dijous, 5 de desembre de 2013

¿Qué política para la cura?

Presentación Cárteles- EPFCL, Barcelona 5 Octubre 2013
Vanessa Núñez: vanessanunez@gmail.com


Cuando los compañeros cartelistas me propusieron trabajar sobre la articulación de la práctica clínica del caso por caso con lo social, me pareció lógico intentar abordar  algunas cuestiones específicas a la práctica con niños inmigrantes de origen chino que  atendía en el marco de un dispositivo social. Hace cinco años que colaboro con una ONG local, tratando a niños y adolescentes chinos escolarizados en Barcelona que presentan algún tipo de trastorno afectivo o conductual.  Para ello he ideado una propuesta de tratamiento que planteo en un periodo inicial de tres meses, en los que adapto el dispositivo a las limitaciones sociales, logísticas y económicas de  esas familias, y en los que a menudo me desplazo a los centros escolares en coordinación con profesores o instituciones pedagógicas. En el cártel me interesaba poder profundizar, por un lado en algo de mi deseo con respecto al sujeto infantil y el enfoque particular del dispositivo creado, y por otro en algunas cuestiones  de la clínica que se ponían especialmente a prueba debido  a las limitaciones de tiempo, comunicación, diferencias culturales e interlocución con las  instituciones. El funcionamiento del cártel se desarrolló de manera que además del trabajo individual, en el que cada uno fue presentando y discutiendo casos clínicos, dedicamos algunas sesiones para abordar cuestiones comunes alrededor de la transmisión de la clínica y el caso, la propia lógica del cártel y cómo articular la producción de un saber colectivo con el individual.
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 Volviendo a lo que fue mi trabajo personal, utilicé el trabajo de dos analistas franceses como referencia textual.  El primero fue un libro de Guy Dana titulado Quelle politique pour la folie? Le suspense de Freud (Ed. Stock, Paris 210), donde el autor defiende la idea de que en la clínica de la psicosis se encuentran las claves de una clínica de la modernidad y una alternativa política al tratamiento de lo colectivo.  ­­­­­Este trabajo me sirvió para elaborar una reflexión sobre la clínica vertebrada alrededor de nociones como la hospitalidad, la contingencia, la suspensión (“le suspense” en francés, con su doble sentido) , el intervalo, el saber laico, y un reajuste del dispositivo analítico teniendo en cuenta lo social. Su enfoque me resultó muy adecuado para el trabajo transcultural, donde se plantean a menudo los límites de la traducción , y surge en cambio,  usando el neologismo de Lacan, la necesidad de la INTRADUCCIÓN . También para el trabajo  con niños, donde la plasticidad de los síntomas pide ser más cauto con el diagnóstico, por ejemplo, y el suspense o suspensión se hacen más necesarios, si cabe. El segundo texto  fue un libro titulado L’infantyle dans la psychanalyse, La construction du symptôme chez l’enfant, de Robert Lévy (Ed. Eres, Toulousse 2008).  Plantea la tesis de que el conflicto psíquico infantil -que el autor sitúa en la etapa previa a la entrada en el  Edipo- no es el resultado de una sexualidad a reprimir por ser contraria a la ley, sino que al contrario, es la ley la que hará de mediadora y artífice y la que permitirá que el sujeto encuentre en el orden simbólico el modo de estructurar y alojar su sexualidad en tanto que deseo. Como lo que provoca el síntoma es la falta de simbolización causada por no haber conseguido todavía la  represión, el trabajo del analista estriba en acompañar al niño y facilitar la adquisición  de las capacidades de metáfora  y metonimia  que supone todo uso del lenguaje y pensamiento. Pensar, dice Lévy, es excluir. La condición del pensamiento es la represión. Las cuestiones educativas son abordadas entonces en función de la evaluación de las capacidades del niño para poder metaforizar su dependencia pulsional. La cuestión del dibujo y su interpretación  dependerá según el niño haya o no adquirido esta capacidad. Este enfoque permite una diferenciación de los síntomas del niño en función de su construcción anterior o posterior a la represión y también permite pensar la complejidad de las operaciones de exclusión que operan de manera diferente en cada sujeto.
Lo cierto es que esas dos elecciones textuales, aparentemente inconexas en un inicio, vinieron a revelar al final del cártel  una respuesta que yo había ido elaborando a una pregunta específica sobre el manejo de la transferencia y sobre cuál es la relación que existe entre el trabajo con sujetos psicóticos y el trabajo con niños. Señalando, además, un punto claro de mi deseo y lugar en la cura. Entre los aspectos  relativos a la clínica que se abrocharon, yo señalaría:
·         La función de la letra o escritura en la constitución del sujeto, como una de esas operaciones de exclusión o renuncia al mundo pulsional del fonema o lalangue
·         La relación entre dibujo y escritura, alfabetización y fonema – gracias al trabajo con sujetos con escritura ideográfica
·         Un cierto manejo de la transferencia, sobre el que ya había trabajado a través de otros autores, y que se hace recurrente en mis investigaciones, centrado en el abordaje de la experiencia de lo impensable, lo traumático o real en la cura. Y siendo ahí donde se encontrarían la clínica de la psicosis y los niños: lo impensable  no es entonces registro exclusivo del psicótico, sino también por ejemplo  del niño, o  del propio síndrome post traumático. Esta concepción da lugar en la cura a la creación de un espacio ficcional, de repetición,  “espacio entre dos” ,  (como llaman autores como Françoise Davoine, o el propio Guy Dana), que opera gracias al manejo de la transferencia y a un modo especial de prestarse del analista, a un tipo particular de intercambio e intervención cercana a la del maestro zen, y a lo que autores como Gaetano Benedetti han llamado “sujeto transicional”.
·         Este punto se abre asimismo sobre la cuestión del vacío y la página en blanco, definida como una de las funciones del propio analista

El cártel me sirvió además para revelar cuestiones  subjetivas que sin duda no hubieran podido surgir en otros espacios de formación o investigación más convencionales.  El efecto de la escucha en el propio trabajo, tanto la propia como la de los cartelistas, y sobre todo, el efecto que tiene la búsqueda de un modo muy específico de transmisión, en la que algo más allá del contenido del discurso es transmitido, en la que se tiene en cuenta el inconsciente y los límites de lo intransmisible. Como dice Georges Didi Hubermann, se trataría de un modo de transmisión que incluyera y dejara al inconsciente su rol en la constitución del saber.  En incluir el no saber que circunscribe todo saber en estos modos de transmisión.

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