diumenge, 11 de maig de 2014

EROS & THANATOS

Carmen Martinez García
Psicóloga psicoanalista
cpsicoclinica@gmail.com


En el texto El Malestar de la Cultura (1930), S.Freud seguirá sosteniendo su hipótesis en forma de conclusión acerca de la existencia en el individuo del dualismo pulsional, cuestión que había sido crucial en el desarrollo de su obra.
A favor de Eros situará las pulsiones de vida, sexuales y de conservación del individuo y la especie, pero también junto a ellas la existencia de la pulsión de muerte o Thanatos que trabajarían en el ser vivo en pro de su destrucción o saldrían al exterior en forma de agresión y destrucción.
Sin embargo también plantea este dualismo a partir de dos variedades de una pulsión con fines distintos y que raramente aparecen aisladas sino que se unirían vida y muerte  de tal modo que resultarían difícilmente reconocibles y diferenciables en determinadas circunstancias.   

El desarrollo cultural implica la lucha entre Eros y Thanatos, pulsión de vida y de destrucción; así lo constató Freud en la especie humana y se puede comprobar todavía en la actualidad, pero dio un lugar preeminente a la localización de estos conceptos a partir del propio individuo en el que en si mismo se podría verificar la lucha del sujeto y sus pulsiones a partir de las variedades particulares del deseo del sujeto.  

En 1915 Freud escribió Las Pulsiones y sus destinos durante la 1ª guerra mundial. Se propone con esta obra clarificar el concepto de pulsión que considera un concepto fundamental en el Psicoanálisis, no significará una conclusión definitiva acerca de este concepto que seguirá trabajando en otros textos.
El término pulsión (Trieb,) aparece por primera vez ligado a la sexualidad en los Tres Ensayos de una teoría sexual (1905) y la Libido una expresión de la pulsión sexual, los estímulos pulsionales serían los verdaderos motores del aparato psíquico que se autorregula por el principio de placer-displacer. El displacer corresponde a un incremento de la cantidad de estímulo y el placer con su disminución o descarga. De dichos estímulos el sujeto no tiene conciencia.
En Las Pulsiones y sus destinos mantiene estos presupuestos teóricos que había desarrollado en El Proyecto de una Psicología para neurólogos(1895) donde presuponemos la pulsión en “ un representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma como una medida de la exigencia de trabajo que es impuesta a lo anímico a consecuencia de su trabazón con lo corporal “[1]. Las pulsiones no podrían llegar a la conciencia sino fuera por la representación que las representa en el Inconsciente, el cual podría manifestarlas a través de dicha representación.

Por tanto, las pulsiones no pueden ser conscientes pero tampoco están situadas del todo en el Inconsciente porque ahí se trata de representaciones, cuestión que desarrollará J.Lacan a partir de la hipótesis: el Inconsciente está estructurado como un lenguaje.
Freud separa con el concepto de la represión la representación del afecto, es decir en términos de J.Lacan, lo que en el sujeto es significante y pulsión o significante y goce; ya que el concepto de pulsión tiene proximidad con el de goce.




Al principio S.Freud comienza distinguiendo dos tipos de pulsiones: yoicas o de autoconservación y pulsiones sexuales considerando la existencia de la oposición entre pulsiones puestas al servicio de la sexualidad y otras que tienen como fin la conservación del individuo y que llama pulsiones del yo.
Esta división sitúa las funciones del individuo entre la sexualidad y su satisfacción por una parte y otras como la conservación de la especie por otra.

Da un carácter de provisionalidad a dicha división en Las pulsiones y sus destinos, al encontrarse con efectos de destrucción de las pulsiones sexuales que supuestamente en un inicio estaban solo al servicio de Eros. Constató esto en uno de los pares opuestos que describe en el texto al que nos referimos: sadismo – masoquismo.

En este par de opuestos sadismo-masoquismo, Freud describe que el proceso de la defensa del sujeto frente a la pulsión se produce en tres tiempos.

1º Acción del sujeto hacia una persona: ejemplo, dañar.
2º Cambio de la acción que había sido dirigida hacia una persona a la persona propia:
     ejemplo, dañarse.
3º Búsqueda de una persona ajena, aparición de otro, que ha de tomar el lugar del sujeto
    de la acción en contra del 1er sujeto: ejemplo, ser dañado.

J. Lacan recuerda que la pulsión es pura actividad y propone una pequeña modificación para resaltar esta cuestión, en el tercer tiempo señalado por Freud, introduciendo el significante “hacerse”[2], de tal modo que lo que resultaría volviendo al ejemplo de Freud es de “hacerse dañar”[3]. Llamando de este modo a la posible responsabilidad del sujeto ante el goce pulsional.

Otra cuestión clave con la que Freud se encuentra interrogando esta división es con el narcisismo, consiste en que el yo puede ser elegido como objeto sexual y no solo los objetos que están fuera del yo.
Las pulsiones sexuales se “apuntalarían”[4] al principio en la satisfacción de las pulsiones yoicas y después podrían separarse de ellas y lo que le permitió entender este momento de unión y desplazamiento de la pulsión en el yo y los objetos fue una energía: la Libido. Diferenciando, libido narcisística referida al yo y objetal cuando se trata de los objetos fuera del yo.

De todos modos Freud no puede terminar de demostrar la supuesta síntesis o totalidad de las pulsiones parciales que en una época supuso vendría dada por la llegada del sujeto a una genitalidad madura.
De hecho modificará sustancialmente su teoría a partir de Más allá del principio del placer (1920) ya que en este texto Freud cuestiona el dominio del principio del placer planteando que hay otras tendencias que se oponen a él y que se ponen de manifiesto en el propio sujeto a  través de los síntomas, de fenómenos como la repetición y la reacción terapeútica negativa.

En cuanto a los fenómenos de repetición Freud se detiene en el hecho de que estos no solo estén en relación con un retorno de lo reprimido ante la dificultad de recordar la representación, sino con la satisfacción que se presenta en algunos sujetos al reproducir lo traumático ya que el sujeto repite neuróticamente aquello en lo que no hay posibilidad de placer sino sufrimiento.

La reacción terapéutica negativa aparece como un fenómeno ligado a la transferencia. Los sujetos, a veces, empeoran ante una mejoría del síntoma haya sido ésta ratificada o no en la cura.

Estos fenómenos, especialmente la repetición demuestran a Freud que la fijación al trauma no puede ser explicable solo por un modo de satisfacción pulsional y que se ha de tratar de otro tipo de satisfacción, aquella que concierne a la pulsión de destrucción que finalmente llamara pulsión de muerte.  

La mudanza, cambio que llega a  definir como trastorno es la posibilidad de que el amor pueda convertirse en odio. El amor está en relación con el campo pulsional aunque no dentro de él, es un afecto que está fundamentalmente en el campo del narcisismo, lo que le conducirá a realizar un estudio del yo y de su génesis, retomando la perspectiva energética que ya estaba presente en el Proyecto de una Psicología para neurólogos.
 Plantea la hipótesis según la cual inicialmente en el aparato psíquico habría un yo (ich) que se autorregularía por el principio placer-displacer, tendiendo a la homeostasis. Fuera de este yo sólo habría indiferencia, que correspondería al mundo exterior, a los objetos, a lo no diferenciado.
Por el principio del placer se diferenciaría, en el encuentro con los objetos, lo que procura placer (lust) del displacer (Unlust) también llamado por Freud el no-yo.
El lust, como objeto de placer, se reflejará en el yo como lust-ich, el Unlust seguirá siendo lo más inasimilable por el yo, lo más extraño y asociado al displacer.

El amor es la relación del yo con sus fuentes de placer. También podemos decir que se ama aquello que es placentero para el yo mientras que se odia aquello que deja de serlo o que procura displacer. El amor está en relación con el principio del placer, con la libido y la sexualidad; por tanto con el dominio de Eros. El odio está relacionado con el más allá del principio del placer, con la vertiente de las pulsiones sexuales en tanto pulsión de muerte y está bajo el dominio de Thanatos.

S. Freud no desconocía que en la cultura distintos filósofos consideraron la existencia de los dos principios del acontecer tanto en la vida del mundo como en la del alma, cita en uno de sus textos a Empédocles de Acragas,  filósofo griego nacido hacia 495 a.C[5].
Le separa de ellos el desarrollo de su teoría pulsional a la que dio un sustrato bio-psicológico a partir del cual poder entender el malestar en los sujetos y en la cultura.
Encontró que la cultura en sus distintas manifestaciones le proporcionaba a su vez enseñanzas que le permitieron entender los fundamentos de  una clínica vigente en la actualidad y la subjetividad de una época. 






Bibliografía


Freud, S.: Las pulsiones y sus destinos. Obras Completas Vol. XIV. Edit. Amorrortu.B.A. 1993.

Freud, S.: Tres ensayos para una teoría sexual. Obras Completas. Tomo 2. Edit. Biblioteca Nueva. Madrid 1981.

Freud, S.: El malestar en la cultura. Obras Completas. Vol XXI. Edit Amorrortu.B.A.
1993.

Freud,S.: El yo y el ello. Obras Completas. Vol XIX. Edit.Amorrortu. B.A.1993

Freud, S.: Más allá del principio del placer. Vol XVIII. Edit Amorrortu. B.A.1993

Lacan, J.: Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Seminario 11. Edit.Paidós.1987




[1] Freud, S.: Proyecto para una psicología de neurólogos. Obras Completas. Tomo 1. Edit. Biblioteca Nueva. Madrid 1973
[2] Lacan, J.: Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós. B. 1987.p.202
[3] Lacan, J.: Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós. B. 1987. p.208
[4] Freud, S.: Introducción al narcisismo. Obras Completas Vol. XIV. Edit. Amorrortu. B.A 1993
[5] Freud, S.: Esquema del psicoanálisis. Obras Completas Vol. XXIII. Edit.Amorrortu. B.A 1993. p.147

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