divendres, 1 de febrer de 2013

INCONSCIENTE Y REPETICIÓN EN FREUD Y LACAN


Marta Casero Alvarez

Trabajadora Social de Salud Mental y Psicoanalista en Gijón (Asturias)





A modo de introducción diré que Inconsciente y  repetición son dos de los cuatro conceptos que Lacan sitúa como fundamentales junto con transferencia y pulsión. Cuatro conceptos que dan título en el año 1964 a su Seminario XI. Para Lacan son fundamentales ante los desvaríos de los psicoanalistas de la I.P.A. (Asociación Psicoanalítica Internacional) quienes acababan de excluirlo como docente, la famosa “excomunión”. Lacan mismo es expulsado, como resto, como objeto @)  debido a las tesis que establece respecto a lo que debe de ser el psicoanálisis freudiano y que distan mucho de la asociación internacional.

Como efecto de este tropiezo, de esa falta -ya no puede ser docente en la I.P.A.- surge un nuevo deseo en Lacan, abandona la S.F.P. (Sociedad Francesa de Psicoanálisis), para crear, podríamos también decir: causar, su propia escuela: E.F.P. (École Freudienne de Paris). En este año 64, Lacan escribe el seminario XI haciendo una nueva relectura de Freud, dando más peso al registro de lo real. Y lo hace  situando la constitución del sujeto cartesiano y recordando a Arquímedes y Newton como si de alguna forma quisiera situar también al sujeto del inconsciente en estatuto de la ciencia. Pone las bases de lo que para él constituye el concepto de inconsciente.  Marca el lugar del sujeto y la función del inconsciente.

El concepto de inconsciente, es un concepto “en progreso”, en desarrollo, tanto para Freud como para Lacan. El inconsciente es una instancia psíquica que para Freud sería el lugar de las representaciones reprimidas. Para lacan en este periodo de su enseñanza “está estructurado como un lenguaje” y hasta ese momento, daba más peso al registro de lo simbólico. Homogenizaba  repetición  e inconsciente como cadena significante y en La carta robada de 1956 nos mostraba el poder determinante del orden simbólico,  pero, en el Seminario XI va a hacer una rectificación, matiza un poco más, separa la causa Umbegriff  y la ley de la determinación significante.

Es decir de una parte causación del sujeto del inconsciente a partir de un corte, una hiancia, un agujero, registro de lo real y de otra parte las leyes significantes (metáfora y metonimia) registro de lo simbólico.

Para situar la idea de inconsciente, por donde se revela la hiancia, utiliza el término alemán unbewusst: inconsciente y dice que el inconsciente es  Un- begriff . Un es uno en francés  y begriff  corte (en el sentido temporal: plazo, término, duración, periodo). Se refiere entonces al inconsciente como concepto, de corte, de falta, pulsación temporal. Aparece y desaparece.

Lacan va releer a Freud, en La interpretación de los sueños, allí, el campo de los sueños, en el ello, sitúa el lugar de su certeza. Ahí encuentra la causa del sujeto, de su causación. En ese lugar aparece  “lo no realizado”  y encuentra que es algo cercano a lo que Freud llamó el “ombligo del sueño”,un punto absolutamente inasequible, que pertenece al dominio de lo desconocido”“… Freud evoca el ombligo del sueño, relación abisal con lo más desconocido, lugar de la marca, de la huella, de una experiencia privilegiada, excepcional “donde un real es aprehendido más allá de toda mediación, imaginaria o simbólica”[1].

El seminario  XI , donde Lacan  sitúa el concepto de repetición, es contemporáneo del escrito “Posición del inconsciente”, seguimos en el año 1964, donde desarrolla también el concepto de inconsciente y que ese mismo año presenta en un congreso del Hospital de Bonneval (en la región de los castillos del Loire, a 100 km de Paris), ante toda la psiquiatría francesa a petición de Henri Ey.

El sujeto que surge con el nacimiento de la ciencia y cuyo origen  situamos en el cogito cartesiano, tuvo como efecto una respuesta nueva que es el psicoanálisis, que lo tomará como también como objeto de su estudio. Lacan pretende poner en su lugar al inconsciente freudiano a partir de la consideración de Inconsciente como efecto de la palabra sobre el sujeto

El inconsciente  como  sujeto  se constituye por la suma de los efectos del significante, como repetición, como emergencia de la transferencia —puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente—; y como pulsión, porque al otorgarle su estatuto pulsátil, homólogo al del inconsciente, hace equivaler de alguna manera el funcionamiento pulsátil del inconsciente y el de la pulsión. Y en cualquier caso entre todo ello existe una articulación y es lo que desarrolla en el seminario XI.

El sujeto es causado a partir del Otro, el otro como lugar de la palabra y nos remite a Freud quien lo ubica entre percepción y consciencia, entre carne y pellejo,  en el intervalo que los separa.


El sujeto  aparece por la palabra, a partir de una división donde surge el primer significante, como lo que representa un sujeto ante otro significante.
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La constitución del sujeto la desarrolla a través de los procesos de alienación – que da cuenta de la relación entre el sujeto S y el Otro A y que introduce la falta en ser- y  del proceso de separación donde el sujeto se propone como objeto para suturar la falta en el Otro. Todo ello lo desarrolla a partir de operaciones lógicas que se apoyan en la teoría de los conjuntos. El sujeto, se guarece bajo el significante S1, y ahí sucumbe (efecto letal del significante), para luego pasar al S2 o sujeto vivo, sujeto de la pulsión, de lo libidinal. Todo se juega entre los dos significantes del par ordenado S1-S2, el lugar de la lúnula de los círculos de Euler, lugar donde se ubica el objeto a, en los intersticios de la cadena.

 



Hasta que Freud conceptualizó el inconsciente el único concepto de sujeto que había era el de Descartes. Es el sujeto, que “es cuando piensa”. En cambio Freud separa “el que es”,  del “que piensa” y toma la duda como división, como indicador de que está ante el sujeto del inconsciente, otorgándole a la duda estatuto de síntoma. Busca un término que le oriente hacia el inconsciente y a diferencia de Descartes distingue bien el sujeto que duda, que se divide, a nivel de sus enunciados,  y el que piensa, como acto a nivel de la enunciación. 

O soy, o pienso, pero los  “pensamientos” de Freud no están en la conciencia, son representaciones significantes. Se pregunta donde localizarlas y las encuentra a partir de los sueños en las redes significantes, el sujeto está ahí “donde eso estaba” en el Ich (en el ello) en el campo lo real, el lugar al que pertenecen los dioses, el campo del sin sentido.

Ese lugar se haya entre percepción y conciencia, ahí donde vendrá a insertarse el Otro del lenguaje y en ese intervalo, entre ellos: entre la carne, organismo y el lugar del Otro, en los intersticios, podrá constituirse  el sujeto.

En el tejido de los sueños algo queda prendido, tejido como en una red que se repite, se entrecruza, que se superpone como marca, son las huellas mnémicas. (Vorstellung), o también "registros",  signo  de un intento de inscribir las experiencias no comprendidas" 

La percepción de una representación insoportable produce una "desestimación",  una censura de lo percibido por parte del yo, eso puede ser borrado y queda un "agujero"  (llamémoslo falta, tropiezo, hiancia causal) que podrá ser llenado por la alucinación de esa huella, huella catectizada  (es decir: signo más pulsión) y olvidada. Esto es lo estructural del inconsciente y aquí está el origen de “la cosa”, porque es lo que dinamiza toda la maquinaria, es lo que mueve al sujeto a seguir buscando y repitiendo sin cesar. Y a esa dinámica estructural  Lacan la llama también la subversión del sujeto.

El primer signo que se marca en esa hiancia sería una afirmación primordial en lo simbólico, que pasaría a ser aceptado, e inmediatamente reprimido (Verdrängung") es lo que llamamos represión originaria y abriría al sujeto el campo del inconsciente y de la neurosis,  o podría ser  rechazado Bejahung, quedando vacío,  cuando el símbolo, signo, no es admitido, “ no fue dejado ser" y tenemos la psicosis ; de ese modo situamos la causación del inconsciente, o bien  el rechazo del inconsciente.

Cómo eso se marca  a través de capas,  Freud lo explica ya en  la Carta 52 a Fliess, del 6 de diciembre de 1896, introduciendo la noción de estrato, una función operatoria con referencia a la estratificación de la memoria, que reposa sobre la presentación de series asociativas a lo largo de la cura, lo sitúa del siguiente modo:

W (P) [Wahrnehmungen = percepciones] a partir del soporte material [ en las neuronas] allí se generan o producen las percepciones a las que se anuda la consciencia, pero que en sí no conservan huella alguna de lo que sucede (des Geschehens). Es por que consciencia y memoria se excluyen entre sí. Es decir o hay huella del signo o hay recuerdo.

Wz (Ps) [Wahrnehmungszeichen = signos de percepción] es la primera escritura (Niederschriften) [registro o transcripción por escrito] de las percepciones, totalmente incapaz de llegar a ser consciente como tal y ordenada según una asociación [relación] por simultaneidad.

Ub (Ic) [Unbewusstsein = inconsciente] es una segunda escritura, ordenada según otras relaciones [asociaciones], tal vez causales. Las huellas-Incs. corresponderían quizá a recuerdos de conceptos, y serían también inaccesibles como tales a la consciencia.

Vb (Pc) [Vorbewusstsein = preconsciente) es la tercera reescritura (Umschrift), ligada a representaciones de palabra (Wortvorstellungen), y se corresponde con nuestro “yo” oficial (moi). Desde este Pc las investiduras devienen conscientes {Bw (Cc) [Bewusstsein = consciente]} de acuerdo con ciertas reglas, y precisamente esta consciencia-pensar [consciencia cognitiva] secundaria es de efecto retroactivo (nachträglich) en el orden del tiempo, probablemente anudada a la reanimación alucinatoria de representaciones de palabra, de tal manera que las neuronas-consciencia serían también neuronas-percepción y en sí carecerían de memoria[2].

Una experiencia libidinal de satisfacción no integrada (la podemos llamar pulsional) se marcaría en estratos y no cesa de intentar inscribirse dando lugar a los procesos llamados identidad de percepción e identidad de pensamiento.

La identidad de percepción se da en lo que Freud  designa en el capítulo VII de La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung, 1900) como el proceso primario, donde tiene lugar un ciframiento, se intentaría encontrar una percepción idéntica a la imagen del objeto,  resultante de la lª experiencia de satisfacción, satisfacción mítica, imposible. Es aquél que resulta de la vivencia satisfactoria en sí y no distingue entre lo alucinatorio y lo real. Está en función del principio de placer y mas allá. Aquí encontraríamos lo traumático, la escena primaria,

En la identidad de pensamiento que se designa como el proceso secundario, la identidad buscada es la de los pensamientos entre sí. Las funciones clásicamente descritas en psicología como el pensamiento de quien está despierto, la atención, el juicio, el razona miento, la acción controlada. En el proceso secundario, lo que se busca es la identidad de pensamiento: «El pensamiento debe interesarse en las vías de ligazón entre las representaciones, sin dejarse engañar por su intensidad». Desde este punto de vista, el proceso secundario constituye una modificación del proceso primario. Cumple una función reguladora, que se ha vuelto posible por la constitución del yo, cuyo principal papel consiste en inhibir el proceso primario. La oposición entre proceso primario y proceso secundario corresponde a los dos modos de circulación de la energía psíquica: energía libre y energía ligada. Asimismo guarda un paralelismo con la oposición entre principio de placer y principio de realidad.

Estas marcas, o huellas mnémicas para topologizarlas, para situarlas en el espacio psíquico, Freud construye su aparato óptico, es La traumdeutung óptica. Las alusiones explícitas de Freud a ese aparato óptico aparecen en los Trabajos sobre metapsicología (1915), en Más allá del principio del placer (1920), otras más implícitas en textos como El bloc maravilloso 1924, o La negación de 1925 y posteriormente en las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (1933) y en Esquema de psicoanálisis (1938).

Sobre  el funcionamiento del inconsciente, Freud nos  habla de la importancia de la función de retorno, Wiederkehr, retorno de lo reprimido en el neurótico, algo constituyente del inconsciente y que así asegura su certeza. Lacan dice que  es la represión que mueve el deseo de Freud desde el Nombre del Padre y esa función de retorno la descubre en los sueños y en las formaciones del inconsciente, que hacen retorno de lo real.

Valga como ejemplo el olvido de Freud del nombre del pintor de los frescos de Orvieto, frescos en torno a las historias sexuales de los musulmanes y el tema de la muerte, temas que el propio Freud también evita comentar con su acompañante en el viaje que estaba realizando.

Lacan dice que la repetición se apuntala sobre el significante  y sus leyes y por otro elemento denominado Trieb. Dice que Freud empieza a buscarlo  en 1914 Recuerdo repetición y elaboración  y va dando con ello en el capitulo V de Mas allá del principio del placer donde termina situando la pulsión en su doble vertiente de vida y de muerte.

En este texto Recuerdo repetición y elaboración explica que la rememoración, la hystorización  llega hasta cierto límite. Hasta que se llega a un pensamiento que se evita, se olvida. Ese límite es lo Real. Lo real que siempre vuelve al mismo lugar.

¿Qué es lo real? Para Freud es lo que nos encontramos en la roca de la castración. Para Lacan esta castración es algo estructural marcado por el lenguaje,  es “lo imposible de la no relación sexual” es el significado como imposible de escribir en el inconsciente de la ligazón entre los dos sexos. 

Real es uno de los registros del inconsciente donde situaríamos aquello de lo que nada sabemos, pero que nos domina y nos influye. Lo real es lo imposible de representar, de simbolizar, de contar y por tanto de pensar. 

Real es una de las caras del objeto a que está atrapado en el fantasma, objeto a vinculado a la diacronía de la repetición a “otro momento, a otro tiempo” del inconsciente.

Real es lo que no se pudo escribir, no es lo perdido que nunca se tuvo, sino algo mítico ligado a las primeras experiencias libidinales, a lo pulsional. Lo pulsional gira en torno al objeto míticamente perdido, introduciéndose así el ritmo de su repetición. Siendo un objeto perdido desde siempre, el propio circuito pulsional produce la pérdida de aquello que dirige su búsqueda de objeto.

Lacan explica que a partir de la rememoración,  lo real vuelve siempre al mismo lugar, al lugar donde el sujeto,  en tanto cogita, piensa, no lo encuentra allí donde piensa, sino que lo haya en el lugar en que evita y olvida.

Este sujeto solo se puede captar en acto, en presencia, no en ausencia, se refiere al texto de Freud, Dinámica de la transferencia, ya que es a partir de la transferencia que se capta la repetición y a partir de ese punto, donde aparece el silencio y se terminan las asociaciones, es desde donde el analista ha de tirar del hilo.

Nos recuerda que Freud lo descubre a partir de las neurosis traumáticas que se escapaban al  “Principio del placer” que era su visión del funcionamiento psíquico hasta entonces. El sujeto tenía que dividirse en varias instancias  para poder situar lo traumático. Se dio cuenta de que algo se resistía a entrar en ese Principio del placer  y que a través de la transferencia, ese algo es la resistencia, que hace surgir una defensa, mostrando la pulsión y la repetición en acto, acto en honor de algo. Un acto no es un comportamiento. "Un acto verdadero tiene siempre una parte de estructura, porque concierne a un real que no se da allí por descontado” [3]. La resistencia del sujeto se convierte en repetición en acto.

Para Lacan la resistencia es una fuerza inversamente proporcional a la distancia que nos separa del nódulo de lo reprimido, donde el sujeto rechaza aproximarse. La resistencia  aparece en la transferencia cuando “algo destruye, altera, suspende la continuación del trabajo analítico”.[4] Es ahí donde puede surgir lo real de la repetición. Freud la describe en Más allá del principio del placer, la encontró en las neurosis traumáticas, donde explicaba que  lo que estaba en juego era “una energía no ligada” que llevaba al sujeto a repetir ese recuerdo traumático una y otra vez.

 Situamos a continuación los orígenes  del concepto  de repetición en Freud,  a partir de su investigación sobre el funcionamiento del inconsciente con su correlato pulsional y la necesidad de articularlo a la repetición lo que posteriormente le  llevará a la pulsión de muerte.

Para Freud, al principio la repetición es el descubrimiento del inconsciente como memoria (Las reminiscencias de la histeria); En un segundo tiempo sitúa la repetición como descubrimiento del inconsciente en acto, que se opone a la rememoración en la transferencia y tercero momento, habla de la compulsión de repetición como descubrimiento de la dinámica de la pulsión. Los enuncio brevemente.

En 1895 en Proyecto de psicología para neurólogos, designa la repetición como el modo en que se manifiestan las huellas inscritas en el inconsciente. Encuentra la repetición en la clínica de la histeria, de la que dice”sufre de reminiscencias”; descubriendo que la repetición de los ataques histéricos es "repetición de una vivencia" (Manuscrito K, y Cartas  del 6 de diciembre a Fliess en 1896); después, en algunos actos sintomáticos, "y su fijación" (Manuscrito L, 1897).

Al inicio de su recorrido Freud piensa que el psicoanálisis podría, mediante el descubrimiento de lo reprimido, llevándolo a la conciencia, pensaba que podría cesar la repetición

 En 1896, en Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa, utiliza por primera vez la expresión «retorno de lo reprimido» (Wiederkehr des Verdrangten). Este artículo muestra bien qué lugar le atribuye Freud a la defensa (Abwehr) en la estructura de la repetición. En cierto modo, lo que él señala es que el fracaso de la defensa podría encararse como lo que abre el campo de la repetición bajo la forma de un retorno de los recuerdos reprimidos.

Ese fallo muestra el fracaso de la represión en su misión de mantener los pensamientos indeseables alejados de la conciencia. En cierto sentido, este fracaso es el elemento constitutivo de la represión, al punto de que, en cierto momento, Freud piensa finalmente la represión y  el retorno de lo reprimido como el mismo mecanismo.

En este texto, Freud es claro acerca de la imposibilidad de una repetición de lo mismo en ese movimiento de retorno de lo reprimido, hay la búsqueda de algo nuevo que tendría que aparecer y esto por un hecho de estructura del aparato psíquico. Hay que tratar de situar esta idea de Freud en los términos y los conceptos con los que contaba en ese momento. Siempre, necesariamente, hay una diferencia entre lo que se puede llamar la impresión mnémica “original” y el recuerdo ulterior de esa primera imagen.

 Ese recuerdo no puede ser la repetición fiel de la impresión recibida antes. Freud nos indica que los recuerdos revivificados no entran jamás en la conciencia sin ser modificados.  Aparecen en la conciencia como pregunta, uno se encuentra con algo olvidado que no quedó resuelto, que falta y que es algo con lo que uno tropieza, es la pregunta sobre el tropiezo y lógicamente  posterior a lo que quedó marcado y olvidado. De ahí parte lo que se repite, de ese real que no pudo entrar en la simbolización, en la significación.

El movimiento de repetición busca siempre las huellas de ese camino imposible. En el movimiento de retorno de lo reprimido hay una constante insistencia.  Hay un  doble aspecto en la compulsión de repetición, de una parte es la muestra del fracaso de la represión y al mismo tiempo se presenta como una medida de defensa ante ese fracaso.

Desde los primeros escritos psicoanalíticos de Freud encontramos el término, Wiederholung (repetición) y también el término Zwang (fuerza, empuje). Es en su texto de 1894 titulado Las neuropsicosis de defensa donde Freud emplea por primera vez la palabra Zwangsvorstellungen (representaciones compulsivas). En ese momento vemos ya bosquejada la idea de una repetición constitutiva del funcionamiento psíquico. Zwang indica el carácter de insistencia, de perseverancia, de necesidad.

La mayor parte de los textos sobre la repetición tienden a situar este concepto en la teoría psicoanalítica freudiana en 1914, fecha en la que Freud publicó Recordar, repetir y reelaborar. Ahí conecta la repetición a  las actuaciones del analizado bajo transferencia, pensando que esa sería la manera de hacer emerger los recuerdos inconscientes y así se curarían sus pacientes al hacerlos conscientes.

Freud sitúa la compulsión de repetición como descubrimiento de la dinámica de la pulsión en el inconsciente Esta idea ya la hace presente muy pronto desde sus experiencias del análisis de los neuróticos. Hay una primera emergencia del concepto  de pulsión en 1905, en las últimas líneas de sus Tres ensayos para una teoría sexual hablando de la sexualidad infantil, donde  postula la importante actividad sexual en el niño y sitúa las bases del aparato libidinal, (podemos leer pulsional) definiendo las fases de su desarrollo, marcadas por diferentes zonas erógenas.

La idea de una compulsión de repetición  Freud la establece, en 1920 en Más allá del principio de placer, el paciente se ve forzado a repetir lo reprimido como vivencia presente, en vez de recordarloDicha reproducción  está vinculada a las satisfacciones libidinales de la vida sexual infantil

Freud la encuentra en los juegos infantiles: el Fort-da, en los sueños de las neurosis traumáticas,  en la relación terapéutica negativa, está compulsión a la repetición que liga a la pulsión de muerte  la describe posteriormente en lo siniestro familiar, Unheimlich, en el texto de 1924  sobre El problema económico del masoquismo, en 1917 en Duelo y melancolía.

Lo  que se repite está en intima relación con lo que se marcó. Esa es la clave del fenómeno de la repetición. Las huellas de las primeras experiencias de satisfacción, e insatisfacción libidinal, en relación al otro, a su asistencia, o su desamparo, son huellas no sabidas, imposibles de  simbolizar y elaborar que se escapan al principio del placer, que no entran en la lógica libidinal. Freud ya vislumbró que en la insistencia de la repetición, había algo estructural, primario: revivir la primera vivencia de satisfacción, lograr la identidad de percepción entre (la marca, huella) del objeto deseado (objeto mítico y por tanto imposible) y lo hallado que nunca es lo esperado.

 La carga de satisfacción, o catexia libidinal, asociada sobre la percepción, implica que el sujeto del inconsciente es pervertido por completo ya que ese objeto solo puede retornar como alucinación, es una satisfacción mítica. Lo que puede recuperar un sujeto es sólo una huella, el símbolo de una vivencia irrecuperable como vivencia (el símbolo que demuestra no ser la Cosa).

La carga libidinal asociada a los primeros objetos de amor, es volcada luego en los objetos de la actualidad.  La búsqueda para volver a encontrar esta vivencia de satisfacción causa el deseo, pero a la vez, su hallazgo inscribe una pérdida, trae aparejada una decepción, lo que relanza una nueva búsqueda.

Lacan  aporta un giro conceptual que profundiza este abordaje, apuntado por Freud en Más allá del principio de placer. Lacan demuestra que la repetición queda sólo en intento, dado que verdaderamente, la repetición solo se puede dar como fallida, fallando en la posibilidad de recuperar esa vivencia de satisfacción completante, absoluta.

Es una paradoja: lo hallado no coincide con lo que causa, hay una desigualdad inaugural entre ambos. La hiancia que aparece aquí: la falta, el objeto perdido, la cosa misma, y el objeto reencontrado que nunca se acopla de manera adecuada a esta falta.

Esa hiancia, esa falta es el motor del deseo, es entonces deseo de objeto, pero también y esencialmente la hiancia existente entre la causa y ese objeto (deseado), entre lo que se quiere decir y lo dicho, pues al deseo subyace una incompatibilidad fundante con la palabra. Es por ello que el deseo solo se  puede captar en la metonimia, escondido entre las palabras.

Esta hiancia se produce por el hecho de ser seres hablantes, por entrar en el registro de lo simbólico, en ese pasaje, algo de lo real deja siempre al sujeto con una pérdida de vida en el cuerpo, una perdida respecto a lo real, que es imposible que pase a simbolizarse, ese trozo de carne que se pierde, que se desprende, ese hilito del ford-da entre el sujeto y el otro, eso es el objeto a con sus tres caras, en relación a los tres registros: amor, pulsión y deseo .

En el mismo movimiento de la repetición hay de una parte pulsión de vida, deseo y búsqueda de satisfacción,  es decir libido ligada y a la vez encuentro con lo real fallido y pulsión de muerte. Las dos pulsiones van siempre anudadas con más presencia de una que otra, pero siempre van juntas, pero eso Freud al principio no lo podía situar. Lacan dice que la rememoración de la huella es una necesidad de estructura, lo real siempre vuelve al mismo lugar y aparece como una reproducción, o presentificación en acto, un acto  que nos  acerca a un real.

La repetición es un fenómeno de estructura porque concierne a un real enigmático, a una experiencia cargada de  energía psíquica, o libido no ligada a lo simbólico. El sujeto solo puede acceder a ella dividiéndose (resistiéndose, defendiéndose).

Todo ello daría cuenta de un real no significantizado y por ello fuera de la significación. El final de un análisis, más allá de la hystorización,  nos conduciría a situarnos de otra manera frente a nuestro propio real y por tanto a modificar el goce que está en juego de la repetición.

Lacan va situando la repetición en  tres momentos  que se pueden identificar. El primero liga la repetición a la insistencia de la cadena significante, en esta etapa no distingue los conceptos de inconsciente y repetición. Es el tiempo del Seminario 2 (1954/55 ) El Yo en la teoría de Freud y en La técnica psicoanalítica donde plantea la  repetición como el retorno de los signos y del seminario  La carta robada 1956, donde muestra que los lugares que el sujeto puede ocupar están determinados por la cadena significante.

Un segundo momento sería el seminario XI, donde sitúa la repetición como  el encuentro fallido,  no haciendo tanto hincapié en la insistencia, sino en la presencia de una pérdida. Nombra la repetición como lo Real, lo que vuelve siempre al mismo lugar.  Hay posteriormente otro momento en el seminario XVII El reverso del psicoanálisis, años 69/70,  donde dice que la repetición es una necesidad de goce.

La repetición intenta capturar algo que siempre escapa, siempre falta: precisamente la causa estructural de la repetición misma; es decir, el significante no metaboliza todo el goce. La repetición es necesaria porque  no cesa de escribirse. Y lo que no cesa es que no se termina de escribir lo real, que es lo imposible: lo que no cesa de no escribirse.           (Una de las categorías de la lógica modal aristotélica respecto a la veracidad o falsedad de los enunciados y que Lacan sitúa en relación al goce, desarrollándolas en el seminario Les no-dupes errent).  La repetición está causada por lo que no se inscribe de la experiencia de lo real, por lo que falta y que no pasa al significante. 

En el inconsciente solo se inscribe lo Uno de lo fálico, lo otro, que sería la mujer, la muerte, el tiempo, no están inscritos en el inconsciente. Al no estar inscrita la mujer, es por ello que siempre hablamos de la imposibilidad de la relación sexual, eso faltará siempre por inscribir  y esa falta se muestra en todos los impases en el goce sexual, es diríamos,  esa falta de goce absoluto, completo o falta de unión, ese desencuentro entre los sexos que es una tyché y lo que desarrollamos a continuación.
La tyché es el encuentro imposible con el objeto (es el encuentro con lo imposible de real), implica el encuentro con la renuncia al goce, al que nos somete el hecho de hablar, esa pérdida  de vida por entrar en lo simbólico.

El automatón es la repetición de la cadena de significantes, su inercia, su insistencia en la identidad de percepción.  En el interior del automatón aparece la tiché. Lo vamos a ver  a continuación.

Lacan  dice que el análisis es una experiencia orientada hacia el hueso de lo real y se pregunta dónde encontrarlo, se responderá  que más allá del automatón,  diferenciando la insistencia de los signos, es decir lo que hay Mas allá del principio del placer en el automatón y que tiene que ver con la repetición,  de lo que llama el retorno de los signos que tiene que ver con la Werwerfung que traduce del alemán como forclusión y que se refiere al mecanismo de la psicosis (al rechazo de un significante fundamental, ausente en el universo simbólico del sujeto)

La repetición decimos, tiene su causa en lo real. Lo real hay que buscarlo más allá del fantasma porque el fantasma protege de lo real, lo apantalla, lo enmarca. En realidad el fantasma es una manera de tratar el trauma. Y el propio inconsciente es una defensa contra lo real, por eso el neurótico está algo más defendido en ese sentido que el psicótico.

La función de la Tyche (de lo real como encuentro), en tanto que es esencialmente, encuentro fallido, se presenta primero en la historia del psicoanálisis bajo una forma que ya basta por sí sola para despertar la atención, la del trauma.

El trauma es concebido como algo que ha de ser taponado por la homeostasis subjetivizante que orienta el funcionamiento definido por el principio de placer.

En el seno mismo de los procesos primarios, se conserva la insistencia del trauma en no dejarse olvidar. Reaparece. ¿Cómo puede el sueño, ser portador del deseo del sujeto y a la vez producir lo que hace surgir repetidamente al trauma .

¿Qué es el trauma? Freud en Análisis terminable y análisis interminable dice que el pasado, la historia del sujeto, solo adquiere importancia en la medida en que el síntoma contiene aún aquellas mociones instintivas que el Yo no ha podido integrar. Es decir lo inasimilable.

Para Lacan el pasado importa,  no por aquello que en la infancia sucedió,  sino  precisamente por lo que no pasó, lo que faltó, falló, es decir: se repite en la medida que se repite el fracaso en esa inscripción. El trauma sigue siendo traumático y actual en la medida “en que no para de no inscribirse” por eso el análisis  se ocupa de ello a través de la transferencia.

Lacan toma de la teoría de las cuatro causas de Aristóteles, las definiciones de azar y fortuna, para Aristóteles serían fenómenos producidos generalmente por alguna causa o finalidad.

En el capitulo cuatro del libro dos de La física, Aristóteles examina la suerte y la casualidad, el azar, para pensar qué lugar tienen entre las causas. Plantea  cuatro causas: 1 causa material de lo que algo está hecho, 2 causa formal como la forma o el modelo, la definición de esencia, 3 la causa eficiente como el principio primario de donde proviene el cambio y 4 la causa final, aquello para lo cual, algo es. Y Examina de qué manera la suerte y la casualidad se encuentran entre las causas

Lacan toma la suerte, la fortuna por Tyche y la casualidad, el azar por automatón. El azar es un fenómeno mucho más amplio e incluye la fortuna

La causa final para Aristóteles sería buscada por el pensamiento, o por la intencionalidad de la naturaleza, si bien distingue y opone finalidad y accidente. Lacan lo critica porque considera que la tyche y la fortuna no intervienen más que en el registro de los fenómenos en los que si hay opciones posibles, lo que no sucede en los fenómenos de la naturaleza o animales.

Critica a Aristóteles por no haber advertido que la tyche puede proceder de accidentes en el nivel de lo inanimado; ahí se situaría su tesis del escrito de “ La carta robada” donde la palabra determina al sujeto en su relación con el Otro, el sujeto entabla mediante la palabra una relación que determina su ser: “ tú eres mi mujer”  y donde el efecto de la letra prima sobre el ser, lo que se produce en el nivel libidinal, implicando al ser de goce y por tanto al deseo.

El Automaton sería la repetición que siempre encuentra lo mismo para quedar a resguardo de lo Real, sería lo que no cesa de inscribirse en el automatismo del lenguaje. Cuando se cortocircuita el automatón aparece la tyche.

La Tyche sería el encuentro con lo Real encuentro siempre fallido, pero con efectos, la tyche produce acontecimientos, es el encuentro con lo inasimilable del trauma. El trauma es la marca de un goce libidinal, real, con el que se encontró un sujeto. Lo real es lo imposible de escribir, razón por la que no cesa de no escribirse. En el corte, en esa irrupción en la cadena, de algo que aparece, no escrito,  pero que querría inscribirse y rellenar esa hiancia, por ahí, surge el mal encuentro con lo real del goce y hace surgir la repetición verdadera: Tyché.

Esos encuentros nos hacen concebir la realidad como en sufrimiento y en espera. La realidad está ahí sufriendo, está aguantada, a la espera. Y el Zwang, la compulsión, que Freud define por la Wiederholung, rige hasta los rodeos del proceso primario.

El proceso primario-que  Freud lo que  define  bajo la forma del inconsciente-, hemos de captarlo en esa experiencia de ruptura, entre percepción y consciencia, en ese lugar intemporal,  en otra localidad, otro espacio, otro escenario,  entre percepción y consciencia. En el proceso primario la energía psíquica fluye libremente, pasando sin trabas de una representación a otra según los mecanismos del desplazamiento y de la condensación; tiende a recatectizar o libidinizar las representaciones ligadas a las experiencias de satisfacción constitutivas del deseo (alucinación primitiva).

Lacan en el capítulo V del Seminario XI pone como ejemplo un sueño donde a partir de la percepción del ruido nos lleva a distinguir: lo real,  la otra escena,  la realidad psíquica inconsciente, de lo que es simplemente la realidad consciente actual. Es un sueño  en el que muestra el intento de recuperar el objeto amado: la perdida traumática de un hijo y la tiché del encuentro con lo imposible de tramitar de la muerte

La  experiencia analítica, trataría de  cernir cada vez más el agujero de lo real, a través de lo cual el analizante se encuentra que siempre hay un resto inasimilable  por lo simbólico, algo que es imposible de decir.

Por ello la interpretación no puede añadir sentido, tiene que estar del lado del corte, se trata de  provocar la Tyche en el acto analítico, permitir un encuentro que no sea repetición; por eso el buen manejo de la transferencia trabaja contra la repetición.
Lacan diferencia repetición de transferencia (la puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente).  La transferencia no se refiere a transferencia simbólica: suposición de un sujeto supuesto saber,  ni a la transferencia imaginaria: los afectos que surgen del paciente hacia el analista y la idealización de la que lo hace objeto.

Lo que se  repite  en la transferencia tiene que ver con lo real en juego, vinculado al goce, a la falta de saber, a la incompletud, al corte, al tropiezo, a la  tyché, el encuentro no esperado y a la presencia real del analista, presencia real porque el analista solo opera en presencia, no en ausencia “in efigie, in absentia” (ni por representación, ni por teléfono, ni por video-llamada). 

En la transferencia hay un acto donde se puede captar algo de la repetición: en el decir sobre lo traumático (ahí encontramos  la insistencia de los signos; en los significantes, en los sueños)  donde se ponen en evidencia los procesos primarios: lo pulsional y el deseo inconsciente del sujeto.

 Lacan en el Seminario XI analiza un sueño de Freud, La interpretación de los sueños (1900-1901) sueño en torno a un misterio angustioso, aquí hace  un  cuestionamiento del padre ideal. “Padre, ¿acaso no ves que ardo?”,  “Padre no ves”, ¿Qué es lo que no ve el padre?  Se pone al Padre en cuestión, hay un padre que falla.

Se pregunta Lacan ¿qué es lo que despierta? Lo que despierta al soñante es otra realidad, la del sueño “más real” incluso que la extraña realidad de lo que está pasando en la habitación contigua.

Tenemos un reproche del hijo y un remordimiento del padre, que en un primer plano es el haber dejado, junto a su hijo muerto, a un anciano que no está a la altura de la tarea y se queda dormido. Y en un segundo plano hay algo de su propia posición como padre, algo de su propia ubicación que falla en la estructura.  Un encuentro fallido se ha dado entre el sueño y el despertar. Se señala esa hiancia ente el sueño y el despertar, entre quien goza del sueño y quien solo soñó para no despertar. 

 Lacan, a diferencia de Freud, habla de los pecados del padre, de un padre que falla. Un Otro inconsistente, Otro que no existe..... aparece la cuestión de “el peso de los pecados del padre, de lo real del goce del Padre que es la difícil cuestión del Padre real a la que Lacan volverá en años posteriores. En el seminario XI dice literalmente que nadie puede decir qué es la muerte de un niño salvo el Padre en tanto Padre, es decir ningún ser consciente. Supongo que por eso dice Dios es inconsciente.  Porque goza como este padre  real que se duerme y  falla[5].                                                                             Cuando todos duermen una voz se ha dejado oír, una voz que prende fuego. Una frase en el reverso de la conciencia del soñante  y aquí menciona el
Vorstellungsrepräsentanz, que en lugar del representante representativo,  prefiere traducirlo como el “lugarteniente de la representación”.  Sería el intento de representación de lo real en el núcleo del asunto.

Lo real hay que buscarlo más allá del sueño, en lo que el sueño ha encubierto, tras la falta de representación, de la cual en él solo hay “lo que hace sus veces”: un lugarteniente de lo real, pero también de la pulsión, en el “ombligo del sueño”, en el límite entre lo somático y lo psíquico. Desde esa perspectiva el sueño es una máscara de lo real, una pesadilla atemporal.

 Este sueño mencionado, empalma con un real, lo imposible de decir de la muerte ya que no hay una inscripción de la muerte en el inconsciente. Surge la pulsión invocante de un hijo que pide sin conseguirlo que despierte el padre  y reclama una mirada, pulsión escópica que falló, faltó, del Padre “no ves”. Lacan hace una referencia a la repetición en el Fort-da,  como una exigencia de repetición y a la vez una búsqueda de algo nuevo. Para pensarlo como que algo, como un trocito del propio sujeto que se desprende, pero sin dejar de ser bien suyo (que nos recuerda a las operaciones de alineación, separación, lo que desarrollará a partir del capítulo XVI del seminario XI) Ese juego es la repetición de la partida de la madre como causa de una spaltung (división, escisión) en el sujeto.

Para Lacan la tyche toma el valor del encuentro con lo real, ese real que desvelaba a Freud, lo piensa como el clinamen de Epicúreo, la inclinación, la desviación que sorprende, en un momento y en un lugar determinado en que se produce el encuentro con lo real.

Para concluir: Hay dos tipos de repetición

 La que es necesaria: repetición de lo que ha sido simbolizado, de lo escrito (lo que no cesa de inscribirse/ el automatón , el inconsciente freudiano/ el retorno de lo reprimido (insistencia de los signos). Es la repetición simbólica que cuando falla, tropieza y se encuentra el agujero de lo real hace surgir la otra repetición

 La  de lo no simbolizado: tyché. La de lo imposible,  lo que no cesa de no inscribirse. El inconsciente lacaniano, la angustia automática y las formaciones del objeto a.  Esta es realmente la que interesa trabajar en el análisis.

Lo real de repetición se articula con los registros de lo imaginario y lo simbólico en el lugar del nudo donde se ubican los fenómenos del sentido y del amor  y se capta en el objeto del fantasma $a  y en el síntoma.



Bibliografía

Freud S. “La Interpretación de los Sueños” Cap, 7 O.C. Biblioteca nueva
Freud S. Carta 52 a Fliess, Los Orígenes del Psicoanálisis. O.C. Biblioteca nueva
Freud S. Análisis terminable y análisis interminable O.C. Biblioteca nueva
Freud S. De la historia de una neurosis infantil (El Hombre de los Lobos). Volumen XVII Amorrortu Editores

Lacan J. Seminario X1 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Edit.  Paidos. 1987
Lacan J. Seminario 1: Los Escritos Técnicos de Freud. Edit.  Paidos 1981

Soler C. la repetición en la experiencia analítica. Manantial 2004
Soler C. El seminario repetido. Letra Viva. 2012

El inconsciente y la repetición, sobre el Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis de J. Lacan.  Documentos de trabajo de ACCEP. Seminario del curso 2011/2002



                                                                        



[1] Lacan J. Seminario 2 “El yo en la teoría de Freud (1954-55)

[2] La consciencia, a diferencia de las teorías usuales de la época, sería según Freud un producto estructurado de percepciones internas, recuerdos y percepciones externas. El acceso a la consciencia es complejo y no inmediato desde la percepción. Esta última debe por así decirlo atravesar una barrera o cristal de refracción, al modo de la mediación que permite un aparato óptico en la percepción de las imágenes de la realidad.

[3] Seminario XI, Cap. IV pág. 58. E.Paidos
[4] Seminario I, Cap. IV, pág. 51. E. Paidos
[5] Lacan, J SemXI  Cap V. Pag 67.E. Paidos

2 comentaris:

  1. Estic convençut de que si algú pot aprofundir més si cap a la psicoanàlisi ha de ser una persona o ésser des del costat femení, jo quan estic al lloc de baró, solc fer-me un cledament de la meua realitat i prendre per vàlides les meues veritats, tot sabent que la veritat no és el més important del discurs sinó potser la intenció.
    Ha estat una gran lliçò i seguisc llegint...

    Vicent Adsuara i Rollan

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  2. I és que certament cal estar a un discurs en que la relació amb el saber provoque gaudi per a, això, saber.
    Reconec la meua ignorància després de 17 anys d'anàlisi.

    Una abraçada senyora Marta.

    Vicent Adsuara i Rollan

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