dilluns, 14 de setembre de 2015

EL TIEMPO EN PSICOANÁLISIS. VÍNCULO Y RUPTURA.


Clotilde Pascual
Texto presentado en el Espacio Escuela del EPFCL-FPB
el 13 de febrero de 2015



I-Introducción: Voy a tratar del tiempo del inconsciente, del tiempo lógico de Lacan en relación al vínculo con el Otro y a la ruptura de dicho vínculo.

Para el psicoanálisis el tema del tiempo comporta una dificultad. El Inconsciente no conoce el tiempo. En todo caso no se trata del tiempo “a priori” condición del pensamiento y de la observación del mundo, el tiempo que llamamos cronológico. Este tiempo, sabemos que no es el tiempo objetivo que se puede medir. De este tiempo como condición del pensamiento, tenemos tres concepciones del mismo: el tiempo como causalidad, promovido por Kant, el tiempo desde el pasado al futuro, y el tiempo que prioriza el futuro, como estructura de innovación, el tiempo de Heideger.

En cambio el tiempo en psicoanálisis, es un tiempo distinto, sabemos que se trata de un tiempo vivido al interior del sujeto, tiempo subjetivo y que depende de múltiples factores, entre otros de la estructura clínica de dicho sujeto: Neurosis, psicosis, y dentro de las neurosis siguiendo la enseñanza de Jacques Lacan de la forma fantasmática que ha construido cada sujeto, resultado de la articulación del significante y del goce. Fantasma, que comporta una repetición, a través de los síntomas, y que se debe poder atravesar en la cura analítica para no ser esclavo de esa clase de tiempo propio de la estructura y del fantasma fundamental, en que el sujeto está vinculado con el Otro a través de una alienación.

Así este tiempo subjetivo, lógico según Lacan con los momentos de ver, comprender y concluir, (tema desarrollado en su escrito: El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada, en 1945), es el que no sólo al final de la cura sino en cada momento de atravesamiento de un momento crucial (entrada en análisis, atravesamientos de identificaciones, del fantasma etc.) evidentemente por la transferencia al analista y la interpretación, debe poder ser atravesado.

II Dimensiones del tiempo:

Desde Freud:

Tenemos una primera dimensión del tiempo: el tiempo lineal, en estratos que fue la primera forma freudiana de abordaje del tiempo, con sus antecedentes en Darwin y en la arqueología: Se trata de su teoría de las fases o estadios en donde las inscripciones del Inconsciente se sitúan en capas sucesivas, y en donde las pulsiones sincronizaban con las fases: oral, anal, fálica, genital. Se trataría en términos lacaníanos de la batería del significante puesta en un orden que se querría armónico. En esta teoría, en  el análisis, junto con la no temporalidad del inconsciente habría una articulación con lo atemporal del trauma y de la neurosis actual instalada en la transferencia.

Una segunda dimensión freudiana, es el tiempo con la apertura y cierre del inconsciente. Ya no es el tiempo lineal sino el tiempo marcado por discontinuidades en articulación con lo pulsional bajo cada una de sus fases dando lugar a conceptos como la repetición, regresión, retroacción y posterioridad, todos ellos como emergencia obligada de esta atemporalidad cronológica del inconsciente y como resultado de la cura analítica, marcados estos conceptos por el trauma que es siempre el encuentro con lo sexual. Todos estos fenómenos alteran el tiempo lineal, el traumatismo psíquico es anterior pero deviene actual en la cura dando lugar al fenómeno del après-coup.

Por último, en Freud, que después se continúa en Lacan de manera mucho más precisa, tenemos una tercera dimensión del tiempo que es el tiempo según la forma temporal de cada estructura psicopatológica. Para Freud serían las formas de vivir el tiempo según los fantasmas llamados por él originarios de cada ser humano, fantasmas que le vinculan al Otro.

 Para Lacan:

El tiempo del inconsciente en la cura es un tiempo que tiene en cuenta estas dimensiones referidas anteriormente por Freud pero ante todo se trata de un tiempo que no sólo desvela un pasado sino que es una producción. Una producción en forma de construcción para cada sujeto de lo no sabido, construcción de su fantasma fundamental, que debe poder ser atravesado. Fantasma fruto de la articulación entre el significante y el goce y por tanto fruto también de las identificaciones que podemos llamar fundamentales del sujeto.

Entonces el tiempo de la cura, desde Lacan, es el tiempo que hace falta para que el sujeto no sólo advenga de lo que fue y no sabe (esto sería freudiano) sino que es el tiempo que se necesita para separarse de eso que se fue, el tiempo para conocer que objeto se fue para el Otro, del cual el sujeto ha de poder separarse. Tiempo marcado por la alineación al Otro y la separación de este Otro, por medio de la separación del objeto, y el cernir lo más posible su real.

Esto lo podemos situar muy bien el texto citado antes, del apólogo de los tres prisioneros, en donde se muestra bien la articulación del objeto a y el tiempo, aunque en ese momento de 1945 no estuviera así teorizado. Hemos de esperar a 1964, para que esta forma de abordar la alienación al Otro y la separación por el objeto sean lo fundamental de una cura analítica lacaniana.  Sabemos que para Lacan el objeto a es el elemento esencial para despegarse de lo imaginario, es el objeto que divide al sujeto y que introduce la función de la prisa. En este apólogo se trata de esto, de que el sujeto no se deje engañar por lo que ve o escucha del Otro.  Recordemos que mucho después en el Seminario Aún, 1972, Lacan dice: La función de la prisa (hâte) la introduce el objeto a causa de deseo, que la tetiza a esta prisa. (tètise). Así el pequeño a se puede llamar el pequeño apresurado, como nos decía Bernard Nominé, en un texto sobre el tiempo.  En todo caso, el pequeño apresurado, que le hace ir deprisa al sujeto,  siempre bajo la mirada de los otros. De esta manera, este objeto juega la función de ver, de comprender y concluir sobre lo que no se ha visto (en el apólogo de los tres prisioneros el disco negro).

En este apólogo, lo resumiré brevemente: Se trata de que hay tres prisioneros, con cinco discos, tres negros y dos blancos. Estos prisioneros podrán salir de prisión si aciertan el disco que llevan en la espalda y que no pueden ver. Nos trata de la deducción del sujeto A con respecto al B y al C. El A que concluye sobre el disco que porta, lo hace a través del pensamiento de B y de C. Se dice: Si tuvieran un disco negro, viendo el uno y el otro, B y C, un disco negro (el mío, y el de otro),  saldrían. Pensarían, cada uno de ellos que es blanco. Como no lo hacen, salgo yo puesto que debo ser blanco. Y así, cada uno sale por el mismo pensamiento y por el acto de decidir de la salida antes de tener la certeza absoluta  de lo que son. Este sofisma introduce otra certeza que no es absoluta. Y que Lacan denomina certeza anticipada. Nos indica también que este texto nos confronta no sólo a la salida, sino a la identificación colectiva que a veces paraliza al sujeto. Lacan leyendo a Heidegger, preocupado de como el tiempo hace girar al ser humano en redondo, introduce como se trata de que en un análisis deje de girar. De esa salida, sin esperar al Otro. Y esto le hace escribir sobre este sofisma y más adelante en 1978, en el Seminario libro XXV, El Momento de concluir,  nos dice del final de análisis. “Se trata de que en el análisis se haya girado al menos dos veces en redondo, pero ante todo es suficiente con que el sujeto se dé cuenta de que está prisionero.” De que objeto, de que mentira verdadera, de que fantasma, de que real es prisionero. Maneras diferentes de decir lo mismo, de que marca, de que disco se es prisionero, y que el análisis conduce a cernirla, y a salir de la alienación al Otro.

Entonces, resumiendo, en una cura teniendo en cuenta estas dimensiones del tiempo del inconsciente y los tiempos lógicos de Lacan podemos pensar del tiempo en un análisis:

El tiempo para ver, atravesado por huellas de las más elementales a las más elaboradas. Este tiempo debe poder ser removido para que llegue a ser un tiempo vivo y llegar a producir el Inconsciente, producto de lo que el sujeto construye.

Después vendría el tiempo para comprender, el intervalo, en cortes, escansiones del tiempo, marcadas por el tiempo del analizante y la interpretación del analista. Los ritmos que marcan los traumatismos, construcciones del pasado para actuar sobre el futuro, tiempo de construcción del fantasma fundamental, de conocer de que se goza. Podemos decir que Freud se detiene en este tiempo con el límite de la llamada “roca de la castración”. Es el tiempo como respuesta a la estructura y es el tiempo que produce la clínica diferencial del tiempo.

Por último, el tiempo una vez que se han atravesado las figuras del tiempo según las estructuras y el fantasma fundamental. Es el momento del concluir y el tiempo del final de la cura analítica. El tiempo de la prisa, de la urgencia de salir, de la urgencia de la satisfacción según dice Lacan en el Prefacio.

III Figuras o modos temporales según la estructura. Momento de comprender.

Desde Freud, aunque no lo describa así, este momento de comprender, consiste en una manera de remover el tiempo lineal que consiste en las figuras temporales de cada sujeto neurótico según su estructura: fóbica, histérica, u obsesiva,  lo que llamaba su modo de estar en el mundo, sus defensas.

En términos lacanianos, podemos decir que este tiempo de comprender es la manera de introducir un intervalo de espera por lo tanto un tiempo entre el sujeto y el goce, o entre el sujeto y lo real.  Es la forma como se introduce el tiempo ante la fórmula de la pulsión: A la Demanda del Otro el sujeto responde. Así el sujeto responde pero introduce la interrogación sobre la incógnita del deseo del Otro: Me pide esto, pero ¿Qué quiere el Otro?,  la cual introduce un tercero, más allá del sujeto mismo y la construcción de un fantasma en que sitúa un objeto que cree que colmaría al Otro y al mismo tiempo a su falta en ser.

A este respecto, Lacan ha tratado este tema en un texto conocido: Subversión del Sujeto y dialéctica del deseo de 1966 en donde escribe que “en el neurótico el fantasma se reduce a la pulsión”. Pero en otro texto, al final del Seminario XI afirma al final del análisis “la experiencia del fantasma fundamental se transforma o se convierte en la pulsión”. Estas dos afirmaciones que parecen contradictorias merecen una reflexión: ¿Para que realizar un análisis si se puede volver al punto inicial? ¿Y para lo que nos interesa que pasa con este intervalo del tiempo para comprender, este tiempo en forma de fantasma fundamental situado en cada estructura y dentro de cada estructura en cada sujeto en particular?

Vayamos a la primera afirmación: Tomemos este momento mítico del origen de la vida, lo que Freud ya toma en el momento de la primera satisfacción. Se trata del grito del ser humano expresión de la necesidad. Pero desde el momento en que hay un  Otro que traduce este grito por una demanda le da un valor simbólico y asistimos al nacimiento del Otro y del sujeto. El sujeto entra en el ciclo de las demandas. Se encuentra dividido por los significantes de su demanda lo que lleva la fórmula de la pulsión. Lo que se conoce como: A la Demanda del Otro el sujeto responde. Responde por un Significante primero. Este Significante primero es tomado de ese Otro como una muestra de su omnipotencia, el Ideal del yo. El sujeto desde allí va a dirigir al Otro sus demandas situándole en el punto del Ideal. Pero este Otro no siempre le va a dar lo que tiene, por ejemplo el Otro materno no le dará siempre el objeto de la necesidad, la leche sino lo que no tiene, el amor o el seno como objeto que sería la matriz del objeto “a”, no perteneciendo ni a la madre ni al niño. Por último si este Otro mantiene un margen entre necesidad y demanda e introduce un tercero entonces el sujeto va a ser un sujeto de deseo. Este acceso al deseo es el que marca una temporalidad donde se produce una primera separación, una primera ruptura de la alienación al poder del Otro.  Y es este seno objeto sobre el que Lacan toma apoyo para construir su objeto “a”, que estando presente en tanto ausente,  se convierte en objeto causa de deseo. En tanto que no se puede alcanzar del todo, ya que falta, el sujeto lo fantasea y construye el intervalo temporal entre él y el Otro, el fantasma fundamental. Este objeto funciona como un espejismo. Introduce así la pregunta: Che vuoi? Y la posible angustia de no saber del todo la respuesta.

Es aquí donde el neurótico retrocede, ante la angustia, pues no quiere pagar el precio por su deseo que sería atravesar esta angustia, hacerle frente. Es la barrera freudiana de la angustia de castración y para no angustiarse prefiere hacer lo que se le pide. Lo que desea es que se le pida algo. De esta manera pasa de la fórmula del fantasma: S barrado en relación a “a”, a la pulsión,  se sustituye D(demanda) a “a” y se obtiene el sujeto barrado en relación a D o sea la fórmula de la pulsión referida antes. Así el neurótico retrocede ante la angustia, ante el objeto causa de deseo.

Ahora bien, en la cura analítica el analizante se ve en la situación de que no se le pide nada excepto que hable, que articule sus demandas y por ello el dispositivo del análisis reproduce al principio la alineación al Otro. La transferencia además va en el sentido de la identificación, pero el deseo del analista que funciona en la cura como separador para obtener la diferencia del sujeto va en sentido contrario y apunta a la caída de las identificaciones. Es este deseo del analista que va a obtener del analizante demandas que se articulan a las pulsiones, y que acabarán por aislar el objeto “a” que se le aparecerá como causa de su deseo, del suyo propio. Hasta entonces el sujeto lo tenía en su fantasma situado en el lugar del Otro, como si este Otro lo contuviera, lo que constituía su espejismo. Pero al situarlo fuera del Otro, reconocerá que no está ni en este Otro ni en él. Así este aislamiento del “a” como presencia en la ausencia permite no sólo la construcción del fantasma sino su atravesamiento que es correlativo del plano de la caída de las identificaciones. Es el momento de concluir en que el sujeto ya no se identifica al significante de su Ideal, vínculo del poder del Otro,  sino a la causa de su deseo, al objeto que le divide, a la marca o disco que lleva en la espalda y que no conocía. Es sobre ésta que va a conducir su vida y no sobre la demanda del Otro, que habrá caído como Otro del fantasma.

 Se puede decir que llegará a ser, allí, donde en la pulsión el objeto hablaba sin que él lo supiera. Es decir llegará a ser la otra afirmación de Lacan: Al final del análisis,  “la experiencia del fantasma fundamental se convierte en la pulsión”.


IV Estructuras y temporalidad:

Así, estas figuras temporales que Freud llamaba Fantasmas originarios y Lacan Fantasma fundamental son como hemos visto la forma de tratar el intervalo de la fórmula de la pulsión: A la Demanda del Otro el sujeto responde con el interrogante sobre el Deseo del Otro.

Desde Freud estos fantasmas originarios eran considerados como categorías. En el caso del hombre de los lobos en 1917 dice que son adquisiciones primarias preexistentes a la construcción del fantasma individual que se organiza en el Edipo. Son así adaptaciones de la temporalidad que se enfrentan al après-coup.

En “La introducción del psicoanálisis” de 1916 describe las grandes formas de neurosis al lado de los síntomas individuales, síntomas “típicos” derivados de estos fantasmas originarios que serían las figuras temporales sobre los cuales el analista se guiará para establecer un diagnóstico.


Para Lacan son la base sobre la que se construyen los fantasmas fundamentales que dan lugar a la fijación de goce y a la repetición. Cuando hay falta de elaboración de estos fantasmas es cuando hay vacilación fantasmática y surge la angustia y por lo tanto los síntomas.

Así estos fantasmas protegen al sujeto de la angustia, de lo real, pero por su fijeza le esclavizan al mismo tiempo al Otro, haciéndole repetir formas neuróticas de estar en la vida.


V Especificidad del tiempo según las estructuras:

Podemos tratar de la especificidad de vivir el tiempo las diversas formas de estructuras neuróticas en la vinculación con el Otro, antes de que se hayan atravesado lo más posible estas figuras temporales en un análisis.

Podemos así hablar de tiempo fóbicos, histéricos y obsesivos.

El tiempo fóbico podemos definirlo como respuesta a un Fantasma originario, según Freud, de seducción y de temor a quedar atrapado en el Otro. Es un tiempo, si escuchamos a estos pacientes, como un presente amenazado de vértigo, suspendido entre la aceleración para huir y el temor a la caída, con los movimientos contra-fóbicos que se ven bien en los que ansían sensaciones fuertes.

Sabemos que la neurosis fóbica llamada por Lacan plataforma giratoria por el viraje frecuente hacia Histeria u Obsesión, es para Freud una forma de Neurosis de Angustia. El mecanismo de defensa sintomático es de evitación por desplazamiento hacia otro objeto que angustia y que no es el primer objeto temido: el Otro que puede atrapar. Recordemos el caso princeps de Freud, el caso Juanito descrito en 1909 y retomado por Lacan en el Seminario IV La relación de objeto. Juanito se muestra al principio alegre y expansivo, el amor por la madre se desplaza a otros objetos y a su propio falo, pero la frase de la madre sobre la “porquería” de su sexo prohibiéndole la masturbación y teniéndole en una cercanía extrema con ella, sin la mediación de un padre suficiente que separe, produce un retorno a la madre. Para no quedar “atrapado” en esa madre desplaza el temor al padre y a su castigo por el temor a los caballos. Sabemos que del placer de moverse pasa por la fobia al caballo a un bloqueo y una inhibición corporal. Es como si parara con su propio cuerpo en inhibición (el tiempo detenido) la angustia suscitada por el objeto. Es decir que la respuesta en el intervalo: A la Demanda del Otro el sujeto responde, es una respuesta hecha de cambios rápidos, de bloqueos de impaciencias de que su pene crezca, de que su padre muera... Esta impaciencia contrarresta con el límite que el síntoma le impone: va a haber una invasión de su movimiento en huida o en inhibición corporal, en detenimiento del tiempo. Es un tiempo congelado, podríamos decir.


En segundo lugar: El tiempo histérico es un tiempo que responde según Freud a un fantasma no elaborado de escena primitiva en que el sujeto se sitúa en una seducción y rechazo de esta misma seducción. Es un tiempo como respuesta a este fantasma hecho de espasmos y de olvidos, con su cortejo de reminiscencias. Recordemos la tos de Dora como síntoma que responde a una fantasía de felatio del padre de Dora por parte de la Sra. K a consecuencia de la impotencia del padre. Entre los rasgos característicos de la histeria descubiertos por Freud hay dos que son antes que nada temporales:

La ruptura de la continuidad de la conciencia en la crisis o una disposición particular a la amnesia.
La expresión après-coup del trauma que constituye el  modo típico de retorno de reminiscencias histéricos. La noción del aprés coup es esencial a la construcción del traumatismo en sentido psicoanalítico y está en el origen del descubrimiento del psicoanálisis y de la histeria por Freud.

Dice a este respecto Freud en “Estudios sobre la histeria” de 1895 que se observa un tiempo de elaboración psíquica, de intervalo entre el trauma y la conversión. Pero esta construcción adolecece del mismo fantasma sin elaborar: el de la escena primitiva por el que el sujeto para expresarlo sufre de crisis o de fenómenos de conversión en su propio cuerpo que producen una compulsión a la repetición. Estas rupturas en el tiempo son sensibles a lo que Freud llamaba disociación histérica. Así Frau Cecile de “Estudios sobre la histeria” de 1895 ponía de relieve la discontinuidad de la temporalidad y la hiper-realidad del recuerdo vivido como actual: así la reminiscencia traumática es intemporal en su  repetición.

O sea que hay un cortocircuito entre el pasado y el presente y un tratamiento de la temporalidad en función de un deseo inconsciente.
Por otro lado Freud insiste en que hay un fantasma de escena primitiva que invade al sujeto y que explica la bisexualidad tan frecuente de la histeria puesta en escena en el ataque histérico y a nivel del afecto: deseo y asco.

El tiempo histérico, entonces, se trataría de un tiempo sincopado, vacilación entre la repetición del trauma y la esperanza de una verdad a construir.

En tercer lugar: El tiempo obsesivo es en muchos aspectos el tiempo opuesto al tiempo histérico. Esta oposición Freud la ha señalado pronto. Primero en los síntomas: la histeria evacua sus conflictos en una escena y luego viene el olvido. El obsesivo se acoraza detrás de una máscara: disimula su sufrimiento a su entorno pero no olvida nada. Así como la histeria parece que no tenga en cuenta el tiempo del mundo, el obsesivo vive en un control del tiempo del mundo que le lleva a cálculos incesantes y a verificaciones interminables de fechas etc. El tiempo es para él como el dinero o las heces una materia a manipular.

Si la histeria se ingenia a olvidar el pasado, el obsesivo está envuelto y fijado en el pasado y tiene miedo del futuro.
Sabemos que la teoría de Freud en el Hombre de los lobos y en el Hombre de las ratas es que el obsesivo había conocido una sexualidad precoz acompañada de placer que se ingenia para reencontrar a pesar de una gran culpabilidad. El mecanismo esencial es la anulación retroactiva que hace volver al obsesivo sobre sus decisiones, anulando la demanda y el deseo del Otro y el suyo propio.

Finalmente el tiempo para el obsesivo es un tiempo circular en el que trata de encerrar al interior de una repetición en el encuentro con el Otro el movimiento que haría detener el deseo evitando así la pérdida y la diferencia asegurando al sujeto su control sobre el tiempo.

VI Atravesamiento de los modos temporales y conclusión:

Vemos que en la forma de abordar la temporalidad para Lacan  hay un desplazamiento del paso de la temporalidad centrada en las operaciones de alineación y de separación en el Seminario XI, de 1964,  a una teoría centrada en interpretar la temporalidad desde la lógica del fantasma (desde el objeto).

En su Seminario La lógica del fantasma (1968-1969), Lacan parte del tiempo de la repetición instaurado como efecto de la marca del rasgo unario (la identificación primera): el yo no pienso, yo no soy. Lacan señala que este Yo no pienso es la posición preanalítica: No pienso, soy... en mi fantasma fundamental pero no lo sé. Así el sujeto cree de manera ilusoria que es dueño de su ser.

Este sería el primer momento, de ver y comprender,  en que el sujeto se encuentra sometido a las figuras temporales de responder al Otro que dan la clínica diferencial del tiempo, posición en que está gobernado por su forma de respuesta que obedece al goce del fantasma (que cubre la angustia y lo real). El segundo momento, del concluir, es el que el sujeto pasa a una posición en que acepta atravesar las identificaciones que le fijaban en ese fantasma, que consiente en llegar a la destitución de eso que creía ser. Si volvemos al texto de Lacan sobre el tiempo lógico, vemos que el fin del análisis es atravesar estas formas temporales, los síntomas situados en cada estructura, articulados al fantasma, y se tratará de obtener una nueva combinación entre el ser y el pensamiento, que implica no sólo conocer que se fue para el Otro, que disco se era, o el modo de gozar, sino cernir lo posible de la satisfacción. O lo que nos dice en el Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI: En los análisis se trata de escribir un poema, el de cada cual, y que llegados al final se declare el estado de urgencia, para ponerle un límite.

Este concluir, será un acto que se puede atrapar en el apres-coup, freudiano y en el tiempo lógico del concluir, pero, ¿qué registro le podemos dar, Imaginario, simbólico, real?

Podemos situar que el acto, en tanto acto analítico, escapa a lo temporal, pero por el apres coup, le damos un lugar en lo simbólico. El tiempo del acto analítico, será un tratamiento de lo real para hacerlo pasar a lo simbólico, lo más que se pueda.

Posteriormente, Lacan en Radiofonía,  ha vinculado este acto del final con el ser del sujeto y el tiempo del análisis como tiempo para “hacerse ser”. Es un tiempo suplementario, después del pase clínico, que se acompaña del tiempo del desetre, tal como Lacan lo menciona en la Proposición para un AE de 1967, sería la caída, la separación, ruptura si queremos decirlo así,  del Sujeto supuesto Saber en la cura, y del analista como objeto causa de deseo del analizante.  El primero, el tiempo de “hacerse ser” requiere una duración, el segundo es muy concentrado y es el momento en que el analista cae como desecho. Lo podemos desplegar en:

1-   El tiempo de la historización, de cada sujeto, que luego se podrá testimoniar o no en el testimonio del pase: es el tiempo de la temporalidad de la experiencia de un análisis, en donde se articulan el deseo y el saber y que culmina con el atravesamiento del fantasma, en el llamado pase clínico. Este atravesamiento libera al sujeto de lo que se esforzaba por no saber, el disco en su espalda, y toma la figura de la pérdida del tiempo que cada sujeto se dio en sostener al Otro.
2-   Con el pase clínico, atravesamiento del fantasma, se inscribe lo singular y lo que no se puede medir de la experiencia del análisis. Es la disolución de la inercia del síntoma y de la repetición. Por ello Lacan introduce lo variable, lo flexible, la dimensión del saber hacer con el síntoma.  Es lo que va en contra de la fijeza de la repetición, y de esta manera es posible un cambio en la relación con el tiempo. El sujeto puede pasar de la repetición a la prisa. Evidentemente, por el acto del analista que introduce el tiempo que no se puede medir, el del corte en el sujeto de aquello que giraba en redondo.
3-   El tiempo del desetre, está del lado del analista que produce la destitución subjetiva del lado del analizante. Este tiempo es en el testimonio del pase, que creo que se puede cernir. Para Lacan es el atravesamiento del fantasma lo que va a producir este destre: tiempo de la separación en el registro del deseo. Es cuando el analista cae como “desecho”. Se sale del tiempo para comprender al tiempo de la conclusión. Conclusión que lleva en sí algo del saber sobre la causa del sujeto. Sobre su objeto, su fantasma, el nucleó de su goce, o la cifra de su goce.  Es un paso del goce mortífero al goce del ser hablante, propio a cada uno. Se habrá producido lo que rompe ese idéntico que no cesaba de inscribirse, y quedará lo imposible, punto final de un análisis lacaniano. Albert Nguyen trata de este teimpo como “suplementario” al del atravesamiento del fantasma.

 Por último, unos apuntes breves en relación a la dificultad de los sujetos en sostener ese tiempo para comprender, para poder construir esa causa que les divide, y les esclaviza. Sabemos que el modo de vivir el tiempo ha cambiado en el mundo, y las estrategias o modos de acercarse los sujetos al análisis también cambian. En la práctica actual, no es frecuente que las personas vengan pidiendo un análisis, a no ser los que desean ser analistas. Vienen, pidiendo que les liberemos de sus síntomas y sin desear o ni tan siquiera saber que es necesario no sólo el ver, sino ese tiempo para comprender. Piden salir, concluir rápido. Pero para poder acceder a la apertura del inconsciente hace falta un tiempo, un recorrido de meses, de años, antes de que el sujeto renuncie a los objetos metonímicos que le colmaban de forma ficticia. La dificultad con la que nos encontramos, creo que se puede entender con lo que representa el objeto de la cultura actual en forma de ese plus de goce, que obtura a los  sujetos y les impide dejar un vacío para poder desear. Los tiempos no son propicios para que el sujeto acepte ese cierto vacío que le lleva a contactar con él.

En definitiva, el tiempo del psicoanálisis no está dado de antemano, no lo estuvo nunca, en cada cultura el analista debe introducirse en ella, para intentar mantener esta apertura hacía el inconsciente, el desafío de hacer entrar ese tiempo lógico en el tiempo actual.


BIBLIOGRAFÍA SOBRE EL TIEMPO EN PSICOANÁLISIS
1-   Link nº 14-15. Forums du Cahmp lacanien. Septiembre de 2002 El tiempo del psicoanálisis. Artículos de Bernard Nominé y Albert Nguyen.
2-   Jornadas de los Foros del Campo Lacaniano,  de Octubre del 2002 en Madrid sobre el tiempo. Revista sobre esta Jornada: Heteridad III. Artículos de C. Soler: El más de tiempo. Ana Martínez: El psicoanálisis ayer, hoy y mañana. Recopilación de trabajos sobre el tiempo.
3-   Lacan: El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Escritos de Lacan. 1945.
4-   Seminario XI de Lacan: Los cuatro conceptos. Operaciones de alienación y separación.
5-   J. Lacan: Proposición para un analista de la Escuela. 1967
6-   Seminario de Lacan: La lógica del fantasma. 1969
7-   Seminario de Lacan: Seminario Aún. 1972-73
8-   Lacan: Prefacio para la edición inglesa del seminario XI. 1976.

Clotilde Pascual

13 de Febrero de 2015


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