dilluns, 15 de juny de 2015

DESEO Y ESCRITURA

Maria Dolors Camós
Psicoanalista y escritora
Intentaré decir algunas cosas desde mi experiencia analítica i también desde mi experiencia en la escritura literaria, en este caso a través de un pequeño texto.  
¿Cómo enfocar el tema? De repente recordé una presentación que hice hace ya tiempo, con el título Deseo i literatura. Hablaba allí de un artículo de Italo Calvino en que el autor explica que ante la pregunta “por qué escribe” -que el periódico francés Liberation planteaba a distintos escritores- se quedó atónito. Después de leer las nueve respuestas que había dado Primo Leviél respondió tres (que no eran ninguna de aquéllas). De las tres, yo escogí una para mi presentación: para aprender alguna cosa que no sé… con relacióa lexperiencia de la vida: en la página escrita espero poder capturar alguna huella que en mi vida sólo he intuido porque enseguida la he perdido”. Ahora, años después, la explicación que da I. Calvino me llega preñada de nuevos ecos.  
En la primera página del SemVI,  El deseo y su interpretación, leemos: “¿a título de qué interviene el psicoanálisis para tratar las diversas realidades psíquicas… sueños, lapsus, mots d’esperit, y sobretodo síntomasEn tanto ponen en juego el deseo”.

El concepto de límite en psicoanálisis me sirve como eje de trabajo. Límite no es lo mismo que impás. Se trata de un punto infranqueable, un no más allá en la estructura del lenguaje. Límites inevitables de lo simbólico (negatividades de lestructura las llama Lacan)que apuntan a la presencia de lo Real. De ahí se desprende una cuestión esencial que se pone en juego, inevitablemente, al final de cada cura: ¿límite o impás? No es fácil de dirimir, las vicisitudes en torno al dispositivo del pase lo prueban.  


En tanto marcado por la irrupción del lenguaje, el ser hablante es un ser en falta de goce y por ello mismo condenado a su búsquedaEl síntoma lo prueba, en tanto que no cesa de escribir esta búsquedaEl tiempo de la cura, entonces, es el tiempo de hacerse al/el límite traumático (en catalán al/el suenan igual), condensación de “topar con un confín y hacerse agente de la propia castración”
¿De qué goza un sujeto al final del análisis? ¿Qué puede saber de ello? E igual de importante, ¿qué deseo en juego hay ahí

Considero aquí dos momentos en la lógica de la cura: 

l. Encontrarse como goce es ubicarse como objeto plus, activo, con relación al Otro al que querer completar. Un plus que responde a un menos de goce, “a la pérdida, a la renunciación, a la repetición” (Sem. XVI). La angustia, al desestabilizar este deseo de completud, marca el paso subversivo de sujeto a objeto. ¿Qué quiere el Otro?, es decir, “no sé qué objeto soy para él”. Un Otro entendido como lugar de la palabra, encarnado en figuras concretas de la demanda y deseo. Explicando el segundo piso del grafo (seminario citado), Lacan es contundente :  “en la presencia primitiva del deseo del Otro como obscura y opaca, el sujeto está sin recursos (el Hilflosigkeit freudiano)…, pero es en el interior de esta spaltung que el sujeto ha de situar su propio deseo. Es el fundamento de aquello que en el análisis ha sido experimentado como experiencia traumática…” Indicación clave para el recorrido analítico, en tanto es con relación a esta experiencia de desamparo e impotencia que el sujeto deberá elaborar qué ideales, fantasías, síntomas ha puesto en juego“es ahí donde ustedes deben reconocerse, el psicoanálisis se lo enseña”(Sem. XVII). Un horizonte de ser se abre para el sujeto.

Eel transcurso de mi experiencia analítica, dentro de la imbricación del Otro parental fue importante el paso del objeto mirada plus de goce con relación a la figura paterna al encuentro con el objeto invocante por el lado materno, radical por los efectos que había producido de inhibición sintomática. La escucha inesperadamente otra de una canción que había oído durante años (canción protesta) puso al descubierto este punto clave de mi historia, produciendo cambios. Episodio que, avanzo aquí, contrasta con otro, en el cual las raíces de los afectos provocados por un nombre que reaparecía durante mucho tiempo han permanecido opacos (ver al final*).          
¿Cuál es el hueso de la función del objeto en el deseo? Unas palabras de Lacan (Seminario VI) son de una precisión clínica sorprendente teniendo en cuenta el momento de su enseñanza: “El objeto a está destinado a representar una falta… y a representarla con una tensión real del sujeto… tensión última… resto, residuo, al margen de todas las demandas”. Resto pulsional, núcleo ineliminable del síntoma.Ahora bien, ¿ cuánto tiempo se necesita para que la demanda suelte el objeto que hace de tapón a la falta en el Otro, para que no falte la falta? Porque ésta como causa no es nombrable“si intento nombrar los objetos plus de goce es por necesidades de nomenclatura (Sem. XVII). Es interesante leer las definiciones que de ellos hace Lacan en distintos momentos de su enseñanzalugartenientes del objeto causa, enigmas polarizados que se originan en  los cortes del cuerpo, prácticas de recuperación de goce… El cuerpo está implicado, siempre. Se constata que cuando la reducción de dichas “prácticas” es un hecho, el vacío resuena. Dicho de otra manera, cuando los deseos oral, anal, escópicoinvocante a los cuales la pulsión se engancha, pierden consistencia, una pregunta va tomando cuerpo: “¿quieres lo que deseas?”, soportando ser visto, oído, …

II. Una vez atravesado el fantasma una cuestión se plantea aún en el síntomala relación de este resto de goce que no cesa, con el deseo como causa, teniendo en cuenta que el lenguaje es inadecuado para nombrarlo.      
Los años 70 constituyen el viraje que da Lacan a su enseñanza: del objecto a como aparato del goce, al significante-letra como condensadora de goce, que va a la par del concepto de lalengua. Es en el encuentro entre las palabras y el cuerpo donde algo se esboza: se trata de las primeras huellas de goce, que de forma  contingente  volverán a salir en toda suerte de tropiezos, de maneras de decir, de escribir, en función de la manera en que lalengua fue hablada y también escuchada en la particularidad de cada cual. Se trata del material con el cual trabaja el inconsciente, material que predispone al equívoco en toda lengua.  “Lo que no cesa de escribirse está sostenido por el juego de palabras que lalengua mía ha conservado de otra…leemos al final del texto “Introducción a la edición alemana de los Escritos” (1973). Podemos definir el saber inconsciente como un memorial de experiencias de goce, que se transmite a través de las generaciones 

El inconsciente-lalengua, fuera de sentido, operaria entonces más allá del límite al cual nos aboca el inconsciente-lenguaje, en  tanto no hace cadena. ¿Cómo pensarlo? ¿Perdido, ilimitado límite? Se ahonda la división que define al ser hablante: dividido entre los significantes que lo representan como sujeto y los significantes-letras de lalengua, marcas de goce que se hacen escuchar a través de sus e/afectosImposible didentificar, pero en su especificidad constituyen un eco de la causa: “uno puede saber sobre las inercias de goce, pero no la letra última que las fija”, leemos en “El inconsciente reinventado” de C. Soler, hablando de la famosa frase de Lacan “la  letra del síntoma permanece indecisa, del fonema a la palabra, a la frase y al pensamiento todo

El síntoma al final de la cura es en sí mismo una paradoja: opacidad sobre el goce más particular y al mismo tiempo un aviso del deseo como falta. Ahí se juega la responsabilidad ética del sujeto, porque la falta no dice, no programa aquello que deseamos, la cuestión está en el nudo que se obtiene entre un goce opaco y un deseo no errático, de lo contrario cierta deriva subjetiva está asegurada. Un deseo no anónimo adviene allí donde el goce no cesa de escribirse. Así entiendo la identificación al síntoma.

*A l’interior dels mots es un conjunto de pequeños textos que escribí hace ya tiempo. Entre ellos, se encuentra uno que lleva por título Lisboadel cual forma parte el siguiente fragmento:
Al día siguiente, erprimera hora de la mañana, se fue al jardín que lleva por nombre da Estela, un nombre que al leerlo el día antes en el mapa que tenía en la pared de su habitación le quedó gravado. Al entrarsintió que la hierba aún tenía en sus bordes hilillos del rocío de aguaCaminaba distraída en medio de los pocos visitantes que en aquella hora había, cuando de repente vio un pequeño sendero que se deslizaba hacia la parte izquierda del parque. Empezó a bajar. Una hilera de árboles, esbeltos ya a poco de despertar, le servían de guía. Justo al salir de un recodo vio la estatua. Se detuvo. ¿Quién era aquel hombre, joven aún, con la cabeza inclinada, encaramado al pedestal? Se acercó a leer el nombre: Antero de Quental..El corazón le dio un pequeño tirón, perceptible debajo de su piel. De nuevo, inclinó sus ojos para leerlo. Nunca había oído este nombre, y sin embargo, en el devenir de los meses, aquellas letras reaparecerían a menudo, sin avisar, produciéndole una extraña sensación, quizá sólo visible en las pequeñas muecas que las lágrimas dibujaban en su rostro al intentar abrirse paso¿Qué antiguo resorte habían pulsadoEl grupo inicial fónico podía aún interpretarlo, en cambio, algunos fonemas como la e, la ele, la erre ¿por qué resonaban alegres en su interiorQuizá se trataba del ritmo silábico, como le había señalado un día una amiga escritora Quizá… Sólo una cosa parecía haberle sido transmitida: al leer aquellas letras, el cuerpo había resultado afectado”. 
Tiempo después, supo que se trataba de un poeta, filósofo y político portugués, una de las figuras clave del Portugal del s. XIX, junto a F. Pessoa. Abatido por sus crisis nerviosas, según cuenta en una de sus cartas autobiográficas, en 1877 viajó a París para visitar al Dr. Charcotquién hizo un diagnóstico de histeria: “Nos hemos equivocado, Ud. no tiene nada en la espina; Ud. tiene una enfermedad de mujer, transpuesta en un cuerpo de hombre: es el histerismo”. (Ver el ensayo de Jerónimo Pizarro, “De la histeria a la neurastenia”).  Antero de Quental se suicidó el 11 de setiembre de 1891, en el jardín de un convento, delante de un rótulo donde podía leerse una palabra: “esperanza”. 
Buscando algún poema del autor, encontró un soneto que le llamó poderosamente la atención: Oceanic nox”. Al llegar al segundo terceto un  ligero escalofrío recorrió su cuerpo: Pero en la inmensa extensión donde se esconde el Inconsciente inmortal, sólo me responde un bramido, una quejadumbre y nada más”. (traducción propia)
De repente un díase acordó de un libro para ella muy querido: Dona de Porto Pimun libro de cuentos del autor italiano Antonio TabucchiBuscó un relato, algo había despertado de su lectura de años antes. Lo encontró. Se trataba de una ficción del último día de la vida de Antero de Quental“gran e infeliz poeta que mesuró los abismos del universo y del alma humana con el breve compás del soneto”, según palabras del autor. Una pequeña-verdadera joya








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