divendres, 7 d’octubre de 2016

EL SABER DEL ANALISTA Y SU SABER HACER. JORNADA EUROPEA DE ESCUELA 2017

Presentación a la Jornada de Colette Soler y Pre-textos de Mª Luisa de la Oliva y Rithée Cevasco



Presentación

 El saber del analista y su saber hacer
 Colette Soler 

Que un analista sepa mucho, no hay duda. Ante todo por su propio análisis dado que podemos hablar de “psicoanálisis, didáctico”, la coma indicando que, en efecto, no hay otro, porque cada uno conlleva una enseñanza. Luego sabe por la diversidad de sus estudios de los textos , que desde hace más de un siglo de Freud a Lacan, han intentado conceptualizar la experiencia. Pero el interrogante se refiere al saber con el que opera y con la particularidad de los casos que trata y que hace posible aquello que Lacan ha llamado el Acto analítico propiamente dicho. 

Cuando Lacan da como título a sus conferencias en Sainte Anne de l970, “El saber del psicoanalista”, precisa que se dirige a otros clínicos que los psicoanalistas, a los internos en psiquiatría eventualmente ahí presentes. Era para decirles que, desde Freud, no hay otra vía a lo real del parlante, que no pase por el lenguaje. De su analizante mismo de quien al comienzo lo ignora todo, al final el analista no sabrá más que aquello que el decir analizante haya escrito con la ayuda de la interpretación sobre el “muro del lenguaje”, de fantasma a síntoma.

EL término de “saber” que Lacan ha introducido constituye en el psicoanálisis una paradoja. En primer lugar porque el inconsciente es aquello que precisamente no se sabe, es pues un no-sabido y luego porque el modelo de saber que proporciona la ciencia excluye por definición a la subjetividad que sólo proporciona verdades singulares. Lacan ha propuesto una bella fórmula para la paradoja: los analistas son "Los psicoanalistas son los sabios de un saber acerca del cual no pueden conversar.” y del cual solo se sabe que proviene de su propio análisis conducido hasta sus consecuencias. Por ello se sueña con el saber verdadero de la matemática, con el de los matemáticos que pueden entre ellos hablar de él, aunque su gestación no culmine jamás. 

Todo lo cual no impide que se plantee la pregunta acerca de lo que “debe” saber el analista, ¿qué es lo que tiene que saber?, retomando las expresiones de Lacan cuando denuncia “la mistagogia del no-saber”. 

¿Qué es pues este saber? ¿Que hay inconsciente?, ¿Se refiere a qué es el inconsciente?, ¿A cuáles son sus consecuencias reales?, ¿Al saber de aquello que opera de analista a analizante en el dispositivo inventado por Freud? ¿Es saber acerca del final del proceso? Etc. 

Lacan ha producido el acto analítico, noción estructural solidaria de poner en ejercicio el inconsciente en cada análisis, para marcar que la función causal, la función operatoria del analista, es función del saber adquirido en su análisis. Pero, el saber-hacer ¿no es acaso algo distinto, algo que nos remite a las contingencias de las particularidades? Lacan lo ha evocado a veces señalando que sólo se es responsable justamente dentro del límite del propio saber-hacer. Esto equivale a decir que ese saber-hacer no es atribuido a una elección del sujeto. ¿Provendría entonces de los dones de la naturaleza? En todo caso se lo supone distribuido de modo desigual, más cercano a las capacidades que al saber. En efecto, de manera general, desde la cocinera al artista y pasando por las artes liberales, un saber-hacer es un hacer del cual no responde saber articulado alguno. No obstante, en ciertos campos se lo puede adquirir parcialmente mediante el ejemplo y se lo puede perfeccionar mediante el ejercicio, tal como sucede con el “toque” de la cocinera. No obstante, para el analista no hay ejemplo alguno que valga para su acto, lo debe reinventar a cada vez; tampoco sirve el ejercicio, porque lo que se acumula con la experiencia más bien produce efectos de estancamientos. Por otra parte, no se trata tampoco de sus propios méritos porque el análisis no es … su obra. 

¿A qué puede aplicarse entonces el saber en el análisis? ¿A la proximidad con el inconsciente? ¿Al “manejo” de la transferencia?, ¿A saber hacer ahí con la verdad? ¿A hacer semblante de objeto? 

¿Iría entonces en el sentido de la rutina del psicoanalista funcionario que sabe apretar los buenos botones, o más bien en el sentido de una inventiva casi artística? 

Y de manera más específica: ¿de dónde proviene eso que no es una aplicación de un saber? Con su ligera connotación de talento personalizado ¿no es lo que vuelve a traer el oscuro componente personal que toda formación analítica apunta a contener para hacer posible la famosa “neutralidad benevolente” de la que hablaba Freud, esa puesta en suspenso de las características propias del analista sin la cual el psicoanálisis se convierte en una reeducación normativa? ¿No sería en la cura la última incidencia del ser propio del analista que se pone a cuenta de su fantasma o de su síntoma? 

¿Cómo asegurarse de que la fecundidad que se le imputa y de la cual a veces se halaga a tal o cual, no le dé tanto color de singularidad, de tal manera que se emancipe de las finalidades analíticas?

24 de julio del 2016 
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 Pre-textos

 "La cuestión del saber del psicoanalista no es de ningún modo saber si eso se articula o no,
sino saber en qué lugar hay que estar para sostenerlo." Jacques Lacan, de Hablo a las paredes.


Por el hilo se saca el ovillo
Pre-texto de Mª Luisa de la Oliva

El saber del psicoanalista tiene mucho que ver con el saber que no se sabe, saber en lo real. Eso es posible demostrarlo, deducirlo. El dispositivo del pase nos permite verificarlo. En Medellín, en el Encuentro Internacional de Escuela, escuchamos los testimonios de las dos últimas AE donde se podían localizar algunas balizas de ese imposible.

Síntoma y fantasma son una muestra del lado del pathos de cómo el parlêtre es un apaño para suturar ese no saber. Un apaño que secreta modalidades de goce incrustadas, encriptadas para el propio sujeto que las padece. Padeciendo a la vez de los engaños con los cuales se consuela de lo Real como imposible.

Curiosa palabra la de “apaño”, con la cual hoy en día muchos jóvenes nombran a sus partenaires. Y es que para el hombre, una mujer puede ser un síntoma, el “apaño” para arreglárselas con el imposible de la no relación sexual. Lo que ocurre, es que a menudo el hombre se las apaña mal con una mujer. Se embrolla.

También una mujer tiene que apañárselas con ese agujero en el Otro respecto a lo que dice de ella en tanto que mujer. También ella se embrolla mientras espera ese saber, sea a través del padre, la madre o su partenaire.

En castellano existe el refrán: “por el hilo se saca el ovillo”. Hilos con los cuales se teje la tela, el paño de nuestro inconsciente. Gracias a lo que éste suelta y que se cuela por las rendijas del lenguaje, gracias al sentido llevado al límite del sinsentido, en una cura se puede llegar a saber cómo se ha devanado ese hilo, cómo se ha producido la madeja, el ovillo, cómo se enrolló alrededor de un eje.

Al final de su enseñanza, Lacan nos dice que el análisis consiste en eso: en saber cómo uno se embrolló. Conocer su síntoma es saber desembrollarlo,(1) manipularlo, poder apañárselas con eso. Tenemos tres hilos, cada uno con su consistencia: R,S,I, para poder rehacer la madeja de otra manera diferente, gracias a un cuarto hilo. Cómo hacerlo es asunto del analizante, pero también dependerá del savoir faire del analista.

¿En qué consiste ese savoir faire? ¿De qué saber se trata cuando hablamos del saber del analista?

Un analista es lo que puede destilarse contingentemente de la operación analítica. Es su producto, y tiene un carácter único que además es didáctico. Es un saber de su inconsciente llevado hasta el límite del no sentido, de lo no sabido que se goza. Es un saber que ya no es supuesto, y es un saber sin sujeto. Pero ¿cómo enseñar aquello que ha sido producto de un acto? Eso, no es del orden ni del conocimiento, ni de la información, que son justamente dos ideales de nuestro tiempo.

Ese saber, tendrá que trenzarse con la formación y el control. Pero el saber hacer del analista, además añade otra cosa a esa trenza. Si bien implica un saber en cuanto a la praxis, éste no está contenido en ningún libro de recetas, no tiene reglas formalizadas aunque sí se enmarque en cierta dirección de la cura. Es algo que se “cocina” en el caso por caso. Pero ¿cómo?

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(1) - J. Lacan, L’insu que sait de l’une bevue s’aile a mourre. Seminario XXIV. Inédito.
Lección 16-11-1976.


Jornada «El saber del analista y su saber hacer»
pre-texto de Rithée Cevasco

Retomo la evocación del «logo» de nuestra Jornada cuya metáfora ha tejido M.L. de la Oliva. El saber del analista y su saber hacer se ejercen en los cortes de sentidos en el hilo de la madeja que se va desovillando en las asociaciones libres del analizante. Las intervenciones, e interpretaciones son variables en los diversos momentos de la cura. El saber-hacer del analista concierne a la oportunidad, no programable, de tales intervenciones.

Hablar un «saber hacer» del analista es poner el acento sobre la vertiente pragmática del saber, e incluso sobre su vertiente performativa. Lo cual no descarta su relación con el saber de la doctrina que lo orienta.

En lo que concierne a la articulación entre saber del analista y su saber hacer, no la abordamos como una oposición binaria, tampoco queremos detenernos en los meandros de un interrogante del estilo: quien surgió primero ¿el huevo o la gallina?

No obstante, esta articulación es problemática. No podemos olvidar la hiancia que los separa. Más aun cuando apuntamos al valor del acto analítico. Lacan ha señalado muy tempranamente en su elaboración acerca del tiempo lógico que el saber no antecede al acto sino que viene a continuación. Aun cuando no podamos olvidar que también existen condiciones de saber del «acto» (en el curso de su trayecto temporal) por más que este suponga siempre un salto al límite.

La expresión «saber-hacer» encuentra un uso fuera de nuestro campo, y principalmente en el campo del arte. (1)

No obstante la referencia al saber-hacer del artista, que puede ser para nosotros una enseñanza –basta evocar todo lo que le ha enseñado a Lacan el «saber hacer» de Joyce con su escritura– no es la del analista que, sin duda, no es un artista.

La vertiente artesano/artista la encontramos más bien del lado del analizante así como del lado del propio inconsciente, en su componente Arbeiter (trabajador) incansable.

Lacan ha enfatizado el saber-hacer del inconsciente con lalengua. Y lalengua en juego en un análisis es sin duda la del analizante. ¡Y que haya suerte (oportunidad) para que el analista sepa hacer con lalengua singular del analizante y que pueda hacer resonar con el fin de conmover a su inconsciente, aquello que va en otro sentido que el sentido de sus dichos.

El analista  –tal es la regla fundamental que fija su posición– se mantiene en «atención flotante». Suspende así todo saber previamente adquirido, para dejarse estar en un estado de disposición  de apertura a la recepción de lo sorpresivo e inédito que podrá surgir del desfiladero de las palabras que, sesión tras sesión, desgrana el analizante.

El texto de presentación de nuestra Jornada pone el acento sobre lo que no es ese «saber hacer del analista»: ni saber profesional, ni saber de la experiencia (aunque...), ni don (con todo quizás sí algunas virtudes: disponibilidad, tacto, respecto, prudencia, saber hacer con la temporalidad de la cura)... nada de todo ello y sin embargo quizás un poco aun cuando «no todo».

Me ha sorprendido no haber encontrado la expresión literal (a menos de omisión por mi parte) «saber hacer del analista» en Lacan. Me inclino a pensar que Lacan tuvo probablemente un extremo cuidado para no inducir una infatuación de quien pretendería identificarse con un supuesto «saber hacer» del analista. Hemos asistido, en más de una ocasión, a esas imitaciones caricaturales del supuesto saber-hacer de Lacan.

Podemos postular que el saber hacer del analista, tal como el síntoma, es propio de cada uno e inimitable. 

Podemos interrogarnos: ¿habrá algo de ese saber hacer del analista que «pasa» al analizante pasado a analista? ¿El «toque» del saber hacer del analista estaría en el origen de ciertas filiaciones, ciertas transmisiones, ciertos estilos del hacer? 

No pretendemos analizar estas «filiaciones» como el resultado de una «identificación al analista», sin embargo no podemos descartar que entre en juego en lo cotidiano de la práctica analítica, ya que, en efecto, no todo analista practicante espera el momento de su «pase» o de su final de análisis para instalarse como analista. 

Se nos impone un interrogante: existiría una relación entre el saber hacer del analista y el síntoma final del analizante que deviene psicoanalista? Hablamos del analista como síntoma (Lacan lo ha hecho):¿como se las arregla el analista en relación con su síntoma de psicoanalista?

Lacan afirma que su síntoma es su real. Real que sitúa en la prolongación del de Freud. Sus seminarios están ahí, en particular en la última parte de su enseñanza, para dejarnos entrever cómo lidiaba con ese real, e intentaba ceñirlo con ese hacer manipulable de los nudos borromeos. Nuestro síntoma como analista, ¿se inscribe en la prolongación del síntoma de Lacan, y nos confronta a su vez con un tener que saber hacer con lo real? 

El saber analítico -sea textual o sea referencial- es un saber que gira en torno a un Insu (insabido) que nunca pasará al su (sabido). Unas citas de Lacan nos invitan a reunir ambos saberes en el «saber hacer analítico»:(2)

«De su lado (el del analista) hay S2, hay saber, ya sea que se obtenga este saber escuchando a su analizando, o que se trate de saber ya adquirido, registrable, lo que hasta cierto punto se puede reducir al saber hacer analítico.»(3) Y de manera aun más contundente: es «indispensable que el analista sea al menos dos. El analista, para tener efectos y el analista que esos efectos, los teoriza.»(4)

Nada nos conduce a formular una falsa antinomia entre saber y saber hacer. Más ganaríamos orientándonos en el sentido donde nos conduce el Insu en la doble dimensión del saber textual y referencial: poética y topología.(5)

Todo radica en la manera de hacer con la hiancia, que no puede colmarse, entre saber teórico y saber actualizado en la práctica analítica. Ambos saberes finalmente tienen que saber hacer, «ingeniárselas» con un real irreductible.

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(1) Ver por ejemplo L. Boubli: Savoir-faire. La variante dans le dessin italien en XVIème siècle.
(2) - Ver texto de Colette Soler de presentación de esta Jornada en la web de la Jornada.
(3) - J. Lacan, J. Lacan, Le Séminaire, Livre XVII, L’envers de la psychanalyse (196970), Paris, Seuil, 1991, p. 38. Versión en castellano, El seminario de J.L., libro 17, El reverso del psicoanálisis, Paidós, BsAs.: 1992, p. 35.
(4) - J. Lacan, RSI (seminario inédito), 10 de diciembre de 1974.
(5) - Evocamos así el libro de M. Bousseyroux: Au risque de la topologie et de la poésie, élargir la psychanalyse, Erès, Toulouse, 2011.



INFORMACIONES:

La Comisión Científica de la Jornada Europea de Escuela 2017, les remite el texto de presentación de la Jornada y otras informaciones

La Comisión Científica les hace llegar las siguientes informaciones:

1. Las intervenciones se atendrán a dos modalidades que se irán alternando en diversas mesas de trabajo: intervenciones breves (de 5 min) e intervenciones más prolongadas (de 15 min)
2. Las propuestas de intervención se han de enviar a la Comisión Científica antes del 15 de octubre 2016. A partir de su recepción la Comisión Científica seleccionará las ponencias de 15 min y las de 5 min.
3. La fecha límite de entrega del texto completo y definitivo (necesario para los traductores) es el 2 enero 2017 La Comisión Científica está compuesta por los tres secretarios de los secretariados del pase de Europa y por los tres miembros de Europa del Consejo de animación y orientación de la Escuela.

La Comisión Científica está compuesta por los tres secretarios de los secretariados del pase de Europa y por los tres miembros de Europa del Consejo de animación y orientación de la Escuela (CAOE).
Maria Luisa de la Oliva (CAOE, EPFCL-España-F9) oliva2@cop.es
Rithée Cevasco (Secretariado del pase, EPFCL-España-F9) ritcev@yahoo.fr
Colette Soler (CAOE, EPFCL-Francia) solc@wanadoo.fr
Patricia Zarowsky (Secretariado del pase, EPFCL-Francia) p.zarowsky@wanadoo.fr
Maria Teresa Maiocchi (CAOE, EPFCL-Italia-FPL) mteresamaiocchi@gmail.com
Mario Binasco (Secretariado del Pase, EPFCL-Italia-FPL) mario.binasco@gmail.com
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-        Boletín de inscripción a la Jornada (para para imprimir o para rellenar on-line). Guardar y enviar a JEEBarcelona@gmail.com 
-        Listado de alojamientos posibles (Se han negociado tarifas especiales con el Hotel NH Collection Constanza situado junto al Auditorio donde se realiza la Jornada Europea de Escuela: enviar a mm.lahoz@nh-hotels.com el formulario de reserva en español o en inglés)
-      WEB de la Jornada ( http://www.ffcle.es/JE2017/ ) donde centralizaremos toda la información- 
-      Información directa:  Telefono  +34 934 108 317 de lunes a jueves de 12:00 a 14:00 y de 19:00 a 21:00  /   ana.westerhausen@gmail.com


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