el speed sin stress”.  Ese goce fálico no será sin contrapartida. Comienza a padecer fuertes dolores de espalda, agravados por su gustoso ir de aeropuerto en aeropuerto, siempre deprisa, por su trabajo. Y de golpe me anuncia que no puede venir al análisis, pues está clavada en la cama, por una hernia de disco, que los médicos dicen inoperable y que para su tratamiento requiere cotidianas largas sesiones de fisioterapia para que pueda llegar a volver a moverse sin dolor. Al mes se incopora al trabajo, pero en su apretada agenda,  no cabe ya  el tiempo para las sesiones de análisis, colonizado ahora por las sesiones de rehabilitación. Lo “fisio” que encarna el poder sobre el cuerpo obtura lo “psico” alojado en el análisis como la incógnita de un saber faltante sobre la verdad de su ser.  Así, vemos como ahora su presente está dividido , en alternancia temporal , entre el goce  del speed, en el que cifra un  bien subjetivo, y volver a la escena en la que ofrece el mal de su cuerpo a  las manipulaciones de la  técnica de los “fisio” . Reduce sus visitas a la analista a una vez cada tres meses: para desplegar su amor de transferencia, ser algo receptiva a mis interpretaciones y proyectar  más adelante volver a su análisis para tratar lo aún insatisfecho de su deseo : su radical carencia de vida amorosa . La hora de la verdad de su deseo, la hace esperar, pero  le cierra el hueco  en su presente.

Del  segundo caso, del sujeto que se define como “la que entra  a saco”, que también lleva como el sujeto anterior, cuatro años de sesiones conmigo, no daré detalles de las coyunturas en las que la empresa creada por ella con la que se ha asociado, a modo de socio industrial, con otra más fuerte de otro país que es el socio  capitalista, para conquistar mercados en común, se ve amenazada de quiebra. El asunto se puede resumir a que no logra ahora que el “Tipo éste”, como ella lo llama, pague a unos proveedores unos gastos imprevistos en el presupuesto inicial de un proyecto realizado por ella. “Entrarle a saco” para decirle sus 4 verdades se le revela contraproducente y desata sus furias y angustia en el diván protestando de lo inútil que es hablarme de todo esto, pues solo ve una causa exterior a su angustia “este mundo de lobos“en el que descubre que ella para ese socio-jefe , no era sino alguien “de quien hacerse dinero a su costa” . Está tentada de dejar el análisis, más ahora que por el agujero en los fondos de su empresa, ha tenido que buscarse, para llegar a fin de mes, un trabajo de contable, ella que tiene un master en ciencias económicas..  Se siente “entre las cuerdas”, pues los 40 euros de su  sesión semanal le escuecen. Pero, más sensible a la intervención de la analista que la paciente anterior,  opta por no desperdiciar esos 40 euros semanales ,  cansada, dirá,  de haber orientado su discurso en el diván solo para ser querida, sin disponerse, “a sacar la basura” que es la metáfora, dice, de lo que aún no había hecho en el diván. Hasta ese momento, se presentaba como la histérica industriosa, febrilmente entregada a su profesión, reivindicando su estilo unisex, su ambigüedad imaginada bisexual ; como la “enalmorada” gozando de los debates con sus amigos masculinos y de las confidencias con sus amigas idealizadas. Y no se quejaba mucho de no encontrar novio, o de aislarse en su casa, en su mundo personal en una intimidad muy suya, de la que me avisaba no pensaba hablarme. 

Su “sacar la basura” comienza por entregar su saber de que su stress, trabajando a toda velocidad, sin tiempo, resulta de su evitación de los problemas que le conciernen, por sentirse invadida por el miedo y luego cuando ya no puede estirar más el tiempo es cuando ya no puede seguir escondida, sustrayéndose. Y pasa de golpe a producir mucho en un tiempo mínimo, en una impaciencia voraz, que le impide calcular los restos que va dejando por el camino, con lo que su producción es siempre chapucera y plagada de imprevistos. La misma disociación temporal, del más al menos y del menos al más,  la aplica a su cuerpo: vaguea en casa, comiendo a capricho, y de golpe se va al gimnasio a machacarse horas y horas. De niña, le excitaba mucho girar cada vez más deprisa alrededor de una mesa hasta alcanzar el vértigo. Y en contraposición, en su aislamiento en casa escribe, desde hace años,  relatos, escenas de historias que no logra terminar de un personaje de nombre masculino que encarna, dice,  “la persona que yo querría ser”. Su análisis da un giro cuando asocia a la angustia que la invade en forma de terror, otros juegos, estos en su adolescencia, los secretos juegos sexuales con un primo, y las amenazas ulteriores de éste de delatarla. Este sujeto, a diferencia del primer caso,  ha entrado en el tiempo de su inconsciente en el que la causa de su división sintomática asoma como causa sexual. Eso no sin resistencia, a la hora de de sacar a la luz el ser de goce que encierra en su fantasma,  del que ha pretendido  en vano valga como causa del deseo del Otro.  En su reiterado modo de decirme que prefiere callar al borde de decir algo de la  pasión que la habita, ¿no hace del tiempo suspendido la hora fija de la espera del Otro, desde la hora fija de lo  ignoto de su ser de goce?






2 comentaris:

  1. Recuerdo que en mi análisis obsequié a mi psicoanalista con una frase:
    El síntoma es la urgencia del deseo debida al desconocimiento del goce.
    Yo he nacido con la generación del goce, como muchos de nosotros, ya comenzó con la obsolescencia planificada y con la caída del Padre y de la familia tradicional pero yo estuve a caballo en un barrio tradicional y entrañable de mi ciudad de la familia tradicional y del discurso capitalista donde el sujeto pasa sin tener un supuesto sujeto saber a ser objeto de cambio, mercancía, y en este estar entre dos aguas es desde donde me acerco a esta ventana que es la consumación del discurso capitalista y la crisis actual, que como usted apunta asemeja a una paradojización del tiempo, un me falta tiempo para gozar de lo que no sé, que cada vez se acumula más en el sujeto que deviene objeto.

    Bueno, exactamente nunca he tenido la sensación de beberme el vaso de la vida con prisa como muchos de mis amigos, pero sí de un desconocimiento del goce que hacía que el deseo se desbocara sin rumbo ni sentido. Quizá somos los síntomas, las almas que salieron al calor del mayo del 68 y que siguen como una habitación llena de gasolina consumiéndose con una aceleración, una analgesización en la que ya vemos el fin del discurso capitalista.

    ¿Soluciones? Abrir el camino al deseo, lo que pasa es que ese hecho choca al llevarlo al éthos, a lo colectivo. Esta es la división de Occidente.

    ResponElimina
  2. Estimada Carmen
    Estos tiempos instantáneos en los que el sujeto se las arregla para llevar a cabo sus estructuras me ha dado un toque imaginario que le agradezco. Todos estamos pensando los tiempos del postmodernismo, personalmente con más sospecha que claridad. Curioso por cierto cómo en el decir de su callar ante el analista se abre el lugar del sujeto, claro, por eso del funcionamiento del significante, más ligado a su dinámica que a su efecto de significado.
    Un Saludo
    Luis S.

    ResponElimina