dijous, 17 de novembre de 2016

LA SALUD MENTAL TAMBIEN ES UNA CUESTION DE GENEROS


En mi trabajo de largos años en el CSMA, he podido constatar, que como dicen las estadísticas al uso, la mayoría de consultas provienen de las mujeres . La depresión, la fibromialgia, la fatiga crónica, las tentativas de suicidio, los trastornos límites de la personalidad, los problemas alimenticios, afectan mayoritariamente a las mujeres .
En nuestra época, en la que se han alcanzado cotas de bienestar nunca soñadas, es significativo el deterioro del bienestar psicológico femenino y podemos afirmar , que a pesar de que la esperanza de vida es mayor para las mujeres, la salud mental femenina es  peor que la masculina.
Los estudios demuestran que la discriminación social, legal y económica  es, en parte, causante de sentimientos de indefensión, dependencia y baja autoestima,  que influyen en estos trastornos.
Hay otros factores importantes como son una orientación androcéntrica del modelo médico, y la desigualdad en materia educativa, laboral y económica , que inciden decisivamente en el bienestar de las mujeres.


No podemos obviar en esta lectura, el hecho de que las mujeres, generalmente, no esconden su sufrimiento ni frente a si mismas ni frente a los demás. Es cierto que, desde una perspectiva de género, la queja en si misma feminiza. Los varones, por lo menos hasta hace poco, tenían otros modos de canalizar su malestar, los amigos, la bebida en grupo, los deportes. Aunque los modelos de género se  van equiparando, se mantiene la prevalencia de las pacientes femeninas en los consultorios de Salud Mental, es decir que es una realidad sobre la que nos interrogamos.

Debido a ello me he propuesto  reflexionar acerca de la incidencia de la crisis económica y social actual en la salud mental de las mujeres ya que , mi hipótesis es que la crisis  ha afectado marcadamente al colectivo femenino, ya de por si muy vulnerable.

Incidencia de la crisis en la salud mental de las mujeres

En la época del declive de la figura paterna, la feminidad ha ido adquiriendo un protagonismo creciente. Se trata de proceso imparable del que encontramos signos claros en la vida social, política y relacional.
La crisis se ha cebado con los empleos que tradicionalmente ejercían los varones ,  mientras que las mujeres han podido seguir desarrollando trabajos domésticos , generalmente poco retribuidos y fuera de la seguridad social.

Las mujeres han tenido que asumir mayores responsabilidades en los asuntos familiares y económicos , ejerciendo muchas veces una doble tarea en el interior y el exterior del hogar . La doble responsabilidad productiva y doméstica hace que las mujeres tengan menos tiempo para llevar a cabo acciones destinadas a su bienestar y su cuidado social, físico y psicológico.

La soledad de muchas de estas mujeres frente a esta responsabilidad y la angustia que comporta , han producido nuevas formas sintomáticas en el límite de lo simbólico que son muy difíciles de movilizar y a los que la medicina ofrece respuestas que pueden conducir a una cronificación aún mayor.

Vemos la aparición de modalidades sintomáticas que pasan menos por la palabra y más por el cuerpo y la actuación. La depresión y su correlato físico, los trastornos límites de la personalidad con actuaciones que ponen al límite los recursos de los profesionales , la fatiga crónica y la fibromialgia que ponen el cuerpo en primer plano pero con unos síntomas que no se metaforizan fácilmente,  son nuevos síntomas resistentes a los abordajes tradicionales que requieren muchas veces intervenciones de varios profesionales , que incluyan lo médico y lo psicoanalítico pero además el abordaje grupal y social y especialmente el comunitario que vincule a las mujeres con su ámbito relacional.
La OMS también apunta a la violencia de género, como una de las principales causas de desórdenes mentales y dolencias físicas cuyo impacto en la salud, es muy elevado. Los programas preventivos instaurados hasta el presente, si bien son bienintencionados, no han comportado los cambios esperados y lamentablemente el número de víctimas no desciende. Estos programas suelen estar dirigidos a los maltratadores con propuestas de modificación de conducta o pedagógicas que no surten efecto. La conducta humana en materia de violencia está muchas veces ligada a posiciones subjetivas inconscientes que solo son accesibles a través de un tratamiento psicoanalítico.

Frente a esta realidad, cuáles son nuestras propuestas de intervención desde el CSMA?

Ofrecer respuestas personalizadas . Es fundamental la escucha atenta de la problemática de cada mujer y que el profesional se aleje de dar  respuestas estandarizadas.

No medicalizar. Las estadísticas nos indican que el consumo de psicofármacos y antidepresivos es muy superior en las mujeres que en los hombres. Frente al desborde de lo femenino, muchas veces surge la angustia del profesional y el recurso al fármaco como solución fácil. Las políticas sanitarias de recortes en la atención primaria, son responsables de esta hipermedicalización de la vida de las mujeres. En ese sentido, los programas de soporte a la asistencia primaria son de gran utilidad.

No victimizar. La realidad social de las mujeres no nos debe hacer olvidar que hay siempre una respuesta subjetiva a la realidad que uno vive. Cada sujeto es singular y sus elecciones también, y solo mediante un tratamiento individual y personalizado puede tratar de superar elecciones inconscientes que aferran al sujeto, paradójicamente,  al malestar.

Apuntar al más allá del síntoma. Crear un espacio terapéutico que tenga en cuenta no solo el malestar sintomático,  sino que además de opción a que la mujer salga de su posición de dependencia , para ser responsable de sus decisiones y protagonista de su propia vida.

Apostar por políticas pro equidad de género. Es importante salir del modelo androcéntrico de salud que no proporciona la atención necesaria a cuestiones tan vitales como la maternidad y la enfermedad mental, la menopausia y sus efectos clínicos, la menarquia en adolescentes frágiles, etc.
La mujeres deberían estar más presentes en los foros de decisión en materia de salud, y en ese sentido cabe destacar como ejemplo a las nuevas líderes políticas de nuestro país que  han sido capaces de compaginar el liderazgo que exige una importante capacidad de mando y de autoridad  con un trato más compasivo de las diferencias sociales y una visión más humanitaria de los problemas.

La alteridad femenina. Esta política más equilibrada con respecto a los géneros, no ha de promover  una homogeneización de lo femenino ni  una promoción del uni-sex. Por el contrario,  abogamos por preservar la alteridad femenina y su heterogeneidad,  para ellos y para ellas.





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