dissabte, 14 de febrer de 2015

LA DEPRESION, EL NOMBRE DEL MALESTAR DE LA CULTURA ACTUAL



Autora: Carmen Lafuente Balle. Psicoanalista de Barcelona
 
1-INTRODUCCIÓN:

¿Por qué interesarnos por la visión que tiene el psicoanálisis de la tristeza y la depresión? Sencillamente,  porque es totalmente diferente a la de la medicina o la psiquiatría que mantiene un lugar importante en nuestros días, y sus aportes, sorprendentes en un primer acercamiento, nos puede proporcionar herramientas subjetivas que no dependen más que de nosotros mismos.

Los tres principales autores  del psicoanálisis han abordado la depresión y la tristeza desde diferentes perspectivas

Para comenzar, nos referiremos a Freud quien no habla de depresión,  sino de duelo y melancolía como diferentes respuestas frente a una pérdida. Además plantea que la pérdida del objeto primordial en el sujeto, es lo que produce el deseo y la búsqueda incesante en aras de una recuperación de lo perdido.

Por la estructura del Complejo de Edipo, el objeto causa del deseo resulta ser correlativo de un duelo por la madre. El objeto para siempre perdido y la nostalgia que produce aparece en todo encuentro con cada nuevo objeto  del deseo. A este reencuentro se agrega la rivalidad con el padre, fuente de culpa.

Melanie Klein hace de la depresión un momento evolutivo, convirtiéndola en una posición relativa a la relación con el objeto y con la pulsión. La llamada posición depresiva kleiniana consiste en la pérdida del objeto, la culpa y la reparación de dicho objeto.

Lacan solo reconoce un afecto básico: la angustia,  que no miente. Todos los demás “senti-mientos” engañan . La tristeza, nos dice, es engañosa, afirmación que de entrada puede resultar sorprendente.

Lacan habla del duelo en “El deseo y su interpretación “y muy específicamente  en las lecciones sobre Hamlet que dio en dicho Seminario. Pero lo más destacable son sus referencias en Televisión donde le da a la tristeza,  una dimensión ética al calificarla de cobardía moral escapatoria defensiva para no asumir el propio deseo y el precio a pagar por él. El surgimiento del deseo solo es posible para un sujeto que asuma la castración simbólica, que es  correlativa de un imposible que aparece en lo real de la estructura y que Lacan enuncia de la siguiente forma “no hay relación sexual”.

En Televisión  y respondiendo a la critica que se le hace de que no se ocupa de los afectos, dice: “Que se me responda sobre este punto: un afecto ¿concierne al cuerpo? Una descarga de adrenalina ¿ es del cuerpo o no? Que desordene las funciones es verdad ¿pero en qué viene ello del alma? Es del pensamiento que descarga.”

Podemos concluir que para el psicoanálisis  la falta es un hecho de estructura que proviene de la ley del lenguaje y que puede aparecer como pérdida de objeto, castración o falta relacionada con la culpa.

2-LA TRISTEZA  TIENE UN ASPECTO ESTRUCTURAL PARA EL PSICOANÁLISIS

Sabemos que la llamada depresión no alcanza a tener la entidad de una estructura clínica, es un afecto que podemos encontrar en cualquiera de las tres estructuras. Pero desde el punto de vista psicoanalítico  hay  que diferenciar entre tristeza y depresión, pues esta última incluye una afectación del deseo.

Para entender esta afirmación vamos a considerar dos ejes, el Imaginario y el Simbólico, lo que nos permitirá también pensar en la tristeza desde el punto de vista psicoanalítico, y como ésta tiene un aspecto estructural en el ser hablante


·        El eje imaginario:
En este registro se establece una dialéctica entre falta y completud ligada a la constitución del yo y de los ideales, en términos de adecuación a la demanda del Otro

Tenemos al sujeto y su imagen en el espejo que es el yo ideal

                         
 Si recordamos el Estadio del espejo de Lacan , sabemos que el yo ideal proporciona una prestancia de la imagen que el sujeto aún no tiene, es por ello que tiene un efecto jubilatorio. Pero a la vez puede tener efectos depresivos ya que uno nunca está a la altura de su imagen ideal, aunque este decalage, esta disparidad es lo que relanza el deseo. El espejo representa al Otro desde donde el sujeto es mirado, es lo que Lacan llamará el Ideal del Yo. Cuando la diferencia entre el Ideal del yo y el yo Ideal es muy grande, esto produce un efecto depresivo. La imagen no es el mero reflejo, si no que en si misma configura al sujeto. Es por ello que la depresión tiene efectos en el cuerpo. La imagen configura  al Sujeto, y encontramos ejemplos en la etología de cómo la imagen de una hembra desencadena un proceso hormonal.

·        El eje Simbólico
En el duelo – como modelo de la depresión en Freud, se produce una pérdida en la realidad que podemos pensar, aceptar, porque lo simbólico nos lo permite. Es por ello que al cabo de cierto tiempo se reorganiza la libido que estaba puesta en dicho objeto perdido y podemos situarla en otro. Por el contrario, cuando hay ausencia del significante del Nombre del  Padre y por tanto del significante fálico, entonces esa pérdida es infinita, no se dialectiza y el duelo no termina nunca. Ello es debido a que el significante fálico es el que representa la operación de hacer desaparecer algo Real  que se destruye, para tener un valor simbólico.

El duelo tiene un aspecto contingente, pero otro estructural para el psicoanálisis. Cuando un sujeto nace tendrá que experimentar su propia pérdida en lo Real para acceder a lo simbólico. La conciencia de ese momento de pérdida de mi ser, es un momento “depresivo”.

Conocemos la existencia de la depresión infantil, sabemos cómo los niños “super-amados”, pueden deprimirse cuando se confunde el amor con la necesidad, con tapar la falta. El amor significa para Lacan dar lo que uno no tiene,  es decir que el Otro del niño tiene que poder mostrarse como faltante, es decir deseante, y estos niños deprimidos  son a menudo los que tienen todo, y son incapaces de simbolizar la falta 

Tenemos  también el ejemplo de la anorexia, que es alimentada en lugar de ser amada, y ella reacciona rehusando ese alimento para poder sentirse deseante. El deseo tiene que ver con la falta, cuando la falta falta, no hay deseo.

3- LACAN EN HAMLET

Lacan no escribió un artículo específico sobre el duelo, pero en el Seminario 6 de 1958-59 “El deseo y su interpretación”, hay unas clases  dedicadas al estudio de Hamlet, donde expone su versión sobre el duelo.

Hamlet es una de las más importantes tragedias teatrales de Shakespeare. Empieza tras la muerte misteriosa de un rey, el padre de Hamlet, ideal de rey y de padre. Pocos meses después de su muerte su mujer se casa con su cuñado, Claudio, el hermano del rey fallecido. Este matrimonio despierta todo tipo de recelos en Hamlet, no solo por rivalidad hacia el,  ya que lo ha apartado del trono, sino porque sospecha del carácter escandaloso de dicha sustitución. Entonces aparece el fantasma del rey muerto  y le revela a su hijo las circunstancias de su muerte: durante el coito con  su mujer fue envenenado por Claudio que le introdujo un veneno por la oreja. El padre le pide a Hamlet que le vengue, pero a el le cuesta mucho hacerlo. Finalmente lo lleva a cabo,  pero en el crimen mata también a varias personas, entre ellas a un amigo suyo, Laertes,y  envenena por error a su madre,  quedando el mismo  malherido.

A Hamlet le cuesta actuar, es decir que en el deseo de Hamlet hay algo que no funciona.
Freud lo interpreta edípicamente, señalando que en realidad Hamlet no puede matar a Claudio por que este hizo lo que el propio Hamlet hubiera querido hacer: matar a su padre y acostarse con su madre.

Muchos psicoanalistas han tratado el “caso de Hamlet”: Ella Sharpe, Ernst Jones…y es considerado como el prototipo del neurótico obsesivo

Si para Freud la inhibición de Hamlet es debida a su antiguo deseo parricida, para Lacan dicha inhibición es debida a la pérdida del deseo que se produjo a raíz de haber rechazado violentamente a Ofelia. A causa de este rechazo, Ofelia se mata

En el cementerio, al ver a Laertes con el intenso dolor producido por la pérdida de Ofelia , Hamlet encuentra una imagen dolorida de sí mismo que le permitirá comenzar a hacer el duelo y recuperar su deseo. Su duelo se constituye basándose en el de otro. El duelo no consistiría entonces en un proceso realizado en la intimidad del sujeto con su objeto perdido, si no en un acto que se cumple por el sesgo de la presencia de un tercero.

El duelo no consiste solamente en perder a alguien, sino que es perder a alguien, perdiendo un trozo de sí mismo, de valor fálico, que deja nuevamente al sujeto en situación de deseante. Es sobre la base de una privación que un objeto particular puede volverse objeto de deseo.

Lacan señaló el parentesco y la diferencia entre la psicosis y el duelo, pues en la forclusión el psicótico se enfrenta a un agujero en lo Simbólico, mientras que en el duelo lo Simbólico es convocado por la obertura de un agujero en lo Real. En el primer caso, la falta es de un objeto simbólico, mientras que en el segundo la pérdida es de un objeto real.

En la elaboración del duelo, destacó el importante papel de los ritos funerarios, pues producen símbolos que permiten afrontar la pérdida real. También las escenificaciones imaginarias cumplen una función en la elaboración del duelo, al aportar la presencia de objetos sustitutos.

No obstante,  lo que elaboró, respecto al duelo, en las lecciones sobre Hamlet que dio en el Seminario 1958-59 tiene todo su interés,  lo más destacable son sus referencias en Televisión  donde le da a la tristeza, a la depresión, una dimensión ética al calificarla de cobardía moral.


4-LACAN Y LA COBARDÍA MORAL
Los grandes avances en el campo de la técnica - por la alianza de la ciencia con el liberalismo capitalista - han venido a agujerear el discurso del amo que tenía por función regular el goce. La barrera al goce impuesta por el amo impedía al sujeto acercarse en demasía a su plus de goce cosa que, por un lado, le permitía desear y, por otro, servía para poner cierto límite al imperativo superyoico.

El psicoanálisis nos enseña que el superyó se engrandece cuando el sujeto cede en su deseo y accede a la recuperación del plus de goce en su máxima inmediatez. Pero el sujeto que elige recuperar el plus de goce a costa de ceder en su deseo lo pagará, tarde o temprano, con el afecto depresivo. Esta es la falta moral, esta es la "cobardía moral" del sujeto deprimido que Lacan menciona.
El capitalismo nos vende la ilusión de que los objetos del mercado van a colmar nuestra falta, que van a colmar nuestra división. Pero el imperativo consumista se convierte en una nueva cara del superyó. Por otra parte, la ascensión de los objetos del mercado a la cúspide social tiene la contrapartida de producir una disolución de los lazos sociales ya que el discurso capitalista no hace pareja como sucede en los otros discursos.
La relación al Otro en la depresión se encuentra perturbada, el sujeto deprimido experimenta, entre otras cosas,  un fuerte sentimiento de soledad. Un gran desinterés general invade al sujeto y ello tiene también consecuencias en su decir. El acto de hablar, el decir, suele estar afectado, el sujeto siente, piensa, que no tiene nada interesante por decir, tampoco nada interesante que escuchar. Se produce así una separación entre el sujeto y el Otro propiciada por una desvalorización de la palabra.
El psicoanálisis aún cuando no acepta la depresión como una entidad clínica unificada, no deja de aportar respuestas, pero esas respuestas son una a una, porque la clínica psicoanalítica es una clínica del sujeto, y como tal cuestiona la forma particular en que cada sujeto, a través de su depresión, trata de situarse en relación al deseo y al goce. Es decir que, para la clínica psicoanalítica, lo que está en juego en el sufrimiento del ser hablante, depresivo o no, es la relación del sujeto al goce, así como su relación al saber inconsciente.
La responsabilidad del sujeto
Todo ello introduce algo que para el psicoanálisis es fundamental: la responsabilidad del sujeto, lo que nos sitúa en el registro de la ética. Cuando hablamos de responsabilidad lo hacemos en el sentido de que estamos frente a un sujeto de derecho, es decir, un sujeto que responde y que, por tanto, tiene la capacidad de elegir. Hay una elección en juego, una decisión del ser, no un conformismo del ser. Este punto implica explorar la dimensión ética de las respuestas del sujeto y ahí nos podemos encontrar,  por lo que respecta a la depresión,  con múltiples coyunturas.
Lacan en Televisión habla de la tristeza, la depresión, como cobardía moral. Dice así: la tristeza que se califica de depresión “es simplemente una falta moral (...) una cobardía moral, que no cae en última instancia más que del pensamiento, o sea, del deber de bien decir o de reconocerse en el inconsciente, en la estructura”.
Es decir, que para Lacan se trata de una falta simbólica, de una renuncia del sujeto que cede en su deseo frente al goce. La consecuencia de ello es el afecto depresivo, el desinterés por las cosas del mundo y por lo que a uno le rodea,  no querer saber, esa es la cobardía moral.
Dirección de la cura
Entonces, el psicoanalista, en la dirección de la cura, ante aquel sujeto que se queja y se desespera por su injusto destino, producirá una rectificación subjetiva que permita al sujeto hacerse cargo de sus elecciones y de las primeras consecuencias de su goce. El sujeto, entonces, podrá pasar de la queja y del afecto depresivo a la dignidad del síntoma que abre la pregunta sobre la causa y sobre la satisfacción, lo que siempre conlleva un relanzamiento del deseo y una disminución de la mortificación.
Pero en  esta cuestión de la responsabilidad subjetiva hay que hacer mención a la posición del analista , que debe ser prudente y encontrar la justa medida, la hora de señalar la posición subjetiva para lograr una rectificación subjetiva  . esto es lo que nos explica la psicoanalista Carmen Gallano
Hubo un caso en el que manifesté con vehemencia un deseo en eco al que la paciente decía que se le apagaba. Interrumpió su análisis y se alejó de mí por lo insoportable de lo cobarde que ella se sentía en mi presencia. Pues yo había intervenido, apuntando como ella, en relación con su deseo, a la falta y no a la causa de la falta. Mi intervención provocó en ella su división y la vergüenza de su goce, pero no causó su deseo.

Para el analista el asunto no es acentuar la cobardía moral del sujeto deprimido. Eso sólo puede hacer retroceder, tristemente, al deprimido, frente al psicoanálisis. No es eso lo que puede hacer sentirse a un sujeto llamado y atraído por una causa por la que valga la pena atreverse a saber lo que el inconsciente cifra.[1]

5-LA DEPRESIÓN , EL NOMBRE DEL MALESTAR EN LA CULTURA DE NUESTRA ÉPOCA

Tal y como hizo Freud en El malestar en la cultura de 1930, Lacan en Television de 1974 se interesó por el malestar en la modernidad diagnosticándolo como el producto del discurso capitalista, al que considera el discurso dominante en nuestra sociedad. Si esto era cierto en 1974, más aún ahora, en la época de la llamada globalización, en la que predomina la invasión del capital. Los hombres actuales ya no se relacionan tanto con sus semejantes como antes, sino con los objetos. El discurso capitalista no promueve las relaciones humanas sino que propone al sujeto la relación con un objeto de consumo,  promueve la ilusión de completud  mediante la construcción de una pareja conectable y desconectable al alcance de la mano, y anula toda cuestión sobre el deseo. Esto evidentemente puede llevar a la depresión, al tedio, o a los diversos tipos de toxicomanías.

La sociedad  regida por el discurso capitalista se nutre de la fabricación de la falta de goce, produce sujetos insaciables en su demanda de consumo, que la propia sociedad ofrece como objetos de deseo promoviendo así una nueva economía libidinal. El sujeto como falta en ser se convierte en sujeto en falta en tener y la falta de goce se convierte en falta en tener: dinero, objetos valiosos, prestigio social…. Se trata de un discurso sin ley que forcluye la castración, dice Lacan.  En psiquiatría los objetos producidos por el saber de la neurociencia, los medicamentos ,  fácilmente pueden convertirse en objetos de consumo. Es preciso una ética que frene el imperativo de tener, del consumir de la sociedad actual.

Por otra parte en la civilización actual se han producido la pérdida de los referentes que guiaban a nuestros antepasados. Así la familia tradicional, la religión, los grandes ideales del pasado, ya no están ahí para guiar nuestra conducta u orientar nuestras decisiones. ¿Es la depresión la consecuencia de estas pérdidas?

Para entender el mecanismo psíquico de la depresión, en primer lugar hay que diferenciar  entre la depresión producida por la pérdida de un objeto de otras depresiones o inhibiciones del deseo que se producen para eludir ciertas afectos o representaciones angustiantes . Son éstas últimas las que calificamos de depresión de la era actual, las que significan una forma de expresión del malestar de nuestra civilización. Algunos autores las analizan como nuevas operaciones del sujeto contemporáneo, formas de renuncia a ciertas fuentes de angustia, sin tener que pasar por el inconsciente, y con la particularidad de que se retiraría la libido de los objetos. 

Hay en ella pues, diferencias con respecto a la represión, la operación clásica de evitación de la angustia,  en la cual no se retira la libido de los objetos  y además siempre se puede producir el retorno de lo reprimido. Por el contrario el sujeto deprimido, excepto excepciones, no quiere saber, lo que forma parte del cuadro de inercia y apatía que experimenta. Hay una diferencia entre los síndromes llamados depresivos y una formación del inconsciente, sintomática, que apela a un saber.

Se puede pensar si la caída de la figura paterna en nuestros días estaría alterando, modificando el Complejo de castración que es el que regula el goce. La creciente caducidad de la autoridad en la función paterna ¿no estaría alterando la estructura de la angustia de castración y del superyó y su capacidad de provocar la represión? Es decir que la depresión sería un nuevo tratamiento de la angustia de castración, mediante la  priorización de la inhibición como tratamiento de la angustia de castración, a costa de la represión, que como sabemos siempre está asociada al retorno de lo reprimido y por tanto a una ganancia de saber.

No podemos pues dejar de relacionar la cobardía moral con ciertas características de nuestra sociedad la cual promueve la evitación del conflicto, la adaptación en lugar del cuestionamiento o de la sunción de las responsabilidades ante situaciones difíciles de la vida .

El abordaje psicoanalítico introduce al sujeto y su responsabilidad en el lugar del enfermo y su coartada diagnóstica. El tratamiento lacaniano de la depresión, su afirmación de que la tristeza es una cobardía moral, relaciona la salud mental con la ética, mediante una visión comprometida y diferente . El psicoanálisis no puede prometer la felicidad, pero propone un remedio frente a la tristeza;  el deseo, y esta es su única moral.

El psicoanálisis, a diferencia de la psiquiatría o del discurso social imperante, considera que ciertas formas de tristeza son necesarias y que por el contrario hace síntoma su inexistencia. Así la tristeza frente las pérdidas de la vida. Lo que ocurre es que en nuestra civilización existe casi el deber, la obligación de ser feliz. La tristeza es vergonzosa y se la tilda de enfermedad, y es por ello que hay que medicarla. Sin embargo, desde el psicoanálisis, no debemos alarmarnos demasiado frente a un sujeto que se queja de estar triste, ni tampoco tratar de aliviar rápidamente dicho sufrimiento, ya que muchas veces éste puede conducirle a una verdadera entrada en análisis


[1] Gallano, C.: ¿Qué se esconde en las delicias de la depresión? La depresión y el reverso de la psiquiatría. Nueva biblioteca psicoanalítica. Eolia Paidós

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