diumenge, 13 d’octubre de 2013

UN GRUPO LLAMADO DIGNIDAD

Autora: Daniela Aparicio
www.danielaaparicio.com

Presentado en la JORNADA del FORUM PSICOANALÍTIC BARCELONA:
Respostes des de la ciutadania i la psicoanálisis davant el desmantellament de l'estat del benestar. 
CaixaForum: Barcelona. 21 de setembre de 2013

Sinopsis: 
Efectos de los estragos actuales sobre un grupo concreto de personas: las que han perdido su trabajo y están en el paro con síntomas de maltrato, depresión, ansiedad y riesgo de vida. Este es el relato del recorrido de un Grupo y su trabajo que apunta a una rectificación subjetiva: no son objetos, sino sujetos. La dignidad de una persona no depende de sus ingresos o puesto de trabajo, es un derecho propio.

Introducción
Como hemos escuchado ya, asistimos al derrumbamiento, mutación,  o cambio de nuestro Sistema y eso no puede ser ajeno a nuestro quehacer como psicoanalistas y como ciudadanos. Todo el mundo sabe que ésta no es una declaración banal y que hace años que asistimos, sin percatarnos del todo, sin querer saber, lo que ahora ya es incuestionable.
Quería hablarles hoy del efecto de esos cambios  sobre un grupo concreto de personas: las que han perdido su trabajo y están en el paro. Hace un tiempo ya  que me he comprometido con ello y hace poco que he empezado una experiencia en Grupo con personas en el paro. Deseaba poder transmitirla hoy, dentro de las cuestiones y Malestares  que nos ocupan en esta Jornada.
De hecho,  les voy a hablar de una pesadilla, la que no permite seguir durmiendo; toca despertar.
Para no entrar en la repetición de lo que se ha dicho ya mejor, y  sobradamente, acerca del capitalismo y de la ciencia, sólo quiero  subrayar que hay un  Malestar  profundo que  corroe los esquemas establecidos y nos obliga  a una reflexión acelerada, muy rápida,  para re-situarnos en el tiempo que nos ha tocado vivir.
El sujeto se constituye en el campo del Otro. Los accidentes de este recorrido dan cuenta de eso en la estructura. Campo social.
¿Quién es el Otro hoy y cuáles son sus efectos sobre el sujeto y sobre el lazo social que promueve?
En la clínica, muchos hablan del Otro que no existe, cuya indiferencia constatan cada día. Otros hablan de un deseo de muerte que les llega del Otro, y a veces pasan al acto; el índice de suicidios ha aumentado. En 2011, las estadísticas hablan de un aumento del 12%, aunque sabemos que los que se tiran al tren, o al metro, se llaman “precipitados” y que muchos intentos pasan bajo el rótulo de “contingencias”. El suicidio no existe,  la negación reina por doquier.
El discurso social es indisociable de las nuevas posiciones subjetivas y de las nuevas formas del síntoma,  o sea, del sufrimiento actual. Es a partir de esta premisa que intento desarrollar mi reflexión, basada en testimonios de la clínica.
Sin embargo, no todo es clínica, y desde el psicoanálisis se hace difícil encontrar otro significante que defina el lugar del analista en su quehacer cuando no dirige una cura. Tal vez este sea un reto nuevo para la identidad del analista.

La experiencia grupal: testimonios
Hace un año aproximadamente, nos hemos agrupado unos analistas para intentar dar una respuesta al sufrimiento subjetivo que produce el paro, todo el mundo conoce las cifras.
Este estrago de personas en el desamparo —este es el nombre de la enfermedad: DESAMPARO— da cuenta de de las transformaciones del lazo social y de sus fracturas.
Les leo un fragmento de la carta que ofertaba nuestra propuesta de trabajo en Grupo: Proponemos grupos de trabajo con personas en el paro. Para que no olviden que los son, personas, y para que sepan también que no las olvidamos. Para que recuerden que su dignidad no depende de sus ingresos y para que puedan recuperar su lugar en el mundo, que es suyo e inalienable.
Nuestra atención grupal, o individual, se dirige a las personas que padecen su condición de paro laboral con síntomas de maltrato, depresión, ansiedad, o riesgo de vida, para que formulen su demanda y puedan hablar y ser escuchados.
Los Grupos estarán formados por unas 10 personas, aproximadamente y tendrán una duración de dos meses cada uno, con una sesión semanal. Al finalizar este período, estudiaremos cada situación, caso por caso, para analizar y calibrar los efectos de nuestro trabajo. Creemos en la finalidad de nuestro proyecto, cuyo beneficio es, entre otros, ofrecer una ayuda que reduzca el sufrimiento subjetivo y permita a cada persona la construcción de recursos propios para re-situarse mejor en el mundo que le ha tocado vivir.
He tenido que acortar mi trabajo que incluía algunas entrevistas con los integrantes del Grupo. Les doy sólo unas pinceladas mínimas. Además, debo dejar muy claro que nuestra ética profesional nos obliga a respetar la privacidad de cada persona. No hay nada en el texto que pueda delatar a nadie.
 A., 37 años, profesora: “cortan la plantilla y me cortan a mi”. Más de dos años en el paro. Hace tiempo que se siente incapaz, lo ha probado todo, “no sirvo,  no sirvo” —retorna esta queja.
B.,  36 años, ha estudiado Psicología y trabajado en el  campo social. Está muy desorientada. Se deshacen de ella aprovechando su baja. La despiden sin darle explicaciones. La deshumanización del trato tiene como efecto el empuje al objeto. No sabe por dónde tirar.
C., 50 años, más de dos años en el paro, es  administrativa. Estuvo, antes del despido, ocho meses de baja por depresión. No quiere la invalidez,  desea trabajar, insiste mucho en eso, necesita trabajar.
“Me falta voluntad, estoy en un círculo vicioso y no me contento con nada”, dice. La culpa en esos casos es un efecto del Superyó, pero también subjetiviza. Ella se hace responsable de su malestar.
D., 38 años, psicóloga, trabaja en recursos humanos haciendo suplencias, pero siempre son trabajos precarios. “Toda mi vida en crisis, no tengo ningún apoyo, ni social, ni económico, ni afectivo”. En dos semanas se le termina el paro y está muy ansiosa. “Sin salida”, repite eso. No puede consigo misma, se siente agotada, con el sentimiento de que haga lo que haga, no hay salida, no hay futuro.
E., 50 años, dos años en el paro. “No me llama nadie”, cree que no existe para los demás.
F., 55 años,  más de dos años en el paro. Tenía una buena posición y lo ha perdido todo.  Todo son pérdidas. No cree que eso –el Grupo- le pueda ayudar, desconfía de todo.
G., 58 años.  Más de dos años en el paro, se siente “un inútil integral”… pero no se puede quejar.
Voy a contarles, muy brevemente, las dos primeras sesiones del Grupo.

Primera sesión
(Apunto sólo lo que considero más  relevante.)
“No me fío de nadie”, dice E. Se dirige a mí y a las colaboradoras (psicoanalistas) preguntando quiénes somos y qué queremos, qué vamos a hacer con  los datos que recogemos. La desconfianza despunta como el primer momento de la transferencia. Temen ser utilizados nuevamente,  así se sienten. Intervengo para afirmar que el objetivo primordial de este Grupo es ayudarles a ellos.
Luego, se van desplegando los relatos personales centrados en la condición o identidad de “parados”, para explicarlo cada uno a su manera, explicar su historia particular. De entrada, se marcan las diferencias, no hay identidad monolítica. Se sienten perdidos y desorientados, no existen para el Otro político que las maltrata. Se topan con esta pared una y otra vez,  y sólo logran constatar su inexistencia y encajar los golpes. “Nadie te quiere”. Están “fuera”, son “extranjeras en su propio país”.
Se sienten presionados para encajar en una identidad de trabajador que el mundo les niega. Aparecen los clichés de lo que hay que ser o hacer, tener pareja, tener hijos, tener trabajo… o no tener nada.
Poder ser, éste sería un objetivo, conservar su dignidad, no identificarse con el desecho del Otro. Son cosas que trabajamos,  sin olvidar, que para ser hay que tener unos ingresos mínimos, también.
Y a la vez que se esbozan los rasgos personales, aparece  la realidad de una sociedad en vías de mutación radical; nada es lo que era. Hablan de los chinos y otros que invaden el mercado de trabajo, de las empresas que se vienen abajo, de un maltrato que aumenta. Sus estudios —varias licenciaturas, Másters— no sirven para nada: “ni para vender bragas”. La formación y la compulsión para formarse, de la cual participan con esperanza, es una estafa, las engañan con una formación -cursos y cursillos- que nunca da la talla; siempre falta algo. Ellos están en falta.
C. expresa su profundo desamparo y necesidad de ayuda, tendrá que pedir ayuda (comida) a Cáritas. Tiene una ayuda -de invalidez, invalidante- que no le alcanza para vivir. En suma, se sienten un desecho del Otro indiferente, para el cual no existen y cuyo deseo de muerte se hace notar —ellos molestan—.
Desde las altas esferas políticas no hay una palabra orientadora o esperanzadora que apunte a un límite para el sufrimiento, una fecha, un año, para seguir aguantando. No hay proyecto.
Y sin embargo, son personas creativas, activas, nada pasivas en su lucha y búsqueda. Algunas son capaces de buscarse la vida a diario, encontrar recursos varios, conocer todo lo que se mueve todavía en un mercado agónico y compartirlo entre ellos, en el Grupo.  Se pone de manifiesto una generosidad solidaria. Este es uno de los efectos del Grupo y quizás el único beneficio que nos puede deparar la crisis: reconstruir nuestros vínculos. Ante la egolatría y la indiferencia  dominante re-hacer  el lazo social.
En la primera sesión  deciden “hacer Xarxa” —hacer Red—,  compartir sus e-mails.

Segunda sesión 
La comunicación es fluida y espontánea, a pesar del ingreso de tres personas nuevas. D.  dice: “me han jubilado después de 24 años diciendo que mi rendimiento no era el adecuado”. Había días que trabajaba 12 horas, con mucha entrega. Expresa un sentimiento de inutilidad, a veces de culpabilidad. Cómo cargar, o subjetivar lo que no es del sujeto, cómo subjetivar el maltrato del Otro. Esta es una cuestión importante de nuestra Historia, desde el Holocausto en adelante.
G., comenta que se siente “un inútil integral”. No se reconoce, su imagen también ha cambiado, la dejadez se instala  a veces lentamente. “Me han expulsado de este mundo”, dice A. B. cuenta que fue a una manifestación de la enseñanza y no se sentía digna ni para manifestarse, no sabía si tenía permiso para ponerse la camiseta amarilla de profesora. Aparece la palabra DIGNIDAD, el contrapunto de la indignidad que padecen.
Las intervenciones giran en torno a la caída de las identidades y de las pérdidas y si éstas se pueden asumir. G. pregunta “Y ahora ¿quién soy?”
Si la identidad “trabajador” cae, queda la persona, trabajamos en este sentido. Aparece la posibilidad de otras identidades, la de “persona valiosa”, cada cual con su estilo,  aunque no tenga trabajo fijo.
Aparecen rasgos de humor,  a veces cínico, respuestas a demandas de trabajo, el humor, aunque sea negro, a menudo cunde.
H., dice que ha trabajado media vida en la moda, ahora ya no la quieren, su experiencia es muy  valiosa. En la moda, ahora, quieren a niñas de 19 años, o menos, con  1,90 m, delgadas y que hablen ruso… y chino. Este es retrato robot y el mandato del Otro.
“Nos han eliminado en la Reforma Laboral”. “Nos han ELIMINADO”, eso resuena fuerte. ¿Será este un exterminio actual? Se instala una verdad y un duelo: nunca más vamos a tener un trabajo. C. con 50 años, dice: “me quedan diecisiete para la jubilación, ¿qué voy a hacer?”.
D., habla de sentimientos de cabreo y rabia radical, está muy enfadada con lo que ocurre. ¿Cómo, si no? Está luchando y buscándose la vida. Se queda con la frase de una amiga: “es mejor el cabreo que el desespero”.
E. dice que ella ha sido una “tonta”, siempre fiel y leal, pagando sus impuestos religiosamente, se siente estafada.
La ética ha cambiado, hoy impera la del corrupto, ladrón, o perverso. ¿Será esa nuestra nueva ética?
Hay una “pataleta” general contra un Sistema que se ha burlado de ellos, los ha exprimido y luego eliminado. Por momentos, asoma el fantasma del “superviviente”, o de la muerte.
El Amo se burla de sus esclavos —aquellos que han edificado su Imperio— y ahora los elimina como inútiles. Intervengo para insistir en lo mismo: tú no eres el objeto desechado del Otro, tú eres un sujeto digno, con derecho a la dignidad, y capaz de re-situarse en el mundo.
Aparecen las posibilidades de luchar con valor, relatos de allegados que se recuperan con nuevas iniciativas. Algunos se salen con la suya y lo llaman SUPERACION. Se suma otra palabra a nuestro decálogo. Asoma la posibilidad de abrir otro camino,  abrir nuevas vías para un mundo  más solidario, un mundo en transformación.
 Se habla también de una Revolución social, un cambio radical que pueda detener el malestar de los ciudadanos. Se constata el ocaso del Bienestar Social.
Asoman algunas empresas y personas solidarias que trabajan para el BIEN COMÚN —otro giro hacia un vínculo nuevo.
L., comenta: “ahora me siento más persona”.  Damos por terminada la sesión.

Alguna conclusión de un recorrido
El paro no es un síntoma, es un lastre social, el sujeto lo  padece, como el maltrato, como un trauma, cada uno a su manera.
Para nosotros, ofrecer alguna respuesta a esta plaga es un gran reto, ya que no se  trata de una cura tipo.
¿Cómo responder a una demanda legítima sin satisfacerla? El mandato del capitalismo, de nuestro sistema, es el de TRABAJA Y CONSUME. ¿Qué puede sostener ahora un sujeto cuya identidad social se ha venido abajo? ¿Cómo renovar los vínculos  con el Otro social y cambiar los valores en juego? Eso, sin duda, es un reto.
Me encuentro, como han podido escuchar, con personas abrumadas por una inseguridad radical, con sentimientos de desamparo, soledad, exclusión, indignidad, vergüenza, depresión, duelo, o melancolía,  y un largo etcétera. Es curioso, pero las palabras no pueden transmitir todo  lo real del sufrimiento.
Es por ello que, desde un principio, las expectativas eran interrogantes.
Nos habíamos marcado unos objetivos  generales que podrían resumirse de esta forma:
-Escuchar el sufrimiento subjetivo, digno de  respeto, atención y apoyo: hablar de lo que duele y avergüenza reduce sufrimiento y permite salir de un silencio que mortifica y aisla.
-Potenciar  los recursos personales de cada uno para “buscarse la vida”, que no solamente consiste en buscarse un trabajo, la vida es mas importante que el trabajo.
-Desmontar las identidades monolíticas del “trabajador-consumidor-consumido”  y  ayudarles a abrir nuevas dimensiones de su vida que van surgiendo.
-Intentar un cambio de valores que apunta a poner las cosas  en su sitio; lo que llamamos una rectificación subjetiva: no son objetos, sino sujetos. La dignidad de una persona no depende de sus ingresos o puesto de trabajo, es un derecho propio. Se trataba de abandonar la identidad de víctima,  o de desecho  del maltrato ajeno, para ocupar su lugar de sujeto digno en el mundo.
-Y asimismo, en lo posible,  recuperar el sentimiento de pertenencia social y los vínculos  de confianza y solidaridad con el Otro, que no siempre es cruel o manipulador, ver a la familia,  los amigos, acudir a las asociaciones.  Rescatar el lazo social.
-Finalmente, sufrir menos, encontrar nuevas vías de vida que puedan restaurar el deseo de cada sujeto y ayudarle a reinstalarse en el mundo, con o sin trabajo. Creo que este es nuestro cometido como analistas.

En suma, podríamos decir que se trata de reinstaurar(reconquistar lo humano) la entidad de un humano en falta. No buscamos el Ideal actual, o el ario, del hombre perfecto e infalible, este ha masacrado al hombre. Por eso sabemos que el abuso de la autoestima es mortífero, ya que sostiene un ideal imposible. Admitir la impotencia y cierto caos natural del humano, sería un modo de reducir el Ideal de prepotencia que ha esclavizado y masacrado  generaciones, para convertirlas en la masa homogénea del Capitalismo.

Mientras estaba pensando en este encuentro,  me acorde de un sueño que en su día me había impactado enormemente. El soñador es Primo Levi y es un sueño del Lager, del Campo de Concentración, donde, como todos sabéis, el principal objetivo del nazismo era el de aniquilar al hombre, degradarlo sistemáticamente. Lo encontramos en Si esto es un hombre, un testimonio ético de la experiencia. El sueño de Levi trata de la imposibilidad de hacerse oír, de gritar en el desierto porque el otro no escucha. Levi sueña que ha vuelto a su casa y habla rodeado de sus personas queridas. De repente se percata que nadie le hace caso. Para Levi,  el horror no es el mismo Campo, sino el horror de no ser escuchado; su inexistencia para el Otro. El Otro interlocutor es sordo o no quiere saber nada.
Este sentimiento, que refleja este sueño paradigmático, estaba muy presente en el comienzo del Grupo. Ahora ellos saben que son escuchados y también se escuchan entre ellos.

Breve epilogo 
El trabajo en grupo no ha sido nunca muy popular en nuestro ámbito psicoanalítico, existía el prejuicio de que el grupo promueve lo imaginario de las identificaciones. Nosotros sabemos que, tanto individualmente como en grupo, trabajamos con la función simbólica.
J. Lacan, en La psiquiatría inglesa y la guerra, rehabilita a Bion, que trabajaba con grupos de soldados que regresaban del frente,  tras la Segunda Guerra Mundial. Bion, inventa su experiencia de grupos, al considerar las dificultades que supone para una multitud de hombres el tener acceso a una terapia individual. Lacan elogia su creatividad y renovación como herramientas del Psicoanálisis aplicado -de eso se trata- y afirma que dejarán una huella en la Historia. Bion supo transformar, como  recuerda Lacan, una dificultad en una oportunidad, en una invención.
Ahora la dificultad es nuestra, nuestra guerra ¿qué hacemos con ella?
Quizás algunos de ustedes, espero que pocos, se preguntarán: ¿qué tiene eso que ver con el Psicoanálisis? Personalmente, no creo en un psicoanálisis “ortodoxo”, este es un prejuicio poco analítico. Cada persona y cada situación nos plantean un reto renovado que no tiene una respuesta estereotipada.
Ahora bien, navegar en un ámbito desconocido tiene sus dificultades y responsabilidades para el analista acostumbrado a la protección de su consulta. Pero a la vez,  es una gran  oportunidad de sostener el lazo social del psicoanálisis y de seguir investigando.
Pienso que un analista no puede retroceder ante el sufrimiento de su tiempo. Y me identifico con esas palabras: decidí dejarme contagiar por lo inédito y por lo no-conocido. Tenía de mi parte la determinación de mi deseo. He sentido una profunda solidaridad y no hice oído sordo a un sufrimiento que hace años está devastando a muchos, demasiados, que han perdido el rumbo de su vida en esta debacle y que son nuestros hermanos, que gritan como en el sueño de Freud: “Padre, no ves que estoy ardiendo”.

Una breve cita, alentadora, para concluir: “En estos momentos, da la impresión de que a nuestro planeta le aguarda una serie de catástrofes sin precedente y no el tipo de transformaciones morales y políticas que abrirían el camino hacia un mundo distinto. Pero la única posibilidad que nos queda para evitar tales catástrofes es cambiar nuestra manera acostumbrada de pensar. Si algo han evidenciado los eventos del 2011, es que la era de las revoluciones no ha acabado ni mucho menos. La imaginación humana se niega obstinadamente a morir. Y la historia nos demuestra que, cuando una cantidad significativa de personas se libera simultáneamente de las ataduras impuestas sobre su imaginación colectiva, hasta nuestros supuestos más inculcados sobre qué es y qué no es políticamente posible pueden derrumbarse de la noche a la mañana.”
Este artículo es un fragmento de The Democracy Project: A History, a Crisis, a Movement, de David Graeber.






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