dissabte, 12 d’abril de 2014

CONEXIONES ENTRE EL PSICOANÁLISIS Y LA QUÍMICA

CONEXIONES ENTRE EL PSICOANÁLISIS Y LA QUÍMICA
Autor: Víctor Hernández Bonilla
Director de CENTRO REPSI – Refuerzo escolar/académico y Psicología (www.centrorepsi.blogspot.com.es)

La química, en general, nos habla de distintos tipos de átomos y moléculas existentes en “la naturaleza”. Los átomos se agrupan en moléculas y éstas entre ellas y otras, a través de distintos tipos de enlaces (iónicos, covalentes o metálicos, fundamentalmente).
Las personas también nos enlazamos “libidinalmente” o “energéticamente” unas a otras, en interacciones de distinto tipo: pueden ser relaciones más bien “iónicas” (muy fuertes), “covalentes” (fuertes) o “metálicas” (simbióticas o psicóticas, en las cuales no hay posibilidad ni de transformación ni de movimiento).
A mi modo de ver, se puede establecer un paralelismo, además, entre las uniones moleculares y la unión que existe entre el analista y el analizante. Esta unión no se puede medir en términos “cuantificables” (tal y como ocurre en la química), aunque sí produce, al igual que en la química, energía: una energía circulante, no estática. De alguna manera, entre el analista y el analizante circula energía psíquica, inconsciente, constantemente.
Carl Gustav Jung, psiquiatra y psicoanalista suizo, dice que la relación entre el psicoanalista y el paciente se asemeja a la que existe entre dos cuerpos químicos: el encuentro entre dos personalidades es como la mezcla de dos cuerpos químicos: si tiene lugar la combinación, ambos se transforman: “cuando dos cuerpos químicos se combinan, ambos quedan alterados. Lo mismo sucede en la transferencia” (Jung, 2006, p. 166).
Es precisamente la capacidad de transformación la base del tratamiento psicoanalítico: permitir que el otro se transforme y permitirse a uno mismo transformarse en el proceso (tarea no exenta de riesgos). Tras un proceso psicoanalítico, hay un “antes” y un “después” tanto para el paciente como para el psicoanalista.
Pero para que se dé un auténtico proceso de transformación en Psicoanálisis (en el analista y en el analizante), son necesarias unas ciertas condiciones (al igual que en la química dos sustancias no pueden reaccionar y dar lugar a otras, si no hay ciertas condiciones, tales como la temperatura, presión, cantidad…): capacidad ética, escucha, dejar/se transformar, mínimos prejuicios, honestidad, integridad…
Quizás sea el concepto de transformación el que mejor de cuenta, según mi criterio, de la naturaleza del proceso psicoanalítico y el que más se aproxime al de curación. Es decir, la curación implica una transformación de la personalidad (global), una reestructuración…, al igual que en la naturaleza lo que hay continuamente son transformaciones y desplazamientos de energía de un lugar a otro. Esto conecta con la idea del filósofo Heráclito de que “todo cambia y nada permanece”; es decir, no hay nada estático, todo es dinámico (hay estados, pero transitorios).
Personalmente, valoro diversas perspectivas psicoanalíticas: freudiana, lacaniana, kleiniana, junguiana…, ya que cada una aporta algo distintivo e interesante. Sin embargo, hay muchos aspectos de la teoría junguiana que me parecen fascinantes y geniales (además del ya mencionado de la “reactividad” entre dos cuerpos).
En el libro, “La práctica de la psicoterapia”, Jung enumera una serie de cuestiones que me parecen fundamentales para entender lo que es el Psicoanálisis y el proceso psicoanalítico. Algunos de estas cuestiones hablan de que el psicoanálisis es, en realidad, un arte (aunque científico), de la necesidad de que se dé una dialéctica entre el psicoanalista y el paciente, de que la psique “tiene una naturaleza infinitamente más compleja que la luz” (Jung, 2006, p. 8), o de la necesidad de mantener una actitud carente lo más posible de prejuicios.
Al igual que en la química existe una complejidad abismal de moléculas y sustancias, esto también acontece en el ser humano: “cuánto más nos adentramos en la esencia de lo psíquico, tanto más nos convencemos de que la complejidad y la diversidad de los seres humanos hace necesarios puntos de vista y métodos muy diferentes para responder a la multiplicidad de disposiciones psíquicas” (Jung, 2006, p.13).
Jung también sostiene que curar no equivale a transformar a una persona enferma en una persona sana, sino en el mismo hecho de transformar (hay muchos posibles resultados, tras un psicoanálisis, muchos destinos posibles para el analizante, muchas vidas posibles que puede vivir).
La capacidad de innovación (otro aspecto que considero clave) es sostenida de manera genial tanto por Jaques Lacan como por Jung: “cada caso nuevo que exige un tratamiento riguroso es un trabajo innovador, y cualquier huella de rutina es un extravío” (Jung, 2006, p. 172).
Deseo profundizar en el paralelismo entre el tipo de interacciones posibles entre átomos y entre las estructuras clínicas sostenidas por el psicoanálisis lacaniano.
-Un enlace químico “iónico” implica “ceder” o “perder”, es un tipo de enlace fuerte, muy sólido, tienen estructura cristalina, altos puntos de fusión y ebullición y son siempre enlaces simples (unicidad). Una relación entre dos personalidades de este tipo (“iónica”) puede dar lugar a relaciones de excesiva dependencia y con poca capacidad de cambio, donde uno es el “fuerte” y el otro “el débil”, uno “el positivo” y el otro “el negativo”, muy próximo a lo perverso.  
-Un enlace químico “covalente” implica “compartir” electrones, se puede llegar a la unicidad, la duplicidad y la triplicidad de enlace (enlaces simples, dobles o triples), las moléculas pueden ser sólidas, líquidas o gaseosas (variabilidad), cada átomo es “uno” en la relación molecular. Una relación entre dos personalidades de este tipo (“covalente”) puede dar lugar al cambio, la estabilidad y al compartir (de entre otras cosas), en donde ambas son “valiosas”, más próximo a lo neurótico.
-Un enlace “metálico” implica que los átomos se unen de una manera muy cercana unos a otros, lo que produce estructuras muy compactas y con una estructura muy rígida, en donde los átomos ocupan posiciones fijas. Una relación entre dos personalidades de este tipo (“metálica”), además de que los electrones quedan “en una nube”, implica “quedar enganchado a…”, muy próximo a lo psicótico.
Por último, decir que todo enlace entre elementos químicos tiene el objetivo de ser más estable que antes y parecerse a un “gas noble” (el “ideal químico”). Quizás cuando alguien busca la ayuda del Psicoanálisis o cualquier tipo de ayuda busca ser más estable o quizás más humano, mejor persona, más noble o mejor “posicionado” en la vida, más feliz (“el ideal humano”).
La posición subjetiva del analizante en un tratamiento psicoanalítico cambia, al igual que las posiciones de los átomos y los electrones en una molécula…

BIBLIOGRAFÍA
JUNG, C. G (2006). La práctica de la psicoterapia. Madrid: Trotta


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