dilluns, 11 d’abril de 2016

¿QUÉ ANIMA EL DESEO DEL PSICOANALISIS?


El deseo de psicoanálisis
Juan Del Pozo
                                                                                                                
 



Voy a proponeros una reflexión acerca de esta x que subyace en todo deseo y que nos agrupa hoy aquí bajo el tema del deseo de psicoanálisis. Me decía al ver el título con el que respondí a la invitación de los colegas de Barcelona  que como ocurre casi siempre  algo forzado y fallido vendrá después del título. Será mi acto fallido. Pero también la obligación de responder de él. Y cómo no, descubrir la respuesta que ese mismo título tomado como pregunta me aportaba.

Así pues, mi primera tesis es que la elección del psicoanálisis como deseo para orientarme en la vida corresponde a un acto fallido. Y la primera característica común de quienes consentimos al psicoanálisis es embarcarnos en lo fallido, tal como mis primeras lecturas de textos freudianos subrayaban acerca la patología de la vida cotidiana. Este embarcarse para una travesía que es un “de través” que está atravesada por el objeto a e impedida de alcanzar su meta de saber absoluto, este acto fallido de apostar por una equivocación, La equivocación del sujeto supuesto saber como el texto de Lacan de 1967, es un punto de partida. Una elección por el inconsciente, “descubrimiento revolucionario” como lo llama Lacan. Lacan dice en ese mismo texto  que los analistas durante décadas se dedicaron a tranquilizar acerca de este descubrimiento. Pero en el inicio el inconsciente fue un descubrimiento que me tranquilizaba a mí. Es un decir que me tranquilizaba, más bien fue como abrir una puerta, una opción nueva para trascender una existencia que percibía sintomatizada por una opacidad dura aunque no excesivamente chillona. Prensada con el pensamiento. Aprensada. Apensada. Mi encuentro con los primeros textos psicoanalíticos se saldan pues con la convicción que ahí hay una respuesta. La respuesta aún se anticipaba por muchos años a mi pregunta, pero orientaba ya el poder hacer preguntas, preguntas acerca de la realidad y de los semblantes que no se quedaran en la pura rebeldía mental (de otra época).

Hay una opción que se jugó para mí y que se anticipa a toda comprensión. Como una elección de la que yo soy un portador. Pues los textos psicoanalíticos no formaban parte de la cultura familiar ni de mi entorno cotidiano. Cómo empecé a procurarme y a leer esos textos es aún tan sorpresivo tan fuera de alcance sentido, que me parece un punto de real, como algún acto fallido de mi vida, pero logrado en tanto apunta a un real de mi existencia, un acto de los que no sólo no tienen portée de sens -no tiene alcance de sentido- sino que la sorpresa, su no-sentido me calma, aunque me asombre y me abisme. 

Es así. Y aunque esta referencia que como reconoceréis se encuentra en el Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI, aparezca al final en la enseñanza de Lacan, para mí es la de un inicio, el inicio de un parcours, de un recorrido, que como el de casi todos nosotros ha sido largo, con interrupciones, con remolinos,  etc… pero casi siempre con un courage y coeur, con valentía y corazón. Luego se puede decir que el deseo de psicoanálisis instauraba la dimensión de una existencia Otra que la cotidiana, con la que el sujeto comienza la búsqueda de referencias, de orientaciones, y que esa misma búsqueda, que lo aparta de eventuales éxitos adaptativos, le da el coraje suficiente para no traicionar su ser sintomático. Resistir en una singularidad sintomática sin agotar la fuerza de esta, esperando ponerla al trabajo de una satisfacción de todos, de hacer lazo sin embarrancar en la marginalidad.


Así que a mi primera referencia acerca del título: ¿Qué anima el deseo de psicoanálisis? esta primera respuesta, el psicoanálisis ya estaba, por fortuna ahí, y no se cómo me encontró, cómo consentí en dejarme afectar por él. Y el sujeto que yo era consintió en esa contaminación. Contaminación que permitiría años después un recorrido analítico, desde luego, pero que introdujo el síntoma del psicoanálisis en mi vida, contaminación sintomática en el sentido de que los síntomas corrientes de una existencia ya estaban aparejados con un potencial de trabajo de desciframiento y de creencia en una respuesta posible. Y este “real” casi presubjetivo que me tomó creo que el propio psicoanálisis se ha encargado de permitírmelo apreciar, a pesar de que el efecto corriente, con el que aún a veces me confundo, suele ser el de una “niebla” lo que me recuerda a lo que habló Camila Vidal. En mi caso la resistencia tomaba forma de “tontería mental”.

Y así en los apuros de tener que dar el título y comenzar a desarrollar el tema la primera sensación que me venía, era esa, la tontería mental, la angustia atontada de creer que el sujeto debo de tener una respuesta, cuando más bien el sujeto es la respuesta, y el atontamiento es la resistencia del pensamiento a aceptar algo que es del orden del sin sujeto en el origen. El sujeto en los avatares de su vida consintió más o menos pero la cosa estaba ya jugada, la carta estaba repartida, el sujeto mejor que la reciba –esa carta robada que va de mano en mano y que llega a su destinatario…pero puede ser que no. Consintió a lo que ya había elegido, ser afectado por el decir de Freud. Tal vez ese sea el recorrido de un análisis. Consentir a lo que causa un deseo. A veces en sueños aparecía esa carta ese mensaje que se me entregaba sin llegar a poder saberse qué ponía. ¡Esa carta es para usted! Podríamos decir y responder con un asustado ¿Qué pone? Y así con ese asustado ¿qué pone? Me encomendé a mi buena fortuna a la hora de responder a vuestra invitación y atravesar esas neblinosas primeras horas en las que me intentaba ubicar ante la preguntita que yo mismo, o al menos por mi boca, o por mis dedos en el teclado, había respondido en forma de título para mi trabajo. Respuesta de mi cuerpo, dedos, vista, pensamiento. Fue por e-mail.

Me hace gracia al escribir esto que cuando comenzaba a moverme en este texto lo primero que me vino fue lo “resistente” o sea lo subjetivo en tanto jugadas para desconocer lo real, lo que no tenía en cuenta lo real, o mas bien lo intentaba ignorar… me venían por ejemplo las anécdotas en las que me recordaba ante mí mismo o ante mis colegas y amigos planteándonos estas cuestiones del deseo de psicoanálisis a lo largo de nuestra actividad psicoanalítica en cualquiera de sus vertientes, como analizantes, como enseñantes, como analistas, en la vida grupal, institucional, o de Escuela etc nos venía la pregunta de esa x que os decía al principio: ¿Qué hacemos aquí?¿cómo es posible que echemos la vida en ello, que estemos tan metidos en esto y aún, a veces, surja la pregunta? Y con la pregunta un cierto embarazo pues siempre retorna la respuesta que la anticipa: estamos y mucho en ello, en ese deseo de sostener la causa analítica. En muchos casos es una de las causas fundamentales de nuestra vida.

Para mí es mi causa no-toda, nada es sin ella aunque ella no sea la única.
Estamos en ello. ¿Estamos en ello? Una vez más la mirada cómplice de los colegas. Sí la causa nos atrapó. ¿Cuando nos damos por enterados? Y después de la risa, la soledad. Soledad pero no solos.

“Lo que sé –dice Lacan en Televisión- es que el discurso analítico no puede sostenerse con uno solo”

Entonces el psicoanálisis es un deseo común… pero atención lo común habrá que tomarlo como que precisa de una comunidad para mantenerlo vivo, pues no creo que lo debamos definir como una causa colectiva. Por lo menos Lacan dice que no es un síntoma social y sabemos de su distancia respecto de las verdades colectivas. El psicoanálisis lo sostenemos a partir de nuestro engagement singular con nuestra causa particular. Aquí se perfila un tema ya, la articulación de este singular con la comunidad y la extensión. El psicoanálisis no es un síntoma social. Por el contrario el síntoma social es la instauración de una sed de la falta en gozar, de la privación de goce, y un acrecentamiento de querer obtener más y más plus de goce que relanzan el circuito. La proletarización generalizada. Lacan lo menciona en La Tercera: “ Lo que dije pueden empero haberlo entendido mal, lo que les acabo de decir pueden haberlo entendido en el sentido de que se trata de saber si el psicoanálisis es un síntoma social. Sólo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir, no tiene ningún discurso con qué hacer lazo social, dicho con otro término semblante. A lo que Marx puso coto y de manera increíble” Lacan siempre subraya que Marx acotara para la economía política esta cuestión de la plusvalía que Lacan aplica también a la dinámica del síntoma.

No es un síntoma social el psicoanálisis es una nueva discursividad que promueve una relación nueva al goce (o a la falta de goce) es una posición ética por eso dando al sujeto la posibilidad de optar por una economía de goce diferente, hacer de sus síntomas  más o menos “proletarizados” la opción de un deseo de otra cosa que pase por el Otro. Hacer del síntoma otra cosa que una inercia al goce autístico. Introducción pues de un modo de trascendencia en la discursividad plana  del DC (Discurso capitalista). Pues éste, el DC, en su referencia al goce cortocircuita al sujeto con sus objetos plus de goce en una espiral de privación, de falta de gozar, cortocircuito del Otro, ya sea el Otro de la verdad, ya sea el Otro de un goce que trasciende al habitual que se consume en su consumo.  La cuestión de la verdad de cada sujeto tiene que ver también con la de su goce de viviente. Pero también sabemos que ningún Otro le va a dar la respuesta. El Otro lugar del significante como saber absoluto como Dios de los filósofos ha hecho su exit de la historia, ¿Entonces qué significa esa “espera” eso que se puede esperar de un psicoanálisis?

Lacan en Televisión nos dice que “el psicoanálisis le permitiría esperar seguramente que el inconsciente del cual es usted sujeto pueda ser traído a la luz” y un poco antes había hablado de que el acto analítico, el qué debo hacer, instaura una ética nueva, la del Bien-decir.
La ética del Bien-decir que propone Lacan es hacer la experiencia del inconsciente o sea la de la castración… pero no para no quedarse detenidos en la impotencia que la castración determina. Se trataría de poder pasar de la impotencia a la imposibilidad, la imposibilidad de inscribir la relación sexual en el inconsciente y sus consecuencias como nuevos modos de satisfacción subjetiva. Colette Soler en “La maldición del sexo” en la lección del 21 de mayo de 1997 dice: “Cuando Lacan habla del Bien-decir, no se trata de la asociación libre. Se trata de lo que se produce gracias a la asociación libre, completada por la interpretación (…) Es justo un resultado inverso al de la suspensión del juicio. El Bien-decir apunta  a la aserción final de alguna manera” O sea, un decir que admitiendo el necesario paso por la pantalla del lenguaje apunta a un real que lo causa y que lo fija. No es el puro goce del desciframiento, de la metonima, del aseguramiento subjetivo. Apunta a lo real del parlêtre.

Y Lacan añade ahí una cuestión a evitar, la de la canallería. Hay que negar el análisis a los canallas, dice. Porque los vuelve tontos. Los vuelve tontos quiere decir que operan sin ninguna esperanza ya que el análisis les ha hecho advertir de la inexistencia de este Otro del Otro, este Otro del significante que diría toda la verdad de la verdad. El canalla sin embargo, suele ocupar ese lugar y así se coloca como quien sabe del deseo del otro, quien lo dirige, quien da la respuesta como respuesta de saber. Pero el analista no sabe nada de eso. De la x del analizante el analista no sabe la respuesta aunque opere en la transferencia gracias a la instalación del sujeto supuesto saber la cual constituye  una garantía a la búsqueda de la verdad por parte del analizante mediante la asociación libre.
En el seminario XXI, Les non dupés errent, Lacan dice que no hay esperanza común (lección del 23 de abril de 1974) que la esperanza es una cosa propia de cada uno. Cada uno encuentra el sentido que le es suficiente para sus síntomas en un análisis… pero lo que está en juego es una resistencia fundamental que en la lección citada denomina “horror de saber” y que supone, a mi juicio, una posición fundamental a conmover, a trastocar, mover al sujeto respecto del horror al saber, de modo que este afecto, este horror, no produzca efectos que no tienen que ver con el psicoanálisis o le sean francamente contrarios.

Entonces este “deseo de psicoanálisis” creo que habría que intentar confrontarlo con las piedras que hacen difícil o por lo menos no tan intuitiva su captura, si es que existe tal concepto.

Tenemos en el decir de Lacan, la canallería. Tenemos el horror al saber. Tenemos que con el inconsciente real no hay amistad que se sostenga.

La transferencia se instaura con un amor al saber (que también hace resistencia al saber) esta verdad que el psicoanálisis descubre como amor al saber, Lacan en el Seminario XXI (Les non dupés errent) ya citado dice que “la transferencia revela la verdad del amor y precisamente por el hecho de que se dirige a lo que anuncié sobre el sujeto-supuesto-saber. Después de lo que anuncié la vez pasada (…) no sólo dije que no había deseo de saber sino que incluso hablé de algo que articulé, efectivamente con el horror al saber” (23/04/1974)

Si el sentido es una morada fofa como dice en el Prólogo a la Edición alemana de los Escritos, y finalmente el amor al saber es un poco la complacencia con el goce del sentido, del dar sentido -sentido que aunque a veces no sea agradable es la seguridad del sujeto-, el horror al saber se sitúa, en cambio, en una atopía respecto de este saber adquirido como saber de sentido. Se me ocurre que este sentido es un goce de valor de cambio, se cambia como valor por el sujeto que se sostiene en él. Pero Lacan apunta a otro saber de un orden distinto, un goce que suponga un valor de uso, como dice en el Seminario Aún, un saber hacer con un goce-saber que trascienda al goce Uno. Pero qué decir de lo que el lenguaje no alcanza?. Como manejarse ante ese abismo. Oscura garganta de Irma. Freud avanzó con su sueño sin despertar.

Curiosa paradoja pues la que el deseo del analista opera en la cura, con una respuesta que se dirige al sentido de los síntomas apuntar sin embargo, a lo real de ese efecto de sentido. Real donde el sujeto no es amo.  Eso es lo que procura la transferencia tal como aparece en la enseñanza de Lacan, un amor que “(se) procura un partenaire que tiene posibilidades de responder” 

Sabemos que el analista lo único que tiene para dar es su deseo, entendido como deseo de analista,  es un deseo transformado por el análisis, es decir que se sostiene más allá del amor de transferencia y permite operar en la cura. Lacan en el Semiario 7, La Ética, lo llama un deseo advertido, un deseo dice que no puede desear lo imposible. Hay algo  que actúa como saber insabido que actúa –Lacan se dedicará los últimos años de su enseñanza a producir un saber sobre ello, no se trata de complacerse con el no saber.

El psicoanálisis produce una subversión en lo que respecta al saber, el saber se goza, es un efecto de lo simbólico que sin embargo no reductible al lenguaje, prelenguaje pero no preverbal. Lacan en “Je parle aux murs” contemporáneo a …O peor, trabaja contra la idealización del no saber. Y en cierta manera advierte que los que le comprendieron –pero mejor no comprender-, en el Seminario de la Ética se quedaran pegados al sentido de sus palabras: “La razón es que desde cierto ángulo, el analista tiene altamente conciencia de que no puede saber qué hace en psicoanálisis. Una parte de esa acción permanece velada para él mismo”

El deseo de psicoanálisis nos lleva muchas veces a confrontarnos con una posición imposible, y bueno es que sea así. Porque ahí el analista no tiene el saber que conviene al analizante pero puede orientar su decir hacia el Bien-decir, puede apuntar con su acto al real al que todos sus dichos dan cobertura sin llegar a decirlo del todo. El analista estaría advertido de que no hay deseo de saber como lo recordó Nguyen en su intervención, no puede plegarse a esta ilusión, sino de  sostener el trabajo analizante con el apoyo de su respuesta, el acto, la interpretación, pero en el sentido de indicar lo real que escapa a toda pretensión de apropiación por el lenguaje.

Todo lo que puedo saber sin embargo tendrá la estructura del lenguaje, dice Lacan en Televisión, “no puedo saber nada que no tenga la estructura del lenguaje” y sin embargo a ese lugar de la verdad, estructurada como lenguaje, Lacan dirá que mediante el trabajo de transferencia el analizante experimentará que esa verdad no puede decirse toda. Es la queja  que en forma de verdad que no se puede decir toda recogemos en el análisis. Dice Lacan en el Seminario XXI que la verdad no es sino una queja. Por qué una queja? Porque el goce esperado nunca es el obtenido. Esto es lo que divide a la verdad misma. Es necesario haber hecho la experiencia. Haber sopesado el asunto, haberse dejado engañar por el inconsciente lenguaje y haber asumido esa verdad como no toda, para apercibir ese otro aspecto del inconsciente, real, fuera de sentido Y a partir de ello la emergencia de una renovación en el interés por la vida, por el saber, por la comunidad analítica, por el psicoanálisis aún.

Tras hablar de este horror al saber -y horror es no querer saber nada de ello-, se trataría para el analista al menos no salir huyendo haciendo la contra al DA. Lacan en Les non dupés… dice que no todo el mundo puede dedicarse a analizar a los demás. Es preciso por lo menos que quien lo haga haya experimentado el inmundo y no se quede fascinado con la posición de alma bella, de rechazo del desorden del mundo, la ley del corazón de Hegel. Es más bien desde la aceptación del inmundo que se analiza, y desde el inmundo que se crea la posibilidad de vivir. Franqueamiento del horror al saber lo llama Colette Soler en el seminario “La Repetición en la experiencia analítica” de 2009/2010. Pues Lacan  dice que no todo el mundo puede cumplir ese oficio, remarca que desde luego debe estar prohibido para los canallas, o sea los que se quedan del lado del manejo técnico o de un saber universitario pero no del cambio subjetivo respecto del tope del horror al saber. Lacan dice en la lección del 23 de abril de 1974, de Les non dupés… que: “Lo que nos importa no es el sentido de la queja sino lo que podríamos encontrar más allá, definible como Real”

Dada esta insistencia de advertir contra la canallería en Lacan me ha parecido importante un repaso a esta cuestión, por su constancia y para interrogar en el marco amplio del deseo de psicoanálisis, que yo entiendo como el deseo de que su causa se cuestione, se renueve y no se cierre, se consienta y se quiera se guir trabajando por ella.

En el seminario de la Ética del psicoanálisis Lacan decía que la Cosa era inaccesible, aunque en su lugar en la historia del pensamiento se había instalado una complacencia moral que impedía que de allí arrancara un saber nuevo: “… esa complacencia moral que, de algún modo, es aquello por lo cual la ética nos vuelve inaccesible esa Cosa que ya de entrada lo es” “la estética freudiana… nos muestra esa Cosa inaccesible. Debe ser colocada en el punto de partida del problema, para tratar de articular sus consecuencias, en particular el papel de la idealización
Y en ese seminario comenta la cuestión de la canallería y la de los intelectuales de izquierda y de derecha:

221
El fool (tonto) es un inocente retardado, pero de su boca salen verdades no sólo que  son toleradas, sino que además funcionan, debido al hecho de que ese fool está revestido a veces con las insignias del bufón. El valor del intelectual de izquierda consiste en esa sombra feliz, en esa foolery fundamental”
Para el intelectual de derechas emplea el término knave (bribón) . “No es el cínico, con lo que esa posición entraña de heroico….” (…) sino “un Señor Todo-el-Mundo con más decisión”
“un intelectual de derechas al proponerse como lo que efectivamente es, un knave, en otras palabras no retrocede ante las consecuencias de lo que se llama el realismo, es decir, cuando es necesario, confiesa ser un canalla.
“Esto solo interesa si se considera el resultado de las cosas. Después de todo un canalla bien vale un tonto, al menos para la diversión, si el resultado de la constitución de una tropa de canallas no culminase infaliblemente en la tontería colectiva. Esto es lo que vuelve tan desesperante en política a la ideología de derecha.
222
“… la foolery que da su estilo individual al intelectual de izquierda, culmina muy bien en una knavery de grupo, en una canallada de grupo
“Freud quizá no era un buen padre, pero en todo caso no era ni un canalla ni un imbécil… era humanitario…no era retardado…. No era un progresista (escaso optimismo acerca de las perspectivas abiertas por las masas)

Entonces si el canalla sabe que no existe el Otro del Otro, que no hay lo verdadero de lo verdadero su posición más o menos realista como quien sabe del deseo del Otro, lo que le conviene al Otro, obturando lo enigmático del deseo, lo sitúa fuera del DA puesto que sería un manipula-deseos para satisfacción propia, o en todo caso un tonto si se hubiera curado un poco de ello. Pero un tonto en qué puede contagiarse de un deseo en el que ya no cree un deseo en el que no cree?

Casi nadie tiene a bien autodefinirse como canalla, más bien es un  adjetivo que se reserva a los otros. Pero para la clínica hay una reserva con los canallas, deseo que se transmite dice Lacan y que tiene algo o de incurable o de inoperante para la causa analítica. No nos olvidemos que Lacan a veces se refiere con canalla a la posición del agente del Discurso Universitario, como el autor del saber, el que sabe lo que le conviene al otro.
Pero está la otra forma de canallería, la  que adquiere la forma colectiva, esa nos interesa un poco más porque atañe a nuestras formaciones e instituciones cuando se dejan caer en lo colectivo de doxas acumuladas o depósitadas como de un saber desarticulado de la causa.

Y ahí vemos que el deseo de psicoanálisis  -si admitimos esta fórmula que entre todos compartimos- sin embargo tiene el riesgo en lo colectivo de convertirse en un saber hecho que se enseña, como el discurso universitario. Lo que sería canallear el asunto. Ideologizarlo. Hacer una cosmolgía una filosofía, esto es apelar a un Dios, el de los filósofos, un Dios de la palabra, cuando el Dios de los filósofos ya desapareció de la historia, como lo dijo Nietzsche. El saber absoluto como el de un Dios que no entiende nada… nada de los asuntos de los vivos. Leamos a Schreber para recordarlo.

La cuestión del saber lo retoma Lacan en Aún como al goce de la mujer que aparece como Otro en el horizonte de las cuestiones de los goces del viviente sexuado. No es un Otro de la palabra sino del goce del viviente en el ambito de lo sexual. Pero ya viene anticipado en parte en La Ética del psicoanálisis en 1960:
Partimos (223) de lo verdadero que realmente hay que considerar como verdadero si seguimos el análisis de Freud: se sabe que Dios está muerto. Pero el paso siguiente es éste –Dios, él, no lo sabe. Y, por suposición nunca podrá saberlo, pues está muerto desde siempre. Esta fórmula nos conduce sin embargo a lo que tenemos que resolver aquí, a lo que nos queda entre manos de esta aventura y que cambia las bases del problema ético –a saber, que el goce permanece tan interdicto para nosotros como antes- como antes de  que supiésemos que Dios está muerto.
Esto es lo que dice Freud. Y ésta es la verdad sobre lo verdadero, al menos la verdad sobre lo que dice Freud.
Su resultado es que, si continuamos siguiendo a Freud en un texto como El malestar en la cultura, debemos formular lo siguiente: que el goce es un mal. Freud nos lleva a ello de la mano –es un mal porque entraña el mal del prójimo”.

Que el goce es un mal quiere decir que lo discursivo no lo regula del todo, que el principio del Placer tiene su más allá. Se trata de un saber que nos convoca frente a eso que se revela oscuro, anonadante, objeto de sacrificio a dioses oscuros… si no se acepta y se integra como contrapunto y trascendencia respecto de los goces que los discursos programan para regular el lazo social  en lugar del goce que no hay. Cuestión que en el DC tiene la característica añadida de no  proveer de semblantes que faciliten el lazo social y dejan los goces desregulados, a la deriva, en lo que respecta a lo que faclitaría cierta homeostasis individual y colectiva.

Nos gustan los modelos. En el seminario Aún, Lacan propone uno. Hacer del goce un saber de uso, advertirlo y hacer algo con él.. Habla de la araña y de la tela que sale de su agujero. Un saber que le sirve para la vida, y con resonancia a los hilos, a los nudos, y por qué no al escrito, manera de zafarse de la inercia lenguajera que conduce hacia el conocimiento tradicional y la metáfora sexual. Lacan propone aprender a partir de lo que la ciencia ha puesto en claro mediante la escritura, las letras y las leyes de la lógica formal matemática. Un saber que toma en cuenta lo real o lo imposible de la relación sexual. ¿Pero cómo transmitirlo?

Me doy cuenta de que mi telaraña ha avanzado un poco. Cómo la hice, no lo sé. Me arriesgué en este papel en blanco y los textos de Lacan. Pero más allá de lo acertado o desacertado de mis ideas creo que lo que transmitimos no es el contenido exacto u oficial de una doctrina.  Lo que se transmite es el deseo. En esto la histérica nos enseña como se lo enseñó a Freud. La identificación histérica tiene que ver con la causa del deseo. Aún cuando de ese deseo cada cual haga su desarrollo y capte lo que pueda. Es identificación a un agujero común que no-todea la doxa o el saber acumulado en torno al tema del psicoanálisis. Histéricos del psicoanálisis, no necesariamente con síntomas -ya lo dice Lacan se puede ser un histérico sin los famosos síntomas de conversión- donde lo que hace pregunta es el psicoanálisis y lo que se trasmite es un deseo de trabajar en común acerca de lo que el psicoanálisis causó para cada uno. Los dispositivos de Escuela permiten lugares donde el decir singular se despliegue más allá de la cura y cause el trabajo con otros.

¿Cómo hacer ex.sistir este Otro del goce que interesa al psicoanálisis? Lacan decía que no hay más Otro que al decirlo, aunque no se pueda decir del todo por la represión primaria. Pero la represión primaria en la neurosis  lleva al nudo de la realidad psíquica con una respuesta religiosa… que para nosotros cojea.
Nos sugiere Lacan otros modos de aprensión del problema por ejemplo con los nudos y nos sugiere un modo de usar del nudo, para lo que nos sirve en psicoanálisis, el dejarnos llevar, errar como errancia y equivocación, por la tontería. “Ser un poco inacautos” (dupés). Dice Lacan. “Para operar con este nudo de una manera que convenga, es preciso que ustedes se funden sobre un poco de tontería. Lo mejor es todavía usarlo tontamente, lo que quiere decir ser un poco incauto. No hay que entrar en su materia con la duda obsesiva ni remolonear demasiado”.

Y apunta la clave que permitiría deconstruir la neurosis como ideal religioso: Lacan lo llama la clave del agujero. Lo real de lo simbólico es el agujero de la represión primaria. Lo que el lenguaje introduce de castración y por tanto de no-relación-sexual. Cómo, operando con lo que el falo introduce de límite y de diferencia, el sujeto puede consentir tal vez a lo imposible del goce del Otro.
La clave del agujero lo sitúa entonces en lo sexual: “Es el goce en tanto que interesaría, no al otro del significante, sino al otro del cuerpo, al otro del sexo” . Hay algo de lo real del sexo en tanto afecta al cuerpo que el parlêtre nunca podrá simbolizar y que le afectará. Se trataría para el psicoanálisis de permitir un campo de elaboración y de experiencia entre el determinismo biológico y el determinismo cultural. Es el campo del goce, del sujeto y de su respuesta sintomática, de su modo de hacer con su síntoma.

Aquí  enlazo con lo  que Lacan en la lección del 15 de abril de 1975, en RSI, propone como un modo de identificación al grupo, que, contra lo que pudiera pensarse, él desearía. Y entonces habla del cartel, un elemento o pilar fundamental de la Escuela.  Aparece su referencia al cartel como nudo borromeo y también como un modo especial de lazo social, cito:

La identificación en Freud, es muy simplemente genial. Lo que yo deseo es ¿qué? La identificación al grupo, porque es seguro que los seres humanos se identifican a un grupo; cuando no se identifican a un grupo están fallados (jodidos), están para encerrar “ (Es fácil de entender que si hay un fracaso en la identificación el sujeto no puede representarse ante los otros e integrarse en un lazo social, en un discurso, y como ocurre en la psicosis quedarse fuera de discurso. Pero por otro lado es sorprendente que diga identificación al grupo porque nos hace pensar en los modelos clásicos de identificación al S1 o al Ideal que participan de la dinámica de los grupos y que dejan de lado la singularidad de doce de cada sujeto. Pero a continuación viene el matiz que Lacan da a esta afirmación, el nuevo sentido que le aporta) “Pero no digo por eso a qué punto del grupo deben identificarse. El punto de partida de todo nudo social se constituye, dije, por la no – relación sexual como agujero, no de dos, al menos tres. Y lo que yo quiero decir, es que incluso si ustedes no son más que tres, eso hará cuatro. La más una estará ahí. Incluso si ustedes no son más que tres, como lo muestran precisamente esos esquemas, éste dando el ejemplo de lo que eso haría un nudo borromeo… (…) Incluso si ustedes no son más que tres, eso haría cuatro de donde mi expresión más una. Y es retirando de allí un real que el grupo será desanudado; para eso es preciso que se pueda retirar de allí un real para hacer la prueba de que el nudo es borromeo, y que son precisamente las tres consistencias mínimas las que lo constituyen[1]

Entonces ¿qué es lo que caracteriza al cartel como manifestación en acto de un trabajo para el psicoanálisis a partir de un deseo central? Pues que se mantenga abierta la dimensión de falta, de vacío en el propio centro de lo que anuda a ese grupo de trabajo.

Y efectivamente al final de la lección Lacan aclara lo referido al punto al que debe identificarse el grupo del cartel haciendo mención a la identificación histérica, esto es al deseo. Un grupo que se  sostenga de una falta que lo cause a trabajar, a cada miembro según su pregunta y sin el objetivo de dar consistencia al Otro del saber.

Lacan continua así: “¿Y dónde en qué les he mostrado que ya se siga el deseo, el deseo que es también una posibilidad de especificación? Es aquí, a saber ahí donde les he situado el lugar del objeto a minúscula como siendo aquel que domina eso de lo que Freud hace la tercera posibilidad de identificación: el deseo de la histérica”[2]

Es por eso que un cartel se sostiene por un deseo de trabajar, de pensar el psicoanálisis, pero no desde el esquema universitario maestro alumno, o desde el esquema amo siervo. No es un saber académico o un lugar para ponerse galones… se trata de pensar el psicoanálisis a partir del lugar de cada uno, de su trayectoria, de lo que le hace pregunta, pero sobre todo a partir de este vacío del Otro sin el cual todo saber deviene saber muerto o de dominación[3].
Y así en torno a este agujero central en torno al que nos agrupamos cada cual con nuestras preguntas dejamos la cosa por hoy.


 Barcelona a 8 de Abril de 2016 
Texto presentado en el Espacio Escuela del Forum Psicoanalitic Barcelona (FPB-EPFCL)




[1] Lacan. RSI. Lección del 15 de abril de 1975.
[2] Lacan. Idem.
[3] Soler, C. Lo dice así en su seminario 2003-2004 La querella de los diagnósticos: “Un cartel no tiene un objetivo cualquiera, tiene un objetivo de trabajo. Aún falta precisar qué trabajo, porque en un  cartel no todos los trabajos son equivalentes. Se trata de que cada uno intente pensar el psicoanálisis, pensarlo desde el punto en que se encuentren sus lecturas, su trayectoria personal, etc. (no todo el mundo piensa igual como es lógico) pero pensarlo desde el punto en que se está, pensar el psicoanálisis a partir del deseo del Otro como falta, como vacío. O esto o la identificación con un jefe, no veo otra alternativa en que pueda basarse un grupo.

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