dijous, 30 d’octubre de 2014

NUEVOS DISCURSOS EN COLECTIVOS EN RIESGO DE EXCLUSION SOCIAL Y ECONOMICA

 Cartel: La apuesta clínica en el sujeto y los discursos de la contemporaneidad

Jose Francisco Borja Ortíz

Valencia/Barcelona, 5 de octubre de 2013

Si hoy en día entendemos al pueblo gitano como una cultura propiamente diferenciada de la cultura en la cuál se asienta la sociedad mayoritaria, entenderemos al mismo tiempo que existen aspectos semejantes entre una y otra al estar compartiendo el mismo territorio físico y al convivir en el contexto socio-histórico que nos acontece.

Sin embargo este pueblo, como todos sabemos, ha estado históricamente identificado a unas pautas de funcionamiento que le son inherentes, véase el nomadismo, las relaciones endogámicas de parentesco o la transmisión oral de sus costumbres y de sus propias leyes gitanas por citar algunas de ellas.

Este pulso cultural que ha estado presente a lo largo de su historia como pueblo tiene hoy una serie de dificultades que se añaden ya al mero hecho de haber resistido tanto tiempo a una inminente aculturación que han estado esquivando debido a la fuerte presencia de todas estas pautas propias de funcionamiento que les han dado razones más que suficientes para mantener en su imaginario y en su estructura simbólica el fuerte sentimiento de orgullo de ser lo que son, gitanos, y a mucha honra.

Por tanto, esta dificultad que entrañan los sujetos, uno por uno, de etnia gitana en la acomodación dentro de un deseo de saber acorde a la sociedad mayoritaria y que no sintoniza con su identidad cultural se hace patente en una realidad social donde los mercados ofertan una acumulación de conocimiento, que devienen gadgets, como nos enseña Lacan, objetos consumibles ofertados como “deseos” dentro de la lógica del discurso capitalista.

En el momento actual no podemos sino confirmar lo que Lacan ya atisbó hace unos años advirtiéndonos de los estragos que más tarde o más temprano iban a sucumbir en lo social, al proliferar esta ordenación discursiva que no es otra que la del capitalismo salvaje inundando y contaminando con estos objetos infinitesimales de goce a todo aquel que entra a formar parte y a conformarse con ser parte de la sociedad.

Y de algún modo, a esto de entrar a formar parte en el discurso social imperante es justamente a lo que el pueblo gitano se ha estado resistiendo durante mucho tiempo. Posiblemente, los campos de exterminio y los avatares del pueblo gitano, cuya historia aún está por escribir, significaron un cambio de paradigma, que la segunda parte del siglo XX acentúo de alguna manera.

Hoy en día tenemos que reflexionar cómo, a diferencia de lo que ocurría en la obsoleta sociedad industrial, la sociedad informacional que actualmente ocupa nuestras vidas, con la entrada en escena de todas las nuevas tecnologías en pos de ese fluir incansable e imparable de información transformada y manipulada hasta albergar la forma de ideales anodinos y de objetos de consumo, esta irrumpiendo a todos los niveles y de los cuales no se escapan estas nuevas generaciones de jóvenes de etnia gitana.



Las nuevas generaciones de gitanos y gitanas son poseedoras de una nueva forma de entender la realidad cultural que les rodea y por lo tanto poseen nuevas formas de articularse en lo social y de adoptar diferentes modalidades discursivas que emanan desde espacios distintos.

De un lado vivencian la identidad cultural gitana desde su núcleo familiar y comunitario, el significante “nosotros... los gitanos” es un significante en el que se funden códigos, formas simbólicas compartidas que les permiten clasificar, nombrar, categorizar, vehiculizar y sobretodo diferenciar lo que es “nosotros” de lo que es la otredad (los payos). En todas las sociedades conviven grupos diferenciados, por lo tanto la otredad es condición sine qua non a la hora de hablar de lo social. Margulis (1997) nos dice que la distancia con el otro variará según el grado de extrañeza que nos defina en relación con ese otro, según la actitud con la que apreciemos o menospreciemos a ese otro y muchos otros factores que entrarán en juego para delimitar esa distancia cultural. Cómo sabemos, la segregación tiene su origen en la insoportabilidad del goce del Otro.

Pero siguiendo con esta nueva hornada de jóvenes de etnia gitana, tenemos que hablar de una generación que en su mayoría esta siendo y ha sido escolarizada en la actualidad, y a la que se le está brindando una enseñanza que, mal que nos pese, poco tiene que ver con su cultura en el modo de proceder, pero que a fin de cuentas es o intenta ser para ellos una educación reglada y de calidad.

Una educación hecha por y para payos, según lo pueden entender los gitanos, y no les falta razón, la verdad. Una educación que no comporta un saber donde ellos puedan identificarse en tanto que pueblo, y aprehender un saber sobre ellos como sujetos. No se le otorga al gitano una posición de peso en esa enseñanza reglada tal vez debido a su condición de minoría étnica, y simplemente se le coloca bajo el abrigo de la institución sin apreciar las dificultades a las que está expuesto, dificultades en la estructura misma del vínculo social que comporta de un lado la escuela y de otro lado su cultura.

Sucede, en relación a esto, que emerge en el sujeto una suerte de “contradicción vital” entre lo que se le ofrece y a lo que tiene que renunciar desde ambas culturas. Contradicciones que encontramos enunciadas así: “...por ir al instituto me estoy apayando y estoy dejando de ser un buen gitano...”ó... “Si estudio no puedo cuidar de mis hermanos ni ayudar a mi madre en casa y eso no es de buenos gitanos”, etc...

Si entendemos que las instituciones son las encargadas de transmitir una función civilizadora en los sujetos a fin de regular el goce a partir de cierto ordenamiento simbólico tendremos de un lado la familia, asumiendo un papel fundamental como institución que permite articular un discurso (el discurso del amo) con la función paterna como agente dentro del ordenamiento simbólico de los sujetos. De otro lado, la escuela es la institución que a partir de un discurso cientifista (discurso universitario) pretende producir sujetos a partir de un saber constituido, poniendo a trabajar un conocimiento al tiempo que se borra al sujeto. Sin embargo, este conocimiento, ya hemos dicho que poco o nada tiene que ver con las identificaciones que emanan de la propia cultura del gitano y es entonces preciso atender a que estas identificaciones contradictorias, provocadas por el encuentro de ambas instituciones en el sujeto, van a producir síntomas, sin ir más lejos el síntoma del fracaso escolar. Hay un saber que se le transmite a los sujetos desde la institución familiar, y que en la institución escolar no tiene cabida, se produce entonces un desencuentro entre saber y conocimiento dentro de la particularidad de cada sujeto de etnia gitana.
Sea como fuere, además de está dificultad en el vínculo educativo con el gitano, lo que comporta la esencia misma de la educación, nos refiramos indistintamente al modo de pensar esa educación sobre cualquier grupo cultural, es en palabras de Sanabria (2007) un “imposible” que se constituye en la posición paradójica del educador, el cuál es llamado a sostener una función de transmisión y conservación de los legados culturales a la vez que de acogimiento de lo innovador y de lo particular de cada sujeto. Las dificultades de la educación remiten a algo que falla dentro de su propia estructura, por lo que la deja abierta a un horizonte sobre el que tenemos que echar a andar y hacer cada uno su propio camino.

Estas ilaciones descritas y demás razones que no vamos a entrar a debatir aquí, podemos considerarlas como causa y motivo del elevado índice de fracaso escolar que acontece en estos jóvenes, fracaso escolar que no hace sino seguir perpetuando esa imposibilidad de acogerse y participar, en igualdad de condiciones, de todo un elenco de oportunidades dentro de un mercado laboral que se encuentra cada vez más obturado y excluye a los que no son válidos a razón de la competitividad, motor que mueve dicho mercado. Incluso ya ni siquiera incluye dentro se su paradigma, en la coyuntura actual, a la mayor parte de los universitarios.

Por tanto estos sujetos no llegan ni al estatuto de mercancía dentro del discurso capitalista. Cuestión a pensar, a reflexionar, en mi opinión, ya que están por fuera del consumo y no son ellos mismos, objeto a consumir, excepto, quizás en esa producción cultural que es la música (el flamenco). Es decir, son los excluidos del discurso capitalista y a efectos prácticos, los excluidos de los que ya están siendo cada vez más excluidos, me refiero a los parados que esta produciendo la actual crisis a un ritmo frenético.

Parece pues evidente que partiendo de un modelo de enseñanza en la escuela donde la estructura discursiva que la empaña desde hace ya unos años, con todas las reformas educativas que se están promoviendo en nuestra sociedad bajo el influjo de los mercados y de su inercia por promover una competitividad desmesurada a todos los niveles, no soluciona, ni mucho menos ofrece oportunidades a los colectivos que se saben excluidos ya sea por razones económicas, étnicas y/o culturales.

Y es aquí donde quiero hacer eco de las nuevas modalidades pedagógicas que se están instalando en algunos centros educativos de nuestro territorio donde prevalece una mayoría de alumnado de etnia gitana. En concreto, me voy a referir a un colegio situado en los poblados marítimos de la ciudad de Valencia, concretamente en el barrio del Cabañal. Este centro educativo se compone mayoritariamente de jóvenes de etnia gitana en situación de desventaja económica y social. Es un centro educativo más bien pequeño, con pocos recursos económicos y materiales, que por no tener, no tiene ni patio de recreo.

Pero por otro lado tienen una cosa mucho más valiosa a efectos pedagógicos, tienen una clara iniciativa de cambio, de transformación en su discurso pedagógico, en aras a producir nuevas formas de acercarse a la realidad que se pone en juego dentro de sus aulas. En los casos, uno por uno, donde el alumno de etnia gitana reivindica su deseo de aprender, es mucho más probable que se den efectos positivos atendiendo a esta demanda del alumno del lado de este modelo de enseñanza/aprendizaje, donde saber y conocimiento van de la mano, por decirlo de alguna manera.

Es a partir de las llamadas Comunidades de Aprendizaje, bajo el aliento del Aprendizaje Dialógico, desde donde se está desarrollando todo este nuevo paradigma de enseñanza, un nuevo espacio de encuentro con aquello que nos tiene que conmover de alguna manera para que surja dentro de nosotros ese deseo de querer saber, aprender, conocer, y que en definitiva, es de lo que se debería tratar de hacer siempre en la escuela.


Es necesario retornar al Seminario XVII de Lacan “el reverso del psicoanálisis” para arrojar luz sobre este tema. Aquí Lacan nos enseña que el vínculo social en el que nos movemos los sujetos está sostenido por el discurso. El discurso remite a los significantes y nos sostiene por medio del lenguaje, por lo tanto el discurso es una estructura que nos precede y de la que somos efecto. El sujeto es efecto del discurso.

Lacan consigue así, valiéndose del lenguaje matemático, dar forma a los 4 elementos que componen la estructura de todo discurso (significante amo (S1), significante saber (S2), objeto causa del deseo (a) y sujeto barrado ($ ) ) y los cuales a su vez, pueden originar 4 modalidades de discursos diferentes en según que posición se sitúen:

                                       Agenteotro
                                       Verdad //  producción

Así pues tenemos cuatro posibles discursos donde se establece una relación, un vínculo social entre un agente, con una verdad implícita (inconsciente), y un otro, con una determinada producción a la base (también en el plano inconsciente).
Partamos ahora del contexto sobre el que estamos incidiendo, el educativo, para analizar cómo se vincula el discurso universitario con la acción pedagógica.
El agente, quién toma la iniciativa en el discurso, ocupa un lugar de saber (S2), el cuál se asienta sobre una posición de poder, autoridad (S1) que es en este caso una representación del imperativo cultural, el cuál poco o nada tiene que decir sobre la identidad cultural del gitano en el contexto de la escuela. De otro lado está este objeto a, un cuerpo al que se le pretende introducir, domesticar y educar con tal de que de él emerja una producción a la cuál nos referiremos cómo sujeto barrado, como sujeto aturdado (aturdido) dice Lacan.
Desde esta posición discursiva en la escuela encontramos que nada hay que nos remita a un significante amo con el que el individuo de etnia gitana se vaya a sentir identificado dado que partimos de dos realidades culturales distintas en lo que a transmisión de saber se refiere. Estamos hablando entonces de dos lenguajes que por estructura se encuentran obstaculizados entre sí, y sobre los que no es posible un acto comunicativo del que surjan efectos pedagógicos de calidad para el sujeto que esta siendo a la vez condición y efecto del proceso educativo puesto en marcha.
Sólo el flamenco, como decía antes, sería aquí una excepción, ya que transmite un discurso universal como el jazz, el blues (cuyo significado es melancolía), etc.
Pues bien, aquí  es donde se establece a mi entender el contrapunto de ese discurso imperante en la institución escolar con el abordaje de la práctica educativa desde las Comunidades de Aprendizaje. Esta nueva modalidad  de entender la enseñanza no se sostiene desde una posición de saber experto con pretensiones de poder, no trata de transmitir unos argumentos que vienen dados desde un agente experto y que se imponen por la fuerza y sobre los que nada hay que rebatir. Se trata de argumentar con pretensiones de validez, producir un diálogo donde los argumentos de las otras personas hagan rectificar nuestras posiciones iniciales no por medio de la fuerza impositiva, sino mediante la validez de los propios argumentos, esta es la base para el aprendizaje dialógico.


Se pretenden crear espacios de diálogo como punto de partida para la transformación de toda la comunidad, estos espacios se constituyen en comisiones mixtas, comisiones gestoras, asambleas del aula, tertulias, etc... propiciándose una participación activa a nivel de profesorado, alumnado, familiares y personas voluntarias dentro del proyecto educativo, donde cualquier miembro puede apuntarse a la comisión que quiera para aportar conocimiento, saber, experiencia y sobretodo ganas de trabajar. Se implica a toda la comunidad para crear y construir una escuela para todos a partir de un “sueño” compartido, el cuál se establecerá como punto de partida para elaborar un ideario consensuado por todos.
Se trata en definitiva de acercar la escuela a la comunidad y para ello hace falta promover un cambio de mentalidad tanto en una como en otra. Tanto padres como profesores han tenido durante mucho tiempo posiciones encontradas en tanto que unos creen que la escuela aleja a sus hijos de su identidad como gitanos y otros no albergan expectativas de aprender ni de enseñar a un ritmo “normal” en sus alumnos, y es en estos juicios de valor en donde se están empezando a notar los primeros síntomas de cambio. Tanto padres como profesores se lo están empezando a creer, las expectativas ahora se consensúan entre todos y ese “sueño” compartido está empezando a cumplirse.
Desde mi propia experiencia, el modelo de convivencia dialógico produce efectos en todos los sujetos, uno por uno, implicados en la comunidad educativa, a los alumnos y alumnas se les da voz, se les otorga una posición de saber, y se les anima a argumentar en igualdad de condiciones ese saber que albergan. En los educadores, donde incluyo tanto a padres, profesores y voluntarios, también se producen efectos que pasan por el circuito de su deseo de enseñar, y que les animan a seguir por esta senda educativa donde convergen y conviven en armonía los deseos de educadores y alumnos.
Para finalizar, quiero añadir que si tuviera que colocar este discurso dentro de las cuatro modalidades que nos enseñó Lacan, me atrevería a pensar que trata de acercarse de alguna manera al discurso que sostiene el analista en su práctica, en tanto que desde esta práctica pedagógica se le otorga al otro, al sujeto de la educación, un lugar de saber donde él mismo es motor de cambio y se construye a sí mismo. Un sujeto que tiene mucho que decir y al que se le debe prestar la atención y la escucha que se merece con tal de intentar movilizar su deseo de aprender, incluir este deseo dentro del discurso para revertir ese saberse excluido que le significaba en última instancia y que le estaba haciendo tapón, hasta hoy.
Quizás se trate de seguir la estela del flamenco… como discurso.

Bibliografía

Margulis, M. (1997). Cultura y discriminación social en la época de la globalización. Nueva Sociedad Nro. 152 Noviembre-Diciembre 1997, pp. 37-52. www.nuso.org
Sanabria, A. (2007).El vínculo educativo: apuesta y paradojas. El deseo de enseñar entre la función civilizatoria y el discurso universitario. PARADIGMA, Vol. XXVIII, No 2, diciembre de 2007 / 197-210. UPEL, Maracay.
Lacan, J. (1992). El seminario, Libro 17 (1969-70): El reverso del psicoanálisis. Barcelona: Paidós.

Ferrada, D. ; Flecha, R.(2008). El modelo dialógico de la pedagogía: un aporte desde las experiencias de Comunidades de Aprendizaje. Estudios Pedagógicos XXXIV, No 1: 41-61.

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