dilluns, 25 de maig de 2015

La neurosis infantil, una neurosis necesaria.


Ana Martínez.

Texto presentado en el Forum de Melbourne, Australia, en colaboración con el Centro Australiano de Psicoanálisis (ACP)
20-22 de Marzo de 2015

Comenzaré por dar razón del título escogido para esta intervención. He elegido hablar de la Neurosis infantil por dos razones:
La primera, porque la clínica infanto-juvenil de nuestros días se ha deslizado peligrosamente hacia una clínica descriptiva y simplificada, en la que ya no se habla de síntomas sino de trastornos, y en la que la neurosis queda relegada a un tipo de trastorno más, minimizado y casi oculto tras los grandes síndromes clínicos: trastornos psiquiátricos, trastornos de la conducta y las emociones, trastornos del habla, trastornos del aprendizaje, autismo, etc (cfr Multiaxial Classification of Child and Adolescent Psychiatric DisordersClasificación de la CIE-10, 1996, Sir Michael Rutter).
La segunda razón es psicoanalítica. Me pareció conveniente retomar el concepto de Neurosis infantil, quizás un poco olvidado en nuestros días, porque es un concepto clave no sólo para la teoría y clínica del psicoanálisis con niños sino también para la teoría y clínica con los adultos. No olvidemos que Freud deduce tempranamente la existencia de la Neurosis infantil a partir de su trabajo con los analizantes adultos y es en un segundo tiempo que va a confirmar su existencia en los niños, como lo prueba el texto de Freud sobre el pequeño Hans (Análisis de la fobia de un niño de 5 años, 1909) Por tanto podemos tomar a la Neurosis infantil como un concepto bisagra entre la clínica infantil y la de adultos. O dicho de otra manera: no se alcanza el estatuto de sujeto adulto hasta que no se ha atravesado la Neurosis infantil, independientemente de la edad que el sujeto tenga. Por otra parte podemos evocar también la utilidad de la N.infantil a la hora de practicar el diagnóstico diferencial entre Neurosis y Psicosis en la clínica con adultos, pues en casos de dudas diagnósticas el rastreo de huellas o signos de N.infantil en un sujeto permite inclinarse por la posibilidad de una estrucutra neurótica.
Entonces ¿qué es la Neurosis infantil?
Avanzaré de entrada una definición para después desplegar su estructura y detalles. La N.infantil es el tiempo que el sujeto necesita para elaborar el encuentro con la castración, con la falta fundamental, irreparable. Pues la subjetivación de la castración es una condición necesaria para el logro de una construcción psíquica acabada. Es por tanto un proceso que tiene un comienzo y un final, como veremos. El comienzo vendrá marcado por el encuentro del sujeto infantil con la falta en el Otro, y el final se alcanza cuando se consigue una salida adecuada para esa castración ya subjetivada, una salida que no es otra que la represión de la castración. ¿porqué la represión es la salida adecuada?  porque es la que permite construir una estructura neurótica normal, sobre la que asentar un funcionamiento de sujeto adulto normal. Insistimos en la noción de la salida por la represión (Verdrängung), para diferenciarla de la salida por la forclusión (Verwerfung) –propia de la psicosis- y de la salida por el desmentido (Verleugnung) –propia de la perversión-.  
Por otra parte a lo largo de la N.infantil se juega la culminación de la sexualidad infantil, diferenciándose lo que es sexualidad de sexuación (la diferenciación entre hombre y mujer), y estableciéndose la elección de posición sexual de cada uno.
Por lo tanto la N.infantil es un episodio regular del desarrollo, trascendental, cuya duración es más o menos larga y cuya curación es espontánea en la mayoría de los casos.
La perspectiva freudiana nos enseña a abordar este encuentro con la castración de forma articulada con el complejo de Edipo, pues Freud aísla en su investigación clínica sobre la neurosis del adulto un doble complejo entrelazado: el complejo de Edipo y el complejo de castración.
El sujeto infantil se encontraría confrontado de forma necesaria a este doble complejo entre los 3 y los 6 años aproximadamente. Este encuentro tiene siempre un carácter traumático, doloroso, por lo que transcurre a modo de una grave crisis existencial y cursa con síntomas más o menos agudos, en particular miedos, terrores nocturnos,  fobias transitorias, manías obsesivas transitorias y angustia, que en la mayoría de los casos acaban cediendo espontáneamente. El niño tendrá que desarrollar un arduo trabajo psíquico de elaboración y construcción para encontrar la salida adecuada a ese doble encuentro. Por lo tanto la N.infantil es una neurosis necesaria y benéfica, aunque no por ello menos dolorosa, sin la cual el sujeto no lograría acceder al estatuto adulto, alcanzando una estructura psíquica bien construida, con todos los elementos y el funcionamiento propios del adulto responsable de sus actos y de su goce.
Una segunda definición podría consistir en decir que la N.infantil es el tiempo que el sujeto infantil necesita para la construcción del fantasma, en tanto el fantasma sería el saldo del atravesamiento del Complejo de Edipo (la respuesta a la pregunta por el deseo del Otro, Che vuoi?, ver grafo del deseo)
Finalmente se puede formular una tercera definición de la N.infantil, según la cual esta crisis neurótica ineludible de la infancia correspondería al pasaje del registro de la demanda al registro del deseo, lo cual sólo es posible si se ha logrado subjetivar la falta, es decir la castración, condición sine qua non para la existencia del deseo. Pues como Lacan nos lo enseña, el neurótico, independientemente de su edad, es el que permanece en lo infantil, es decir el que confunde demanda y deseo.

La Neurosis infantil según Freud
Es Freud quien utiliza por primera vez la noción de N.infantil. La construye tempranamente para dar cuenta del origen de los síntomas neuróticos que presentan sus pacientes adultos. Es el caso por ejemplo de Dora,  1905, donde a medida que avanzaba su cura, Freud se veía llevado a indagar y explorar cada vez más en el material de la infancia de la paciente, localizando síntomas infantiles como eran las migrañas y disnea asmática o la enuresis infantil. Algo paralelo ocurre con el estudio del caso conocido como el Hombre de los lobos, un joven adulto que padecía graves trastornos obsesivos. Este texto fue publicado en 1918 bajo el título Extracto de la historia de una neurosis infantil, debido a que Freud localiza la aparición de una fobia aguda a la imagen del lobo cuando contaba alrededor de 4 años, una fobia que comienza con el famoso sueño de la ventana abierta y la visión de los 7 lobos blancos encaramados a un árbol y mirándole fijamente a él, es un sueño-pesadilla que provoca el despertar del niño gritando angustiado. Esta fobia infantil evoluciona según Freud hacia una N.obsesiva grave de carácter religioso, con ritos, compulsiones y pensamientos obsesivos severos. Pero además Freud considera que en este caso la causa de la neurosis del adulto es la incidencia de un trauma sexual infantil (la supuesta visión del coito a tergo entre los padres cuando el niño contaba 18 meses y la experiencia posterior de la seducción sexual por la hermana). Freud por tanto se ve llevado a establecer a partir de estos casos la hipótesis de la existencia de una N.infantil anterior a la N. del adulto.
A partir de ahí, querrá poner a prueba lo bien fundado de su hipótesis mediante el acceso a la clínica directa con niños. Este es el papel que viene a cumplir el famoso caso del pequeño Hans expuesto por Freud en su texto Análisis de una fobia en un niño de 5 años, 1909.
Nuestra colega Martine Menes, en su excelente libro sobre la N. infantil, nos indica que Freud no diferenciaba bien entre la N.infantil y la N. en la infancia, o dicho de otro modo: confundía en ocasiones lo que es el periodo neurótico normal y normalizante que el niño debe atravesar para constituirse como adulto normal (la N.infantil), con lo que son los síntomas neuróticos que aparecen en la infancia precisamente  cuando la N.infantil fracasa, cuando el niño no logra atravesar exitosamente el complejo de Edipo y el Complejo de castración. Esta confusión la encontramos por ej en el caso del Hombre de los lobos, a quien Freud califica de Neurosis infantil cuando la clínica del caso muestra que se trata más bien de una Neurosis en la infancia, una neurosis que se continuará con la Neurosis del adulto. La confusión conceptual entre N.infantil y N. del niño resulta especialmente patente en el texto Inhibición, síntoma y angustia, 1925, cito: “Las fobias a la soledad, a la oscuridad y a los extraños, de los niños más pequeños, fobias que han de llamarse casi normales, se disipan las más de las veces a poco que crecen; “pasan”…Las zoofobias, tan frecuentes, tienen el mismo destino; muchas de las histerias de conversión de la infancia no tienen continuación alguna. …En el periodo de latencia es frecuentísimo el ceremonial, pero sólo un mínimo porcentaje de estos casos se desarrolla después  en una neurosis obsesiva cabal.  Las neurosis de la infancia son en general…episodios regulares del desarrollo….En ningún neurótico adulto se echan de menos los signos de la neurosis infantil, pero de ningún modo todos los niños que los presentan se vuelven después neuróticos”.(AE tomo XX, p 139)
Pero al paso del tiempo Freud va a ir precisando mejor su noción de N.infantil.  Así en El porvenir de una ilusión, 1927 identifica la N.infantil con la crisis edípica, cito: “El niño no puede cumplir su evolución hacia la civilización sin pasar por una fase más o menos acentuada de     neurosis…La mayoría de estas neurosis desaparecen espontáneamente cuando el niño crece”. 
Resulta llamativo entonces, por lo paradojal, que se denomine Neurosis, en este caso N.infantil, a un proceso que se presenta precisamente como normalizador, y que designa el trabajo psíquico que desarrolla el niño para cumplir la construcción del sujeto. Y sin embargo esta denominación se justifica por el hecho de que cursa con una serie de manifestaciones clínicas propias del registro neurótico.
Estructura de la Neurosis infantil freudiana
Voy a ir  entonces ahora al grano de lo que ocurre en ese proceso necesario, de carácter neurótico, para que el niño pueda pasar de niño a adulto, tal como Freud lo planteó.
Ya hemos dicho que lo que se juega en ese proceso –según Freud - es el encuentro y atravesamiento de un doble complejo cuyos 2 componentes se presentan anudados entre sí: el Complejo de Edipo y el Complejo de castración, es decir una verdadera revolución existencial en la vida del niño.
Como seguramente ya sabrán, Freud reconoce explícitamente la existencia del C. de Edipo en la carta 71 a Fliess, 1897, donde dice que como fruto de su autoanálisis ha descubierto un pensamiento de validez universal, cito: “También en mi he hallado el enamoramiento de la madre y los celos hacia el padre, y ahora o considero un suceso universal de la niñez temprana…” Y deduce de ello que todo varoncito se siente atraído incestuosamente por su madre lo que se acompaña de rechazo y rivalidad respecto al padre, hasta el punto de desear su muerte. De ahí que Freud elija el nombre de Edipo para bautizar este complejo infantil universal, dado que en la tragedia griega Edipo es el hijo que, sin saberlo, mata a su madre y se desposa con su madre. Así pues el deseo incestuoso dirigido a la madre marca el inicio o la entrada a un proceso que tendrá sus etapas, y en el que se juega ni más ni menos que algo tan fundamental como la subjetivación de la castración. Lo iremos viendo.
¿Y las niñas? En un primer momento Freud les atribuye un C. de Edipo simétrico a de los niños, es decir: ellas estaría incestuosamente atraídas por el Padre y rivalizarían con la madre. Pero la experiencia clínica llevará a Freud a desdecirse de esta hipótesis. Lo que le enseñará la cura de los niños (sostenida no tanto por Freud como por sus alumnos: Ana Freud. Melanie Klein. Aichhorn, Josine Müller, etc) es que el primer amor tanto para los niños como para las niñas es siempre la madre.
Así pues el  C.de Edipo requiere de una triangulación: niño-madre-padre, dentro de la cual se va a jugar una compleja dialéctica que requiere de un proceso temporal, marcado por un principio y un final. Si la dialéctica del proceso edípico es tan compleja, es debido a que ella se articula en su devenir con el complejo de castración, a saber la inscripción de la falta irremisible en la subjetividad del infante. Hay que decir también que este proceso no será igual para el niño y la niña, lo veremos.
Comencemos por el Edipo del niño. Este complejo se presenta en el niño cuando éste ya ha entrado en la Fase genital de su desarrollo sexual, es decir cuando ha dejado atrás las fases pregenitales de su líbido y está centrado en su sensibilidad peneana. Cabe distinguir 3 etapas en el Edipo del varoncito:
-  una primera etapa que podemos considerar la entrada en el Cde Edipo, que corresponde al amor por la madre y el rechazo del padre
- una segunda etapa en la que incide el C. de Castración por una doble vía: por la vía de la prohibición paterna del incesto, es decir incidencia de la Ley que instaura la renuncia al objeto de goce,  la cual no hay que olvidar que se dirige tanto al niño, “no te acostarás con tu madre” como a la madre, “no reintegrarás tu producto”, y por la vía de la observación directa que el niño hace de los seres vivientes, descubriendo que unos están provistos de pene y otros no. Tanto la prohibición como la observación conmocionan y hacen caer la teoría sexual que el niño había construido espontáneamente, según la cual todos los seres vivientes por una parte podían acceder a su objeto primario de goce y  por otra estaban provistos de pene (más allá de las apariencias, es decir de la visibilidad o invisibilidad del mismo).
A esta teoría sexual primaria Freud la bautizó como la premisa universal del falo, a saber: “todos tienen” (cf La organización genital infantil.Adición a la teoría sexual, 1923). Pero la incidencia de la ley de la castración, traducible por el enunciado  “hay de la falta” da un nuevo vuelco al proceso edípico. A partir de la subjetivación de la castración surgirá la diferenciación de los sexos: los hay que tienen pene, a saber los niños, y los hay que no tienen pene (que están castrados), que son las niñas. Freud denominará FALO a ese objeto imaginario compartido por ambos sexos, un objeto que no se confunde con el pene, y que se caracteriza por inscribirse como presente en el niño (el que tiene el falo) y ausente en la niña (la que no lo tiene). Es decir que tanto el niño como la niña tienen el falo (en tanto este es un objeto imaginario, no de la realidad) pero en modos distintos, el niño lo tiene positivizado (+falo), y ella de negativizado (-falo).
Creo que no es difícil captar el valor crucial de esta segunda etapa edípica en que se inscribe la falta/castración en el sujeto. Se trata de un tiempo de subversión crucial, vivido por el niño con gran angustia y con sentimientos de catástrofe y desamparo, ya que la expectativa de una unión totalizante con la madre queda excluida definitivamente, es un paraíso perdido para siempre. Un verdadero drama para el niño. Pero la buena noticia es que la emergencia de la falta no suturable, representada en la enseñanza freudiana por el falo, que nombra al objeto perdido para siempre, va a constituir a partir de ese  momento la razón del deseo, es decir que se abre la vía para la liberación del sujeto del Otro, para el pasaje, como nos dice Lacan a la separación del Otro, no es otra cosa que un engendramiento de uno mismo (separare / se parere) , o dicho de otro modo: para pasar de la Demanda (al Otro o del Otro) al deseo propio. Todo este proceso desembocará en
-la tercera fase edípica o salida del C.de Edipo, que irá seguida después la fase de latencia en la evolución psíquica del niño. Para entender esta tercera etapa conviene recordar que en la enseñanza freudiana la castración es representada imaginariamente, como la amenaza de cortar el pene si el sujeto infantil no cumple con el imperativo de la prohibición del incesto. Y es en este punto que el sujeto infantil prioriza el interés narcisista sobre el amor al otro, de forma que opta por prescindir de la madre amada para salvar su pene. Es así que el niño se alejará de la madre y se volverá hacia el padre, buscando identificarse con él e inscribiéndose en el colectivo de su género, los hombres. El niño sale por tanto del C.de Edipo identificándose con el género masculino, “aquel que tiene el falo” e instituyendo como objeto de deseo sexual a la mujer, una que no sea su madre.
¿Y las niñas? Lo tienen un poco más difícil, su recorrido es aún más complejo que el del niño. Como dice Freud, a diferencia del niño por una parte ellas tienen que cambiar de objeto de amor para entrar en el  C.de Edipo  (han de poder pasar del amor a la madre al amor al padre) y por otra tienen que cambiar de zona erógena (pasar de la sensibilidad clitoridiana a la vaginal).
Una vez alcanzada la Fase Fálica (FF) en su articulación con el C. de Castración, la niña se posiciona respecto al falo como no teniéndolo, es decir como castrada. Lo reconoce y lo asume. Y es por esta razón que en ella no opera la amenaza de castración del mismo modo que en los niños, puesto que al no tenerlo no tiene que temer perderlo. Sin embargo ella padece de otro tipo de angustia de pérdida: la angustia de pérdida del amor por parte del adulto amado. Las niñas freudianas interpretan que si no tienen pene es porque no se lo merecieron, por no haber sido suficientemente “buenas  o deseables”. Y por esta razón están muy predispuestas a creer que no son merecedoras del amor o la aprobación del otro. Por otra parte, aunque ellas saben que “no lo tienen”, el falo, no por ello dejan de desear tenerlo. Llegan a la conclusión de que la madre no se lo ha dado ni se lo dará, el falo,  por lo que movidas por su deseo de tenerlo tomarán la vía de volverse hacia el padre, con la esperanza de obtener de éste un objeto equivalente simbólicamente al falo: un hijo. Es así que la niña entra en el C. de Edipo normalizado (el amor incestuoso hacia al padre) como consecuencia de la subjetivación de la castración.
Vemos pues la complejidad de los procesos que tienen lugar en el niño y la niña durante su Neurosis infantil.

Versión lacaniana de la Neurosis infantil
Como es propio de la enseñanza de Lacan, éste reformula la N.infantil freudiana a partir de sus propias categorías, pero concede el mismo lugar principal a la N.infantil dentro de la teoría y clínica psicoanalíticas.  Ejemplo de ello es lo que nos dice Lacan en el Seminario I cuando está debatiendo acerca de la N.infantil del Hombre de los lobos en el cap 15 titulado El núcleo de la represión acerca de la N.infantil del Hombre de los lobos, en la que recordemos se trata de elaborar el trauma infantil provocado por la visión temprana del coito a tergo entre los padres. Cito: “¿Qué ocurre  (en este sujeto)…entre los 3 años y 6 meses y los 4 años? Ocurre…que el sujeto aprende a integrar los acontecimientos de su vida en una ley, en un campo de significaciones simbólicas…Es por ello…que esta neurosis infantil es exactamente lo mismo que un psicoanálisis.” (Seminario 1, Paidós, pp 282-283)
Observemos que Lacan no hace mención del C. de Edipo en esta cita. Efectivamente no lo hace porque para Lacan el C.de Edipo no es central en la N.infantil, es un escenario contingente. Lo que Lacan sitúa en el centro de la N.infantil es el C. de Castración, es decir el encuentro del humano con la falta fundamental, encuentro que como ya hemos visto está representado en Freud por la emergencia de la noción de falo y la dialéctica fálica: tener o no tener el falo. Por tanto para Lacan el C. de Edipo no es universal, es una versión particular – en función de una cultura determinada- de la falta universal. Por el contrario el C. de Castración sí que es universal y lo que se juega en él es el anudamiento entre el deseo y la ley.
Si para Freud el encuentro con la falta se produce a nivel de la visión de la ausencia de pene en un humano (perspectiva imaginaria de la falta ) Lacan sitúa primeramente el encuentro con la falta a nivel del encuentro con el agujero en la cadena significante (perspectiva simbólica de la falta, ver Seminario 3, cap 11 Del rechazo de un significante primordial, el significante del NdP).
Esta priorización del Simbólico sobre el Imaginario en la enseñanza lacaniana se refleja también en la reformulación que Lacan hace del CdE y de la dialéctica fálica. Lacan va a reducir “la historieta edípica” a un algoritmo algebraico, la metáfora paterna.                                                                   
De este modo el Padre del Edipo deviene un significante (NdP) y el Falo freudiano también (gran FI). Así, tanto el Padre como el Falo pasan  ser operadores, responsables de cumplir una función simbólica.
El progreso de la elaboración lacaniana de la paternidad hará que en la década de los 70 Lacan conciba la función paterna como una función simbólica de nominación, por lo tanto la función paterna ya no es una metáfora sino un acto. De este modo la función paterna - más allá o más acá del CdE - puede ser sostenida por cualquiera, incluso por el síntoma, como nos dice Lacan en el seminario sobre Joyce. De esta manera Lacan pluraliza la paternidad, y pasa a hablar de “los Nombres del Padre”. La filiación por tanto, queda totalmente separada de la procreación.
En cuanto al Falo simbólico, Lacan hará depender de él - en el Seminario 20 - la sexuación del sujeto (lógica de la sexuación), una sexuación que queda así totalmente separada de la anatomía. Lo determinante para la sexuación es ahora el posicionamiento del sujeto respecto del goce (goce fálico o goce Otro)
Esta elevación del Padre y el Falo a estatuto simbólico “puro” no implica sin embargo que Lacan no se haga cargo de la dialéctica fálica introducida por Freud, aquella en la que se trata del falo como objeto. Lacan no sólo la retoma sino que incluso la empuja más allá ¿cómo? Añadiendo nuevas posibilidades dialécticas: ya no se tratará sólo de tener o no tener el falo, como representante del objeto del deseo, sino que Lacan le añade dos opciones más: ser o no ser el falo, y parecer o no parecer el falo. Estas nuevas opciones de posicionamiento fálico amplían enormemente el campo para el despliegue de las posiciones de género: las figuras de la feminidad y de la masculinidad.
Pero además Lacan nos dice en relación a la N.infantil, que el Padre concreto, el de la realidad, es siempre inadecuado, o desfalleciente – como en el caso Juanito o demasiado potente, como en el caso del P de Schreber. Por eso surge la N.infantil como “una fobia transitoria u ordinaria”, un recurso necesario para ayudar a sostener la metáfora paterna, es decir el proceso de simbolización de la experiencia traumática que supone para el humano el encuentro con la falta fundamental: con la castración.
Vds pueden encontrar un extenso y detalladísimo estudio sobre la fobia infantil en el Seminario 4, La relación de objeto, donde Lacan dedica ni más ni menos que medio seminario al estudio del caso del pequeño Hans, afecto de una fobia al caballo asociada a un elevado monto de angustia e inhibición de la conducta. Es ahí que Lacan precisa que la fobia es un refuerzo a la función paterna y que es el síntoma específico de la N.infantil. La fobia no es otra cosa que un síntoma de defensa que surge en el momento del encuentro del sujeto infantil con la castración, antes de que dicho sujeto haya elegido su respuesta frente a esa nueva realidad, es decir antes de que haya construido su fantasma.
Es por eso que más adelante, en el Seminario16, De un Otro al otro, 1968-69, Lacan nos presenta la fobia como “placa giratoria” (plaque tournante) , cito: “ No debe verse la fobia en absoluto como una entidad clínica, sino como una placa giratoria. …Ella vira muy frecuentemente hacia los dos grandes órdenes de la neurosis, histeria y neurosis obsesiva, también realiza la unión con la estructura de la perversión…se trata mucho menos de una entidad clínica aislable que de una figura clínicamente ilustrada, …en contextos infinitamente diversos.” (Se, 16, Paidós, cap 19, p 280)
¿Cabe deducir de este planteamiento que el estancamiento de un sujeto en la fobia, independientemente de la edad del sujeto, signifique que tal sujeto se ha quedado estancado en la N.Infantil? esta es sin duda una pregunta clínica sumamente interesante, que dejo para el debate si Vds lo desean.
La salida de la Neurosis infantil
De lo dicho hasta aquí podemos deducir que la N.infantil es un periodo neurótico ordinario, necesario, benéfico, que todo sujeto debe atravesar para poder devenir un adulto bien construido. Por lo tanto lo habitual es que dicha N.infantil tenga un comienzo y un final. El comienzo ya lo hemos visto sobradamente, se produce cuando el niño se encuentra con la falta fundamental, lo que puede ocurrir de infinitas maneras (ej Hans, ej Sandy, ambos en el Sem 4 de Lacan). El proceso intermedio entre el comienzo y el final, lo hemos visto también, dado que consiste en la compleja y laboriasa tarea de simbolización del trauma de la castración. Pero ¿y el final de la N.infantil?
El final se produce cuando el niño logra construir un fantasma que incluya la castración (como es el caso de Juanito con el fantasma del fontanero), lo que acostumbra a darse entre los 5 y los 7 años. Una versión de este fantasma es la “novela familiar” del sujeto, a saber: una construcción postedípica con la que se pone fin a la N.infantil. Esta construcción en la que el niño pone en duda su filiación (ej “me recogieron en un contenedor”, o “en realidad soy un niño adoptado”, etc) le permite abandonar la idea de los padres ideales y conformarse con los padres de la realidad.
¿Qué consecuencias conlleva el atravesamiento de la N.infantil? lo podemos decir de forma muy sintética: la consecuencia es que el niño abandona el mundo infantil y pasa a disponer de una estructura psíquica que no variará ya cuando alcance su edad adulta. Sin embargo su cuerpo no está aún en el punto de madurez genital necesario para sostener una actividad sexual adulta, ni tampoco está aún en condiciones de sostener su independencia social. Es por ello que finalizada la N.infantil el niño entra en la etapa de latencia caracterizada por un enfriamiento de la sexualidad y un desarrollo de los intereses intelectuales y sexuales, a la espera que con el despertar de la adolescencia el sujeto esté en condiciones de disponer de todos los recursos del adulto para afrontar con plena responsabilidad y capacidad de acto la posición sexual elegida y los retos individuales y sociales propios del humano adulto.
Dicho de otro modo, en la N.infantil se trata de pasar de ser el objeto del deseo o goce del Otro maternal a ser sujeto de un deseo propio, un deseo responsable y anudado a la ley.
Terminaré con el resumen que  Martine Ménes hace del proceso de la N.infantil aplicándole la estructura del tiempo lógico lacaniano. Tal proceso estaría constituido por:
-       el instante de ver: para el caso la revelación de la castración materna
-       el tiempo para comprender: es decir el tiempo para poner en juego el significante de la falta, el falo. Es en este tiempo que aparece la fobia.
-       el momento de concluir: simbolizando la propia falta o subjetivación de la castración

Ana Martínez Westerhausen, marzo 2015




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